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Educación

Recorrió Latinoamérica en busca de la escuela ideal: “No hace falta irse a Finlandia para encontrarla”

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Fue en México, hace ya tres años, que le dio un giro radical a su vida. Bruno Iriarte trabajaba en Guanajuato, una ciudad del centro mexicano, como mentor de estudiantes. Se dio cuenta, entonces, de que los problemas del sistema educativo eran similares a los argentinos.“Era poner un parche encima de un parche y encima de un parche”, dice. Con sus ahorros, se compró una de las clásicas combis Volkswagen. La refaccionó, la pintó y la preparó pararecorrer 30 mil kilómetros en busca, según sus palabras, de la escuela ideal.

Bruno tiene 34 años. Nació en Salta y ahí se recibió en relaciones internacionales. Después viajó a Buenos Aires, donde se convirtió en profesor y unos años más tarde se unió al proyecto Enseñá por Argentina, que le permitió dar clases en escuelas vulnerables del conurbano bonaerense.

“Ya en México vi que los problemas se repetían, que ni los chicos, ni los profesores, ni los padres estaban conformes. Entonces se me ocurrió la idea de un viaje para tratar de entender, de buscar soluciones concretas, para investigar prácticas que funcionen en la región. Renuncié a mi trabajo y emprendí el viaje en la combi”, le contó a Infobae.

Los Patojos, la escuela alternativa más importante de Guatemala

Los Patojos, la escuela alternativa más importante de Guatemala

En total, fueron dos años arriba de la combi, que llamó “La Kombi Cholulteca”. Viajó por trece países: comenzó en el norte de México y después visitó buena parte de Centroamérica (Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá). Allí eligió virar para Colombia y siguió rumbo por Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina y Chile.

Antes de llegar a cada sitio, hacía un listado con las escuelas que le interesaba visitar, casi todos modelos alternativos. De algunos proyectos educativos se enteró por el boca en boca, “por un conocido de un conocido”. En cada establecimiento pasó al menos una jornada completa en la que observó la dinámica de enseñanza-aprendizaje, habló con directivos, maestros, alumnos y padres.

Su experiencia la volcó en un libro que se publicó hace unos días: “En busca de la escuela ideal”, de Editorial Magisterio. Fueron 60 las escuelas que conoció de primera mano. “Me di cuenta de que no hay que irse hasta Finlandia para encontrar escuelas exitosas. Se habla mucho del modelo finlandés, que obviamente es de excelencia, pero acá también tenemos proyectos para prestar atención. Y lo bueno de esos proyectos es que son más cercanos, aplicables a nuestros contextos”, explicó.

Una experiencia de homeschooling en México

Una experiencia de homeschooling en México

En un principio, su idea fue conseguir financiamiento de una organización. Pero con el correr de los meses vio que le era muy difícil y optó por continuar con sus ahorros y trabajos que eventualmente conseguía en las ciudades donde paraba. Bruno cuenta que llegó a dormir dentro de las escuelas o en las casas de los padres de los alumnos.

“Algunos modelos que analicé ya están más que validados como las escuelas Montessori o Waldorf, pero muchas otras necesitan mayor exploración. Por mi parte intenté hacer una investigación más cualitativa, de medir la satisfacción de la comunidad educativa. Una escuela ideal, para mí, debe tener a gusto a los cuatro componentes: directores, maestros, alumnos y los padres, una pata fundamental que a veces no se le presta atención”, describió.

Algunas de sus experiencias

Iriarte dijo que en la mayoría de los países se llevó buenas impresiones. “Quizás en Colombia fue donde sentí que nos están sacando kilómetros porque tienen a la educación como piedra fundamental para el desarrollo”, agregó. Allí visitó los Colegios Fontán, una red de “pedagogía libre”, donde los chicos no tienen horarios, ni exámenes, ni están divididos por edades y aprenden a su ritmo. A través de la tecnología, se hace un seguimiento de cada uno.

