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Sociedad

La primera ejecución de un préstamo UVA: “Si tengo que dejar la casa lo acepto, pero esto sólo lo arregla la política”

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La familia Macaluso recibió una notificación judicial y podrían desalojarlos por su deuda. “No creo que nos salvemos”, se sincera Marcelo, esposo y padre de cuatro hijos.

Hace tres días Marcelo conversaba después de cenar con su mujer Mariela en su casa de San Rafael, Mendoza. El tono sereno no condecía con el tenor de la charla. “Tenemos que hablar con los chicos y decirles”, coincidieron. Al ratito, los cuatro hijos de entre 8 y 18 años escuchaban con calma. “Es muy posible que nos tengamos que ir de esta casa. La abuela Élida o la abuela Mirtha nos darán un lugar”. Los chicos se miraron y la más grande, Ariadna, le respondió: “Papá, con ustedes vamos abajo de un puente si es necesario”.

El 30 de marzo había llegado al hogar de los Macaluso una notificación de ejecución entregada en mano desde el juzgado local por un oficial de justicia. “Tienen un plazo de cinco días para responder si es que tienen algo que decir”, termina la intimación, que antes detalla sobre una inminente “ejecución hipotecaria que se tramita en el Juzgado Federal de Primera Instancia de San Rafael, en caso de no proceder al pago de 4.990.607 pesos, equivalente a 99.295 UVAS al día de la liquidación, 17 de enero de 2020″.

Sí, enero de 2020 cuando fue escrita la notificación, que demoró unos meses hasta ser enviada. Estaba a punto de realizarse el procedimiento hasta que la pandemia del coronavirus dejó todo en stand by y esa notificación que debía iba a llegar en marzo del año pasado, arribó a casa de los Malacuso la semana pasada. “Esos casi cinco millones de pesos que tengo de deuda, hoy, un poco más de un año después, son 9 millones de pesos“.

Con una mezcla de sensaciones, que le cuesta describir, Marcelo Macaluso (45), sanrafaelino, recuerda cuando en septiembre de 2017 le dieron el crédito hipotecario UVA que había pedido al Banco Nación. “Estábamos con mi mujer y la empleada que nos atendió nos dijo exultante: ‘Qué buena decisión tomaron, no tendrán problema en pagarlo, será como un alquiler barato durante treinta años’. En aquel momento 1 UVA estaba $14, hoy $74“.

La notificación de ejecución que el 30 de marzo Marcelo Macaluso recibió en su casa de San Rafael Mendoza. "Nos dieron cinco días para presentar una defensa, ahora esperamos la decisión del juez".

La notificación de ejecución que el 30 de marzo Marcelo Macaluso recibió en su casa de San Rafael Mendoza. “Nos dieron cinco días para presentar una defensa, ahora esperamos la decisión del juez”.

Macaluso trabaja desde hace trece años en el banco ICBC y conversa con Clarín sentado en un sillón del living. “Estoy solo, pensando qué hacer pero sin perder los estribos. Quiero trata de proteger a mi mujer Mariela y a mis hijos lo más que pueda. Mariela está muy angustiada y la situación la sobrepasó y le disparó la presión arterial al punto que la cardióloga le recetó medicación de por vida. Eso me preocupa más que la casa, por suerte la familia hermosa que tengo está más unida que nunca”, dice Marcelo, casado hace 20 años y quien tomó en solitario el toro por las astas.

Realista, sabe Macaluso que la embarazosa situación judicial con su casa avanzó demasiado como para que vuelva atrás “por obra de un milagro”. El miércoles, un día antes del plazo exigido, “mi abogada respondió ante el Juzgado Federal, la notificación explicando los motivos de la deuda, que son los mismos que padecen las más de cien mil familias que se plegaron a los créditos UVA. Ahora el juez determinará si avala mi defensa o la rechaza. Si la acepta, tengo un poco más de tiempo, dos o tres meses para ver qué hago; en cambio, sii la rechaza, en una semana o diez días se procederá a la ejecución, luego el desalojo y el remate de la propiedad“.

