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Sociedad

Ideología del macho rugbier

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Respetar la decisión de la autoridad dentro del campo de juego le ha valido al rugby, entre otras razones, el título de nobleza.

Se dice que el fútbol es un deporte de caballeros practicado por bárbaros y que el rugby es un deporte de bárbaros practicado por caballeros. A diferencia del fútbol, quizá mucho más influenciado por la pasión latina desmedida, por el drama neorrealista de las clases obreras que lo practican, donde el engaño, la trampa y el código discepoliano de llorar para mamar son complementos del talento en la búsqueda del objetivo (la victoria, o llegar a Primera o ganar un Mundial), la ética noble del rugby (un juego bellísimo donde los caballeros avanzan retrocediendo) acepta sin chistar la decisión del referí, sobre todo porque un exceso en la queja puede significar un castigo perpetuo.

Y busca relativizar de esa manera la importancia del éxito y del fracaso ante algo más esencial, que es el deporte en sí mismo, el juego. Y eso se aplica en el partido y después del partido; la camaradería del tercer tiempo, el momento en que los rivales rinden tributo al doble filo dionisíaco de la embriaguez y nada duele ya, ni la derrota, ni los golpes en el cuerpo.

Al menos en la tradición argentina, el rugbier juega por placer, porque quiere, porque puede y porque siente que eso, en definitiva, es una escuela de valores que luego se aplican en la vida. La tradición de élite del rugby, nacida en las universidades victorianas del Reino Unido, se distingue del populacho futbolero de sangre mediterránea que cuestiona la autoridad o la injusticia. Si el futbolista argentino no acepta del todo la autoridad, es de alguna manera libre. Por lo tanto, el rugbier vernáculo es un rehén cautivo de las reglas que le imponen. Pasajero de una pesadilla.

Le pregunto a una amiga que es docente en una escuela privada de clase media alta de Tucumán, provincia en la que el rugby tiene preponderancia en los barrios ricos, por sus alumnos rugbiers y me dice que se distinguen porque son respetuosos de la autoridad.

 ¿Por qué los casos de violencia en manada de cada verano, en Pinamar, en Gesell, en Punta del Este o en Ferrugem, son protagonizados inexorablemente por jóvenes rugbiers?

La autoridad en el rugby contiene o encauza la violencia permitida en el campo de juego. En el fútbol se castiga fuertemente el uso de violencia. En el rugby lo que no se permite es el exceso.

¿Y entonces por qué los casos de violencia en manada de cada verano, en Pinamar, en Gesell, en Punta del Este o en Ferrugem, son protagonizados inexorablemente por jóvenes rugbiers (casi nunca de más de 23, casi siempre borrachos) y nunca leemos la historia de los seis futbolistas o los cuatro basquetbolistas o los dos tenistas que mataron a piñas y a patadas a uno solo?

¿Por qué se viraliza el video del rugbier rompiéndole la mandíbula desde atrás a un chiquilín, como un puñal trapero, y nunca aparece el de un judoca o un lanzador de jabalina?

Porque unos ocurren y los otros no existen.

Fue un invierno del siglo pasado. Unos amigos me invitaron al tercer tiempo de un club de rugby bonaerense para hacer la previa en el quincho antes de ir todos a una fiesta. Ya no era el tercer tiempo. Era tarde, había pasado la medianoche, quedaba un grupete de 10, casi todos borrachos. Todos teníamos veintipico. Ni bien puse un pie en el lugar vi una escena dantesca, que en realidad eran dos, una detrás de la otra, como Las Meninas de Velázquez, que dice una cosa para decir otra y todo a la vez.

En el primer plano, uno con apodo felino, creo que León o Puma o Gato, se masturbaba bajo la fluorescencia de dos tubos blancos mientras miraba la señal sin decodificar del viejo canal porno Venus. Era una paja sobreactuada, inconducente a los fines del placer del orgasmo, más parecida, vista desde el paso del tiempo, a un silencioso grito de deseo homosexual.

Mientras eso sucedía, en el plano de fondo, apenas un metro atrás del hombre que zarandeaba su miembro, el tercer tiempo me regalaba la imagen de tres grandotes que inmovilizaban a un compañero cuyo gesto de sumisión era total: se reía para pedir que lo suelten, mientras otros dos acercaban a su boca una botella de ron y una de vodka. Suplicaba con su risa, como diciendo, listo, ya está, me parecen muy graciosos, suelten. Se reía y los atacantes emitían aullidos, propios de la escena del bajo puente en La Naranja Mecánica, cuando entre varios dementes matan a patadas a un linyera.

