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Jubilados en peligro: desde el lunes no habrá más diálisis para nuevos pacientes de PAMI

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Es por la negativa de la obra social de la clase pasiva a actualizar el arancel.Desde el 5 de septiembre dejarán de atender pacientes en tratamiento.

Desde del lunes, todos los centros privados de diálisis del país dejarán de recibir nuevos pacientes derivados por el PAMI. Así lo informó el presidente de la Confederación de Asociaciones de Diálisis de la República Argentina (Cadra), Miguel Discepolo.

La medida surge ante la falta de respuestas positivas de las autoridades de la obra social de los jubilados a los recurrentes pedidos de los nefrólogos con respecto a la actualización del arancel de los servicios, prácticamente sin aumentos significativos desde hace bastante tiempo“, indicó el directivo.

Cadra envió una carta documento a las autoridades del PAMI, en la que transmite la gravedad de la crisis que afecta a los centros de diálisis del país. Advierte, además, que si no se actualizaba el valor del arancel en agosto no estarían en condiciones de recibir nuevos pacientes del organismo.

En caso de persistir el conflicto, desde el 5 de setiembre próximo se suspenderá la atención de los pacientes en tratamiento, quienes seguirán recibiendo el servicio hasta que el PAMI indique la derivación“, añadió Discépolo.

El titular de Cadra destacó que desde PAMI ofrecieron constituir una mesa de trabajo conjunta para que, en el término de 60 días, se conforme un análisis de costos para determinar el valor de la prestación.

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Coronavirus en Argentina: cómo hacer para que los adultos mayores se tomen en serio el aislamiento

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Recomiendan armar redes de contención entre familiares y vecinos. Y acompañar. Intentar controlarlos, dicen, no es una buena idea.

Tiene 89 años, pero no la para nadie. Mercedes Guruceaga está acostumbrada a caminar 40 cuadras por día: suele ir al supermercado más alejado de su casa “para mover las piernas”. Y combina dos colectivos con un tren para ir —sola— desde la Zona Norte hasta el Sur. La edad no pudo frenarla y tampoco lo hizo el coronavirus.

Asegura que está tomando algunas medidas. “Cuando llego a casa me lavo las manos y me pongo alcohol en gel”, sostiene. De quedarse adentro, ni hablar. “Trato de salir temprano, que hay menos gente. Ayer fui por unos duraznos a la verdulería, que está a una cuadra. Siempre me voy abasteciendo, por si las moscas”, comenta.

Para los expertos, no hay grises. “La recomendación actual es que no salgan o salgan lo mínimo e imprescindible”, sostiene José Ricardo Jaúregui, presidente electo de la Asociación Internacional de Gerontología y Geriatrías (IAGG) y director médico de We Care.

“Que manden a buscar la receta a los consultorios, que no se hagan los estudios que no sean estrictamente necesarios, que no vayan al sistema sanitario, que no vayan al supermercado”, ejemplifica.

“Hoy la recomendación es que no salgan o que lo hagan en su propio auto o el de la familia. Que no usen transporte público. Que estén realmente lo máximo posible con ‘distanciamiento social’. A mí no me gusta la palabra ‘aislamiento’. No es lo mismo”, sigue Jaúregui.

Se refiere al “aislamiento social” que se indicó la semana pasada en una conferencia de prensa realizada en la Casa Rosada. “La situación de mayor riesgo está centrada en los mayores de 65 años”, dijo la secretaria de Acceso a la Salud de la Nación, Carla Vizzotti. Y el titular de la Fundación Huésped, Pedro Cahn, pidió cuidar especialmente a los adultos mayores porque la gravedad de la enfermedad aumenta con la edad. 

¿Cómo incorporarlo dentro de la dinámica familiar? “Hay que acompañarlos y obviamente ayudarlos. Hay que salir a hacerles las compras, porque sino no van a comer. Hay que acercarles las cosas básicas, como el alimento y lo que necesiten para estar dentro de la casa”, responde Jaúregui.