Repasa su historia crediticia y cuenta que pagó durante veinte meses la cuota, hasta que se le empezó a ser insostenible. “Yo arranqué con $9.000 por mes en septiembre de 2017 y ganaba unos $45.000 de sueldo. En abril de 2019 mi sueldo era de unos $55.000 y la cuota, que fue la última vez que pagué subió a $21.000. Yo tengo cuatro hijos y mi mujer es ama de casa. Pero yo estaba en perfectas condiciones de tomar el crédito; de hecho ser funcionario bancario del ICBC me exige un comportamiento crediticio intachable“.

"Estoy solo en esta situación, quiero proteger a mi familia, a mi mujer, que está angustiada y medicada. Hay situaciones que son inexplicables en la vida pero hay que aceptarlas", expresa Macaluso.

“Estoy solo en esta situación, quiero proteger a mi familia, a mi mujer, que está angustiada y medicada. Hay situaciones que son inexplicables en la vida pero hay que aceptarlas”, expresa Macaluso.

Paralelamente al préstamo hipotecario, Marcelo pidió otro de 200 mil pesos para gastos de escritura, que junto con la cuota UVA se tornó asfixiante. “Agobiado en un momento tuve que elegir y opté por seguir pagando el préstamo hipotecario. Pero no pagar el préstamo personal me generó que estemos inhabilitados para cualquier tipo de operación con tarjeta de crédito, además de tener el 30 por ciento de mi sueldo embargado, algo que tendré que soportar por un largo tiempo”, explica con templanza.

Los Macaluso son tan unidos como creyentes en Dios. Mientras dialoga con este medio, mira y acaricia su virgencita del Rosario de San Nicolás, “que nos apoya y guía. La virgencita está una semana en casa de distintos familiares y amigos, pero una prima me la alcanzó hace unos días: ‘la vas a necesitar mucho’, me dijo, y acá estamos, rezando el rosario y hablando con Dios, que no se ensaña con nosotros, al contrario, nos pone a prueba para sortear este obstáculo para luego saber que algo mejor estará por venir. Hay cosas inexplicables en la vida que hay que aceptarlas”.

Hábil para los números, Marcelo comparte el cálculo que, por curiosidad, hizo de cara a una eventual deuda a futuro. “Lo que va aumentando en casos como el mío es el arrastre, no el monto por pagar. Entonces hice una proyección de lo que estaré debiendo dentro de quince años, tomando el valor de los UVA y el promedio de inflación. ¿Sabés a cuánto ascenderá mi deuda en el año 2036? A 46 millones de pesos. ¡A vos te parece!”, comenta sin perder la compostura”.

La familia Macaluso es muy unida, tanto la pareja como los 4 hijos. "Papá, vamos todos juntos a vivir debajo de un puente si es necesario", le dijo Ariadna, la hija mayor.

La familia Macaluso es muy unida, tanto la pareja como los 4 hijos. “Papá, vamos todos juntos a vivir debajo de un puente si es necesario”, le dijo Ariadna, la hija mayor.

No se arrepiente de haber pedido el préstamo, tampoco está enojado con nadie ni culpa a tal o cual gobierno; sin embargo está convencido que “esto sólo lo arregla la política, hay que barajar y dar de nuevo, es necesario estudiar cada caso de los 105 mil y hacer un plan de pago sensato. Pero yo no puedo pelearme con mi mujer, con mis hijos o en mi trabajo; tampoco culpar Macri o a Alberto Fernández, en absoluto, a mi no me representa ninguno de ellos… Dios decidió que cargue con esta cruz para llegar al cielo y eso haré”.

¿Qué sucederá si se procede a la ejecución y posterior desalojo? “Nos tendremos que ir y el Banco Nación rematará la propiedad que, en estos casos, se suele vender al 50 por ciento de su valor. En el caso de que se venda a unos 5 millones de pesos, yo tendré que pagar la diferencia entre la venta y la deuda que tengo; es decir que deberé abonar los 4 millones, que son los que le debo al banco. ¿Cómo los pagaría? Como si fuera un crédito de 15 años pero sin tener la casa. Es realmente penoso, pero será así, hay que estar fuerte para lo que se viene”.

