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Macaulay Culkin cumple 40: el éxito, la caída, su relación con Michael Jackson y el juicio a sus padres

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Su infancia fue una montaña rusa de fama, dinero y escándalos. “Mi pobre angelito” cambió todo en su vida. A los 10 años se convirtió en una súper estrella. Después llegaron el infierno, las drogas y las dudas sobre su futuro. La triste historia del niño que brilló en Hollywood

El hombre que hoy cumple cuarenta años fue el nene más famoso del mundo. El hombre que hoy cumple cuarenta tuvo su gran éxito hace treinta años.

Primer grado fue el único año escolar que hizo completo en un aula. De ahí en adelante tuvo una de las infancias más vertiginosas de la historia. Una montaña rusa de fama, dinero y escándalos. Película tras película; tapa de revista tras tapa de revista. Kevin McCallister cambió todo en la vida de Macaulay Culkin. El nene de 10 años se convirtió en una súper estrella.

Siempre vivió a destiempo. Mientras los otros chicos iban a la escuela, juntaban figuritas, miraban dibujitos y renegaban si les daban tarea, Macaulay Culkin paseaba por alfombras rojas, contestaba entrevistas, viajaba en aviones privados, se veía a sí mismo en enormes afiches publicitarios y empezaba su día maquillándose para estar frente a una cámara.

Después vino la caída. Los problemas familiares, su relación con Michael Jackson, las drogas, las dudas sobre su futuro. Ya no hubo grandes papeles para él.

En todas las encuestas y rankings sobre los niños actores del cine, Macaulay está en el podio entre los más importantes de la historia de Hollywood. Pocos como él se convirtieron en una marca registrada, en una cara reconocible, en taquilleros. Gracia, desparpajo, fotogenia y una gran expresividad.

La explosión la provocó Mi Pobre Angelito. La película superó, largamente, las ambiciones de sus creadores. No estaba pensada para convertirse en un éxito de esas dimensiones.

Antes de elegir al protagonista de Mi Pobre Angelito, la directora de casting audicionó a un centenar de chicos. Ninguno lo convenció más que su primera opción, que el chico que John Hughes, guionista y productor, tenía en la cabeza cuando la escribió. Hughes dirigió a Macaulay en Uncle Buck. En una escena de esa película, el nene de 8 años debe asomar la cara por la rendija destinada al correo de la puerta de entrada de la casa. Esa cara, el gesto del actor infantil, fu el germen de Mi Pobre Angelitoun nene solo en una casa, con el deber de defenderla.

La película recaudó más de 300 millones de dólares y fue la segunda más vista de 1990. Una comedia, con muchos gag físicos, con un guión sencillo pero de enorme eficacia, filmada con un timing perfecto en las escenas de acción y cómicas pero que basa toda su estructura, toda su eficacia en el papel protagónico. Una escena lo resume: la imagen icónica del film, que hasta se convirtió en el afiche, es fruto de una improvisación de Macaulay en el set. Cuando se pone la loción para después de afeitar y sus manos quedan adheridas a sus mejillas, la boca y los ojos se abren hasta el límite y después llegó el alarido producido por el escozor tiene mucho más del instinto del niño y de su histrionismo que de marcación del director Chris Columbus.

Macaulay no fue un niño feliz. Vivió un problema que no tuvieron que afrontar otros chicos a los 14 años: hacerle juicio a sus padres. En medio de un divorcio tumultuoso, Macaulay accionó judicialmente para que el dinero ganado en su corta pero intensa carrera fuera puesto a resguardo.

Los diarios y las revistas del corazón se hicieron un banquete con la cuestión, con los recursos presentados por cada parte y con las internas familiares. Esa decisión puso a salvo su futuro económico. Se calcula que había ganado alrededor de 20 millones de dólares. Hasta ese momento, la administración de los millones ganados por él no era clara y los negocios encarados por Kit, su padre, no parecían inspirados en el bienestar de su hijo.

