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Sociedad

Parió en el baño, se desmayó y terminó presa: “Dijeron que una mamá tendría que haber sabido cómo cortar el cordón”

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Rosalía Reyes fue condenada a 8 años de prisión acusada de no haber hecho lo suficiente para evitar la muerte de la beba que parió sola en el baño de su casa. “Una mujer que ya tuvo cuatro hijos no puede ignorar que el corte umbilical debe atarse antes de cortarse”, sostuvieron en la fiscalía. A días de la votación en el Senado, Rosalía decidió mostrar que sí hay mujeres criminalizadas por abortos y otros eventos obstétricos

Rosalía acerca una silla a la mesa de la cocina, se sienta y saluda a través de la cámara con una sonrisa a medias. Suena el timbre, vienen a traer agua, pero ella no puede salir a la calle. La casa en la que ahora vive, en Zárate, es la casa en la que está cumpliendo una condena por lo que le pasó hace 15 años, cuando parió sola en el baño de su casa, se desmayó en un charco de sangre y terminó con la beba muerta.

Va a llorar Rosalía Reyes, va a llorar de corrido a lo largo de la entrevista con Infobae, pero si elige contar su historia es para mostrar que sí existen en Argentina mujeres perseguidas penalmente y criminalizadas por abortos u otros eventos obstétricos, como el que le ocurrió a ella en 2005.

Su historia es parte del libro “Dicen que tuve un bebé (siete historias en las que el sistema encarcela mujeres y a casi nadie le importa)”, una investigación publicada justo antes de que comenzara una nueva edición del debate por la legalización y despenalización del aborto y volviera a escucharse, como en 2018, que en el país no hay mujeres criminalizadas por estos temas.

"Dicen que tuve un bebé", el libro que documenta la historia de Rosalía Reyes“Dicen que tuve un bebé”, el libro que documenta la historia de Rosalía Reyes

Más allá de las condenas por abortos, María Lina Carrera, Natalia Saralegui Ferrante y Gloria Orrego-Hoyos -abogadas y autoras del libro- buscaron identificar a otras mujeres que fueron criminalizadas “tras haber transitado abortos espontáneos, partos prematuros, en avalancha, en los que los bebés nacieron sin vida, algunas de las cuales ni siquiera sabían que estaban embarazadas”.

El contexto

En aquel entonces, Rosalía no vivía en Zárate sino en Bahía Blanca y trabajaba faenando y envasando pollos en un frigorífico. “Entraba a las cuatro menos cuarto de la mañana y volvía a mi casa a las 23.20, a veces a la medianoche. Era un trabajo muy brusco, de mucha fuerza, con mala alimentación, no teníamos obra social, no gozábamos de vacaciones, de licencias, de nada. Pero yo tenía a mis cuatro hijos y estaba sola, lo importante en ese tiempo era que nos alcance para comer y para pagar el alquiler”, comienza.

La mayor tenía 12 años, después venía una nena de 8, otra de 7 y un varón de 4 años. Sólo el padre del más chico aportaba algo de dinero a modo de cuota alimentaria. Dice Rosalía que cuando supo que estaba embarazada nuevamente, la idea de un aborto no se le pasó por la cabeza y hay una razón por la que no se hizo controles durante la gestación.

Rosalía huyó cuando le advirtieron que podía ser condenada a prisión perpetuaRosalía huyó cuando le advirtieron que podía ser condenada a prisión perpetua

“Si no trabajaba un día, si pedía el día, no me lo pagaban, y de eso comían mis hijos. Si yo decía que estaba embarazada iba a ser despedida, entonces por miedo no dije nada. No por miedo a que me reprochen, por miedo a quedarme sin trabajo, ya que yo era el sostén de mis hijos”, cuenta ahora ella, que tiene 48 años.

El 18 de mayo de 2005, cuando calcula que llevaba siete meses y medio de gestación, Rosalía llegó a su casa agotada, casi a la medianoche. “Ni siquiera comí, me dormía sentada en la mesa, entonces me acosté. No recuerdo la hora, sé que me desperté con unos dolores muy inmensos, muy fuertes, y me levanto corriendo, voy al baño y cuando me siento en el inodoro nace mi bebé. En eso que nace mi bebé, yo me desmayo”, relata, un poco en pasado y otro poco en presente, y la angustia de aquel momento vuelve.