“El resto de la familia tiene que ponerse en movimiento para que los mayores entiendan. Y brindarles ayuda. Es una cuestión de supervivencia, porque van a tener que salir a comprar la leche. Que los ayuden con los deliverys para hacer los pedidos. Que les lleven los alimentos a la casa. Ese tipo de cosas”, concluye el especialista.

En algunos hogares siguen estas instrucciones al pie de la letra. “Le hago las compras. Le preparé alcohol en gel. Le digo que se desinfecte, que mantenga distancia, que no dé besos”, cuenta Graciela Vuga sobre los cuidados que recomienda a su madre, Ermelinda, de 89 años.

Al principio, la mujer ejerció resistencia y le dijo a su hija que estas medidas eran “demasiado”. Pero, de a poco, se está haciendo a la idea de que tiene que prevenir el coronavirus. Aunque todavía le cuesta digerir la situación. “Ella está muy asustada. Mira la tele y se asusta. Tiene miedo por nosotros: sus hijos, nietos y bisnietos”, relata Graciela.

Estos ejemplos son de personas muy mayores, que necesitan extremar los cuidados. Pero hay un detalle: las medidas incluyen también a los no tan grandes. Según Jaúregui, en nuestro país, todas las medidas de precaución se están recomendando a partir de los 60 años. Estamos hablando de unos seis millones de argentinos.

“Primero el aislamiento era para los mayores de 65. Y de un día para el otro pasó a ser para los mayores de 60, sin que nadie explicara nada”, se queja el gerontólogo Eugenio Semino, titular de la Defensoría de la Tercera Edad de la Ciudad y presidente de la Sociedad Iberoamericana de Gerontología y Geriatría (SIGG).

Y acá viene su aclaración. “El aislamiento se plantea como consigna general y es una disposición que viene de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se considera adultos mayores a las personas de 65 años en países con economías desarrolladas. En países con economías con dificultades, como históricamente la nuestra, se toma el concepto de adulto mayor a los de 60 años”.

Y agrega que, aunque hay solo cinco años de diferencia, la situación social entre los de 60 y los de 65 es considerable, porque los de 65 por lo general están jubilados.

Ante la consulta de si controlar a nuestros padres y abuelos es una opción, Semino responde en forma negativa. “Más viejos somos, menos nos importan las pautas”, lanza. Pone el acento en la “rebeldía” propia de esta edad y está convencido de que las prohibiciones “actúan en contra”.

Por lo tanto, su recomendación es “hacer redes” y apelar al “acompañamiento”, ya que “tenemos que prepararnos para una situación que va a durar bastante tiempo”, adelanta.

“Hay que hacer convenciones entre los familiares, amigos y vecinos. Decir ‘yo estoy cerca a tales horas’ o ‘yo lo llamo a tales horas’ o ‘yo lo invito a hacer tal cosa’. Tienen que involucrarse jóvenes y viejos”, recomienda Semino.

“Es bueno que se haga algún tipo de esparcimiento, porque sino tenemos otra enfermedad que mata más que el virus, que es la depresión”, alerta. Y, para lograrlo, invita a ser creativos: “Nos podemos juntar a tomar mate: cada uno con su mate y cada uno con su termo. Y guardamos una distancia para conversar”.

“Caminar por la calle se puede, pero tenemos que hacerlo a una distancia prudencial. Y en lugar de salir dos horas, podemos dar una vuelta por media hora”, ejemplifica Semino.

Y subraya que el miedo es un aliado de la pandemia. “No tengamos miedo, ni el viejo ni el joven. Tratemos de trabajar en la prevención y la contención”, concluye el gerontólogo.

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Falta de conciencia: en Mar del Plata, un grupo de jubilados paseó en un “trencito de la alegría”

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El clásico “party bus” de cada verano circuló libremente por el centro de la ciudad repleto de personas que componen el grupo de riesgo de contagio del COVID-19.

