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Jubilados

El peor final: el Gobierno va a terminar el 23 de Julio con las jubilaciones para amas de casa

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El 86 por ciento de los beneficiarios de la moratoria previsional del 2014 fueron mujeres. Por eso fue una política que benefició más a quienes realizaron tareas de cuidado o fueron trabajadoras informales como empleadas domésticas o en la cosecha. Se la conoció como jubilación de amas de casa, aunque no llegó a ser una ley y es una demanda urgente que se garantice como política pública. Pero el Gobierno va a terminar el 23 de julio con la moratoria previsional y distintas economistas y diputadas advierten del riesgo para el futuro de las adultas mayores.

América puso sus manos para cortar uvas y puso sus brazos para juntar aceitunas. Cargó en sus hombros el peso de la cosecha para acarrear los cajones que llegarían a las picadas o el postre de las mesas que no reconocían sus dedos en la trama de producción de la tierra fértil y el trabajo ingrato. Trabajaba desde las plantaciones hasta los camiones que transportaban la cosecha. Salía a la mañana y volvía a la noche. Al final de la jornada le quedaba el cansancio, los 8 pesos por día, pero no los aportes para pensar en el futuro. América nació sin conocer el amparo. Se quedó huérfana a los diez años y vivió con sus tíos. A los diez años empezó a limpiar casas, cuidar niños y hacer mandados. A los veinte ya sus manos eran verdes y violetas entre las líneas que no son adivinadas sino trazadas por la informalidad no como excepción, sino como la precarización en las venas de las mujeres. América Ramona Ontivero se quedó embarazada. Y trabajó igual con su panza a cuestas, sin licencia por maternidad. No una, sino ocho veces. Tuvo ocho hijos. Seis hijos vivieron y dos murieron. Ella así lo cuenta y los cuenta. América Ramona Ontivera nació en 1948, en Chilecito, La Rioja y todo su trabajo no era visto por nadie, ni estaba anotado en los registros oficiales. No hubiera tenido jubilación, pero en marzo del 2015 accedió a la moratoria previsional que le permitió tener la mesa con comida y el botiquín con sus remedios.

“Yo trabajé toda mi vida juntando aceitunas y cortando uvas, un trabajo muy bruto, muy pesado” le contó América a Las12, el 18 de marzo del 2016, en la nota “Sin resguardo”. El caso de América no es excepcional, sino emblemático. Ella es una de las más de 2.700.000 personas que pudieron jubilarse a pesar de no tener el total de aportes registrados. El 86 por ciento -casi nueve de cada diez- beneficiarias/os de la mora previsional dictada en 2014 fueron mujeres y el 14 por ciento varones. Igual que América –antes de la moratoria– el 37 por ciento de las trabajadoras, no tiene asegurada su jubilación y obra social. Además, las mujeres son las que dejan de trabajar, son despedidas, no consiguen empleo o aceptan changas porque no encuentran jardines maternales o tienen que correr para la llegada de la salida de los chicos del colegio. Pero eso no consta en el boletín en el que el Estado garantiza una vejez digna.

La jubilación para amas de casa, en realidad, fue una moratoria previsional que benefició más a las mujeres y que adquirió su nombre por aclamación popular. Bueno, no de todo el mundo, ni de todo el arco político. El actual Senador (PJ) y candidato (en la fórmula de Mauricio Macri) a Vicepresidente Miguel Angel Pichetto subestimó: “Mucha gente de la clase media argentina se pudo jubilar, pagando abogados: mujeres que toman el té a la tarde fueron y se jubilaron con el sistema ama de casa, qué se yo”, lanzó en la discusión del Presupuesto 2019, el 16 de noviembre del 2018, desde su banca en la Cámara Alta.