Los chicos de una escuela de Chiapas, México, aprenden en una huerta

Los chicos de una escuela de Chiapas, México, aprenden en una huerta

Uno de los proyectos que más lo sorprendió fue el de Kurmi Wasi, en Bolivia. En la escuela se rescatan todas las tradiciones autóctonas vinculadas a la tierra, a la Pacha Mama, y se la combina con una metodología Montessori, de liberar el talento de cada alumno. “Ahí tenés un combo muy fuerte”, remarcó.

En Papalotes Puerto Escondido funciona una escuela Waldorf. A orillas del mar de Oaxaca, describe, los estudiantes construyen su aprendizaje mientras son sus padres los que dirigen el establecimiento.

Un aula de Papalotes Puerto Escondido

Un aula de Papalotes Puerto Escondido

En tanto, Los Patojos Guatemala es un proyecto integral que comenzó en una casa, como un comedor para los chicos pobres de la zona, y hoy tiene tres sedes, que incluyen una escuela de educación popular, un huerto, una sala de primeros auxilios y un predio para espectáculos artísticos y deportivos.

“Para el que está acostumbrado a la educación más tradicional, algunas experiencias alternativas pueden sonar muy hippies. Es cierto que necesitan una revisión más cuidadosa que mida si están haciendo las cosas bien, pero lo que yo pude constatar es que generan una sensación de comunidad muy fuerte. Todos los que forman parte están a gusto”, resumió.

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Educación

El último Nobel de Educación: “Un gran maestro debe creer siempre en el potencial de sus estudiantes”

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 debió atravesar más de 10 mil kilómetros de su Nairobi, Kenia, hasta Buenos Aires. Acostumbrado al calor de África, llevó consigo solo un equipaje de mano: un par de camisas, un par de pantalones y un premio que ocupaba la mitad del carry onLa estatuilla era la del Global Teacher Prize -conocido como el Nobel de Educación- que lo reconoció en marzo como “el mejor maestro del mundo”.

Sus primeros dos días en el país fueron frenéticos: reuniones con funcionarios, charlas con alumnos y docentes, cócteles, visitas a escuelas, reconocimientos varios. Y su agenda no aflojará en los días que vienen. Hoy viaja a Corrientes, mañana parte hacia San Pablo, de ahí hacia Río de Janeiro, de Río a Santiago de Chile. La semana que viene regresará a Buenos Aires, donde se espera que tenga una reunión con el presidente Mauricio Macriy terminará su gira latinoamericana en Colombia.

“Me aprendí un par de palabras en español: hola, grashias, perfecto”, bromea en una entrevista con Infobae. “Desde el premio mi vida es diferente. Ahora tengo un rol más importante. Siento que no solo enseño en mi escuela. Me siento un maestro global, que puede inspirar a la gente cuando comparto mi historia. Me permite mostrar el rol que cumple el maestro. Los docentes no solo enseñamos. Hacemos un trabajo mucho más profundo”, agrega.

Tabichi es profesor de ciencias y matemática

Tabichi es profesor de ciencias y matemática

Tabichi tiene 36 años y es profesor de ciencias y matemática. Da clases en la secundaria Keriko Mixed Day en Pwani Village, situada en un área remota de Kenia. Allí la comunidad convive con el hambre y la sequía. El 95% de sus alumnos vive en la pobreza y casi un tercio son huérfanos o tienen un solo padre. Pese a las adversidades, desde que tomó su cargo la matrícula se multiplicó: pasó de tener 200 alumnos a 480 y, a través de sus clubes de ciencia, logró que el 60% de los chicos califique para competencias nacionales.

-¿Cómo hace para motivar a alumnos que viven en contextos tan dramáticos?

-Creo en el espíritu del trabajo en equipo, en la colaboración. Cuando los chicos se juntan, pasan cosas grandiosas. Intento promover la colaboración incluso con otros docentes. Una de las estrategias que implemento es invitar a la discusión en grupos y formo distintos clubes escolares, como club de ciencia, de la paz, de la naturaleza. Al poco tiempo te das cuenta de que están aprendiendo y, a la vez, disfrutando de aprender. No es solo dar la teoría. La práctica es una parte imprescindible. Hace el aprendizaje interesante. Todo esto sin dejar de tener en cuenta la tecnología: puede hacer un montón de cosas en el aula.

