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Logran que una prueba de sangre diagnostique con precisión el Alzheimer

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Los científicos dicen que el test podría estar disponible en unos pocos años, lo que aceleraría la investigación de tratamientos y proporcionaría un diagnóstico para los pacientes con demencia que quieren saber si tienen la enfermedad de Alzheimer.

Un nuevo análisis de sangre para el Alzheimer ha diagnosticado la enfermedad con tanta precisión como los métodos que son mucho más caros o invasivos, según informaron científicos el martes, un paso significativo hacia un objetivo a largo plazo para los pacientes, los médicos y los investigadores de la demencia. La prueba tiene el potencial de hacer el diagnóstico simple, asequible y ampliamente disponible.

La prueba determinó si las personas con demencia tenían Alzheimer en lugar de otra enfermedad. E identificó signos de la enfermedad degenerativa y mortal 20 años antes de que se esperasen problemas de memoria y razonamiento en personas con una mutación genética que causa Alzheimer, según una investigación publicada en JAMA Network Open y presentada en la Conferencia Internacional de la Asociación de Alzheimer.

Los investigadores y otros expertos estimaron que esa prueba podría estar disponible para su uso clínico en tan sólo dos o tres años, proporcionando una forma asequible y sencilla de diagnosticar si las personas con problemas cognitivos estaban experimentando Alzheimer, en lugar de otro tipo de demencia. Un análisis de sangre como este también podría eventualmente ser usado para predecir si alguien sin síntomas desarrollaría Alzheimer.

“Este análisis de sangre predice con mucha, mucha precisión quiénes tienen la enfermedad de Alzheimer en el cerebro, incluyendo a las personas que parecen ser normales”, dijo el Dr. Michael Weiner, un investigador de la enfermedad de Alzheimer de la Universidad de California en San Francisco, que no participó en el estudio. “No es una cura, no es un tratamiento, pero no se puede tratar la enfermedad sin poder diagnosticarla. Y el diagnóstico preciso y de bajo costo es realmente emocionante, así que es un gran avance“.

Cerca de 6 millones de personas en los Estados Unidos y aproximadamente 30 millones en todo el mundo tienen Alzheimer, y se espera que sus filas se dupliquen con creces para el año 2050 a medida que la población envejezca.

Los análisis de sangre para detectar el Alzheimer, que están siendo desarrollados por varios equipos de investigación, proporcionarían cierta esperanza en un campo que ha experimentado un fracaso tras otro en su búsqueda de formas de tratar y prevenir una enfermedad devastadora que roba a las personas sus recuerdos y su capacidad de funcionar de forma independiente.

Los expertos dijeron que los análisis de sangre acelerarían la búsqueda de nuevas terapias al hacer más rápido y barato el examen de los participantes para los ensayos clínicos, un proceso que ahora a menudo lleva años y cuesta millones de dólares porque se basa en métodos costosos como las tomografías por emisión de positrones (PET) del cerebro y las punciones lumbares para el líquido cefalorraquídeo.

Pero la capacidad de diagnosticar el Alzheimer con un rápido análisis de sangre también intensificaría los dilemas éticos y emocionales de las personas que deciden si quieren saber si tienen una enfermedad que aún no tiene cura o tratamiento.

La prueba, que mide una forma de la proteína tau que se encuentra en los ovillos que se propagan por el cerebro en el Alzheimer, demostró ser notablemente precisa en un estudio de 1.402 personas de tres grupos diferentes en Suecia, Colombia y los Estados Unidos. Se desempeñó mejor que las resonancias magnéticas del cerebro, fue tan bueno como las tomografías por emisión de positrones o las punciones lumbares y fue casi tan preciso como el método de diagnóstico más definitivo: las autopsias que encontraron fuertes evidencias de Alzheimer en los cerebros de las personas después de que murieron.

“En base a los datos, es un gran paso adelante”, dijo Rudolph Tanzi, profesor de neurología del Hospital General de Massachusetts y de la Escuela de Medicina de Harvard, que no participó en la investigación.

Él y otros expertos dijeron que los resultados tendrían que ser replicados en ensayos clínicos en más poblaciones, incluyendo aquellas que reflejan más diversidad racial y étnica. La prueba también tendrá que ser refinada y estandarizada para que los resultados puedan ser analizados consistentemente en laboratorios, y necesitará la aprobación de los reguladores federales.

Actualmente, los diagnósticos de Alzheimer se hacen principalmente con evaluaciones clínicas de la memoria y el deterioro cognitivo, así como con entrevistas a los familiares y cuidadores de los pacientes. Los diagnósticos suelen ser inexactos porque los médicos tienen problemas para distinguir el Alzheimer de otras demencias y condiciones físicas que implican un deterioro cognitivo.

Medidas como las tomografías por emisión de positrones y las punciones lumbares – costosas y a menudo no disponibles – pueden detectar niveles elevados de proteína amiloide, que se agrupa en placas en los cerebros de las personas con Alzheimer, y ha habido progresos recientes en los análisis de sangre para detectar amiloide. Pero el amiloide por sí solo no es suficiente para diagnosticar el Alzheimer porque algunas personas con altos niveles no desarrollan la enfermedad.

“El simple hecho de decir que tienes amiloide en el cerebro a través de una tomografía por emisión de positrones (PET) hoy en día no te dice que tienen tau, y por eso no es un diagnóstico para el Alzheimer”, dijo María Carrillo, directora científica de la Asociación de Alzheimer. Por el contrario, el análisis de sangre de tau parece registrar la presencia de placas amiloides y ovillos de tau, ambos en cerebros de personas con Alzheimer confirmado, dijo.

“Esta prueba realmente abre la posibilidad de poder usar un análisis de sangre en la clínica para diagnosticar a alguien con Alzheimer de manera más definitiva”, dijo Carrillo. “Increíble, ¿no? Quiero decir, realmente, hace cinco años, te habría dicho que era ciencia ficción.” Detectar la tau también podría ser valioso para predecir la rapidez con que las capacidades cognitivas de una persona disminuirán, porque, a diferencia de la amiloide, la tau tiende a aumentar a medida que la demencia empeora, dijo.