Antes de que las bebidas blancas colapsaran la capacidad de retención de líquidos de la boca de la víctima, y antes de que finalmente tragara y vomitara casi al mismo tiempo, el maniatado intentó un último acto de supervivencia, usar la fuerza. Lo que recibió a cambio fue un trompazo en la cabeza, después otro y otro: la autoridad marcó los límites y la víctima acató con sumisión.

“El rugby hace referencia a la violencia de grupo, la más primitiva y la más fundamental: la de una tropa de machos armados sólo con su cuerpo”, sostiene la filósofa francesa Catherine Kintzler, que suele elogiar la nobleza de un deporte que, según ella, “controla la violencia”.

¿Por qué entonces los rugbiers jóvenes (los de la edad en que la muerte es algo tan lejano no existe) atacan en manada, usan su superioridad física como si fuera moral, y luego muchas veces son apañados por sus padres y las influencias de estos para evitar el castigo de la autoridad suprema, que es la ley, como pasó con el caso Malvino y los rugbiers correntinos hijos del caudillismo patronal local?

¿Hay que poner referís de rugby en las esquinas de Pinamar, Punta o Gesell para que la manada de búfalos rugbiers no asesine más o en los controles de alcoholemia?

Pienso en el muchacho apodado con nombre de felino, que cascaba su miembro mientras oía los aullidos de sus compañeros que torturaban a otro compañero en un tercer tiempo sin autoridad y releo a Rita Segato.

“La ideología del macho es aquella que hace pensar al hombre que si él no puede demostrar su virilidad, no es persona. Está tan comprometida la humanidad del sujeto masculino por su virilidad, que no se ve pudiendo ser persona digna de respeto, si no tiene el atributo de algún tipo de potencia. No sólo la sexual, que es la menos importante, también la potencia bélica, de fuerza física, económica, intelectual, moral, política. Todo esto está siendo concentrado por un grupo muy pequeño de personas y hoy el hombre es una víctima también del mandato de masculinidad. En el brote de violencia que tenemos la primera víctima son los propios hombres, pero no lo saben porque no consiguen verse o colocarse como víctima, porque sería su muerte viril. Lo que llamo mandato de masculinidad, es el mandato de tener que demostrarse hombre y no poder hacerlo por no tener los medios”.

En el cauce del análisis de Segato, podemos entonces pensar que existe una ideología del macho joven rugbier, y que es aquella que hace pensar al rugbier posadolescente que si no puede demostrar su superioridad física, su virilidad, su potencia de juventud, ergo no es rugbier adulto. Y si no es rugbier no es noble

De ser así, sería una existencia precaria.

Cuando golpean y acaso matan en manada los jóvenes rugbiers son la autoridad. El momento en el que al fin la violencia propia los encauza a ellos mismos. Cuando acatan fielmente su deseo, aunque a fin de cuentas, son rehenes de esa autosumisión.

Porque la constante de todos los ataques que protagonizan, la constante invariable, es el alcohol, el agente deshinibidor de la violencia que transpiran esos cuerpos cargados de virilidad acostumbrados a golpearse para dejar la pelota en el territorio enemigo. Avanzar retrocediendo.

Los asesinos de Villa Gesell tendrán la oportunidad de revisar el sentido de autoridad. En la cárcel los códigos son otros.

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Sociedad

Ante el aluvión en sucursales, los bancos seguirán abiertos el fin de semana para el pago de jubilaciones y asignaciones

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El presidente del Banco Central definió que los bancos mantendrán abiertas sus sucursales este sábado y domingo, ante las largas filas que se registran desde esta madrugada en las entidades.

El Banco Central definió que a las entidades financieras que pagan jubilaciones que abran sábados y domingos para descomprimir la situación en las sucursales, donde hoy se agolparon miles de personas para poder acceder al dinero en efectivo.

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Crimen de Villa Gesell: para el fiscal, es “inadmisible” lo que pide la defensa

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La audiencia se realizó por escrito, en lugar de presencialmente, por las medidas sanitarias impuestas debido al Covid-19

El fiscal general de Dolores pidió que se rechace por “inadmisible” el pedido de la defensa de los rugbiers detenidos por el crimen del joven Fernando Báez Sosa para que se anulen sus declaraciones, se aparte de la causa a la fiscal y queden sin efecto las prisiones preventivas que pesan sobre 8 de ellos.

El fiscal Diego Escoda presentó su dictamen ante la Sala I de la Cámara de Apelaciones y Garantías de Villa Gesell, que podría resolver la semana próxima. 