“No sé el tiempo que yo estuve desmayada, no sé si una hora, media hora, no sé. Cuando recupero el conocimiento, me levanto. Estaba tirada en el piso yo, y era un balde de sangre, el cordón umbilical o la tripa, todo tirado alrededor. No estaba bien consciente de lo que me había pasado. ‘¿Qué pasó?’, dije yo. ‘Qué me pasó?’. Con una tijera creo que teníamos en el baño o un cuchillo corto el cordón como más pude, porque no estaba bien yo. Cuando corto el cordón y alzo a mi bebé, mi bebé estaba fría, sin vida”.

Las redes y las alianzas tejidas por los feminismos hicieron una campara para exigir un juicio con perspectiva de género y su absoluciónLas redes y las alianzas tejidas por los feminismos hicieron una campara para exigir un juicio con perspectiva de género y su absolución

Dice Rosalía que la envolvió en un toallón, se puso a la beba en el pecho y llamó a los gritos a su hija mayor, de 12 años. “Le digo ‘hija, mi bebé murió’. ‘¡Mamá!’, me dice, la cama llena de sangre estaba. Y ella me dice ‘¡Mamá, estás llena de sangre!’, ¡no te mueras, por favor mamá!”.

Según consta en el libro y en la causa, la nena llamó a su psicóloga para pedirle ayuda y la psicóloga llamó a la policía (según declaró, lo hizo porque había menores en la escena). Rosalía cuenta que se asustó mucho, que puso la placenta y el cuerpo en una bolsa y lo colocó en un pozo que había en su casa, todo lo que rápidamente la policía encontró.

En el Hospital Penna de Bahía Blanca, donde estuvo tres días internada, una doctora le dijo “bueno, esto es judicial”. “Está bien doctora, le digo, pero yo sé lo que me pasó, sólo yo sé lo que me pasó”. Rosalía no volvió a su casa: pasó los siguientes 10 meses entre una comisaría y el penal de Bahía Blanca. Sus cuatro hijos quedaron al cuidado de su hermana.

"Siempre fui con la verdad" se llama el capítulo en el que se recupera su historia“Siempre fui con la verdad” se llama el capítulo en el que se recupera su historia

Rosalía fue acusada del delito de “homicidio calificado por el vínculo”. “Decían que yo maté a mi bebé, que una mamá de cuatro hijos tendría que haber sabido cómo cortar el cordón. Que yo no quise atenderla, darle los cuidados necesarios a mi bebé… pero si yo me desmayé”, repite, sumida en un llanto histórico.

La que ahora habla es la misma mujer señalada por el estereotipo de “mala madre” que, cuando le dijeron que iban a sacar a sus cuatro hijos de la casa de su hermana para mandarlos a un hogar para chicos huérfanos, juró que si les hacían eso se iba a quitar la vida.

Prófuga

La dejaron en libertad a la espera del juicio y Rosalía volvió con sus hijos y consiguió trabajo. Pero enseguida le informaron que el juicio ya tenía fecha. Mi abogada me dice ‘bueno Rosalía, mirá, te tengo que decir lo que te espera: podés quedar libre de culpa y cargo, me dice, como también pueden darte prisión perpetua”.

Belén es la historia emblema de las mujeres criminalizadas. Estuvo caso 3 años presa tras un aborto espontáneo (Mumala de Tucumán)Belén es la historia emblema de las mujeres criminalizadas. Estuvo caso 3 años presa tras un aborto espontáneo (Mumala de Tucumán)

Se desesperó cuando le explicaron qué era la prisión perpetua “pero igual confié en que yo no había hecho nada, nunca había golpeado a mi bebé, lastimado, nada”. Fue a la primera audiencia del juicio y a la segunda y fue ahí que su abogada le advirtió “está bravo, Rosalía, te soy sincera, el fiscal te quiere condenar”, sigue.

“Llego a mi casa y estaban todos mis hermanos. Y les digo ‘¿qué hago, hermanos?’, ‘¿qué hago si me condenan?’, ‘¿quién va a quedar con mis hijos?’. Y les digo ‘¿y si yo me voy con mis hijos para que nadie me los quite?’. No sé, me voy lejos, me voy, me voy. Y bueno, así que tomé la decisión: tomé a mis cuatro hijos y nos fuimos”.

