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“Esa Navidad tuvimos un milagro”: tiene 13 años, lo llaman “el Messi del violín” y su historia en Twitter se hizo viral

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Dylan Villanueva es el tercero de cinco hermanos. En diciembre de 2019, su papá no pudo cobrar el aguinaldo y se quedó sin dinero para comprar los regalos de Navidad. Para ayudar a su familia, el joven rosarino decidió hacer lo que mejor sabe: tocar el violín en la peatonal de su provincia. “En menos de dos horas junté ocho mil pesos”, contó.

Dylan Villanueva, el Messi del violín

Aunque tiene 13 años, las manos de Dylan Villanueva parecen las de un adulto. Con la derecha sujeta la vara, con la izquierda encastra la barbada del violín, justo en el espacio que queda entre su cuello y el mentón. Entonces arranca. De pie frente a la cámara del celular, el joven rosarino de manos robustas, dedos anchos y largos, desliza la vara sobre las cuerdas del instrumento y toca para Infobae la melodía del tema Jijiji, el hit de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

La historia de Dylan Villanueva se viralizó hace un par de días, después de un tuit que él mismo escribió desde su cuenta (@DylanViolinista), donde contó una situación que atravesó su familia en diciembre de 2019.

“El año pasado mi papá tuvo un problema y no pudo cobrar el aguinaldo. Entonces le dije que no se preocupara, que íbamos a ir a la peatonal y veíamos que podíamos hacer. Mi viejo debía cobrar seis mil pesos, así que fuimos y la suerte hizo que yo en menos de dos horas junte ocho milEsa Navidad tuvimos un milagro. Solo quería compartirlo con ustedes”, confió Dylan a sus más de nueve mil seguidores.

Al tuit le sumó una foto. En la imagen se lo ve sentado tocando el violín en un banco de los que rodean la calle San Martín, donde funciona la peatonal de Rosario. Marcelo Villanueva, papá de Dylan, recuerda aquel día y se le eriza la piel. “La historia es así, tal cual la contó mi hijo. Nosotros, como toda familia, tenemos altibajos económicos. El año pasado, faltando tres o cuatro días para las fiestas, tuve un inconveniente con el banco y no pude acceder al aguinaldo”, cuenta el hombre a Infobae.

Pero esta historia arranca unos años antes.

La historia de Dylan Villanueva se viralizó hace un par de días, después de un tuit que él mismo escribió contando "el milagro" que vivenció unos días antes de la Navidad de 2019. La historia de Dylan Villanueva se viralizó hace un par de días, después de un tuit que él mismo escribió contando “el milagro” que vivenció unos días antes de la Navidad de 2019.

Dylan Villanueva es el tercero de cinco hermanos (Brian de 22; Dara de 18; Mateo de 10; y Diago de 7). Vive con sus padres, Marcelo (44) y Soledad (41), en el barrio Río Nuevo Horizonte, donde se mudaron, luego de la gran inundación que hubo en Santa Fe, en 2007.

A los seis años, influenciado por su hermana mayor Dara, Dylan empezó a estudiar violín en el programa Somos Música. “Al principio me costó porque es uno de los instrumentos más difíciles. Lo más complicado fue el tema de la postura: cómo agarrarlo, de qué manera pararme”, recuerda el joven acerca de sus comienzos.

Por su talento, rápidamente se destacó entre sus compañeros. “El ex director de la orquesta me dijo que tenía condiciones para ser un gran violinista y lo bautizó ‘el Messi del violín’. Una semana más tarde, Dylan dio su primera entrevista en un canal de televisión local y empezaron a llamarlo de esa manera”, explica Marcelo.

La familia Villanueva. (Desde arriba a la izquierda). Papá Marcelo (44); Brian (22); Mamá Soledad (41); Dara (18); Mateo (10); Diago (7); y Dylan (13). La familia Villanueva. (Desde arriba a la izquierda). Papá Marcelo (44); Brian (22); Mamá Soledad (41); Dara (18); Mateo (10); Diago (7); y Dylan (13).