La prueba tuvo una precisión del 96% para determinar si las personas con demencia tenían Alzheimer en lugar de otros trastornos neurodegenerativos, dijo el Dr. Oskar Hansson, autor principal del estudio y profesor de investigación clínica de la memoria en la Universidad de Lund en Suecia. Ese desempeño, en un grupo de casi 700 personas de Suecia, fue similar a las tomografías por emisión de positrones (PET) y a las punciones lumbares, y fue mejor que las resonancias magnéticas y los análisis de sangre para detectar amiloide, otra forma de tau y un tercer tipo de biomarcador neurológico llamado cadena ligera de neurofilamentos.

Las personas con Alzheimer tenían siete veces más de la proteína tau, llamada p-tau217, que las personas sin demencia o las que tenían otros trastornos neurológicos, como la demencia frontotemporal, la demencia vascular o la enfermedad de Parkinson, dijo Hansson.

“Esto es tan específico para la enfermedad de Alzheimer”, comentó.

El estudio también comparó los hallazgos de las autopsias cerebrales de los donantes de Arizona con los resultados de los análisis de la sangre que donaron antes de morir. Encontró que el análisis de sangre era un 98% tan preciso en el diagnóstico de Alzheimer como las autopsias de las personas que tenían una alta probabilidad de padecer la enfermedad porque tenían tanto placas amiloides como extensos ovillos de tau en sus cerebros, dijo el Dr. Eric Reiman, otro autor principal y director ejecutivo del Instituto Banner de Alzheimer en Phoenix. La prueba fue 89% tan precisa como las autopsias de cerebros que contenían placas pero que tenían menos ovillos de tau y se consideraban moderadamente probables de haber tenido Alzheimer, dijo.

Y en más de 600 miembros de la familia más grande del mundo con Alzheimer genético de inicio temprano, la prueba esencialmente identificó quiénes desarrollarían la enfermedad 20 años antes de que los síntomas de la demencia salieran a la superficie. En esta familia extendida en Colombia, de unas 6.000 personas, algunos tienen una mutación que causa deterioro cognitivo a partir de los 40 años. La prueba pudo distinguir entre los que tienen y los que no tienen la mutación en personas de tan sólo 25 años.

Los usos más inmediatos de los análisis de sangre serían acelerar y reducir el costo de los ensayos clínicos y permitir a los médicos diagnosticar o descartar el Alzheimer en pacientes con demencia si ellos y sus familias buscaran esa información para ayudarles a planificar lo que les espera.

“La certeza de un diagnóstico podría ayudar a los pacientes, a los cuidadores familiares y a los propios médicos a afrontarlo”, dijo Reiman.

Las pruebas de sangre podrían eventualmente usarse antes, permitiendo que las personas que estaban comenzando a tener problemas leves de memoria aprendan si desarrollarían Alzheimer o si en cambio tienen otra afección que podría ser menos agresiva o de evolución rápida, señaló Weiner.

Además, Tanzi señaló que en el futuro se podrían realizar pruebas de sangre a personas sin ningún tipo de discapacidad, tal vez como herramientas de evaluación inicial a las que se les dará seguimiento con escáneres TEP si se detectan niveles preocupantes de biomarcadores.

“Tiene la promesa de hacer posible la detección temprana de la enfermedad, antes de que tengamos síntomas”, dijo Tanzi, algo que el área sólo recomendaría para uso clínico si hubiera formas efectivas de prevenir o tratar el Alzheimer.

Hansson dijo que su laboratorio estaba estudiando si la prueba podría predecir la demencia en personas sin impedimentos o con problemas leves de memoria.

La prueba en el estudio de JAMA utilizó un método llamado inmunoensayo para detectar los compuestos que se unen a los anticuerpos. Se están desarrollando varios de estos ensayos. El ensayo particular del estudio fue desarrollado por Eli Lilly and Company, que proporcionó materiales y tres empleados para realizar los ensayos; se permitió a la empresa revisar el manuscrito pero no vetar nada en él, informaron los autores. La mayor parte de los fondos para el estudio procedían de organismos gubernamentales y fundaciones de Suecia y los Estados Unidos.

En la conferencia de la Asociación de Alzheimer, Hansson y un coautor, el Dr. Kaj Blennow, presentaron sus conclusiones, al igual que otros dos equipos de investigación que trabajan en los análisis de sangre de tau.

Una prueba, desarrollada por un equipo de la Universidad de Washington en St. Louis que incluía al Dr. Randall Bateman, la Dra. Suzanne Schindler y Nicolas Barthélemy, utilizó un método llamado espectrometría de masas, que detecta moléculas enteras de tau o amiloide. En un estudio publicado el martes en el Journal of Experimental Medicine, ese equipo encontró que la misma forma de tau en el estudio de JAMA, p-tau217, se correlacionaba más estrechamente con la acumulación de amiloide en el cerebro que otra forma, p-tau 181, en la que algunos investigadores se han estado enfocando. Schindler, un profesor asistente de neurología, dijo que eso podría deberse a que la p-tau217 emerge antes en el proceso de la enfermedad de Alzheimer.

“Personalmente encuentro muy tranquilizador que estos diferentes grupos estén usando diferentes tipos de ensayos y obteniendo el mismo resultado”, dijo Schindler. “Parece real. Parece que el 217 es muy prometedor como prueba de sangre para la enfermedad de Alzheimer, y es probable que se corresponda con los síntomas”.

En otro estudio presentado en la conferencia, el Dr. Adam Boxer, neurólogo de la UCSF, y Elisabeth Thijssen, estudiante graduada visitante, utilizaron el mismo inmunoensayo en el estudio de JAMA y encontraron que ambas formas de tau podían distinguir el Alzheimer de la demencia frontotemporal, mostrando lo específicas que son estas proteínas para detectar la tau asociada al Alzheimer, dijo Boxer.