Macaulay Culkin en familia (Shutterstock /The Grosby Group)
Macaulay Culkin en familia (Shutterstock /The Grosby Group)

Después de Mi Pobre Angelito, el padre de Macaulay se convirtió en un manager voraz pero poco inteligente y selectivo. Negociaba altos cachets para películas cuyas fechas de rodaje se encadenaban. Para Macaulay la vida era una filmación. Hoy dice que no la pasaba mal, que él se divertía. Hacía una vida muy diferente a la de cualquier otro chico de su edad y vivía en un mundo de ensueño. Pero que en un momento se dio cuenta que no conocía la normalidad y añoró eso que nunca tuvo, y que el resto de la humanidad disfrutaba o, al menos, transitaba.

Kit Culkin extendió sus modos de déspota a Hollywood. Empujado por el poder de su hijo en la taquilla imponía condiciones y lograba sumar a sus otros hijos en los proyectos. Exigía condiciones desmesuradas y hasta metía mano en los guiones. En 1993 fue incorporado a la lista de las 50 personas más poderosas de la industria. Le duró poco.

En la actualidad, cuando habla de su padre, Macaulay se muestra moderado. Prefiere no adjetivar y es uno de los pocos temas en los que no ahonda, uno de los pocos que le borra la sonrisa (marca registrada) de la cara. Aunque hace unos años se expresó contundentemente sobre Kit Culkin, su padre: “Era un mal hombre, era abusivo física y mentalmente. Podría mostrar todas mis heridas si quisiera”.

Después de separarse de sus padres, se casó con la actriz Rachel Miner a los 17 años. A los 19 también se separó de su esposa. Para él la vida sucedía a una velocidad inaudita.

Macaulay Culkin en Ricky Ricón

Macaulay Culkin en Ricky Ricón

En 1994, después de Ricky Ricón y al momento de iniciar las acciones judiciales para que su fortuna no estuviera en riesgo, Macaulay se retiró del mundo del espectáculo. La decisión parecía pasajera. Casi un acto reflejo en busca de tranquilidad ante tanta agitación poco natural para alguien de su edad. Pero el alejamiento se fue convirtiendo casi en permanente. No se puede establecer con precisión si por decisión personal del actor o porque la industria rechazó sus intentos de regreso.

Ese gesto de bajarse en la cresta de la ola tiene varias interpretaciones. El ahogo personal, la desorientación de vivir en un mundo de adultos sin serlo, la sensación de agotamiento del personaje, la necesidad de acomodarse a la nueva condición de joven/adolescente (no era lo que el público estaba acostumbrado a ver, lo que esperaba de él) y también un mensaje a sus padres, como si les dijera que ya no iban a poder vivir de él.

Muchos de sus hermanos incursionaron también en el mundo del espectáculo. Arrastrados por la fama de Macaulay y por la ambición de su padre que vio la oportunidad de montar una factoría familiar, varios actuaron en el cine. Hoy Kieran Culkin, tres años menor que Macaulay, triunfa en la serie Sucession.

En ese lustro de principios de los noventa, su sola presencia en pantalla parecía asegurar el éxito. Pero los proyectos en los que participó no siempre estaban a la altura de la expectativa que generaba. No existen tantos buenos guiones (y menos consecutivos) que permitan proyectos encabezados por chicos. Pero Kit, el padre, sabía que la suya era una carrera contra el tiempo, contra el crecimiento de su hijo.

Mi primer beso

Mi primer beso

Vinieron la secuela inevitable, Mi Primer Beso, Me las vas a pagar Papá, El Ángel Malvado y Ricky Ricón, entre otras. En esta última ocurre algo que podríamos llamar el fenómeno Beatles for Sale, ese álbum que los Beatles se vieron obligados a sacar en medio de la vorágine de su éxito y que desde la foto de tapa expresa el hastío que los invadía. Aunque, claro, se trata de una metáfora nada más. No se pueden forzar las similitudes. En ese disco los de Liverpool firman temas como I Follow the sun, I’m a Loser o Eight Days a Week, mientras que en la película del niño millonario -descripción que nos sirve para describir al personaje y al actor que o interpreta- está todo mal. A Macaulay no le quedaba ni esa sonrisa amplia y abierta que sedujo multitudes.