La moratoria previsional no tendría que ir de luto a su propio funeral. Pero tampoco debería ser una moratoria, como una condonación de deuda o un perdón y gracias. Falta que no sea como un cheque a morosas incobrables, sino un derecho para trabajadoras no reconocidas y que sea ley, para que no dependa de los vientos oficialistas que el derecho llegue cuando ya las piernas y los brazos no llegan a todos lados. Sin embargo, la jubilación para las acuerpadoras de cuidados, empleadas domésticas o cosecheras (en su mayoría no registradas) tiene fecha de entierro. El 23 de julio el gobierno de Mauricio Macri termina con la moratoria previsional. Las más perjudicadas van a ser no solo quienes lavan los platos de su casa, sino quienes lavan los platos de las casas en donde trabajan. “Hoy en la Argentina una de cada cinco trabajadoras se desempeña en el servicio doméstico. Este es el trabajo peor pago y con mayor nivel de informalidad del país. En términos generales, el 37 por ciento de las asalariadas tiene un empleo informal. Las mujeres menores de 29 años enfrentan las tasas más altas de desocupación superando el 20 por ciento. En este contexto, el acceso a una jubilación para las personas que hoy no pueden hacer sus aportes es un problema no solo del presente sino también del futuro. La alternativa vigente, la Pensión Universal para Adultos Mayores (PUAM) otorga un monto que no alcanza para cubrir la mera subsistencia y que además impide tener otros ingresos. El finalizar la moratoria sin alternativas dignas es solo condenar a la pobreza a miles de trabajadores y sobre todo trabajadoras a lo largo del país”, advierte la Doctora en Economía Mercedes D’Alessandro e integrante de Economía femini(s)ta. Ella también señala que el empobrecimiento de los adultos mayores genera mayores cargas en sus hijas e hijos: “Es también un problema para quienes ayudamos a nuestros padres y madres que pudieron acceder a una mínima y que no llegan a cubrir sus medicamentos. Nos hace más pobres a todos”. Por eso, convoca: “Pensar un sistema previsional en un contexto de desempleo y precarización como el de Argentina es un desafío urgente”.

Dar una jubilación o una curita no es igual. La diferencia es tan tajante como ser pobre o no serlo. “Desde inicio de 2017 y hasta marzo de 2018 se han incrementado en 122.487 los casos de personas mayores que perciben la Pensión Universal para Adultos Mayores (PUAM). De haberse mantenido la moratoria previsional esas personas se encontrarían por encima de la línea de pobreza, mientras que al reemplazar la moratoria por la PUAM y como resultado del aumento de la Canasta Básica Total medida por INDEC estas personas hoy se consideran pobres por ingresos”, apunta la Doctora en Desarrollo Económico Julia Strada, integrante del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), periodista económica de C5N y Futurock. Los datos del CEPA indican que al menos 100 mil personas han quedado debajo de la línea de pobreza medida por ingresos (INDEC) por haber recibido PUAM en lugar de la jubilación mínima a través de las moratorias previsionales.

La moratoria previsional implicaba una jubilación. En cambio, la Pensión Universal para Adultos Mayores (PUAM) es similar a un subsidio. No es lo mismo un parche o un regalo que una política para dar derechos donde había falta de reconocimiento o incumplimiento de derechos laborales. “En este caso el subsidio que se entrega tiene más que ver con la condición de pobre que con el reconocimiento de un derecho de jubilación por ser un trabajador o una trabajadora. No hay reconocimiento de derecho, como sí lo hace la moratoria previsional”, diferencia Strada y sentencia: “El fin de la moratoria previsional constituye un castigo patriarcal”.

“Sacar la moratoria de las amas de casa, la moratoria de ‘Néstor’ cómo la llaman las mujeres en los barrios populares, es terminar con la política pública con perspectiva de género más importante de la última década”, crítica Pamela Ares, especialista en políticas públicas de género, Presidenta de Fundación Contemporánea, una ONG que promueve el desarrollo local con perspectiva de género y referente social de Salta. Ella enmarca: “Es dejar de reconocer el trabajo invisible y no reconocido de las mujeres adentro de sus familias, pero también el de esa enorme cantidad de mujeres trabajadoras de casas particulares que lo habían hecho toda su vida en condiciones informales”.