Los conciertos en la calle fueron el paso siguiente. “Empezó como un juego. Al principio íbamos a la peatonal de Paraná (Entre Ríos), que queda como a una hora de viaje, porque tenía vergüenza de tocar acá en Santa Fe”, sostiene el papá de Dylan. Y agrega: “A pesar de que él es un nene muy tímido, le insistí para que tocara ahí porque me pareció que iba a abrirle puertas”.

No se equivocó.

El 20 de junio pasado, Dylan recibió una invitación para tocar el violín con Lito Vitale y Juan Carlos Baglietto en el acto por el Día de la Bandera en Rosario.

“Tuvimos un ensayo previo, una semana antes del show, y eso fue todo. Ese día hacía mucho frío y tenía los dedos congelados. Tuve que hacer una entrada en calor y, por suerte, cuando empecé a tocar estuvo todo bien. Fue algo de otro nivel. No se compara con nada de lo que hice antes”, dice Dylan.

Dylan Villanueva empezó a tocar en la peatonal de Rosario hace tres años. "Al principio arrancó como un juego para él”, dice el papá de Dylan (@dylanviolinista)Dylan Villanueva empezó a tocar en la peatonal de Rosario hace tres años. “Al principio arrancó como un juego para él”, dice el papá de Dylan (@dylanviolinista)

El milagro que fue y el que esperan para este año

Los Villanueva viven con lo justo. Marcelo es empleado de la Municipalidad y su mujer ama de casa. Más de una vez, cuenta el hombre, hacen pan casero y salen a venderlo por el barrio. Consciente del esfuerzo que hacen sus padres para darles lo mejor a él y a sus hermanos, en diciembre de 2019, Dylan sintió la necesidad de hacer algo por ellos.

Los vi tan angustiados que los convencí para ir a la peatonal y juntar algo para las fiestas”, dice el joven.

“Dylan tiene estas salidas tan lindas… Con mi señora siempre decimos que son cosas que le enseñó la calle, en el buen sentido. Y la verdad es que ese día tuvo suerte. En dos horas, un poco más un poco menos, logró juntar ocho mil pesos”, cuenta Marcelo y se le infla el pecho de orgullo.

Dylan junto a sus padres. Marcelo es empleado de la Municipalidad y Soledad ama de casa. “En diciembre de 2019 los vi tan angustiados que los convencí para ir a la peatonal y juntar algo para las fiestas”, dice Dylan. Dylan junto a sus padres. Marcelo es empleado de la Municipalidad y Soledad ama de casa. “En diciembre de 2019 los vi tan angustiados que los convencí para ir a la peatonal y juntar algo para las fiestas”, dice Dylan.

Por la pandemia del COVID-19, durante 2020, Dylan cambió la peatonal por las redes sociales y aprovecha su cuenta de Instagram para brindar pequeños conciertos (”Shows virtuales a la gorra”) donde interpreta desde canciones de Queen, pasando por Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota hasta Los Beatles.

Durante las últimas semanas, a medida que se fueron levantando las restricciones, Dylan pudo volver a tocar en algunos eventos. A la calle, sin embargo, no regresó. “Se me rompió el parlante que usaba para poner las pistas y todavía estoy juntando dinero para repararlo”, lamenta.

“El esfuerzo que hace Dylan es enorme. Hoy por hoy, lo toma como un trabajo, con la seriedad que corresponde”, agrega Marcelo.

Antes de despedirse, el violinista dice que extraña tocar en la peatonal de su provincia. “Espero volver pronto. Me gusta compartir mi arte con la gente”.

*Para ayudar a Dylan a reparar su parlante se le puede hacer una transferencia bancaria a la Caja de Ahorro de su mamá Soledad Vega. Su CBU es: 2850304040094937143558. Su teléfono: +54 9 3424 67-4334.

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Sociedad

“Está todo perdonado, no tengo rencor”, aseguró el padre de una de las víctimas del choque en Tigre

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Guillermo Rossi despidió a su hijo Franco y le dedicó palabras a Joaquín Duhalde Bisi, quien manejaba borracho y sin registro.

El papá de uno de los jóvenes fallecidos en el trágico accidente en el Camino de los Remeros de Tigre, cuando el conductor del Audi A4 manejaba alcoholizado y chocó contra un guardarrail, hizo un conmovedor descargo por Twitter: “No tengo rencor“.