-¿Con qué dificultades suelen llegar sus alumnos?

-Ellos vienen de familias muy pobres y sufren de mucho estrés, que no les permite mantener la concentración en clase. Entonces se necesita de un vínculo más fuerte con el alumno. De ayudarlos a descubrir que tienen talento, que pueden pintar, que pueden inventar cosas. Cuando eso pasa, el alumno gana en confianza.

Da clases en una escuela de extrema vulnerabilidad en Kenia

Da clases en una escuela de extrema vulnerabilidad en Kenia

-Usted antes trabajaba en una escuela privada. ¿Por qué optó por pasarse a una pública?

-La escuela privada tiene varias comodidades, tanto para el aprendizaje como la enseñanza. Cuando trabajás en esos ambientes, con aulas ordenadas, el desafío es menor. Sentís que no estás haciendo una diferencia. En las escuelas públicas de Nairobi las carencias son notorias: para llegar hay que caminar largas distancias, las familias son pobres, no hay internet, hay problemas con el establecimiento. En 2015 me postulé para pasarme a una escuela pública y fui elegido. Siento que allí se puede hacer una diferencia más grande.

-¿La mayoría de los problemas en educación se resuelven aumentando la inversión o hay otros factores que también entran en juego?

-La inversión es muy importante, pero hay muchos otros factores que entran en juego para mejorar un sistema educativo. Obviamente las necesidades pueden ser muy diferentes. Entre Argentina y Kenia, por ejemplo, hay desafíos muy distintos. Creo en el poder de trabajar en conjunto. Los gobiernos tienen que entender el alcance de la tecnología y la ciencia y promover programas en esa línea. También fortalecer el vínculo entre los chicos que están por terminar el colegio y el trabajo. Insistir en la adquisición de las habilidades del siglo XXI. Se trata de trazar un planeamiento y seguir una estrategia.

-Mencionó las habilidades de los estudiantes. ¿Qué capacidades cree que debe tener un gran maestro?

Un gran maestro debe creer siempre en el potencial de los estudiantes. Debe establecer metas y asistir a los chicos para que logren esos objetivos. Ser optimista es una parte crucial. Tenemos que creer en que el alumno tiene talento para poder ayudarlo. Se necesita determinación y una mirada más amplia de las clases. No alcanza solo con preparar una clase teórica, dar contenido. Hay que invitarlos a que produzcan.

El maestro está de visita en Latinoamérica

El maestro está de visita en Latinoamérica

-En Argentina, hace ya años, la profesión del maestro no goza del mejor prestigio social. ¿Cómo se revierte eso?

-Es fundamental que la sociedad valore el rol del maestro. Se puede solucionar con mayor capacitación, haciendo la carrera docente más atractiva y competitiva. Los padres suelen aconsejar a los chicos estudiar ingeniería o medicina, pero la profesión docente es la más importante. Por eso la elegí yo.

-¿Cuánto influyó su familia en esa elección?

-Sabía desde muy chico que me iba a convertir en maestro porque mi padre también lo era. Él me inspiró y le agradezco porque me dio la posibilidad de tener chances de ayudar a la gente. El apellido Tabichi ahora es todavía más conocido en la comunidad.

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Educación

Ya hay más de 60 carreras universitarias de “interés público”: cuáles son y qué las distingue

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Seis carreras se sumaron a la categoría de “interés público”. El Consejo de Universidades le otorgó actividades exclusivas a los graduados en titulaciones vinculadas a los alimentos, la medicina y ramas de la ingeniería, que se incorporan al esquema que plantea el artículo 43 de la Ley de Educación Nacional (LEN).

Se trata de la licenciatura en ciencia y tecnología de los alimentos, la carrera de microbiólogo, de bromatología, y las ingenierías naval, en transporte y mecatrónica. Todas ellas pasan a recibir el rótulo porque, consideran, atañen un riesgo para la sociedad.