Escoda consideró “inadmisible” el recurso que había presentado la defensa de los rugbiers, a cargo de Hugo Tomei, contra el fallo del juez de Garantías David Mancinelli, quien en febrero último, luego de procesar con prisión preventiva a ocho de los diez acusados, no hizo lugar a su pedido de anular las declaraciones de todos ellos y apartar a la fiscal de la causa, Verónica Zamboni.

El abogado arguyó que no se realizó la audiencia de formulación de cargos, por lo que todo lo actuado luego en la causa sería inválido, incluso las indagatorias y los procesamientos.

Para Escoda, el defensor “no agrega ni menciona qué es lo que hubiera sucedido en esa audiencia y por qué motivos se les ha vulnerado sus derechos constitucionales”. Además, sostuvo, “la nulidad no puede ser dictada por la nulidad misma”.

Un pedido “sorprendente”

El defensor Tomei pidió la nulidad de dos testimoniales, lo que a Escoda le resultó “sorprendente” ya que el abogado estuvo presente en las ruedas de reconocimiento e “interrogó” a esos testigos pero en ese momento “no formuló cuestionamiento alguno”, advirtió el dictamen.

Escoda concluyó que, en base a las acciones posteriores al ataque a Báez Sosa, “los peligros de fuga y entorpecimiento probatorio se encuentran más que vigentes”.

Audiencia escrita por pandemia

Las partes debieron presentar sus argumentos ante la Cámara por escrito luego de que, a raíz de la expansión del Covid-19, se suspendió la audiencia del 19 de marzo, la fecha acordada para las presentaciones orales ante los jueces.

El lunes, tras el dictamen del fiscal y la argumentación del particular damnificado, Tomei presentó dos informes en los que insistió con los fundamentos de sus apelaciones. El defensor sostuvo que “no se puede transitar un proceso penal sin que el Estado explique a cada imputado en detalle y de manera individual el hecho material, cual es la imputación y cuáles las pruebas de cargo”.

Por eso, insistió en pedir la nulidad de todo lo actuado desde la noche del 19 de enero, el día posterior a la detención de los rugbiers, en sus escritos de unas cien páginas en total.

El lunes, dos de los camaristas que integran el tribunal, Susana Darling Yaltone y Fernando Sotelo, se apartaron de la causa por cuestiones de salud ante la emergencia sanitaria y el aislamiento dictado por el coronavirus. Sin embargo, ayer la Sala resolvió que se mantuviera la composición original. Serán Darling Yaltone y Sotelo, junto con Luis Defelitto, quienes resuelvan el recurso de apelación presentado por  Tomei.

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Bullying contra los médicos

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Junto con los aplausos de las 9 de la noche, hay actitudes y exigencias discriminatorias en edificios de viviendas y negocios.

 

Un consorcio del barrio de Belgrano intimó a una médica del edificio a que no circule ni permanezca en espacios comunes, bajo amenaza de perseguirla penalmente. La noticia, que circuló largamente durante todo el día, no es aislada. La discriminación encontró nuevas formas para expresarse. Haber contraído la covid-19, ser sospechoso de poder contagiarse, ser extranjero o trabajar en el sistema de salud son hoy las razones que esgrimen consorcios y vecinos indignados para escrachar, maltratar, perseguir y amenazar. Desde que se inició el aislamiento social obligatorio, más de la mitad de las consultas recibidas por el Inadi fueron denuncias por alguna situación discriminatoria en relación al coronavirus.