Guillermo Rossi es padre de una de las víctimas, Franco Rossi (18), y escribió en su cuenta de Twitter (@guillermo4398) motivado por defender la memoria de su hijo y aclarar que él no estaba alcoholizado.

“Uno de los fallecidos es mi hijo Franco Rossi. Espero que entiendan que el no manejaba. Solo pido que respeten el dolor de mi familia en memoria de los muertos. Mi vida se apaga“, tuiteó en primera instancia.

Inmediatamente comenzaron a llegarle mensajes de aliento y, como siempre en Twitter, también respuestas polémicas, a las que los demás usuarios se encargaban de señalar.

Rossi les contestó a varios de los que lo saludaron y entre esas respuestas también contó varios detalles y habló del autor del accidente, Joaquín Duhalde Bisi.

Lamento el escrache mi hijo, no tenía alcohol en sangre, manchan su memoria. Abrazo y gracias”, le contestó a uno. “Franchu no estaba alcoholizado y sin embargo se fue”, le dijo a otro.

Joaquín Alimonda (19) y Franco Rossi (18) murieron en el acto.

Joaquín Alimonda (19) y Franco Rossi (18) murieron en el acto.

“En la autopista a mi hijo le dio 0. Estaba aparentemente dormido y Franco no manejaba y tenía mi autorización. Dos veces a EE.UU. una a Sudáfrica el solito, y vos crees que me carga culpa? No ninguna”, le respondió a otra.

Luego, en otros tuits negó una supuesta fiesta. “Ni hubo fiesta ni nada, eran 5 amigos y el destino los enfrentó”, agregó.

En otro mensaje, Rossi dijo que lo que atraviesa es muy duro. “Hoy quisiera que me lleve a su lado, pero Franchu tiene 4 hermanos, no puedo viajar todavía y esa paz espero encontrarla”, se descargó en otro escrito.

Por último, dijo que “ya está todo perdonado eran amigos y no tengo ningún rencor“, en relación al conductor del auto, quien se encuentra detenido en la comisaría de Villa La Ñata.

El caso

Joaquín Duhalde Bisi (19) estaba borracho y manejaba sin registro la madrugada del domingo, cuando perdió el control del Audi A4 de su papá en Tigre y chocó. En el incidente murieron dos de sus amigos, Franco Rossi (18) y Joaquín Alimonda (19).

En el auto también iba Mateo Lezama (18), quien se salvó por estar en el asiento de atrás del conductor.

Duhalde Bisi está acusado de “doble homicidio simple con dolo eventual”, que prevé una condena de 8 a 25 años de cárcel, y, subsidiariamente, de “doble homicidio culposo agravado por la pluralidad de víctimas, el consumo de alcohol y la alta velocidad a la que conducía”, con penas de 3 a 6 años de prisión.

Joaquín Alimonda, Joaquín Duhalde BIssi - el conductor del vehículo- y Franco Rossi eran amigos desde el colegio secundario.

Joaquín Alimonda, Joaquín Duhalde BIssi – el conductor del vehículo- y Franco Rossi eran amigos desde el colegio secundario.

Cuando el Audi A4 impactó contra el guardarrail, lo arrancó completo. “Luego de ingresar por la parte trasera de la rueda delantera derecha, los 25 metros que tiene de largo cruzaron el coche en sentido hacia la izquierda, y salieron”, detallaron fuentes de la investigación.

La pericia del alcoholemia, cuyo test certificado ya está en manos del fiscal, había arrojado que Duhalde Bisi manejó esa madrugada fatal con 1,39 gramos de alcohol por litro de sangre: casi el triple de lo permitido.

Duhalde Bisi no tenía registro. El 31 de octubre pasado se lo retuvieron por no tener la VTV al día del Hyundai a nombre de su mamá que manejaba.

Aunque desde su entorno argumentaron que poseía la licencia digital en la aplicación Mi Argentina, fuentes de la investigación explicaron que en este caso ese registro digital no tiene validez, ya que había quedado incautado por la infracción.

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El calvario de Lucía: el juicio contra el suboficial de la Armada acusado de violarla se postergó para 2024

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La víctima batalló durante cinco años para lograr que la causa llegara al debate oral, suspendido dos veces. El imputado está libre.