Pero el cansancio, el aburrimiento no era sólo una cuestión de acostumbramiento ni siquiera del inevitable avance biológico, de su crecimiento. Lo habían obligada durante tantos años a actuar como un adulto, lo habían sumergido de cabeza en un mundo de adultos, que naturalmente ya se sentía como uno pero sin las armas necesarias para enfrentar sus problemas.

Al no ir al colegio, al no tener pares, sus relaciones de amistad eran inexistentes. Cuando Macaulay cumplió 11 años, Michael Jackson se convirtió en su mejor amigo (todo en la frase anterior es inquietante).

Cuando Macaulay cumplió 11 años, Michael Jackson se convirtió en su mejor amigo (REX Features/Shutterstock /The Grosby Group)Cuando Macaulay cumplió 11 años, Michael Jackson se convirtió en su mejor amigo (REX Features/Shutterstock /The Grosby Group)

Cuando todavía no se conocían denuncias por abusos contra el cantante, era habitual verlo rodeado por niños. Era una más de las excentricidades que se le permitían por ser el Rey del Pop. Que Jackson buscara relacionarse con Macaulay pareció casi natural por esos años. El actor infantil del momento. Juntos protagonizaron el video de Black and White. Luego se los vio juntos en varias oportunidades.

Michael nombró a Culkin como padrino de sus hijos. Macaulay testificó en favor del cantante en uno de los procesos penales contra el cantante. Negó de plano cualquier situación de abuso y afirmó que él nunca vio ni vivió ninguna situación sexual con Jackson.

En declaraciones recientes, volvió a sostener lo mismo: “No me hizo. No vi nada. Pasado tanto tiempo, de saber algo, lo contaría. No habría motivo para no hacerlo”.

La última vez que se encontraron lo hicieron en un baño público. En medio de las audiencia del proceso en el que Jackson era el acusado y Macaulay, testigo, se cruzaron casualmente mientras hacían pis. Se dieron un abrazo y nunca volvieron a verse. Cuatro años después, Michael Jackson moría en su mansión californiana.

Culkin fue arrestado por la policía. En el operativo le decomisaron marihuana y varios ansiolíticos. Fue su época donde la caída de la cima de éxito fue titular en todos los medios

Culkin fue arrestado por la policía. En el operativo le decomisaron marihuana y varios ansiolíticos. Fue su época donde la caída de la cima de éxito fue titular en todos los medios

En el 2004, Culkin fue arrestado por la policía. En el operativo le decomisaron marihuana y varios ansiolíticos. Tuvo, como casi todas las estrellas infantiles, su foto de prontuario. Desmejorado, de frente y perfil, con el número identificatorio debajo. Los tabloides afirmaron que gastaba 6.000 dólares diarios en heroína. Él salió a desmentirlo de inmediato. Pero nadie le creyó. Las fotos lo mostraban muy delgado. Pero en especial, ya no tenía éxito.

La gente buscaba en él a Kevin McCallister pero él sólo quería escapar de ese personaje.

Ahora podrá seguir actuando. De hecho, esporádicamente, lo hace. El año pasado protagonizó junto a su novia Brenda Song Changeland, la opera prima de su amigo Seth Green. Y está anunciado como integrante del reparto de la décima temporada del American Horror Story. Pero esa es otra carrera. Una profesión que en lo exterior parece asemejarse pero es muy diferente. Él está retirado de su anterior oficio: actor infantil. Son pocos los que logran superar la barrera de la pubertad. El desafío de crecer frente al público es demasiado inclemente. Se necesitan diferentes habilidades para triunfar como actor infantil o como adulto.

A principios de este año confesó que se presentó al casting de Érase una vez en Hollywood, la última película de Quentin Tarantino, pero que no fue seleccionado. Con toda naturalizada expresó que esa fue la decisión correcta ya que su audición fue desastrosa: “Hacía más de ocho años que no me presentaba a un casting y, de verdad, lo hice muy mal”.