“Atento al ALTO RIESGO CREADO por su actividad se ha comunicado a la autoridad correspondiente la situación de riesgo generada al edificio y que, hasta tanto se tome otra medida, SE LA INTIMA A EVITAR EL TRÁNSITO Y PERMANENCIA EN ZONAS COMUNES así como tocar elementos tales como picaportes, barandas de escalera, acceder a terraza y demás elementos que ATENTO LA GRAVEDAD DE LA PANDEMIA PONGAN EN RIESGO A QUIENES HABITAN EL EDIFICIO”. La nota de un consorcio de la calle Amenábar al 1500, barrio de Belgrano, estaba dirigida a una médica del edificio. “En caso omiso se le imputarán los delitos u omisiones en los que usted recayera”, seguía la nota. Aunque sorprenda, aunque indigne, el relato no es una rareza. Mientras hay mucha gente que aplaude a quienes trabajan en el sistema de salud, están aquellos que los consideran una amenaza. Todo al mismo tiempo. En Mar del Plata, Marcela Gabioud sufrió una gastroenteritis viral, pero en el marco de esta pandemia que alimenta fantasmas, sufrió agresiones y amenazas por parte de un vecino. “Desde el 18 de marzo estamos en aislamiento con mi hijo porque volvió de viaje desde el exterior. Lo llevamos con absoluta responsabilidad porque entendemos que lo que pasa es grave. No salimos ni al pasillo (vivimos en un ph)”, relató. A los diez días amaneció con fiebre y diarrea, y después de hacer las consultas pertinentes, por estar con una persona que había llegado del extranjero el SAME fue a buscarla en ambulancia. La situación fue muy difícil, “sobre todo porque tengo un vecino que es una mala persona, y ya había estado quejándose a los gritos en la puerta del pasillo sobre cómo no avisamos que mi hijo había venido de viaje, cuando no compartimos ni pasillo ni nada y es el mismo que hace año y medio me amenazó con quemar mi casa y mi auto”. Finalmente le diagnosticaron gastroenteritis y a las pocas horas de volver a la casa el mismo vecino “apareció otra vez a los gritos pidiendo explicaciones de por qué estaba en mi casa y certificado médico de mi estado de salud. ¡Qué caradurez!”, contó. Por estos días analiza hacer la denuncia en el área de derechos humanos de su ciudad.
Lo cierto es que estos relatos no son casos curiosos, sino que forman parte de un gran número de situaciones discriminatorias que se sucedieron en los últimos días, potenciadas por la covid-19.

De acuerdo a las consultas recibidas desde el 20 de marzo de 2020 a los whatsapp de guardia de la Dirección de Asistencia a la Víctima del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) –11.6492.1079 y 11.6185.3968–, el 46,46% de los llamados fue para buscar información sobre diversos temas relacionados con la pandemia y las medidas económicas y sociales adoptadas por el gobierno (alquileres, Ingreso Familiar de Emergencia, permisos para circular, situaciones de violencia, etc). Mientras que el 53,54% fue para denunciar alguna situación discriminatoria. “Estas situaciones discriminatorias estuvieron en primer lugar relacionadas con la nacionalidad y demostrarían casos de xenofobia (11%). Hubo denuncias de supermercados mayoristas que no dejaban ingresar a clientes dueños de supermercados por su origen chino, denuncias entre vecinos tanto de personas chinas como brasileñas, italianas y españolas, o migrantes más frecuentemente discriminados, como los provenientes de Paraguay, Bolivia y Venezuela”, dice un informe del organismo, y cómo no pensar en Donald Trump despotricando en Twitter contra el “virus chino”.

En segundo lugar las situaciones denunciadas tienen que ver con la discapacidad (7% de los casos) y el aumento de los malos tratos y discriminación en el marco del aislamiento obligatorio: casos de personas con discapacidad a quienes no les permiten ingresar en supermercados, o deficiente atención en obras sociales. También recibieron varias denuncias sobre el aspecto físico e insultos discriminatorios (5% de casos) más que nada en redes sociales. En los últimos días también hubo denuncias de discriminación por ser positivo en coronavirus, o aun por ser algún familiar positivo: “En algunos casos, vecinos que ‘escrachan’ y acusan a personas de estar infectados, y en otros en casos personas a quienes les dio positivo el test pero que obtuvieron el alta hospitalaria. En estos casos se denunciaron insultos a estas personas y sus allegados por parte de sus vecinos”.

Según el caso, desde el organismo se busca concientizar a las personas denunciantes explicando que eventualmente todos podemos contraer el coronavirus. “Sumar discriminación a una situación de salud ya crítica de por sí resulta una actitud repudiable”, dicen desde el organismo. “Lo que hicimos fue comunicarnos con quienes llevaban adelante esas conductas de discriminación para que las conductas puedan cesar. En el caso de los escraches domiciliarios es más difícil porque el escrache ya está hecho. Con lo cual la denuncia hay que seguirla y emitir un dictamen”, explicó Victoria Donda, presidenta del Inadi. En el caso del consorcio del barrio de Belgrano, por ejemplo, todavía no tuvieron respuesta.

“Las crisis económicas, sociales, agudizan lo peor de cada sociedad. Estas conductas de discriminación lo que hacen es aislarnos más y a la covid-19 no le ganamos aislados. Nos quedamos en casa por solidaridad no por individualismo. Argentina tiene hoy la oportunidad de ser una sociedad más justa, solidaria. Está en nosotros sacar lo mejor”, apuntó Donda, más cercana en la discusión filosófica del momento, a la visión de Slavoj Zizek, de que podemos construir una sociedad más justa, igualitari,a con otro tipos de lazos, más fraternales a partir del coronavirus, que a la de Byung-Chul Han (“El virus no vencerá al capitalismo”).

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