“Se me va la vida esperando Justicia”, dice Lucía, como pidió esta ex marinera que la llamen allá por 2016. Por ese entonces, se conoció el calvario que padecía desde 2013 cuando, según su denuncia, un superior comenzó a acosarla y, luego, eso derivó en una situación de abuso en la Base Naval de Ushuaia.

Ahora, a más de 7 años de que comenzara el acoso y a 5 de que ella lo denunciara, Lucía otra vez grita por ayuda: le pidió este miércoles a la Justicia de Tierra del Fuego que revise la decisión de postergar hasta 2024 el juicio contra el acusado

Según le dijo la ex marinera a la agencia de noticias Télam, el Tribunal de Juicio en lo Criminal de Ushuaia decidió una nueva postergación para el inicio de las audiencias hasta el 16 de mayo de 2024.

La Justicia quiere empezar el juicio en tres años, cuando se cumplirán 11 del inicio de los supuestos abusos contra Lucía, de 32 años.

2016. Se conoce un caso del acoso sexual en la base Naval de Uhuaia.

2016. Se conoce un caso del acoso sexual en la base Naval de Uhuaia.

El caso involucra al suboficial Reinaldo Cardozo, de 56 años, a quien le imputan haber abusado de la mujer cuando ella tenía 25 años. Lucía debió someterse a un tratamiento psiquiátrico y psicológico.

Cardozo está acusado de “abuso sexual simple en concurso ideal con abuso sexual agravado con acceso carnal y por pertenecer el imputado a una fuerza de seguridad, los que concurren idealmente con el delito de amenazas coactivas y mediando violencia de género“.

Según especialistas, la causa puede sentar un precedente histórico porque “ventila hechos sucedidos dentro de una institución militar, pone en juego los códigos de silencio entre miembros de la Fuerza y echa luz sobre la violencia de género en ámbitos castrenses”, explicaron fuentes judiciales.

A 17 días

La fecha prevista para el inicio del juicio era el 29 de junio de 2020, pero debido a las restricciones sanitarias por la pandemia de coronavirus, el Tribunal suspendió las audiencias.

Luego, los jueces Alejandro Pagano Zavalía, Maximiliano García Arpón y Rodolfo Bembihy Videla resolvieron esta nueva postergación.

Lucía denunció a un superior.

Lucía denunció a un superior.

Lucía, como pidió siempre que se la identifique para resguardar su identidad, batalló durante 7 años hasta lograr que la justicia procesara a Cardozo por un rosario de delitos que incluyen el abuso sexual, amenazas y la violencia de género, según surge del expediente judicial.

“Se me va la vida esperando Justicia. Me costó mucho romper las cadenas del silencio para poder denunciar lo que me pasó. Fueron años de lucha y padecimientos, tanto físicos como psicológicos, que tuve que atravesar”, contó Lucía.

Lucía y su abogada, Sofía Barbisan, realizaron una presentación para solicitar que se adelante el juicio y no tenga que esperar otros tres años.

“Me genera una angustia tremenda saber que este abusador sigue libre, viviendo una vida normal y en actividad dentro de la Armada, donde yo sufrí su violencia y también la violencia institucional. Confío plenamente en la justicia fueguina, y por ello pido a los jueces que revean esta situación“, sostuvo la ex marinera.

También dijo que solicitó la intervención del Secretario de Derechos Humanos de la Nación, Horacio Pietragalla, y del director nacional de Políticas contra la Violencia Institucional, Mariano Przybylski.

“Necesito que mi caso siente un precedente dentro de las fuerzas armadas, que se termine la violencia de género y la violencia institucional. Y también quiero justicia y tranquilidad“, expresó Lucía, que sigue viviendo en Ushuaia y tiene otro empleo.

Un sueño roto

“Ingresé a la Armada en 2011 porque ser militar era un sueño y un anhelo. Yo veía los uniformes y sentía orgullo. Creía que podía servir a la Patria”, recordó.

Dos años después, comenzó el infierno. Lucía afirma que los abusos se produjeron a partir de 2013, cuando su superior, quien casi la doblaba en edad, estaba casado y tenía hijos, comenzó a acosarla sexualmente, hasta que en uno de esos hechos la encerró en un depósito y la violó. Cardozo era su jefe directo.