En marzo de este año fue tapa de la revista Esquire en Estados Unidos. Una rareza. Una de las pocas figuras que no necesitaba promocionar una nueva obra o emprendimiento para llegar a las portadas. Allí cuenta que odia la exposición, que ya tuvo demasiada. Dice disfrutar de la actuación todavía pero que no soporta todo lo otro que trae consigo: el foco constante, las conferencias de prensa, las obligaciones, las sonrisas impostadas, los rumores que empiezan a correr incontrolables.

“A veces me siento como en Sueños de Libertad. Estoy en una cárcel pero para llegar a la libertad hay que atravesar túneles llenos de barro, cloacas desbordantes de mierda. Prefiero quedarme en mi celda", declaró (The Grosby Group)“A veces me siento como en Sueños de Libertad. Estoy en una cárcel pero para llegar a la libertad hay que atravesar túneles llenos de barro, cloacas desbordantes de mierda. Prefiero quedarme en mi celda”, declaró (The Grosby Group)

“A veces me siento como en Sueños de LibertadEstoy en una cárcel pero para llegar a la libertad hay que atravesar túneles llenos de barro, cloacas desbordantes de mierda. Prefiero quedarme en mi celda. Para eso me construí una propia que me gusta bastante. Linda, con sol, bastante amplia, cómoda y en la que puede entrar mi novia. Nada mal”, dijo Macaulay.

Todo el humor que los medios no utilizaron para contar su historia, él lo aplica en su actual vida pública. A través de su sitio de internet y de podcasts Bunny Ears, o en sus esporádicas presentaciones en talk shows o en sus más infrecuentes todavía encuentros con periodistas. Se lo ve distendido, sereno, maduro y con un dejo irónico que suele puede portar el que ya estuvo en la cima y vio todo desde allí.

Hace unos años, para pasar el rato, creó una banda de tributo a Velvet Underground, el legendario grupo de Lou Reed y John Cale, en la que todas las reversiones se convierten en temas sobre la pizza. La llamó Pizza Underground. Otra de su ramalazos de humor en los que muestra la habilidad de reírse de sí mismo: al ver una foto de Ryan Gosling con una remera con su cara, él mandó hacer una que contuviera a Gosling luciendo esa remera. Una mamushka de autoreferencias.

Junto a su novia Brenda Song dice que es muy felizJunto a su novia Brenda Song dice que es muy feliz

El año pasado lanzó una encuesta a través de sus redes sociales. Buscaba un nuevo segundo nombre. De todas las opciones disparatadas que presentó, el triunfo abrumador fue para Macaulay Culkin. Las otras opciones eran: Shark Week (Semana del Tiburón), Kieran (propuesto por su hermano Kieran), TheMCRibIsBack y Publicity Stunt. Viendo las posibilidades se puede creer que ganó la mejor opción. De ese modo, su nombre pasaría a ser Macaulay Macaulay Culkin Culkin. Aunque todavía no hizo el trámite burocrático para registrarlo oficialmente, se comprometió ante sus seguidores de que eso ocurrirá una vez que finalice el periodo de excepción que generó la pandemia del Covid-19.

Esta anécdota fue vista como parte de su falta de su equilibrio emocional, como una nueva manifestación de sus viejos problemas. Aunque en realidad todo parece indicar que sólo se trató de un gesto humorístico, de uno más de sus movimientos para atacar lo solemne.

Junto a su novia vive una vida tranquila, sin mayores preocupaciones. Varias veces por semana suele comer en Carlitos Gardel, un restaurante argentino de Melrose Avenue de Los Ángeles del que se convirtió en habitué.

“No me puede quejar. Algunas cosas no me salen como quiero. Pero soy feliz. Tengo dinero, una hermosa novia, no tengo demasiadas preocupaciones”. No hay mayores motivos para no creerle.

Su última gran producción fue hace 26 años. Sin embargo, el público y los medios no lo olvidaron. A fuerza de escándalos, de ser material ideal para los tabloides, su nombre siguió estando presente.