Llegar sin jubilación a la madurez no es casualidad. Las mujeres dedican de 3 a 6 horas por día a tareas domésticas y cuidado de los hijos e hijas y los varones 1,9 horas, según una investigación de la consultora Inmediata, de Rosario. Esa diferencia entre el tiempo que lleva rasguñar con virulana las cacerolas, levantar la ropa tendida cuando se anuncia tormenta, ir a buscar a cumpleaños a los hijos o esperar en la sala del dentista u oftalmólogo de la nieta tiene un precio en tiempo. En tiempo presente y en futuro. Porque si alguien lo hace no es gratis. Pero no se paga. Y el tiempo que se dedica a cuidar en muchos casos se tiene que quitar al trabajo pago o aceptarlo en peores condiciones. Por eso, aunque el polvo vuelve después de barrer, no se pude barrer con los derechos de mujeres y disidencias sexuales (ya que la ANSES también reconoció a personastrans en la moratoria previsional) como si fueran un polvo que se olvida.

En ese sentido, la economista y docente Candelaria Botto, e integrante de “Economía femini(s)ta” también subraya: “La no renovación de la moratoria este 23 de julio imposibilitará a las mujeres que no cumplen con los años de aportes acceder a una jubilación mínima, dejando únicamente la opción de la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM) que es el 80 por ciento de una jubilación mínima y para la cual deben cumplir requisitos que básicamente muestren que son pobres. No es una jubilación, es una pensión. Más que nunca es necesario avanzar en un proyecto de ley de Jubilación para amas de casa para garantizar el derecho de estas mujeres que trabajaron dentro de los hogares sin pago ni reconocimiento, sin que deban pagar los aportes que deben en forma de moratoria”.

Hacer un parche o un favor no es lo mismo que reconocer derechos. Y hacer una política temporaria no es igual que garantizar una decisión pública por ley como se hizo con la Asignación Universal por Hijo (AUH). La movilidad de la AUH se aprobó, el 16 de julio del 2015, por unanimidad (sin ningún voto en contra) en el Congreso de la Nación para que se actualice cada seis meses. La AUH perdió contra la inflación y se deterioro de su valor de compra y su efectividad como política social contra el hambre. Pero, al menos, no se pudo quitar o enterrar como la moratoria previsional. En ese momento, probablemente, se tendría que haber garantizado también que el reconocimiento de las mujeres que realizan tareas de cuidado no sea tan volátil como el voto o los mandatos políticos, sino un pacto sellado y cerrado por las políticas públicas.

En ese sentido, es central como va a actuar no solo el próximo gobierno, sino también el Poder Legislativo. La diputada nacional Mayra Mendoza (FpV-PJ) define: “La eliminación de las moratorias previsionales no puede sorprender a nadie. Hay un recorrido antiderechos del macrismo que simplemente va cumpliendo etapas. Y sobre todo en materia jubilatoria, donde hay que dedicar grandes recursos para hacer una política de dignidad especialmente a un sector tan castigado como las mujeres que no tuvieron aportes. En un gobierno que siempre tuvo en miras el ajuste, y más desde que el FMI le impuso acelerarlo, era algo obvio que esto iba a pasar. Sirve para terminar de desmentir aquello del feminista menos pensado, que nunca fue cierto porque se veía con los recortes a los programas de combate contra la violencia de género. Sólo con un gobierno que tenga al pueblo como eje y no a los mercados podemos discutir la recuperación, ampliación y garantía de todos estos derechos que estamos perdiendo”.

La diputada nacional Lucila De Ponti (Movimiento Evita) define: “La moratoria previsional es una experiencia inédita de inclusión e igualación de derechos que le permitió a millones de personas acceder al beneficio previsional, especialmente a mujeres amas de casa, reconociendo el valor de esta tarea y la de todos los que forman parte de la economía informal. Es junto a la AUH y el establecimiento del régimen de trabajadoras de casas particulares, una de las políticas públicas fundamentales orientadas a combatir la desigualdad de género y reconocer el aporte económico que hacemos las mujeres con las tareas del hogar y el cuidado de personas. Esta decisión del gobierno nacional de limitar el acceso al beneficio previsional a millones de mujeres porque no cumplen con los aportes es otro eslabón en la cadena de medidas que profundizan  la situación de desventaja que sufrimos y es sin duda un retroceso en materia de derechos y oportunidades”.