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Víctimas cercanas: en la segunda ola de Covid se pasó de la estadística al dolor personal

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Con más de 70 mil fallecidos en el país, las muertes empiezan a impactar porque más gente tiene conocidos o familiares afectados o que fallecieron. Expertos analizan el impacto por el duelo y las pérdidas.

Era enero de 2020 cuando todos pusimos los ojos en China. Hablaban de un virus, de contagios masivos y muertos. Nos quedaba muy lejos. No nos iba a tocar. Unos meses después, llegó el primer contagiado a la Argentina y nuestro primer fallecido. Contamos 100 y leímos sus historias, nos conmovimos, tuvimos miedo, nos encerramos. El tiempo pasó y no quedó otra que empezar a naturalizar la nueva realidad: el barbijo, el mate doble, el puño en lugar del beso. También los reportes diarios con el número de fallecidos de Covid-19.

Pero esa terrible cifra siguió en aumento (10.000, 50.000, hoy superamos los 70.000) y la escalada hizo que volvamos a resignificar la pandemia. A esta altura, casi todos conocemos a alguien que estuvo grave y, en muchos casos, también tenemos un allegado, amigo o familiar que falleció. Nuestras redes sociales se llenaron de despedidas, esas víctimas fatales hoy forman parte de nuestro círculo.

En diálogo con Clarín, especialistas se refieren a este nuevo momento que debemos enfrentar, marcado por la pérdida, el duelo, la identificación y, en algunos casos, la negación.

“Cuando las cosas suceden cerca, cuando se trata de gente próxima tendemos a sentirnos identificados”, explica Harry Campos Cervera, psicoanalista y psiquiatra de la Asociación de Psiquiatras de Argentina (APSA). En este sentido, la angustia es mayor porque “la pérdida de ese otro es también una pérdida propia por el vínculo que nos unía a esa persona que ya no está” y porque cuando algún conocido fallece surge otra idea que nos aterra: pensamos que lo mismo podría pasarnos a nosotros.

En este contexto, detalla el especialista, el impacto de una muerte cercana puede derivar en mayor concientización y cuidado o en negación y rechazo, como mecanismo de defensa ante un hecho que no logramos asimilar.

En la segunda ola de coronavirus en la Argentina más gente tiene víctimas de su círculo íntimo. Cómo se procesan las pérdidas y los miedos, según especialistas.

En la segunda ola de coronavirus en la Argentina más gente tiene víctimas de su círculo íntimo. Cómo se procesan las pérdidas y los miedos, según especialistas.

A eso se suma la situación de duelo individual y, en este caso, también colectivo por la cantidad de fallecidos. “Podría decirse que pasamos por tres momentos como sociedad: al principio estábamos frente a una amenaza invisible. Luego, con el aumento de las víctimas fatales, comenzamos a naturalizar lo que ocurría como una forma adaptativa para no vivir todos los días con desesperación. Hoy esa desesperación regresó por la cercanía de las muertes”, reflexiona Campos Cervera.

Dejar de ver los noticieros o leer los diarios, como modo de olvidarse por un rato del coronavirus y sus consecuencias, ya no es suficiente. En las redes sociales nos encontramos con amigos o conocidos pidiendo por la recuperación de un ser querido contagiado o despidiéndolo.

“Hay gente que responde a esas manifestaciones abandonando por un tiempo las redes, es su forma de escape para evitar la identificación. En el otro extremo están los que practican la hipervigilancia como estrategia de control”, sostiene el experto de APSA. Y agrega: “Son personas que buscan ciertos detalles que las distancien de la víctima para tranquilizarse. Se repiten que ese otro se contagió porque no se cuidaba o se murió porque tenía comorbilidades”.

La segunda ola

La segunda ola, suma Campos Cervera, viene con una preocupación extra. No solo muere gente conocida, sino que en muchos casos se trata de personas jóvenes. “Al principio de la pandemia los hijos tenían miedo por sus padres. Hoy sucede lo contrario: los padres están asustados por sus hijos”, advierte.

Para Guillermo Bruschtein, también psiquiatra y psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), una de las cuestiones más difíciles para el ser humano tiene que ver con “representarse la propia muerte”. “La pandemia nos pone frente a lo inmanejable y lo catastrófico”, destaca.