Él trata de seguir adelante, de convivir con su pasado y con sus errores y, en especial, intenta disfrutar. Y pese a lo que se prefiere creer parece que lo está logrando.

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A tres días de haber recibido el alta, Jorge Lanata volvió a ser internado en la Fundación Favaloro

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El periodista ingresó en la noche del domingo a la institución, en la que había permanecido hasta el jueves pasado, para realizarse una serie de estudios

Tras haber sido dado de alta el jueves pasado, Jorge Lanata volvió a ser ingresado a la Fundación FavaloroEl señor Jorge E. Lanata se internó esta noche en forma programada, para la adecuada preparación del tratamiento de una arritmia cardíaca, y evaluación angiográfica de una enfermedad arterial de miembros inferiores, que tendrá lugar en las primeras horas de mañana lunes. La duración de la internación hospitalaria estará sujeta a los hallazgos diagnósticos de los procedimientos a efectuarle, y los tratamientos que se establezcan oportunamente”, reza el comunicado que dio a conocer la institución médica.

El comunicado de la Fundación FavaloroEl comunicado de la Fundación Favaloro

El martes de la semana pasada, el periodista había sido trasladado a ese hospital para realizarse estudios de rutina. A modo de precaución, también se le efectuó el hisopado correspondiente para descartar que haya contraído coronavirus, el que finalmente dio negativo. “Se ha descartado infección por COVID-19 y el paciente recibe tratamiento antibiótico debido a una infección de la piel en el miembro inferior izquierdo. La evolución clínica es muy satisfactoria”, se informó en ese momento. Lanata es paciente de riesgo por el trasplante de riñón que se realizó en 2015.

El día miércoles, fue Gonzalo Sánchez quien lo reemplazó en la conducción de su ya clásico programa Lanata sin filtro, por Radio Mitre. “Acá estoy, bancando los trapos. Acá, mi jefe está con sus chequeos y cuestiones y soy una especie de (Sergio) Goycochea, tengo el buzo preparado y cuando está Lanata sin filtro, estoy haciendo el precalentamiento. Como buen Goycochea periodístico voy a dejar todo, como lo hice en el verano mientras mi jefe hace lo que tiene que hacer”, dijo haciendo una analogía con el desempeño del ex arquero en el mundial de Italia 90, en el que era segundo suplente e ingresó haciendo un gran desempeño. En el arranque del programa propiamente dicho y antes de comenzar con la actualidad, el conductor había explicado: “Jorge está en la Favaloro para someterse a una serie de estudios y chequeos preventivos, vamos a ir informando. Jorge está bien y estamos todos en contacto con un chat”.

En el 2019, Lanata estuvo internado en cinco oportunidades. La primera vez permaneció 15 días en el hospital, debido a una gastroenteritis. Después contrajo otros virus (conjuntivitis y gripe A). Y en septiembre de ese año sufrió una caída en la puerta de la radio que fue determinante para que pusiera en pausa su actividad laboral. En los primeros días del 2020, en tanto, fue operado con éxito de una cifoplastía en el Hospital Presbiteriano de Nueva York. Fue una intervención corta y ambulatoria, con anestesia local, por lo que rápidamente recibió el alta y regresó al país.

Lanata y su novia Elba MarcovecchioLanata y su novia Elba Marcovecchio

Por lo pronto, el periodista cuenta con los cuidados de la abogada Elba Marcovecchio, con quien mantiene una relación sentimental desde hace unos meses. En los últimos días, hubo rumores de casamiento, que el mismo periodista se encargó de aclarar. “Tenemos que hablar seriamente. ¿Es verdad que te casás?”, quiso saber María Isabel Sánchez en el tradicional pase de Radio Mitre, esperando una respuesta afirmativa. “No. No está en mis planes inmediatos”, respondió el conductor, quien también aseguró que odia las fiestas. Hace un tiempo, la letrada habló del noviazgo con el conductor, pero sin entrar en muchos detalles: “Nos conocimos por una cuestión profesional mía, por un tema que estoy trabajando mucho, que es un tema de imagen, los derechos de imagen”.