Al respecto, el artículo 43 de la LEN sostiene: “Cuando se trate de títulos correspondientes a profesiones reguladas por el Estado, cuyo ejercicio pudiera comprometer el interés público poniendo en riesgo de modo directo la salud, la seguridad, los derechos, los bienes o la formación de los habitantes, se requerirá que se respeten, además de la carga horaria, los siguientes requisitos”.

Por un lado, continúa la ley, los planes de estudio deben considerar los contenidos curriculares básicos y sumar criterios de formación práctica. Por otro, la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU) debe revalidar las carreras. El proceso se puede dar en dos plazos: algunas titulaciones reciben la acreditación máxima que se renueva cada 6 años y otras se acreditan por 3 años con observaciones de mejora.

“Cada vez más titulaciones se van incorporando al artículo 43, lo cual implica que hay una mayor cantidad de estudiantes universitarios con garantías de estándares excelencia. El riesgo público conlleva que tengan que ser evaluadas y acreditas. En un ejemplo sencillo, un ingeniero civil al que se le encargue la construcción de un puente tiene que estar bien formado o puede generar un gran perjuicio”, le dijo a Infobae Pablo Domenichini, secretario de políticas universitarias.

Ingeniería el área de mayor cantidad de actividades reservadas

Ingeniería el área de mayor cantidad de actividades reservadas

Por su parte, Danya Tavela, vicerrectora de la UNNOBA y miembro de la CONEAU, señaló: “La definición la toma el Consejo de Universidades con el Ministerio de Educación de la Nación a partir del pedido de las universidades. Se hace en función de las actividades que realizarán los futuros profesionales. La importancia está dada por la definición del alcance y las actividades reservadas, así como también porque deben someterse a la acreditación de la CONEAU”.

El Consejo de Universidades, el encargado de delimitar las carreras de interés público, es un organismo plural que preside el ministro de Educación. Lo componen siete rectores de universidades públicas, otros siete de universidades privadas, un miembro del Consejo Federal de Educación y cada uno de los siete Consejos Regionales de Planificación de la Educación Superior (CPRES) tiene también un representante.

El punto que distingue a estas carreras es que tienen actividades reservadas, es decir, que solo sus graduados deberían poder desarrollar por el riesgo que implica.

Hace ya más de un año, se suscitó una fuerte polémica entre algunas corporaciones profesionales y el ministerio de Educación. 37 carreras habían sido afectadas por una reducción importante de trabajos reservados que, en algunos casos, pasaron de tener treinta a solo tres o cuatro. Mayormente se trató de ramas de ingeniería, pero también psicología y arquitectura habían estado dentro del replanteo. El reclamo era que los títulos pasaban a tener menos valor.

Ahora la inquietud es qué pasa con aquellos profesionales que se graduaron antes de que los títulos pasaran a ser de “interés público”. Al respecto, Domenichini remarcó: “El título de los que ya se graduaron sigue teniendo el mismo valor. Son títulos habilitantes incluso para las actividades reservadas que antes no estaban especificadas”.

Con las seis carreras que se sumaron, ya son más de 60 titulaciones que están dentro del artículo 43. En su mayoría, responden a distintas ramas de ingeniería, pero también hay un apartado para las ciencias y la salud.

El listado completo

Ingeniería: bioingeniería, en agrimensura, industrial, mecánica, mecánica aeronáutica, electromecánica, aeronáutica, agronómica, ambiental, biomédica, civil, en alimentos, electricista, electrónica, eléctrica, en automatización y control industrial, en computación, en industria automotriz, en informática, en materiales, en minas, en petróleo, en producción agropecuaria, en recursos hídricos, en recursos naturales renovables, en recursos naturales para zonas áridas, en recursos naturales y medio ambiente, en sistemas, en telecomunicaciones, forestal, hidráulica, metalúrgica, nuclear, química, zootecnista. Ahora se les suma naval, mecátronica y en transporte.

Ciencias: bioquímica, biología con sus distintas orientaciones como en botánica, ecología y paleontología entre otras, geología y química. Ahora se suma la carrera de microbiólogo.

Salud: medicina veterinaria, farmacia, enfemería, genética, psicología, odontología. Ahora se suma bromatología.