“Necesitamos sentir que tenemos controlada la situación (aunque no sea real). Eso nos alivia. Pero en este contexto se torna casi imposible conseguir certidumbre”, opina.

Coincide con Campos Cervera en que “cuando fallece alguien cercano volvemos a conectar con el miedo a morir”. “Aparecen sentimientos de angustia, rechazo, negación y también fobias”, precisa Bruschtein.

“La pérdida de un otro al que queremos implica, a veces, perder una parte de uno y de la forma en organización de la propia vida. Deriva, a su vez, en la falta de referentes”, aporta el experto.

La muerte de un personaje público también puede golpearnos. “El fallecimiento de un famoso, que no conocemos en persona pero que forma parte de nuestra rutina porque, por ejemplo, ‘nos acompaña’ todos los días desde la televisión o la radio, también puede afectarnos”, confirma. La clave, acá también, está en la identificación.

En este contexto, remarca el especialista de APA, se incrementan patologías preexistentes como los trastornos de ansiedad, el insomnio, las enfermedades autoinmunes. “Compartir con otros lo que nos pasa siempre ayuda. También la asistencia de un profesional”, aconseja Bruschtein.

Por último, señala que lo que está ocurriendo genera dolor e incluso pánico y que, en muchas ocasiones, la prolongación de situaciones de carencia puede derivar en conductas más hostiles. “Está cambiando la forma de comportarse porque nos faltan recursos para encarar lo que nos toca vivir”, cierra.

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“Está todo perdonado, no tengo rencor”, aseguró el padre de una de las víctimas del choque en Tigre

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Guillermo Rossi despidió a su hijo Franco y le dedicó palabras a Joaquín Duhalde Bisi, quien manejaba borracho y sin registro.

El papá de uno de los jóvenes fallecidos en el trágico accidente en el Camino de los Remeros de Tigre, cuando el conductor del Audi A4 manejaba alcoholizado y chocó contra un guardarrail, hizo un conmovedor descargo por Twitter: “No tengo rencor“.

Guillermo Rossi es padre de una de las víctimas, Franco Rossi (18), y escribió en su cuenta de Twitter (@guillermo4398) motivado por defender la memoria de su hijo y aclarar que él no estaba alcoholizado.

“Uno de los fallecidos es mi hijo Franco Rossi. Espero que entiendan que el no manejaba. Solo pido que respeten el dolor de mi familia en memoria de los muertos. Mi vida se apaga“, tuiteó en primera instancia.

Inmediatamente comenzaron a llegarle mensajes de aliento y, como siempre en Twitter, también respuestas polémicas, a las que los demás usuarios se encargaban de señalar.

Rossi les contestó a varios de los que lo saludaron y entre esas respuestas también contó varios detalles y habló del autor del accidente, Joaquín Duhalde Bisi.

Lamento el escrache mi hijo, no tenía alcohol en sangre, manchan su memoria. Abrazo y gracias”, le contestó a uno. “Franchu no estaba alcoholizado y sin embargo se fue”, le dijo a otro.

Joaquín Alimonda (19) y Franco Rossi (18) murieron en el acto.

Joaquín Alimonda (19) y Franco Rossi (18) murieron en el acto.

“En la autopista a mi hijo le dio 0. Estaba aparentemente dormido y Franco no manejaba y tenía mi autorización. Dos veces a EE.UU. una a Sudáfrica el solito, y vos crees que me carga culpa? No ninguna”, le respondió a otra.

Luego, en otros tuits negó una supuesta fiesta. “Ni hubo fiesta ni nada, eran 5 amigos y el destino los enfrentó”, agregó.

En otro mensaje, Rossi dijo que lo que atraviesa es muy duro. “Hoy quisiera que me lleve a su lado, pero Franchu tiene 4 hermanos, no puedo viajar todavía y esa paz espero encontrarla”, se descargó en otro escrito.

Por último, dijo que “ya está todo perdonado eran amigos y no tengo ningún rencor“, en relación al conductor del auto, quien se encuentra detenido en la comisaría de Villa La Ñata.