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Murió el actor Geoffrey Scott, quien participó en las series Dinastía y la película Hulk, entre otras realizaciones

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Con una sostenida presencia en la televisión estadounidense entre los años ’70 y ’90, fue el esposo del personaje interpretado por Linda Evans en la exitosa tira. Padecía Mal de Parkinson.

Nacido en Los Ángeles el 22 de febrero de 1942, Geoffrey Scott era hijo de Reed, gerente de la potente compañía aeronáutica Lockheed, y de Jayne, ama de casa. Se crió en el Valle de San Fernando, donde tuvo, si se quiere, su primer contacto con el mundo del espectáculo, al tener como vecinos a dos estrellas del cine estadounidense: John Wayne Clark Gable

El entonces pequeño Scott vivía en la misma calle en la que estaban las casas de ambos actores, y según cuenta la historia solía usar la pileta de natación de a casa de Gable como propia, aunque sin pedirle permiso a su dueño.

A los 18, el legendario agente Dick Clayton, que también llevó al mundo de la actuación a figuras de la talla de Jane Fonda y James Dean, lo reclutó para su agencia. De su mano, Scott llegó a ser el editor de periódico Sky Rumson en el drama fantástico Dark Shadows, en 1970; Jeffrey Jordan en Where the Heart Is, en 1972; David McAllister en General Hospital en 1989; y Billy Lewis en Guiding Light en 1994.

Geoffrey Scott tuvo una presencia sostenida en la televisión estadounidense a lo largo de tres décadas.

Geoffrey Scott tuvo una presencia sostenida en la televisión estadounidense a lo largo de tres décadas.

Scott tuvo también un rol protagónico como un jugador de fútbol americano en la sitcom de HBO 1st & Ten, durante los años 80, apareció en aproximadamente unas 100 publicidades -es recordada su estampa de cowboy en una de cigarrillos Marlboro– y también participó como estrella invitada en distintas series, a lo largo de los años ’70, ’80 y ’90.

También dio vida a un detective en Concrete Cowboys, serie en la que reemplazó como protagonista a Tom Selleck, y en Cliffhangers interpretaba a un militar enfrentado con extraterrestres.

Clayton además le consiguió a Scott un contrato en exclusiva con Universal. Una vez establecido ese vínculo, interpretó numerosos papeles en series televisivas como Kojak, antes de aparecer en 1982 en la citada Dinastía, donde su personaje, Mark Jennings, era un jugador de tenis profesional y representó al primer esposo de Krystle Carrington, que estaba a cargo de la recordada Linda Evans.

Casado con Tanya Thompson, su novia del instituto, Geoffrey Scott se divorció para unirse, en 1975, a Caron Engelhart Scott, de quien también se divorció. En 1988 Scott sufrió un accidente callejero, cuando fue embestido por un automóvil mientras circulaba en bicicleta, y sufrió heridas de consideración en ambas piernas. Sin embargo, el actor logró recuperarse por completo.

Finalmente, en 1993 se casó por tercera vez, con Cheri Catherine Scott, con quien tuvo dos hijos, Christopher y Matthew. Fue precisamente Cheri quien confirmó la noticia de la muerte del actor, quien padecía Mal de Parkinson y murió un día después de haber cumplido 79 años.

Geoffrey Scott se había retirado del cine en 2003, tras interpretar al presidente de Estados Unidos, en Hulk, una de superhéroes Marvel dirigida por Ang Lee.

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Murió Carlos Sánchez: el humorista tenía 68 años y enfrentaba un cáncer

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Llevaba un mes internado en el Sanatorio Otamendi, donde le practicaban cuidados paliativos

El humor argentino acaba de perder a una de sus risas más emblemáticas: la de Carlos Sánchez, a su vez responsable de tantas carcajadas en un público que supo deleitarse con sus ocurrencias. En la mañana de este martes 2 de marzo, más precisamente a las 6.45, el corazón de este hombre de 68 años dejó de latir en el Sanatorio Otamendi, según informó su agente de prensa, Silvia Puga. Se encontraba internado desde el 2 de febrero como parte de su tratamiento por un cáncer que en las últimas semanas, después de años de lucha inquebrantable, no le ofreció tregua alguna.