Otras: agrimensura, agronomía, arquitectura y las licenciaturas en informática y en sistemas. Ahora se suma ciencia y tecnología de los alimentos.

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Educación

“Aprender de memoria es obsoleto”

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Hace poco más de un mes, Hugo Hualde se paró frente a un auditorio repleto en la Usina del Arte y sostuvo, durante algo más de cinco minutos, una charla en la que contó a todos los presentes sobre la forma en que descubrió su verdadera identidad, cómo lo asimiló, lo habló con sus amigas y amigos y lo enfrentó con su mamá, y cómo la sensación de felicidad lo invadió cuando pudo al fin vestirse y verse como en verdad se sentía. Hugo contó, en esa charla titulada “Por qué estoy orgulloso de ser” (colgada en los anaqueles invisibles de la web), que es trans. Y lo hizo con la simpleza de su emoción a flor de piel, con la tranquilidad que el proceso previo le había dado.

La charla, que elaboró para el Club Ted-Ed en el que participó el año pasado en la Escuela del Sol, tenía los condimentos para que todos se emocionaran: vivencia personal, la capacidad de que el oyente empatice, la búsqueda por sembrar la emoción propia en un tercero. Y es algo que, en general, no se enseña en las aulas. Ahí aparece la novedad de los Clubes TED-Ed, un modelo de taller para aprender a hacer charlas al estilo TED que funciona ya en 800 escuelas del país. Cuando terminó, Hugo dijo que se sentía realmente bien de haber podido contar su experiencia para intentar inspirar a otros a tener el valor de ser quienes en verdad son.

Desde hace cinco años, y a partir de experiencias que venían ocurriendo en otras partes del mundo, el segmento local de las ya famosas charlas TED comenzó a desarrollar estos clubes como un espacio escolar –guiado por docentes de esos colegios, que son formados y acompañados por el equipo pedagógico de TED– donde provocar mejoras en las habilidades comunicacionales de los alumnos: que los adolescentes sean capaces de desarrollar una idea y comunicarla. El formato final es casi una marca registrada: a esta altura, casi todos hemos visto uno de esos videos que mezclan motivación, inspiración, moraleja, historia de vida, experiencias transformadoras y conclusiones que parten de una premisa individual pero que intentan ser colectivas.

Todos los que pasamos por la escuela guardamos, además de algunas experiencias buenas –propias o ajenas– y algunas historias de compañeros que terminaron en pasiones o carreras posteriores, muchísimas horas de hastío y la sensación de que allí no pasaba en verdad nada. Alumnos, directivos, docentes y, sobre todo, el sentido común imperante, suelen otorgar escaso valor a la escuela en términos formativos para el mercado del trabajo: se dice que la escuela es clave para todos, pero se deja de lado que para muchos termina siendo, en el mejor caso, un lugar para hacer amigos y diseñar una personalidad.

“Aprender de memoria es obsoleto. Hay que replantearnos como enseñamos y aprendemos. El taller supone formatos de fácil aplicación y sería ideal ir a un modelo de 50 y 50: hay que aprender teoría y contenido académico, pero el análisis queda obsoleto si solo respondemos preguntas o hacemos un powerpoint”, explicó al NO Martina Piovano, una alumna del último año de la Escuela Normal Superior de Bragado, que en 2018 hizo una charla sobre estereotipos de género para la mujer a partir del modelo de la muñeca Barbie, y que destaca el valor del feedback que recibió de profesores y compañeros en ese espacio.

Allí, quizás, se explique el éxito de los clubes TED-Ed. En la actualidad, alejados casi 30 años de las últimas grandes narrativas colectivas, habiendo pasado varias décadas centrándonos en el individuo, su desarrollo y sus experiencias, TED sirve como marco para volver a la narrativa colectiva. Y lo hace precisamente desde un sujeto expresando una idea propia que convoque o inspire a terceros. Y eso provoca el llamado “efecto esférico”, según señaló el director del programa, Ariel “Hache” Merpert, con vasta experiencia en docencia y diferentes espacios del ámbito público y privado.

¿Qué es el efecto esférico?