"No a la criminalización de las mujeres", es una de las consignas detrás del reclamo por la despenalización y legalización del aborto (Mumala de Tucumán)“No a la criminalización de las mujeres”, es una de las consignas detrás del reclamo por la despenalización y legalización del aborto (Mumala de Tucumán)

Se escaparon a Zárate, pidieron ayuda a una familia amiga, y Rosalía pasó varios meses encerrada hasta que, a pesar del miedo, tuvo que salir a trabajar para darles de comer. Pasó los siguientes 12 años prófuga y en ese tiempo consiguió trabajo, se puso en pareja con el hombre que sigue siendo su marido y tuvo a otra hija.

“Usted tiene pedido de captura”

El 13 de junio del año pasado –14 años después de lo que le había pasado aquella noche en el baño– Rosalía estaba en la estación del subte C, en Retiro, junto a su marido y su hija de 4 años. La misma madre acusada de omitir la asistencia a aquella beba para dejarla morir iba al Hospital Garrahan porque su hija menor tenía un problema en el corazón y necesitaba controles mensuales.

“Y ahí, entre medio la gente, vienen los de seguridad y nos dicen ‘paren acá’. Me pidieron el documento y me dijeron ‘señora, le salta un pedido captura’”. Las cámaras de reconocimiento facial habían detectado sus datos biométricos. Lloraba su marido, lloraba la nena.

En febrero, 15 años después del hecho, Rosalía Reyes fue condenadaEn febrero, 15 años después del hecho, Rosalía Reyes fue condenada

Estuvo una semana detenida en una comisaría y fue trasladada al penal de Azul a la espera del segundo juicio. Cuentan las autoras en el libro que en los alegatos la fiscalía planteó “que una mujer que ya tuvo cuatro hijos no puede ignorar que el corte umbilical debe atarse antes de cortarse”, algo que probablemente pocas madres sepan cómo hacer.

“La acusación del fiscal estaba llena de estereotipos. Desde que había ideado un plan criminal con el ocultamiento del embarazo hasta que había omitido dar los cuidados necesarios a la recién nacida y le había ocasionado intencionalmente su muerte”,interpreta Fabiana Vanini, la abogada de Rosalía en “Dicen que tuve un bebé”.

El 19 de febrero de 2020, poco antes del comienzo del aislamiento obligatorio, Rosalía salió de los Tribunales esposada. Había sido condenada a 8 años de prisión por “homicidio calificado por el vínculo bajo circunstancias extraordinarias de atenuación“. Fue directo al penal de Bahía Blanca pero la construcción de redes y alianzas de los feminismos hicieron la fuerza necesaria para que pudiera cumplir su condena con arresto domiciliario.

“¿De dónde proviene ese afán punitivo que transforma estos sucesos en investigaciones penales?”, preguntan en el libro. “De un sistema patriarcal en el que los cuerpos gestantes se encuentran instrumentalizados al servicio de la reproducción”, sostienen.

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Una investigación publicada la semana pasada se propuso, precisamente, delinear un mapa federal de la persecución penal sobre las mujeres que atraviesan abortos o eventos obstétricos. Para el relevamiento -hecho en conjunto entre las autoras del libro junto a la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito; el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y el Centro Universitario San Martín (CUSAM)- hicieron pedidos de acceso a la información por todo el país, aunque hasta ahora lograron obtener datos de 14 jurisdicciones.

La información oficial de esas 14 jurisdicciones suma 1.388 causas, entre abortos y eventos obstétricos en los últimos 8 años.

El “apoyo incondicional” de los feminismos permitieron a Rosalía comprender que su historia no es era un caso aislado. “Hay muchas mujeres que están pasando quizás una situación igual a la mía. O peor, mujeres solas, sufriendo a una justicia que es muy machista”, se despide. “¿Por qué apoyo hoy en día que se está discutiendo esta ley (de legalización y despenalización del aborto)? Para que las mujeres dejen de ser criminalizadas. Y también, para que si necesitan hacer un aborto lo hagan a través de un hospital y no corran riesgos por ser pobres o no tener plata. Yo quiero que se avale esta ley, la verdad, para apoyar a muchas mujeres, tanto a las mujeres como a las niñas”.