Varios investigadores están trabajando con empresas o, como Bateman y Reiman, han formado las suyas propias. En última instancia, varios métodos podrían ser aprobados para uso médico. Carrillo dijo que la espectrometría de masas tenía la ventaja de depender de una máquina que ya estaba en uso, pero la desventaja de ser más cara y requerir más experiencia que los inmunoensayos, que son fácilmente analizados por laboratorios que realizan análisis de sangre de forma rutinaria.

“Dentro de unos pocos años, es muy posible que haya pruebas de laboratorio certificadas para estas proteínas y otras, y tal vez se desarrollen pruebas para la enfermedad de Parkinson y así sucesivamente”, dijo Weiner. “Es un mundo nuevo“.

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Coronavirus

Un año de coronavirus y más de 50.000 muertos: las historias de los que perdimos y no pudimos despedir

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El 3 de marzo de 2020 comenzó la pandemia en la Argentina. El 7, falleció Guillermo Gómez, la primera víctima de COVID-19. Aquí, diez casos emblemáticos que narran cómo se esparció el dolor por el país

Nos acostumbramos a demasiadas cosas. Nos acostumbramos a convivir, desde hace un año, con un reporte diario de las cifras de la pandemia. Nos acostumbramos a esa palabra, “pandemia”, y también a medirla en números, porque ponerles nombre es demasiado doloroso. ¿Cómo naturalizar la crueldad de no poder despedir a nuestros muertos, de hijos viendo morir a sus padres a través de una ventana o un teléfono, de familias sin derecho a velar a los que amaron?

Casi 53.000 personas murieron en la Argentina por coronavirus, la mayoría tenía más de 60 años y patologías previas. Recordar hoy algunas de sus historias es un intento de darles esa despedida que tantos no pudieron tener. Una forma de duelo colectivo que nos permita honrarlos para seguir adelante.

Guillermo Abel Gómez, el primer muerto por COVID-19 en el país
Guillermo Abel Gómez, el primer muerto por COVID-19 en el país

El primero en morir fue un sobreviviente

Las tragedias de las personas, como las de los países, a veces se superponen de la manera más dolorosa. La primera de las víctimas de COVID-19 en la Argentina fue un militante político y social que pasó su vida en el exilio después de ser secuestrado y torturado por la Triple A. Guillermo Abel Gómez murió el 7 de marzo de 2020.

Hacía solo seis años que había regresado de Francia junto a su mujer, Nelly. Pero allí quedó su hija María Eugenia, a la que visitaron el verano pasado cuando todavía se sabía poco y nada de la pandemia. No era un viaje más: habían ido a conocer a su nieta. Volvieron el 25 de febrero. Los síntomas comenzaron dos días después: fiebre y dolor de garganta.

En los 70, Guillermo trabajaba como recolector de basura y militaba en el Movimiento Villero Peronista en las villas de emergencia de Soldati cuando él y su compañera embarazada fueron secuestrados. Lograron escapar a Europa antes de la dictadura militar con la ayuda de curas que conocían del barrio. Su hija nació en París. Pero las cosas allá tampoco fueron fáciles: Guillermo consiguió un puesto de lavacopas y, más tarde, como ordenanza en un organismo público francés en donde con el tiempo lo eligieron delegado. También fue parte de los grupos que denunciaban la desaparición de personas en la Argentina. Nunca dejó de extrañar su patria.

Hace cinco años, pudo por fin instalarse con Nelly en un PH en San Telmo. La lucha de toda una vida le había dejado secuelas en el cuerpo: era diabético, hipertenso y tenía insuficiencia renal. Un viejo compañero de militancia fue el que lo cargó en un taxi y lo llevó al hospital Argerich porque la ambulancia no llegaba. Se habían reencontrado en 2019. Dicen que era “un gordo querible y solidario, sencillo, vehemente, capaz, calentón y un extraordinario contador de anécdotas”.

No estuvo aislado, sino en una unidad coronaria: recién en la autopsia se determinó la causa de su muerte. Guillermo tuvo al menos esa suerte frente a los muertos de Covid que le seguirían: no murió solo.

Eric Luciano Torales con el barbijo puesto al volver de Miami, foto de sus redes sociales.
Eric Luciano Torales con el barbijo puesto al volver de Miami, foto de sus redes sociales.

Luis: del festejo a la fatalidad

El miedo y la necesidad de encontrar explicaciones, certezas y culpables a toda costa nos hicieron señalar con el dedo a familias que ya estaban atravesadas por el desconsuelo. Luis María Suárez murió el 1 de abril de 2020. Tenía 78 años y era diabético e hipertenso. Dos semanas antes había podido reunir a todo el clan para la fiesta de 15 de su nieta en un salón de La Reja. Otro de sus nietos, Eric Luciano Torales, de 24 años, había vuelto de Miami el día anterior y, pese a que un decreto presidencial ya señalaba la obligatoriedad de aislarse durante 14 días al llegar del exterior, no quiso perderse el cumpleaños de su prima.

Torales, que es empleado bancario, ingresó con síntomas de coronavirus en la Clínica Adventista de Belgrano al día siguiente. Había estado bailando y conversando con varios de los cien invitados al festejo. Se cree que así fue como infectó a una docena de personas, entre ellos el disc-jockey, la cumpleañera, la madre de Torales y su abuelo Luis María. Suárez fue internado en la Clínica Mariano Moreno el 22 de marzo. “Durante la internación evolucionó desfavorablemente, manifestó distrés respiratorio y requirió asistencia respiratoria mecánica”, informó la Secretaría de Salud de Moreno. Su nieto ya no volvió a verlo. Ni siquiera pudo despedirlo ni ir a su entierro. Fue procesado por el juez Néstor Barral como “autor penalmente responsable del delito de propagación de enfermedad peligrosa y contagiosa culposa agravada por el resultado de enfermedad y muerte”. Y juzgado con crueldad por la opinión pública; convertido en un símbolo de la letalidad de la imprudencia, tuvo que cerrar todas sus redes sociales por el aluvión de críticas. Su pecado nos hubiera parecido absurdo en cualquier otro contexto: no faltar a una fiesta familiar.