–Algo ideal es que un proyecto educativo afecte en 360º a alumnos, docentes, directivos y padres, la comunidad educativa en general. Lo que vemos con TED es que no solo afecta a los actores sino además la relación entre ellos. Lo que pasa es que los chicos hacen un recorrido que los lleva a vincularse con lo que los moviliza y apasiona, y el docente ocupa otro rol que no es el de siempre, es el facilitador. Y esos docentes empiezan a conocer un montón sobre los chicos: cosas que los movilizan, intereses que los apasionan. Y eso les da más información a los docentes y genera un vínculo de confianza que antes no tenían. Es un ejemplo concreto de que se afecta no solo lo que aprende un chico sino el vínculo.

El foco del éxito está en poner un elemento disruptivo en instituciones que no tenían estos espacios. La herramienta no es mágica pero abre puertas. “Lo primero que se nota es que los roles del docente y del alumno no están tan marcados como tales. Es un aprendizaje mutuo, el docente puede bajar la guardia y jugar, compartir experiencias personales, y eso está buenísimo”, añadió Piovano sobre su experiencia.

El proyecto cuenta con financiamiento público y privado (como cualquier ONG) y un alcance que involucra a casi 30 colaboradores propios y 2500 docentes y directivos de escuelas del país. Además, en la Universidad de San Andrés, el equipo de la especialista en educación de la ciencia Melina Furman produce algunas investigaciones específicamente a partir de estas experiencias. “Lo que aparece muy claro es que los participantes dicen que están aprendiendo a escuchar: esto nos sorprendió”, dice Hache. “Queríamos que aprendan a desarrollar y comunicar ideas: estructurar, sintetizar, algo no muy presente en la currícula tradicional de la escuela. Pero lo que aparece sistemáticamente en las entrevistas es que todos empiezan a aprender a escuchar, porque para decir qué pensás de la idea de otro es necesario haber escuchado muy bien.”

Esta noción de la escucha vuelve a entroncarse con la narrativa. Como en el despliegue de la marea feminista, es central la ruptura entre el orden de que lo que me pasa es único a entender que lo que me pasa es único pero no me pasa solo a mí. La idea, la narrativa y la conjunción colectiva son claves para romper la soledad, y también la sensación de que todo está dado y nada puede oponérsele.

En relación a la idea siempre seductora de creer que toda iniciativa es “el futuro” de la escuela, Merpert es cauto aunque osado: “Clubes TED no es una escuela, es un proyecto para la escuela. No creo que tenga que haber una escuela que sea todo como TED pero sí que algunas de las estrategias didácticas que se desarrollan pueden ser útiles para otros contextos. Por ejemplo, agregarle narrativa a la enseñanza de matemática. Los que somos docentes sabemos que no termina nunca la tarea, y que estamos acostumbrados a no ver el resultado de nuestro trabajo. Una de nuestras metas es llegar a todas las escuelas del país, hablamos de casi 25 mil, por franja etaria. Falta mucho, pero queremos hacerlo. El sistema está muy fragmentado y no hay casos de escalabilidad de proyectos educativos como éste muy masivos y que lleguen a casi todos. Queremos también romper esa barrera y que crezca a escala”.

Otra experiencia: “Nunca fui una chica de sacarse 10 y muchos profesores tenían una imagen negativa mía. A partir de eso, yo pensaba que no era capaz de opinar, de tener una idea o una mirada propia sobre las cosas. Es una imagen que creé a partir de lo que decían los demás. En el Club sentí que me tenían en cuenta, que me escuchaban y fui rompiendo el prejuicio que tenía sobre mí”, contó Martina Bonnani, de la Escuela Da Vinci, de Berazategui. Sara Margariños, por su parte, terminó el colegio hace dos años, y cuenta que su experiencia le valió para relacionarse “más con profesores y compañeros”, y otra vez para destrabar prejuicios: “El ambiente de los Clubes ayuda a conocernos más a fondo”.

TED, en definitiva, tiene cuatro ejes: narrativa, desarrollo de ideas, didácticas diferentes y cuestiones vinculares. En épocas de aislamiento y de discursos en contrario, puede ser un pequeño gran cambio.

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