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Víctimas cercanas: en la segunda ola de Covid se pasó de la estadística al dolor personal

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Con más de 70 mil fallecidos en el país, las muertes empiezan a impactar porque más gente tiene conocidos o familiares afectados o que fallecieron. Expertos analizan el impacto por el duelo y las pérdidas.

Era enero de 2020 cuando todos pusimos los ojos en China. Hablaban de un virus, de contagios masivos y muertos. Nos quedaba muy lejos. No nos iba a tocar. Unos meses después, llegó el primer contagiado a la Argentina y nuestro primer fallecido. Contamos 100 y leímos sus historias, nos conmovimos, tuvimos miedo, nos encerramos. El tiempo pasó y no quedó otra que empezar a naturalizar la nueva realidad: el barbijo, el mate doble, el puño en lugar del beso. También los reportes diarios con el número de fallecidos de Covid-19.

Pero esa terrible cifra siguió en aumento (10.000, 50.000, hoy superamos los 70.000) y la escalada hizo que volvamos a resignificar la pandemia. A esta altura, casi todos conocemos a alguien que estuvo grave y, en muchos casos, también tenemos un allegado, amigo o familiar que falleció. Nuestras redes sociales se llenaron de despedidas, esas víctimas fatales hoy forman parte de nuestro círculo.

En diálogo con Clarín, especialistas se refieren a este nuevo momento que debemos enfrentar, marcado por la pérdida, el duelo, la identificación y, en algunos casos, la negación.

“Cuando las cosas suceden cerca, cuando se trata de gente próxima tendemos a sentirnos identificados”, explica Harry Campos Cervera, psicoanalista y psiquiatra de la Asociación de Psiquiatras de Argentina (APSA). En este sentido, la angustia es mayor porque “la pérdida de ese otro es también una pérdida propia por el vínculo que nos unía a esa persona que ya no está” y porque cuando algún conocido fallece surge otra idea que nos aterra: pensamos que lo mismo podría pasarnos a nosotros.

En este contexto, detalla el especialista, el impacto de una muerte cercana puede derivar en mayor concientización y cuidado o en negación y rechazo, como mecanismo de defensa ante un hecho que no logramos asimilar.

En la segunda ola de coronavirus en la Argentina más gente tiene víctimas de su círculo íntimo. Cómo se procesan las pérdidas y los miedos, según especialistas.

En la segunda ola de coronavirus en la Argentina más gente tiene víctimas de su círculo íntimo. Cómo se procesan las pérdidas y los miedos, según especialistas.

A eso se suma la situación de duelo individual y, en este caso, también colectivo por la cantidad de fallecidos. “Podría decirse que pasamos por tres momentos como sociedad: al principio estábamos frente a una amenaza invisible. Luego, con el aumento de las víctimas fatales, comenzamos a naturalizar lo que ocurría como una forma adaptativa para no vivir todos los días con desesperación. Hoy esa desesperación regresó por la cercanía de las muertes”, reflexiona Campos Cervera.

Dejar de ver los noticieros o leer los diarios, como modo de olvidarse por un rato del coronavirus y sus consecuencias, ya no es suficiente. En las redes sociales nos encontramos con amigos o conocidos pidiendo por la recuperación de un ser querido contagiado o despidiéndolo.

“Hay gente que responde a esas manifestaciones abandonando por un tiempo las redes, es su forma de escape para evitar la identificación. En el otro extremo están los que practican la hipervigilancia como estrategia de control”, sostiene el experto de APSA. Y agrega: “Son personas que buscan ciertos detalles que las distancien de la víctima para tranquilizarse. Se repiten que ese otro se contagió porque no se cuidaba o se murió porque tenía comorbilidades”.

La segunda ola

La segunda ola, suma Campos Cervera, viene con una preocupación extra. No solo muere gente conocida, sino que en muchos casos se trata de personas jóvenes. “Al principio de la pandemia los hijos tenían miedo por sus padres. Hoy sucede lo contrario: los padres están asustados por sus hijos”, advierte.