Liliana del Carmen Ruiz tenía 52 años, un marido y dos hijos. Contrajo dengue y luego le diagnosticaron Covid-19. Murió a causa de una insuficiencia respiratoria
Liliana del Carmen Ruiz tenía 52 años, un marido y dos hijos. Contrajo dengue y luego le diagnosticaron Covid-19. Murió a causa de una insuficiencia respiratoria

Liliana, la médica humilde que trabajó hasta el final

Fue la primera médica en contagiarse en el país, y el primer caso en La Rioja. Liliana del Carmen Ruiz era una mujer humilde que había superado lo inimaginable para llegar a ejercer su profesión. Tenía 52 años, estaba casada, era madre de dos hijos y pediatra. De origen humilde, su padre era panadero y su madre una empleada doméstica que murió de cáncer cuando ella tenía solo 12 años.

Su hija menor, Sofía, contó en un posteo en Facebook que su mamá creció jugando con muñecas de trapo: en su casa no había dinero, “pero sí mucho amor y pan calentito”. Se fue a estudiar medicina a Córdoba cuando terminó la secundaria: vivió de pensión en pensión y “tomando sopa todas las noches para no gastar”.

Con 20 años y en plena cursada, recibió un diagnóstico que puso en pausa su carrera: cáncer de cuello de útero. Pero salió adelante y se recibió. A los 33, ya casada con el padre de sus hijos, la salud volvió a jugarle una mala pasada: se enteró de que tenía artritis reumatoidea y celiaquía. Sin embargo, ni el dolor crónico pudo quitarle la entrega por sus pequeños pacientes. “Se acordaba de todos –recordó Sofía–. Estoy segura de que a un tercio de ellos los atendió gratis. No le importaba: sabía lo que era estar del lado de quien no tiene nada”.

Hasta el 20 de marzo del año último repartió sus consultas entre el Hospital Vera Barros y la Clínica Mercado de La Rioja. Allí la internaron ese día por problemas respiratorios. Los primeros estudios indicaron dengue. Cuando el hisopado de coronavirus dio positivo, fue una sorpresa: no había viajado al exterior ni podía identificar en qué momento había estado en contacto con personas contagiadas. Fue la primera en morir de Covid-19 en su provincia, el 31 de marzo de 2020. Su hija contó el desgarro de un duelo que con el tiempo y los muertos llegamos a normalizar: nadie pudo estar ahí para rezar por ella, para sostener su mano, ni para darle un beso. Cientos, en cambio, honraron en las redes la memoria de esa mujer que había puesto la misión de curar niños incluso por encima de su propia salud.

Alicia Iriarte, de 34 años, junto a su hija, fallecida por Covid-19. Tenía patologías preexistentes: parálisis cerebral y EPOC
Alicia Iriarte, de 34 años, junto a su hija, fallecida por Covid-19. Tenía patologías preexistentes: parálisis cerebral y EPOC

Rosario: demasiado pronto

Y llegó un día en que supimos que el virus también podía ser impiadoso con los más chicos. El 12 de junio de 2020 el COVID-19 se cobró a la más inocente de sus víctimas en la Argentina. Rosario Zamudio tenía 8 años y su mamá tampoco pudo sostener su mano chiquita en el minuto final. Alicia Iriarte, una madre soltera de 23 años, se despidió de su hija con un beso el 11 de junio por la noche. Le dijo “te amo” y le acarició la cara. Estaban, las dos, en la fría sala de terapia intensiva del sanatorio Nuestra Señora del Rosario de San Salvador de Jujuy. Una hora atrás había llegado el resultado del test de coronavirus: era positiva. El protocolo indicaba que debía ser trasladada al Hospital Materno Infantil de la ciudad, y Alicia pensó que en unos días volverían a estar juntas. Rosario murió el domingo 12 a las seis de la tarde. Su mamá nunca más la vio. Ni viva, ni muerta.

Alicia, gendarme y hasta hace poco en pareja con Andrea (“la segunda mamá de Rosario”), le contó a Infobae entonces que su hija “tenía una patología preexistente. Había nacido prematura, a los ocho meses del embarazo, con parálisis cerebral y EPOC”. Su papá le dió el apellido, y eso fue todo lo que hizo. Alicia se hizo cargo de todo. “¡No sabés lo que luchó mi hija por vivir! Por cómo había nacido, no le daban ni dos semanas de vida. Le hablabas y ella se conectaba, se sonreía. La peleó hasta lo último. Siempre fuimos muy fuertes porque estábamos juntas. Nunca nos separamos: en las internaciones, donde ella estaba, yo también. Fue muy amada, muy querida por su familia y todos quienes la conocieron”.

Alicia trató de darle la mejor vida: “Siempre quisimos que la pase bien. Aunque era como una bebé grande, que no caminaba y estaba en la cama o en su sillón, bailaba. Con todo, tuvimos buenos momentos. Pude llevarla a un cine, a un parque, le encantaba la calesita. Ella no jugaba, no hablaba, pero tuve una hija maravillosa”.

Rosario fue internada un viernes por una obstrucción respiratoria por una bacteria que ya le había colonizado los pulmones. Al día siguiente, sin embargo, llegó el resultado del hisopado positivo de coronavirus. Alicia fue separada de su hija y solo obtuvo noticias por teléfono. Tres partes lacónicos y definitivos. El de la mañana decía que estaba estable. El del mediodía, como un mazazo, “que se preparara para lo peor”. Y el de las siete de la tarde, que había fallecido. “Yo no la podía ver. No me dejaron ni acercarme para vestirla”, relató quebrada. Logró finalmente, que le concedieran un derecho básico: “Me autorizaron a esperar su féretro a la salida de la morgue. Pude tocar el cajón, que tenía una funda, y decirle que la amaba. Lo único que quería era despedirme”.