En los últimos días, la comunicación oficial en Argentina tanto a nivel nacional, provincial o distrital hizo especial hincapié en los cuidados y prevenciones frente al avance del coronavirus en el territorio y cuán cuidadosos debían ser los adultos mayores, quienes integran el grupo de riesgo frente a la pandemia.

En Mar del Plata, el intendente Guillermo Montenegro​ pidió evitar viajar a la ciudad por el fin de semana largo y circular por las calles. Pero en la noche del martes, un grupo de jubilados se paseó libremente en un colectivo de recreación similar al “trencito de la alegría”, característico de los veranos marplatenses.

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Jubilaciones: un informe pone a los regímenes de las Fuerzas de Seguridad y los docentes en la mira

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Lo elaboró la Oficina de Presupuesto del Congreso. El de las FFAA es responsable del 33% del déficit total del sistema jubilatorio y el de los maestros del 25%.

Un Informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso ( OPC) pone en la mira los regímenes jubilatorios especiales, en particular el de los docentes nacionales, Luz y Fuerza y Fuerzas Armadas y de Seguridad.

Es que aunque arranca con el impacto fiscal de los regímenes del Poder Judicial y del Servicio Exterior, el informe analiza la incidencia en el gasto y en el déficit total de todos los sistemas especiales, que incluye a los docentes, docentes universitarios, investigadores científicos, Luz y Fuerza, YCF y Fuerzas Armadas y de Seguridad.

El Informe es un antecedente para el análisis de estos regímenes por parte “de la Comisión integrada por representantes del Ministerio de Economía, del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social y miembros de las comisiones del Congreso de la Nación competentes en la materia, para que en el plazo de 180 días, revise la sustentabilidad económica, financiera y actuarial y proponga al Congreso de la Nación las modificaciones que considere pertinentes relativas a la movilidad o actualización de los regímenes especiales”, según marca la ley de Emergencia y Solidaridad aprobada a fines de diciembre.

El Informe dice que, sin las FF.AA y de Seguridad, “en relación a la participación en el total del gasto previsional administrado por la ANSeS, se observa que los regímenes especiales concentran el 9,7% del gasto mensual y el 3,2% de los beneficios”.

El Estudio de la OPC señala que por “la normativa vigente se estima para 2020 un déficit de $10.886 millones para el régimen jubilatorio del Poder Judicial y de $2.347 millones para el del Servicio Exterior”, que representan ambos el 2,5% del déficit previsional contributivo puro, equivalente al 0,03% del PBI. Es que aunque cobran jubilaciones altísimas – el Poder Judicial de $ 272.099 de haber medio y de $ 352.798 el Servicio Exterior, esos valores lo cobran 7.700 beneficiarios.

Se denomina “ déficit puro” porque, por el lado de los ingresos, no se consideran los ingresos provenientes de impuestos sino exclusivamente los aportes y contribuciones directos de empleados y empleadores.

Según el Informe, el peso del régimen general contributivo – que paga 6,5 millones de beneficios con un haber promedio a diciembre de 2019 de $ 20.480- en el déficit total previsional es del 33,3%, equivalente al 0,4% del PBI. Y el 66,7% restante corresponde a los sistemas especiales.

A igual que el régimen general, el mayor responsable del déficit total, con el 33,3% corresponde a los regímenes de jubilaciones de las FF.AA y de SeguridadLe sigue con el 25% el de los Docentes no universitarios y con el 7,5% los trabajadores de Luz y Fuerza.

Esto pasa porque, aunque aportan 2 puntos adicionales (13% en lugar del 11% del sistema general), esos jubilados cobran jubilaciones más altas porque perciben el 82% o 85% del salario del trabajador, ajustable por la variación salarial del sector.

El Informe reconoce que “entre diciembre de 2015 y diciembre de 2019 la movilidad de los 6,5 millones de jubilados del régimen general tuvo una expansión nominal del 227,2%”. Descontando la inflación, representa una pérdida del 18 del poder adquisitivo de los jubilados y pensionados .

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