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Jubilados

Coronavirus en Argentina: cómo hacer para que los adultos mayores se tomen en serio el aislamiento

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Recomiendan armar redes de contención entre familiares y vecinos. Y acompañar. Intentar controlarlos, dicen, no es una buena idea.

Tiene 89 años, pero no la para nadie. Mercedes Guruceaga está acostumbrada a caminar 40 cuadras por día: suele ir al supermercado más alejado de su casa “para mover las piernas”. Y combina dos colectivos con un tren para ir —sola— desde la Zona Norte hasta el Sur. La edad no pudo frenarla y tampoco lo hizo el coronavirus.

Asegura que está tomando algunas medidas. “Cuando llego a casa me lavo las manos y me pongo alcohol en gel”, sostiene. De quedarse adentro, ni hablar. “Trato de salir temprano, que hay menos gente. Ayer fui por unos duraznos a la verdulería, que está a una cuadra. Siempre me voy abasteciendo, por si las moscas”, comenta.

Para los expertos, no hay grises. “La recomendación actual es que no salgan o salgan lo mínimo e imprescindible”, sostiene José Ricardo Jaúregui, presidente electo de la Asociación Internacional de Gerontología y Geriatrías (IAGG) y director médico de We Care.

“Que manden a buscar la receta a los consultorios, que no se hagan los estudios que no sean estrictamente necesarios, que no vayan al sistema sanitario, que no vayan al supermercado”, ejemplifica.

“Hoy la recomendación es que no salgan o que lo hagan en su propio auto o el de la familia. Que no usen transporte público. Que estén realmente lo máximo posible con ‘distanciamiento social’. A mí no me gusta la palabra ‘aislamiento’. No es lo mismo”, sigue Jaúregui.

Se refiere al “aislamiento social” que se indicó la semana pasada en una conferencia de prensa realizada en la Casa Rosada. “La situación de mayor riesgo está centrada en los mayores de 65 años”, dijo la secretaria de Acceso a la Salud de la Nación, Carla Vizzotti. Y el titular de la Fundación Huésped, Pedro Cahn, pidió cuidar especialmente a los adultos mayores porque la gravedad de la enfermedad aumenta con la edad. 

¿Cómo incorporarlo dentro de la dinámica familiar? “Hay que acompañarlos y obviamente ayudarlos. Hay que salir a hacerles las compras, porque sino no van a comer. Hay que acercarles las cosas básicas, como el alimento y lo que necesiten para estar dentro de la casa”, responde Jaúregui.

“El resto de la familia tiene que ponerse en movimiento para que los mayores entiendan. Y brindarles ayuda. Es una cuestión de supervivencia, porque van a tener que salir a comprar la leche. Que los ayuden con los deliverys para hacer los pedidos. Que les lleven los alimentos a la casa. Ese tipo de cosas”, concluye el especialista.

En algunos hogares siguen estas instrucciones al pie de la letra. “Le hago las compras. Le preparé alcohol en gel. Le digo que se desinfecte, que mantenga distancia, que no dé besos”, cuenta Graciela Vuga sobre los cuidados que recomienda a su madre, Ermelinda, de 89 años.

Al principio, la mujer ejerció resistencia y le dijo a su hija que estas medidas eran “demasiado”. Pero, de a poco, se está haciendo a la idea de que tiene que prevenir el coronavirus. Aunque todavía le cuesta digerir la situación. “Ella está muy asustada. Mira la tele y se asusta. Tiene miedo por nosotros: sus hijos, nietos y bisnietos”, relata Graciela.

Estos ejemplos son de personas muy mayores, que necesitan extremar los cuidados. Pero hay un detalle: las medidas incluyen también a los no tan grandes. Según Jaúregui, en nuestro país, todas las medidas de precaución se están recomendando a partir de los 60 años. Estamos hablando de unos seis millones de argentinos.