Ramona Medina tenía 42 años y era paciente diabética, insulino-dependiente
Ramona Medina tenía 42 años y era paciente diabética, insulino-dependiente

Ramona, la referente

Ramona Medina tenía 42 años. Era tucumana y amaba bailar. Se había convertido en una referente barrial de la Villa 31, en donde compartía una casa sin agua con su pareja, sus hijas Maia y Guadalupe (que tiene Síndrome de West y Síndrome de Aicardi, no puede hablar ni comer ni sostener su postura sin ayuda y requiere oxígeno todas las noches) su cuñada de 62 años, su cuñado de 68, su sobrino con problemas cardíacos y su sobrina diabética. El 3 de mayo de 2020, en un video difundido por la organización La Poderosa, denunció la dura realidad de muchas familias como la suya: “Nos piden que nos higienicemos, que nos lavemos las manos, que tengamos mayor cuidado, que nos pongamos tapabocas, que no salgamos a la calle ¿Y con qué lo hacemos si no tenemos agua?”.

Ramona era diabética e insulino dependiente, pero sobre todo tenía miedo por la salud de Guadalupe. Una semana después de su mensaje, fue diagnosticada con coronavirus e internada en grave estado, sedada y conectada a un respirador en la terapia intensiva del Hospital Muñiz. Fuerte como era, murió el 17 de mayo. Aislada, como todos los que mueren por coronavirus, justo ella que había construido una red para que tantos se sintieran menos solos en su vulnerabilidad.

Solo en la Ciudad, 18.593 personas se contagiaron y 295 murieron de COVID-19 en barrios populares desde que comenzó la pandemia según datos del gobierno porteño. Ramona Medina les puso nombre y apellido.

El recuerdo de Gabriel, el florista de Las Cañitas, que murió a los 57 años por COVID-19 (Thomas Khazki)
El recuerdo de Gabriel, el florista de Las Cañitas, que murió a los 57 años por COVID-19 (Thomas Khazki)

Gabriel, o la pérdida de lo cotidiano

Gabriel Torranzo vivía y murió en Vicente López, territorio bonaerense. Pero seis veces por semana llenaba de flores su esquina de Las Cañitas. Era el único de su familia que vivía en Buenos Aires, todos los demás seguían en su San Luis natal. Es lo que más les dolió a sus vecinos, que perdieron con él la natural belleza de lo cotidiano: saber que ninguno de sus parientes pudo despedirse de él, ni siquiera su única hija.

Gabriel tenía 57 años y durante tres décadas había vendido flores en Matienzo y Soldado de la Independencia. Era hincha de River y le gustaba hablar con todo el mundo. Su puesto olía a jazmines.

Llegó al Hospital de Vicente López con una neumonía. Ya internado le diagnosticaron coronavirus. Su situación se agravó, estuvo en Terapia Intensiva tres semanas, intubado, hasta que mejoró. Entonces lo extubaron, se despertó varias veces, y parecía que se iba a recuperar. Pero el 30 de junio de 2020 sufrió varios infartos de los que no lo pudieron sacar.

Después de su muerte, los comerciantes y los vecinos de Las Cañitas convirtieron su puesto en un santuario. Cada barrio tuvo este año su Gabriel, el símbolo de esas pérdidas que nos enfrentaron con la realidad de un virus tan capaz de quitarnos el olfato como de robarnos el perfume de lo conocido.

El doctor Juan Lobel es la primera víctima fatal que el coronavirus deja en el SAME. Tenía 47 años, 4 hijos y no poseía antecedentes de otras patologías
El doctor Juan Lobel es la primera víctima fatal que el coronavirus deja en el SAME. Tenía 47 años, 4 hijos y no poseía antecedentes de otras patologías

Juan: morir en el frente de batalla

Durante la primera etapa de la cuarentena, los médicos eran aplaudidos cada noche y hasta los noticieros hacían una pausa a las 21 en punto para marcar la hora del saludo a los que estaban en la primera línea de batalla. Con el tiempo, el foco se corrió y los homenajes se espaciaron. Pero las sirenas no dejaron de sonar nunca.

Juan Lobel tenía 47 años y cuatro hijos. Fue el primer médico del SAME en morir a causa de la pandemia. Integraba el sistema de atención de emergencias porteño desde octubre de 2017. No tenía patologías previas y había elegido estar ahí donde más lo necesitaban. En junio de 2020 contrajo coronavirus y fue internado en el Sanatorio Güemes de Palermo, donde trabajaba. Murió dos meses más tarde, el 29 de agosto. El domingo 30, sus compañeros hicieron una emotiva despedida en el Obelisco. Con un gran despliegue de ambulancias y un helicóptero sobrevolando la Plaza de la República, los médicos hicieron sonar las sirenas cerca del mediodía. Volvieron entonces los aplausos.

“Es un día difícil para nosotros. Venimos a despedir a un compañero y amigo. Espero que Dios lo tenga en el cielo; era un buen tipo que nos va a seguir acompañando”, dijo el titular del SAME, Alberto Crescenti, que a la vez destacó el trabajo del resto de sus colegas. Recordar a Juan es tener presente la lucha cotidiana de miles de profesionales que siguen en el frente.

Paola de Simone murió mientras dictaba una clase virtual Paola de Simone murió mientras dictaba una clase virtual

Paola, la vocación hasta el último minuto

Paola de Simone tenía 46 años y era una reconocida politóloga y profesora de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Murió el 2 de septiembre mientras dictaba una clase virtual. Los minutos previos a su desvanecimiento quedaron registrados y fueron sus alumnos quienes intentaron socorrerla cuando ella les indicó que tenía problemas para respirar.