Otros abusos y persecuciones se habrían producido en 2014, luego de un período en el que el suboficial no estuvo destacado en Ushuaia. Según Lucía, todavía se paraliza cuando ve un uniforme militar.

“No puedo evitarlo. De hecho junté toda mi ropa castrense y la tiré a la basura. Necesito cerrar esta etapa“, concluyó.

Para entrar a la Armada, Lucía tuvo que realizar el curso en Puerto Belgrano, cerca de Bahía Blanca. Luego regresó a Ushuaia, donde su primer trabajo dentro de la fuerza fue el de camarera en la casa de suboficiales, a quienes les servía la comida.

La mujer comenzó denunciando los hechos ante el superior del suboficial, un militar con el grado de teniente, quien de inmediato le hizo sentir cómo sería la situación.

Tu palabra contra la de él no tiene valor. Además, la Armada te está dando trabajo, una casa, una obra social y la atención para tu hijo (que estaba siendo tratado por una enfermedad en Buenos Aires). No te conviene hacer nada“, le advirtió, según recordó Lucía en un reportaje de 2020.

Como la marinera insistía, comenzaron las “amenazas y persecuciones“: el acusado le bajó todos los conceptos de su legajo personal, por lo que al poco tiempo fue despedida como militar y reincorporada como personal civil.

En 2014, Cardozo fue trasladado a otro destino, pero al año siguiente regresó a Ushuaia y comenzó a acosarla otra vez. Fue ahí cuando la joven decidió hacer la denuncia ante la justicia.

Primero intervino la Justicia Federal, que se declaró incompetente, y después un juez provincial que no halló pruebas contra el acusado, quien fue beneficiado con dos “faltas de mérito”, hasta que el expediente quedó “en reserva” por falta de nuevas evidencias.

Lucía cambió de abogado y logró que la Cámara de Apelaciones apartara al juez y designara a una jueza, María Cristina Barrionuevo, que le dio un nuevo enfoque a la investigación.

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Coronavirus

“Sólo quiero 30 segundos lúcidos”: la emotiva carta de despedida de un investigador del Conicet antes de morir por coronavirus

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Hugo Míguez, doctor en psicología especializado en adicciones, escribió un mensaje con su celular antes de que lo intubaran. Falleció ocho días después.

“Sólo quiero 30 segundos lúcidos. Para poder evocar a los que quise sin que llegue a atraparme la melancolía.

El pedido fue escrito el 12 de abril por Hugo Míguez, un investigador del Conicet jubilado que murió ocho días después por coronavirus. Tenía 75 años.

El mensaje fue parte de una carta de despedida que Míguez escribió en su celular, al ver que su salud se deterioraba. Poco después quedó internado en la terapia intensiva del Hospital Italiano, donde falleció.

En su mensaje agradeció la atención recibida en el hospital. “Bernardo y otros médicos me escucharon. Luego me pusieron una mano en el hombro y se hicieron cargo de mí. No tengo hermanos. Esto ha sido lo más próximo que he descubierto de esa relación. Me protegió. Llamó todos los días a mi hija que amo y la contuvo. Le explicó. La protegió”, remarcó.

A modo de adiós, escribió: “Todavía no se como saldré. Y no me preocupa tanto. Y dicho con humildad. En serio. Saldré con paz y con cariño. Está muy bien. Tengo 75 años. ¡Carpe diem para nosotros todavía!”.

Luego, agregó: “Con estos pensamientos rondando desde hace unos años, muchas veces, me pregunté cómo quería mi salida. Sólo quiero 30 segundos lúcidos. Para poder evocar a los que quise sin que llegue a atraparme la melancolía. Me iré bien. Este hospital y su gente estará también en esos 30 segundos. Gracias, gracias, gracias”.

Graduado de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y de la Escuela de Psicología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Costa Rica, Míguez se especializó en el estudio de las adicciones.

Durante su larga trayectoria académica, trabajó como investigador del Conicet y consultor de diferentes organismos vinculados al tema del abuso del alcohol y las sustancias psicoactivasal. Tras su retiro, decidió seguir formándose y estudió Teoría e Historia del arte en la UBA.