Hasta hace no mucho más de dos meses, Sánchez había compartido encuentros con sus amigos. Si bien su semblante no siempre había sido el mejor, sus familiares no habían notado signos que pudieran encender las alarmas, aun cuando en el último tiempo lo acompañaron en los vaivenes anímicos que enfrentaba como consecuencia de su enfermedad.

Moria Casán, Silvina Escudero, Florencia Tesouro y Rocío Marengo mostraron su pesar por la muerte de Carlos Sánchez (Twitter)Moria Casán, Silvina Escudero, Florencia Tesouro y Rocío Marengo mostraron su pesar por la muerte de Carlos Sánchez (Twitter)

Todo comenzó en 2010 cuando una serie de estudios clínicos arrojaron que Carlos tenía cáncer en el riñón. El tratamiento indicado con los médicos pareció tener éxito. Creyó que su salud había superado el mayor de los desafíos. Pero poco después se comprobó que el tumor se había propagado, haciendo metástasis en el hígado, el páncreas en las dos glándulas suprarrenales, en una costilla y en la cadera. El humorista nacido en Bahía Blanca el 19 de julio de 1952, no se rindió. Y continuó venciendo obstáculos.

“Estuve con medicación vía oral y todo lo jodido que tenía, se curó -le había contado a Teleshow en septiembre de 2019-. Pero el único que es resistente a la quimioterapia es un tumor que tengo en la cadera. No se puede operar porque si tocan el nervio ciático, me queda la pata estúpida. Entonces, me cambiaron a quimioterapia por vena”.

Pese a todo, como podía, Sánchez -quien en sus inicios trabajó con Juan Alberto Badía, Susana GiménezJuan Alberto Mateyko Marcelo Tinelli, aunque adquirió gran popularidad en el recordado ciclo Café Fashion– seguía trabajando. En teatro, con el espectáculo El Gordo y el Mago, junto a Pablo Madini. Y en televisión, interpretando al comisario Benítez en Argentina, tierra de amor y venganza, la exitosa novela que emitió El Trece.

Artista al fin -o más bien, por sobre todo-, era la primera vez en tres décadas de carrera vinculada al humor que conseguía demostrar que también era un actor de carácter. “Esta quimio te cansa físicamente pero no es tan fuerte ni hace que se te caiga el pelo. No tiene otras consecuencias”, destacaba, feliz con la oportunidad brindada, aunque se la había ganado de la manera que creía indicada: luego de hacer un casting. Entró por dos capítulos, se quedó por muchos más. Y fiel a su estilo, bromeaba: “Benítez es una mezcla de corrupto e inepto al que lo único que le interesa es la guita. No me costó mucho componerlo…”.

Por aquel entonces, el cómico era puro entusiasmo. “Comparado a lo que tenía antes, ahora lo que tengo es un forúnculo. La verdad es que estoy muy bien. ¡Estoy bárbaro!”, celebraba, feliz además porque de las dos sesiones por mes, ya hacía solo una. Y le restaban seis meses de tratamiento.

Para sus amigos, Carlos era Cacerola: así lo habían apodado en Bahía Blanca cuando tenía 17 años y jugaba al rugby. Y en un partido, recibió una patada brutal en la cabeza. “Estuve inconsciente durante casi 10 horas, pero cuando me desperté me hicieron estudios y no tenía nada. Fue como si hubiera estado dormido durante mucho tiempo. Y mis amigos empezaron a decirme que con esa Cacerola debían necesitar un borcego de acero”, reía, al recordar lo ocurrido.

Se trata de esa misma risa -tan característica, tan suya- que sonará por mucho tiempo como un eco propio del dolor que provoca la pérdida irreparable. Y será también un lamento porque Carlos Sánchez ya no podrá contagiar su carcajada, ni provocar otras, nuevas. Este martes 2 de marzo se apagó la risa.

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