Apenas unos días antes había contado en su cuenta de Twitter sobre las dificultades del coronavirus: “Está muy complicado. Llevo más de cuatro semanas y los síntomas no se van. Un amigo nuestro está complicado. Mi marido está agotado por trabajar tanto en este momento (médico de terapia y emergencias). Llega a más público y daña más”. Paola estaba casada con Leandro hacía diez años y tenían una hija. Y los cientos de mensajes que inundaron las redes después de su partida dicen que era tal como la refleja ese tuit: una mujer que se preocupaba primero por los demás; el cansancio del hombre que amaba, la salud de su amigo.

Nunca dejó de estudiar. Se había graduado en Ciencia Política y Relaciones Internacionales en la Universidad del Salvador, tenía un MBA de la Universidad Torcuato Di Tella, y se había especializado en Recursos Humanos. Pero su pasión era la docencia. Era adorada por sus colegas y alumnos de la Universidad de Buenos Aires, de la Di Tella y de la UADE, en donde trabajó durante los últimos quince años.

Los estudiantes que asistían al zoom la acompañaron hasta el final, impotentes desde sus casas. Llegaron a preguntarle cuál era su dirección, para enviarle una ambulancia, pero ella estaba descompensada. Solo atinó a responder: “No puedo”. En uno de los últimos posteos que compartió en las redes se ve un dibujo de ella que hizo su hijita, que la pintó con capa y antifaz, y el puño en alto. Una heroína que vivió su vocación hasta el final.

Mariela Romero tenía 38 años y era mamá primeriza
Mariela Romero tenía 38 años y era mamá primeriza

Mariela no pudo conocer a su hijo

Mariela Romero tenía 38 años y esperaba con ansias la llegada de su primer hijo. Estaba casada con Fredy y el suyo era un embarazo muy buscado. Durante 14 años había trabajado como enfermera en el hospital de Villa Regina, en Río Negro. Aunque la pandemia había cambiado su rutina: para cuidar su embarazo realizaba actividades administrativas desde su casa, en la localidad de General Enrique Godoy.

Faltaba poco para que naciera el bebé cuando contrajo coronavirus. Su marido también se contagió. El 18 de septiembre fue sometida a una cesárea en el hospital donde trabajaba. Lucio nació en buen estado de salud y negativo de COVID-19. Pero el cuadro de su mamá, que sufría de diabetes e hipertensión, se agravó. Sus compañeros denunciaron negligencia, porque pasó varias horas del posoperatorio en una camilla de la guardia, antes de ser trasladada a la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital de General Roca.

Mariela murió el 23 de septiembre de 2020 sin conocer a su hijo. Su marido, que estaba contagiado, tuvo que esperar para encontrarse con Lucio y ni siquiera pudo despedirse de ella en el cementerio. Lo hizo con un posteo en Facebook: “Me dejaste ese bebé hermoso, cuidanos desde el cielo. Te amo con todo mi corazón, hasta siempre mi amor”.

Adriana Cheble (62) y Gustavo Salemme (67) estuvieron juntos 40 años. Ambos médicos cordobeses, contrajeron coronavirus y fallecieron con una semana de diferenciaAdriana Cheble (62) y Gustavo Salemme (67) estuvieron juntos 40 años. Ambos médicos cordobeses, contrajeron coronavirus y fallecieron con una semana de diferencia

Gustavo y Adriana: ni la muerte los separó

“Nacieron para estar juntos y se fueron juntos. No podía suceder de otra manera”. El que se lo dijo a Infobae fue Matías, el hijo mayor de Gustavo Salemme (67) Adriana Cheble (62), el matrimonio de médicos cordobeses que murió de coronavirus con una semana de diferencia. Estaban casados hacía cuarenta años. Él era especialista en Diagnóstico por Imágenes y ella, médica clínica.

Se conocieron cuando eran adolescentes y estudiaron la carrera de Medicina juntos. Hasta trabajaron en el mismo colegio de Córdoba para “bancarse” mientras cursaban: él como secretario y ella como preceptora. Cuando se recibieron, se entregaron por completo a la profesión. Entre otras cosas, fueron a trabajar al Norte para atender el brote de cólera. “Tenían mucha vocación y amor por el prójimo”, contó su hijo, de 37 años, que fue el que los asistió cuando se contagiaron, primero Adriana y, después, Gustavo. La hermana de Matías estaba embarazada y su hermano menor, que vivía con ellos, también se tuvo que aislar. Al día siguiente de que se internaran, pudo verlos por la ventana en el hospital. Después ya no pudo hacerlo nunca más. Su papá entró en terapia intensiva y lo siguió su mamá.

Gustavo murió el 9 de octubre de 2020. Adriana, siete días después, el 16. Se fueron sin cumplir la ilusión de conocer a su primer nieto, el último legado de toda una vida de amor. Un amor que fue más fuerte que la más cruenta de las pandemias mundiales: ni el coronavirus los separó.

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Politica

Cuáles son los argumentos del Gobierno para impulsar un juicio por el crédito que Macri tomó con el FMI

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Un escrito del Banco Central da cuenta de las ideas oficiales sobre las que gira esta estrategia, que critica la forma en que se endeudó el país en 2018

La investigación que el Banco Central pidió que se transforme en un expediente judicial para comprobar si hubo una defraudación en el crédito al Fondo Monetario Internacional (FMI) en 2018 se basa en dos grandes argumentos. Así se desprende de un memo de la entidad que preside Miguel Pesce y que expresa que: el dinero sirvió para la fuga de capitales y que el crédito no pasó el filtro previo de las instancias jurídicas y legislativas correspondientes.

“El expediente administrativo del registro del Ex Ministerio de Hacienda de la Nación en el que tramitaran las actuaciones relativas al acuerdo stand by de acceso excepcional suscripto con el FMI, fue iniciado el 21 de junio de 2019, esto es, con posterioridad a la suscripción y formalización de los documentos que sellaran dicho acuerdo”, se indicó. En cambio, “la carta de Intención y los memorándums fueron suscriptos el 12 de junio de 2018”.