La carta completa

Lunes 12 de abril. Hospital Italiano. Cama 1216… zona de trinchera.

“30 segundos” Busco dejar algo de lo aprendido en estos días de aislamiento, búsqueda de aire, revisión de sentido bajo la pandemia. Algo. Lo que pueda.

Mientras me enfermaba el Covid encontré algo en estas salas, en estos corredores, en la mirada de estas gentes.

Una cultura.

Un pathos.

Una emocionalidad antigua. Comprometida. Algo yaciendo silente, a la par de la ciencia y la tecnología.

Una cultura.

¿Qué significa descubrir una cultura en el Hospital Italiano en medio de un ataque como este?

Mucho.

Significa, contra lo que podría pensarse, que no es el resultado de muchísimas personas. Con roles marcados, tecnicaturas, profesiones, saberes, tecnologías, destrezas.

No. No es sólo eso. Es una matriz acogedora, extraordinariamente cálida y vivificante.

No es una nave científica que va a Marte. No. Esta va a la región más desolada de tu cerebro. Al caldo primordial de donde alguna vez nos arrastramos sin conciencia. Al lugar desde donde nos asusta el final del Covid llevándose nuestro aire.

Va al lado oscuro de tu cerebro para transformarse en una llamita con algo de calor y luz. Una cultura.

Me caí desmayado por la falta de aire y la desesperación y me encontré entrampado entre los muebles de la sala donde terminé. Donde me estrellé en la caída.

Unas manitas de enfermera tiraban de mí, Bibi.

Cuando crees que ya perdiste todo escuchas el braceo enérgico de la que podría ser hasta tu hija llegando a vos.

Braceando como pudo me alcanzó. Me abracé a ella y me di cuenta de que no estaba en un páramo sin vuelta atrás.

Entre todas me acostaron, me calmaron, me dieron su aire.

Una matriz regenerativa que es la que ayuda. Un supraorganismo como un micelio gigante que sustenta, sin que nadie lo vea exactamente, los bosques que lo acompañan.

Una cultura.

Llegué dispuesto a evitar prolongaciones que arañen dos meses más de sobrevida a costa de desesperación.

No rasguñar las piedras para mí.

Bernardo y otros médicos me escucharon. Luego me pusieron una mano en el hombro y se hicieron cargo de mí. No tengo hermanos. Esto ha sido lo más próximo que he descubierto de esa relación.

Me protegió. Llamó todos los días a mi hija que amo y la contuvo. Le explicó. La protegió.

No hay palabras. Es la matriz que regenera. La que de alguna manera cargamos los sapiens cuando nos fuimos de África. Nuestra estrategia. No preguntes por quién doblan las campanas, ya sabemos, suenan por vos y por mí, hermano.

Tuve que partir al servicio de terapia intermedia. Estaba inquieto. Aparecieron kinesiólogos, médicos, enfermeros. El mismo espíritu. Las médicas llamando a mi hija y ayudándola mientras ella me ayudaba a mí.

La matriz regenerativa y matriarcal de la viejísima Europa. Cuando los pueblos como Huyuk no tenían murallas. Los matriarcados de miles de años atrás, que sostenían la cultura. Cuando las culturas matriarcales no habían sido barridas por los caballos de la edad del hierro.

Y de pronto… las manitas de Bibi, el desborde humanista y contenedor de Bernardo, la dulzura de la kinesióloga, la gente que te ayuda de todas las formas porque son una cultura que dice que sos valioso. Seguramente es cierto. Pero es porque te quieren desde lo más básicamente humano.

Una cultura regenerativa que también alcanza a los varones.

Todavía no se como saldré. Y no me preocupa tanto. Y dicho con humildad. En serio. Saldré con paz y con cariño. Está muy bien. Tengo 75 años. ¡Carpe diem para nosotros todavía!

Con estos pensamientos rondando desde hace unos años, muchas veces, me pregunté cómo quería mi salida.

Sólo quiero 30 segundos lúcidos. Para poder evocar a los que quise sin que llegue a atraparme la melancolía.

Me iré bien. Este hospital y su gente estará también en esos 30 segundos. Gracias, gracias, gracias.

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