El caso

Joaquín Duhalde Bisi (19) estaba borracho y manejaba sin registro la madrugada del domingo, cuando perdió el control del Audi A4 de su papá en Tigre y chocó. En el incidente murieron dos de sus amigos, Franco Rossi (18) y Joaquín Alimonda (19).

En el auto también iba Mateo Lezama (18), quien se salvó por estar en el asiento de atrás del conductor.

Duhalde Bisi está acusado de “doble homicidio simple con dolo eventual”, que prevé una condena de 8 a 25 años de cárcel, y, subsidiariamente, de “doble homicidio culposo agravado por la pluralidad de víctimas, el consumo de alcohol y la alta velocidad a la que conducía”, con penas de 3 a 6 años de prisión.

Joaquín Alimonda, Joaquín Duhalde BIssi - el conductor del vehículo- y Franco Rossi eran amigos desde el colegio secundario.

Joaquín Alimonda, Joaquín Duhalde BIssi – el conductor del vehículo- y Franco Rossi eran amigos desde el colegio secundario.

Cuando el Audi A4 impactó contra el guardarrail, lo arrancó completo. “Luego de ingresar por la parte trasera de la rueda delantera derecha, los 25 metros que tiene de largo cruzaron el coche en sentido hacia la izquierda, y salieron”, detallaron fuentes de la investigación.

La pericia del alcoholemia, cuyo test certificado ya está en manos del fiscal, había arrojado que Duhalde Bisi manejó esa madrugada fatal con 1,39 gramos de alcohol por litro de sangre: casi el triple de lo permitido.

Duhalde Bisi no tenía registro. El 31 de octubre pasado se lo retuvieron por no tener la VTV al día del Hyundai a nombre de su mamá que manejaba.

Aunque desde su entorno argumentaron que poseía la licencia digital en la aplicación Mi Argentina, fuentes de la investigación explicaron que en este caso ese registro digital no tiene validez, ya que había quedado incautado por la infracción.

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El calvario de Lucía: el juicio contra el suboficial de la Armada acusado de violarla se postergó para 2024

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La víctima batalló durante cinco años para lograr que la causa llegara al debate oral, suspendido dos veces. El imputado está libre.

“Se me va la vida esperando Justicia”, dice Lucía, como pidió esta ex marinera que la llamen allá por 2016. Por ese entonces, se conoció el calvario que padecía desde 2013 cuando, según su denuncia, un superior comenzó a acosarla y, luego, eso derivó en una situación de abuso en la Base Naval de Ushuaia.

Ahora, a más de 7 años de que comenzara el acoso y a 5 de que ella lo denunciara, Lucía otra vez grita por ayuda: le pidió este miércoles a la Justicia de Tierra del Fuego que revise la decisión de postergar hasta 2024 el juicio contra el acusado

Según le dijo la ex marinera a la agencia de noticias Télam, el Tribunal de Juicio en lo Criminal de Ushuaia decidió una nueva postergación para el inicio de las audiencias hasta el 16 de mayo de 2024.

La Justicia quiere empezar el juicio en tres años, cuando se cumplirán 11 del inicio de los supuestos abusos contra Lucía, de 32 años.

2016. Se conoce un caso del acoso sexual en la base Naval de Uhuaia.

2016. Se conoce un caso del acoso sexual en la base Naval de Uhuaia.

El caso involucra al suboficial Reinaldo Cardozo, de 56 años, a quien le imputan haber abusado de la mujer cuando ella tenía 25 años. Lucía debió someterse a un tratamiento psiquiátrico y psicológico.

Cardozo está acusado de “abuso sexual simple en concurso ideal con abuso sexual agravado con acceso carnal y por pertenecer el imputado a una fuerza de seguridad, los que concurren idealmente con el delito de amenazas coactivas y mediando violencia de género“.

Según especialistas, la causa puede sentar un precedente histórico porque “ventila hechos sucedidos dentro de una institución militar, pone en juego los códigos de silencio entre miembros de la Fuerza y echa luz sobre la violencia de género en ámbitos castrenses”, explicaron fuentes judiciales.

A 17 días

La fecha prevista para el inicio del juicio era el 29 de junio de 2020, pero debido a las restricciones sanitarias por la pandemia de coronavirus, el Tribunal suspendió las audiencias.