Para Guillermo Bruschtein, también psiquiatra y psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), una de las cuestiones más difíciles para el ser humano tiene que ver con “representarse la propia muerte”. “La pandemia nos pone frente a lo inmanejable y lo catastrófico”, destaca.

“Necesitamos sentir que tenemos controlada la situación (aunque no sea real). Eso nos alivia. Pero en este contexto se torna casi imposible conseguir certidumbre”, opina.

Coincide con Campos Cervera en que “cuando fallece alguien cercano volvemos a conectar con el miedo a morir”. “Aparecen sentimientos de angustia, rechazo, negación y también fobias”, precisa Bruschtein.

“La pérdida de un otro al que queremos implica, a veces, perder una parte de uno y de la forma en organización de la propia vida. Deriva, a su vez, en la falta de referentes”, aporta el experto.

La muerte de un personaje público también puede golpearnos. “El fallecimiento de un famoso, que no conocemos en persona pero que forma parte de nuestra rutina porque, por ejemplo, ‘nos acompaña’ todos los días desde la televisión o la radio, también puede afectarnos”, confirma. La clave, acá también, está en la identificación.

En este contexto, remarca el especialista de APA, se incrementan patologías preexistentes como los trastornos de ansiedad, el insomnio, las enfermedades autoinmunes. “Compartir con otros lo que nos pasa siempre ayuda. También la asistencia de un profesional”, aconseja Bruschtein.

Por último, señala que lo que está ocurriendo genera dolor e incluso pánico y que, en muchas ocasiones, la prolongación de situaciones de carencia puede derivar en conductas más hostiles. “Está cambiando la forma de comportarse porque nos faltan recursos para encarar lo que nos toca vivir”, cierra.

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“Está todo perdonado, no tengo rencor”, aseguró el padre de una de las víctimas del choque en Tigre

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Guillermo Rossi despidió a su hijo Franco y le dedicó palabras a Joaquín Duhalde Bisi, quien manejaba borracho y sin registro.

El papá de uno de los jóvenes fallecidos en el trágico accidente en el Camino de los Remeros de Tigre, cuando el conductor del Audi A4 manejaba alcoholizado y chocó contra un guardarrail, hizo un conmovedor descargo por Twitter: “No tengo rencor“.

Guillermo Rossi es padre de una de las víctimas, Franco Rossi (18), y escribió en su cuenta de Twitter (@guillermo4398) motivado por defender la memoria de su hijo y aclarar que él no estaba alcoholizado.

“Uno de los fallecidos es mi hijo Franco Rossi. Espero que entiendan que el no manejaba. Solo pido que respeten el dolor de mi familia en memoria de los muertos. Mi vida se apaga“, tuiteó en primera instancia.

Inmediatamente comenzaron a llegarle mensajes de aliento y, como siempre en Twitter, también respuestas polémicas, a las que los demás usuarios se encargaban de señalar.

Rossi les contestó a varios de los que lo saludaron y entre esas respuestas también contó varios detalles y habló del autor del accidente, Joaquín Duhalde Bisi.

Lamento el escrache mi hijo, no tenía alcohol en sangre, manchan su memoria. Abrazo y gracias”, le contestó a uno. “Franchu no estaba alcoholizado y sin embargo se fue”, le dijo a otro.

Joaquín Alimonda (19) y Franco Rossi (18) murieron en el acto.

Joaquín Alimonda (19) y Franco Rossi (18) murieron en el acto.

“En la autopista a mi hijo le dio 0. Estaba aparentemente dormido y Franco no manejaba y tenía mi autorización. Dos veces a EE.UU. una a Sudáfrica el solito, y vos crees que me carga culpa? No ninguna”, le respondió a otra.

Luego, en otros tuits negó una supuesta fiesta. “Ni hubo fiesta ni nada, eran 5 amigos y el destino los enfrentó”, agregó.

En otro mensaje, Rossi dijo que lo que atraviesa es muy duro. “Hoy quisiera que me lleve a su lado, pero Franchu tiene 4 hermanos, no puedo viajar todavía y esa paz espero encontrarla”, se descargó en otro escrito.

Por último, dijo que “ya está todo perdonado eran amigos y no tengo ningún rencor“, en relación al conductor del auto, quien se encuentra detenido en la comisaría de Villa La Ñata.