“Como consecuencia de ello, la Carta de Intención, el Memorándum de Entendimiento de Política Económica y Financiera y el Memorándum de Entendimiento Técnico, por los que la República Argentina solicitara el acuerdo más grande de la historia del FMI, fueron todos suscriptos sin un dictamen jurídico previo que analizara cuestiones medulares que necesariamente deberían haber sido objeto de estudio legal previo a la suscripción de los documentos”, sostiene el BCRA.

Esto es, “si el Poder Ejecutivo Nacional y en especial el Ex Ministerio de Hacienda se encontraba facultado a decidir y formalizar un acuerdo con el FMI por semejante monto, y sujeto a las condicionalidades establecidas en los documentos que lo conforman”.

“La opinión legal emitida –reitero, posterior a la formalización del acuerdo- se ha limitado a analizar una cuestión meramente formal, consistente en la facultad del Ex Ministerio de Hacienda para cursar las misivas al Organismo Internacional, de acuerdo al rol que le asigna el artículo V, sección I del Convenio Constitutivo de ese Organismo”.

“A pesar del principio general contenido en el art.60 de la ley 24.156 promulgada en el año 1992, que prohíbe a las entidades de la APN formalizar operaciones de crédito público no contempladas en la ley de presupuesto general del año respectivo o en una ley específica, dicho acuerdo fue suscripto en ausencia absoluta de ley formal que lo autorizara”, precisó.

Dicho acuerdo fue suscripto en ausencia absoluta de ley formal que lo autorizara

“La excepción a ese principio general contenido en la norma cuando la operación de crédito fuera formalizado con un organismo financiero internacional del que la Nación formara parte, constituía una delegación prohibida a la luz del art.76 de la Constitución Nacional, y los claros términos de la cláusula provisoria octava que acompañó la sanción de la nueva Constitución, que dispuso la caducidad de toda la legislación delegada preexistente que no contuviera plazo establecido para su ejercicio”, indica el escrito.

Tampoco se trató de un préstamo tomado para realizar inversiones para el desarrollo económico del país declaradas de interés nacional por ley o por el PEN, único caso en que la ley 11.672 permanente de presupuesto faculta al PEN a contratar préstamos con Organismos Internacionales a los que la República pertenezca como miembro, siempre que el préstamo se ajuste a las condiciones usuales de los respectivos convenios básicos, condición ésta que tampoco se cumplía por la excepcionalidad del monto en términos cuantitativos, a la luz de la cuota correspondiente a la Nación”, advirtió el BCRA.

Tampoco se trató de un préstamo tomado para realizar inversiones para el desarrollo económico del país

En este sentido, el Banco Central “no emitió el informe previo a la formalización del acto, sobre el impacto de la operación en la balanza de pagos, herramienta fundamental para dilucidar la capacidad de repago del país frente a los compromisos asumidos, a la luz de los distintos rubros que conforman la cuenta corriente y de capital, y que el artículo 61 de la ley 24.156 de Administración financiera y de los sistemas de control de la APN, considera esencial cuando la operación de crédito público, origine la constitución de deuda pública externa”.

La entidad cita el informe “Mercado de cambios, Deuda y Formación de Activos externos 2015-2019”, elaborado por el B.C.R.A. a solicitud del presidente de la Nación Argentina, que “dio cuenta del aumento exponencial en la formación de activos externos (coloquialmente llamada “fuga de capitales”)”.

Miguel Pesce, presidente del BCRA  Miguel Pesce, presidente del BCRA

“A lo largo de todo el período, se triplicó, superando los USD 86.000 millones. Aún durante la primera fase de auge e ingreso de capitales, la formación de activos externos de los residentes alcanzó los USD 41.100 millones. En la etapa de aceleración de salida de capitales, entre mayo de 2018 y hasta que fueron establecidos los controles cambiarios más estrictos recién en octubre 2019, del total pautado con el FMI llegaron a desembolsarse cerca de USD 44.500 millones”, detalló.

Estos fondos junto a las reservas internacionales, abastecieron una fuga de capitales del sector privado, que alcanzó los USD 45,1 mil millones”, afirmó .

Por lo tanto, ante “la ausencia absoluta de medidas de contención de dicha fuga durante, dan cuenta de la flagrante violación a los diáfanos términos del art. VI del convenio constitutivo del FMI aprobado por la República Argentina por Ley 21.648 que prohíbe la utilización de los recursos generales del Fondo para hacer frente a una salida considerable y continua de capitales”.

A su vez, de “la contradicción explícita con los objetivos expuestos en el memorándum de Entendimiento sobre Políticas Económicas y Monetarias en el marco del acuerdo con el FMI, ya que se asumió, entre otros compromisos, el de disminuir las tensiones en la balanza de pago, incrementando las reservas internacionales”.

“Todo ello, en el marco de un acuerdo suscripto sin el más mínimo de control de legalidad y legitimidad”, sentenció.

“La función administrativa -y la negociación o toma de deuda por parte del Poder Ejecutivo lo es- está sometida al test de la razonabilidad que implica analizar la oportunidad, mérito o conveniencia de su dictado y la competencia de los órganos para decidir y formalizar el acto, esto es, su legitimidad”, destacó.

“La efectivización de una decisión política está sujeta a una serie de procedimientos; requisitos; informes y dictámenes cuyo cumplimiento y respeto resultan obligatorios para los funcionarios públicos”, indicó.

“Su omisión constituye una grave irregularidad que compromete la responsabilidad personal de los funcionarios involucrados en la misma”, concluyó el escrito que seguramente pasará a formar parte de la causa judicial que el Gobierno quiere impulsar.

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Coronavirus

Estudios alertan que la variante brasileña infecta a quienes ya tuvieron COVID-19 o recibieron la vacuna Coronavac

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Los científicos creen que la cepa conocida como P.1 podría tener una carga viral hasta diez veces más elevada. El antídoto de la compañía china es aplicado masivamente en Brasil

Un estudio preliminar realizado por investigadores brasileños alertó que la variante amazónica del coronavirus puede sortear los anticuerpos producidos por la vacuna china Coronavac, fabricada por el Instituto Butantan y principal antídoto utilizado en la campaña de vacunación contra el COVID-19 en el gigante sudamericano.