Luego, los jueces Alejandro Pagano Zavalía, Maximiliano García Arpón y Rodolfo Bembihy Videla resolvieron esta nueva postergación.

Lucía denunció a un superior.

Lucía denunció a un superior.

Lucía, como pidió siempre que se la identifique para resguardar su identidad, batalló durante 7 años hasta lograr que la justicia procesara a Cardozo por un rosario de delitos que incluyen el abuso sexual, amenazas y la violencia de género, según surge del expediente judicial.

“Se me va la vida esperando Justicia. Me costó mucho romper las cadenas del silencio para poder denunciar lo que me pasó. Fueron años de lucha y padecimientos, tanto físicos como psicológicos, que tuve que atravesar”, contó Lucía.

Lucía y su abogada, Sofía Barbisan, realizaron una presentación para solicitar que se adelante el juicio y no tenga que esperar otros tres años.

“Me genera una angustia tremenda saber que este abusador sigue libre, viviendo una vida normal y en actividad dentro de la Armada, donde yo sufrí su violencia y también la violencia institucional. Confío plenamente en la justicia fueguina, y por ello pido a los jueces que revean esta situación“, sostuvo la ex marinera.

También dijo que solicitó la intervención del Secretario de Derechos Humanos de la Nación, Horacio Pietragalla, y del director nacional de Políticas contra la Violencia Institucional, Mariano Przybylski.

“Necesito que mi caso siente un precedente dentro de las fuerzas armadas, que se termine la violencia de género y la violencia institucional. Y también quiero justicia y tranquilidad“, expresó Lucía, que sigue viviendo en Ushuaia y tiene otro empleo.

Un sueño roto

“Ingresé a la Armada en 2011 porque ser militar era un sueño y un anhelo. Yo veía los uniformes y sentía orgullo. Creía que podía servir a la Patria”, recordó.

Dos años después, comenzó el infierno. Lucía afirma que los abusos se produjeron a partir de 2013, cuando su superior, quien casi la doblaba en edad, estaba casado y tenía hijos, comenzó a acosarla sexualmente, hasta que en uno de esos hechos la encerró en un depósito y la violó. Cardozo era su jefe directo.

Otros abusos y persecuciones se habrían producido en 2014, luego de un período en el que el suboficial no estuvo destacado en Ushuaia. Según Lucía, todavía se paraliza cuando ve un uniforme militar.

“No puedo evitarlo. De hecho junté toda mi ropa castrense y la tiré a la basura. Necesito cerrar esta etapa“, concluyó.

Para entrar a la Armada, Lucía tuvo que realizar el curso en Puerto Belgrano, cerca de Bahía Blanca. Luego regresó a Ushuaia, donde su primer trabajo dentro de la fuerza fue el de camarera en la casa de suboficiales, a quienes les servía la comida.

La mujer comenzó denunciando los hechos ante el superior del suboficial, un militar con el grado de teniente, quien de inmediato le hizo sentir cómo sería la situación.

Tu palabra contra la de él no tiene valor. Además, la Armada te está dando trabajo, una casa, una obra social y la atención para tu hijo (que estaba siendo tratado por una enfermedad en Buenos Aires). No te conviene hacer nada“, le advirtió, según recordó Lucía en un reportaje de 2020.

Como la marinera insistía, comenzaron las “amenazas y persecuciones“: el acusado le bajó todos los conceptos de su legajo personal, por lo que al poco tiempo fue despedida como militar y reincorporada como personal civil.

En 2014, Cardozo fue trasladado a otro destino, pero al año siguiente regresó a Ushuaia y comenzó a acosarla otra vez. Fue ahí cuando la joven decidió hacer la denuncia ante la justicia.

Primero intervino la Justicia Federal, que se declaró incompetente, y después un juez provincial que no halló pruebas contra el acusado, quien fue beneficiado con dos “faltas de mérito”, hasta que el expediente quedó “en reserva” por falta de nuevas evidencias.

Lucía cambió de abogado y logró que la Cámara de Apelaciones apartara al juez y designara a una jueza, María Cristina Barrionuevo, que le dio un nuevo enfoque a la investigación.

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