El caso

Joaquín Duhalde Bisi (19) estaba borracho y manejaba sin registro la madrugada del domingo, cuando perdió el control del Audi A4 de su papá en Tigre y chocó. En el incidente murieron dos de sus amigos, Franco Rossi (18) y Joaquín Alimonda (19).

En el auto también iba Mateo Lezama (18), quien se salvó por estar en el asiento de atrás del conductor.

Duhalde Bisi está acusado de “doble homicidio simple con dolo eventual”, que prevé una condena de 8 a 25 años de cárcel, y, subsidiariamente, de “doble homicidio culposo agravado por la pluralidad de víctimas, el consumo de alcohol y la alta velocidad a la que conducía”, con penas de 3 a 6 años de prisión.

Joaquín Alimonda, Joaquín Duhalde BIssi - el conductor del vehículo- y Franco Rossi eran amigos desde el colegio secundario.

Joaquín Alimonda, Joaquín Duhalde BIssi – el conductor del vehículo- y Franco Rossi eran amigos desde el colegio secundario.

Cuando el Audi A4 impactó contra el guardarrail, lo arrancó completo. “Luego de ingresar por la parte trasera de la rueda delantera derecha, los 25 metros que tiene de largo cruzaron el coche en sentido hacia la izquierda, y salieron”, detallaron fuentes de la investigación.

La pericia del alcoholemia, cuyo test certificado ya está en manos del fiscal, había arrojado que Duhalde Bisi manejó esa madrugada fatal con 1,39 gramos de alcohol por litro de sangre: casi el triple de lo permitido.

Duhalde Bisi no tenía registro. El 31 de octubre pasado se lo retuvieron por no tener la VTV al día del Hyundai a nombre de su mamá que manejaba.

Aunque desde su entorno argumentaron que poseía la licencia digital en la aplicación Mi Argentina, fuentes de la investigación explicaron que en este caso ese registro digital no tiene validez, ya que había quedado incautado por la infracción.

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El calvario de Lucía: el juicio contra el suboficial de la Armada acusado de violarla se postergó para 2024

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La víctima batalló durante cinco años para lograr que la causa llegara al debate oral, suspendido dos veces. El imputado está libre.

“Se me va la vida esperando Justicia”, dice Lucía, como pidió esta ex marinera que la llamen allá por 2016. Por ese entonces, se conoció el calvario que padecía desde 2013 cuando, según su denuncia, un superior comenzó a acosarla y, luego, eso derivó en una situación de abuso en la Base Naval de Ushuaia.

Ahora, a más de 7 años de que comenzara el acoso y a 5 de que ella lo denunciara, Lucía otra vez grita por ayuda: le pidió este miércoles a la Justicia de Tierra del Fuego que revise la decisión de postergar hasta 2024 el juicio contra el acusado

Según le dijo la ex marinera a la agencia de noticias Télam, el Tribunal de Juicio en lo Criminal de Ushuaia decidió una nueva postergación para el inicio de las audiencias hasta el 16 de mayo de 2024.

La Justicia quiere empezar el juicio en tres años, cuando se cumplirán 11 del inicio de los supuestos abusos contra Lucía, de 32 años.

2016. Se conoce un caso del acoso sexual en la base Naval de Uhuaia.

2016. Se conoce un caso del acoso sexual en la base Naval de Uhuaia.

El caso involucra al suboficial Reinaldo Cardozo, de 56 años, a quien le imputan haber abusado de la mujer cuando ella tenía 25 años. Lucía debió someterse a un tratamiento psiquiátrico y psicológico.

Cardozo está acusado de “abuso sexual simple en concurso ideal con abuso sexual agravado con acceso carnal y por pertenecer el imputado a una fuerza de seguridad, los que concurren idealmente con el delito de amenazas coactivas y mediando violencia de género“.

Según especialistas, la causa puede sentar un precedente histórico porque “ventila hechos sucedidos dentro de una institución militar, pone en juego los códigos de silencio entre miembros de la Fuerza y echa luz sobre la violencia de género en ámbitos castrenses”, explicaron fuentes judiciales.

A 17 días

La fecha prevista para el inicio del juicio era el 29 de junio de 2020, pero debido a las restricciones sanitarias por la pandemia de coronavirus, el Tribunal suspendió las audiencias.