Los científicos que llevaron a cabo la investigación aclararon que los datos son preliminares, dado que se recolectaron a partir de una muestra de tan solo ocho voluntarios, ahora deberán ser confirmados por una investigación más amplia.

Según informó el periódico brasileño Estadao, el estudio fue realizado por científicos de la Universidad de San Pablo y de la Universidad Estatal de Campinas, conocida como UNICAMP. Fue publicado este lunes en la sección de “preimpresiones” (artículos aún no revisados por otros científicos) de la revista científica The Lancet.

Una trabajadora de salud vacuna a un adulto mayor en Brasil (Reuters/ Ricardo Moraes)Una trabajadora de salud vacuna a un adulto mayor en Brasil (Reuters/ Ricardo Moraes)

La investigación

Los científicos recolectaron plasma de ocho participantes que habían recibido las dos dosis de la vacuna Coronavac hace unos cinco meses y probaron la actividad neutralizante de los anticuerpos presentes en el plasma contra la variante brasileña P.1 y contra la cepa más común en Brasil (la B) antes de que apareciera la nueva.

Fue allí cuando observaron que el nivel de anticuerpos capaces de detener el virus fue menor para la variante P.1 que para la cepa B, estando por debajo del límite de detección en la prueba.

Los científicos señalaron, sin embargo, que esta diferencia no puede considerarse estadísticamente significativa porque la muestra de voluntarios fue pequeña y el nivel de neutralización en ambos casos fue “bastante bajo”.

Igualmente, indicaron que “los resultados sugieren que P.1 (la variante brasileña) puede escapar de los anticuerpos neutralizantes inducidos por una vacuna de virus inactivado” contra Sars-CoV-2 (como es el caso de Coronavac).

Por otro lado, afirmaron que la protección de Coronavac contra casos severos de COVID-19 (visto en estudios clínicos) indica que los anticuerpos neutralizantes no son el único factor protector contra la enfermedad y que las respuestas de otras células de nuestro sistema inmunológico, como los linfocitos T o B de memoria, pueden reducir la gravedad de la enfermedad incluso si hay tal reducción en la actividad de los anticuerpos.

Sugieren que, para prevenir la transmisión de la nueva cepa, puede ser necesario aplicar una dosis de refuerzo de la vacuna, actualizada para esta u otras variantes que se presenten.

Gente con mascarillas en el Mercado de Madureira en Rio de Janeiro (Reuters/ Pilar Olivares/ archivo)Gente con mascarillas en el Mercado de Madureira en Rio de Janeiro (Reuters/ Pilar Olivares/ archivo)

Las conclusiones de otros dos estudios

La variante brasileña del COVID-19, bautizada como P.1, podría tener una carga viral hasta diez veces más elevada y es capaz de evadir el sistema inmune de aquellas personas que ya tenían anticuerpos contra el coronavirus, revelaron otros dos estudios preliminares realizados por investigadores brasileños e ingleses.

“Probablemente hace las tres cosas al mismo tiempo: es más transmisible, invade más el sistema inmune y probablemente debe ser más patogénica”, dijo este lunes en declaraciones a la agencia de noticias EFE Ester Sabino, profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad de San Pablo (USP) y coordinadora del grupo de la USP que participó en la investigación desarrollada por el Centro Brasil-Reino Unido para el Descubrimiento y Diagnóstico de Abrovirus (CADDE).

Este estudio preliminar, publicado el pasado viernes, sugiere que la nueva variante originaria del estado de Amazonas es entre 1,4 y 2,2 veces más transmisible que los linajes que la preceden y “probablemente” es uno de los factores que están detrás de la segunda ola del coronavirus en Brasil.

Los científicos concluyeron, además, que la nueva cepa es capaz de evadir el sistema inmune y causar una nueva infección en parte de los individuos ya infectados por el coronavirus, concretamente entre el 25 y el 61%.

No se pueden explicar tantos casos a no ser por la pérdida de la inmunidad”, resaltó Sabino, quien coordinó el estudio junto con el investigador Nuno Faria, de la Universidad de Oxford.

Vista de una vacuna Coronavac (EFE/ Fernando Bizerra Jr/Archivo)Vista de una vacuna Coronavac (EFE/ Fernando Bizerra Jr/Archivo)

El estudio preliminar, basado en un modelo matemático realizado por el Imperial College London, está basado en el análisis de genomas de 184 muestras de secreción nasofaríngea de pacientes diagnosticados con COVID-19 en un laboratorio de Manaos entre noviembre de 2020 y enero de 2021.

La capital del estado de Amazonas ha sido el epicentro de la pandemia en Brasil tanto en la primera como en la segunda ola del coronavirus y vive un colapso sanitario desde finales del año pasado debido a la explosión de casos y de ingresos por coronavirus.

La investigación, que contó con el apoyo de la Fundación de Amparo a las Investigaciones del Estado de San Pablo (Fapesp), todavía no ha sido revisada por otros científicos ni publicada en revistas científicas.

Asimismo, otro estudio divulgado también el pasado viernes por investigadores de la Fundación Oswaldo Cruz de la región amazónica indica que la carga vírica en el organismo de los individuos infectados con la P.1 puede ser hasta diez veces mayor.

Brasil, uno de los países más castigados del mundo por la pandemia, acumula 10.587.001 contagios desde que registró el primer caso de la enfermedad, el 26 de febrero del año pasado, y 255.720 muertes desde que contabilizó la primera víctima, el 12 de marzo de 2020.

Tales cifras confirman al gigante latinoamericano, con sus 210 millones de habitantes, como uno de los epicentros globales del COVID-19 y como el segundo país con más muertes por la enfermedad en el mundo, superado tan sólo por Estados Unidos, y como el tercer con más contagios, por detrás del país norteamericano e India.

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