Luego, los jueces Alejandro Pagano Zavalía, Maximiliano García Arpón y Rodolfo Bembihy Videla resolvieron esta nueva postergación.

Lucía denunció a un superior.

Lucía denunció a un superior.

Lucía, como pidió siempre que se la identifique para resguardar su identidad, batalló durante 7 años hasta lograr que la justicia procesara a Cardozo por un rosario de delitos que incluyen el abuso sexual, amenazas y la violencia de género, según surge del expediente judicial.

“Se me va la vida esperando Justicia. Me costó mucho romper las cadenas del silencio para poder denunciar lo que me pasó. Fueron años de lucha y padecimientos, tanto físicos como psicológicos, que tuve que atravesar”, contó Lucía.

Lucía y su abogada, Sofía Barbisan, realizaron una presentación para solicitar que se adelante el juicio y no tenga que esperar otros tres años.

“Me genera una angustia tremenda saber que este abusador sigue libre, viviendo una vida normal y en actividad dentro de la Armada, donde yo sufrí su violencia y también la violencia institucional. Confío plenamente en la justicia fueguina, y por ello pido a los jueces que revean esta situación“, sostuvo la ex marinera.

También dijo que solicitó la intervención del Secretario de Derechos Humanos de la Nación, Horacio Pietragalla, y del director nacional de Políticas contra la Violencia Institucional, Mariano Przybylski.

“Necesito que mi caso siente un precedente dentro de las fuerzas armadas, que se termine la violencia de género y la violencia institucional. Y también quiero justicia y tranquilidad“, expresó Lucía, que sigue viviendo en Ushuaia y tiene otro empleo.

Un sueño roto

“Ingresé a la Armada en 2011 porque ser militar era un sueño y un anhelo. Yo veía los uniformes y sentía orgullo. Creía que podía servir a la Patria”, recordó.

Dos años después, comenzó el infierno. Lucía afirma que los abusos se produjeron a partir de 2013, cuando su superior, quien casi la doblaba en edad, estaba casado y tenía hijos, comenzó a acosarla sexualmente, hasta que en uno de esos hechos la encerró en un depósito y la violó. Cardozo era su jefe directo.

Otros abusos y persecuciones se habrían producido en 2014, luego de un período en el que el suboficial no estuvo destacado en Ushuaia. Según Lucía, todavía se paraliza cuando ve un uniforme militar.

“No puedo evitarlo. De hecho junté toda mi ropa castrense y la tiré a la basura. Necesito cerrar esta etapa“, concluyó.

Para entrar a la Armada, Lucía tuvo que realizar el curso en Puerto Belgrano, cerca de Bahía Blanca. Luego regresó a Ushuaia, donde su primer trabajo dentro de la fuerza fue el de camarera en la casa de suboficiales, a quienes les servía la comida.

La mujer comenzó denunciando los hechos ante el superior del suboficial, un militar con el grado de teniente, quien de inmediato le hizo sentir cómo sería la situación.

Tu palabra contra la de él no tiene valor. Además, la Armada te está dando trabajo, una casa, una obra social y la atención para tu hijo (que estaba siendo tratado por una enfermedad en Buenos Aires). No te conviene hacer nada“, le advirtió, según recordó Lucía en un reportaje de 2020.

Como la marinera insistía, comenzaron las “amenazas y persecuciones“: el acusado le bajó todos los conceptos de su legajo personal, por lo que al poco tiempo fue despedida como militar y reincorporada como personal civil.

En 2014, Cardozo fue trasladado a otro destino, pero al año siguiente regresó a Ushuaia y comenzó a acosarla otra vez. Fue ahí cuando la joven decidió hacer la denuncia ante la justicia.

Primero intervino la Justicia Federal, que se declaró incompetente, y después un juez provincial que no halló pruebas contra el acusado, quien fue beneficiado con dos “faltas de mérito”, hasta que el expediente quedó “en reserva” por falta de nuevas evidencias.

Lucía cambió de abogado y logró que la Cámara de Apelaciones apartara al juez y designara a una jueza, María Cristina Barrionuevo, que le dio un nuevo enfoque a la investigación.

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