“Primero el aislamiento era para los mayores de 65. Y de un día para el otro pasó a ser para los mayores de 60, sin que nadie explicara nada”, se queja el gerontólogo Eugenio Semino, titular de la Defensoría de la Tercera Edad de la Ciudad y presidente de la Sociedad Iberoamericana de Gerontología y Geriatría (SIGG).

Y acá viene su aclaración. “El aislamiento se plantea como consigna general y es una disposición que viene de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se considera adultos mayores a las personas de 65 años en países con economías desarrolladas. En países con economías con dificultades, como históricamente la nuestra, se toma el concepto de adulto mayor a los de 60 años”.

Y agrega que, aunque hay solo cinco años de diferencia, la situación social entre los de 60 y los de 65 es considerable, porque los de 65 por lo general están jubilados.

Ante la consulta de si controlar a nuestros padres y abuelos es una opción, Semino responde en forma negativa. “Más viejos somos, menos nos importan las pautas”, lanza. Pone el acento en la “rebeldía” propia de esta edad y está convencido de que las prohibiciones “actúan en contra”.

Por lo tanto, su recomendación es “hacer redes” y apelar al “acompañamiento”, ya que “tenemos que prepararnos para una situación que va a durar bastante tiempo”, adelanta.

“Hay que hacer convenciones entre los familiares, amigos y vecinos. Decir ‘yo estoy cerca a tales horas’ o ‘yo lo llamo a tales horas’ o ‘yo lo invito a hacer tal cosa’. Tienen que involucrarse jóvenes y viejos”, recomienda Semino.

“Es bueno que se haga algún tipo de esparcimiento, porque sino tenemos otra enfermedad que mata más que el virus, que es la depresión”, alerta. Y, para lograrlo, invita a ser creativos: “Nos podemos juntar a tomar mate: cada uno con su mate y cada uno con su termo. Y guardamos una distancia para conversar”.

“Caminar por la calle se puede, pero tenemos que hacerlo a una distancia prudencial. Y en lugar de salir dos horas, podemos dar una vuelta por media hora”, ejemplifica Semino.

Y subraya que el miedo es un aliado de la pandemia. “No tengamos miedo, ni el viejo ni el joven. Tratemos de trabajar en la prevención y la contención”, concluye el gerontólogo.

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Falta de conciencia: en Mar del Plata, un grupo de jubilados paseó en un “trencito de la alegría”

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El clásico “party bus” de cada verano circuló libremente por el centro de la ciudad repleto de personas que componen el grupo de riesgo de contagio del COVID-19.

En los últimos días, la comunicación oficial en Argentina tanto a nivel nacional, provincial o distrital hizo especial hincapié en los cuidados y prevenciones frente al avance del coronavirus en el territorio y cuán cuidadosos debían ser los adultos mayores, quienes integran el grupo de riesgo frente a la pandemia.

En Mar del Plata, el intendente Guillermo Montenegro​ pidió evitar viajar a la ciudad por el fin de semana largo y circular por las calles. Pero en la noche del martes, un grupo de jubilados se paseó libremente en un colectivo de recreación similar al “trencito de la alegría”, característico de los veranos marplatenses.

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Jubilados

Jubilaciones: un informe pone a los regímenes de las Fuerzas de Seguridad y los docentes en la mira

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Lo elaboró la Oficina de Presupuesto del Congreso. El de las FFAA es responsable del 33% del déficit total del sistema jubilatorio y el de los maestros del 25%.

Un Informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso ( OPC) pone en la mira los regímenes jubilatorios especiales, en particular el de los docentes nacionales, Luz y Fuerza y Fuerzas Armadas y de Seguridad.

Es que aunque arranca con el impacto fiscal de los regímenes del Poder Judicial y del Servicio Exterior, el informe analiza la incidencia en el gasto y en el déficit total de todos los sistemas especiales, que incluye a los docentes, docentes universitarios, investigadores científicos, Luz y Fuerza, YCF y Fuerzas Armadas y de Seguridad.

El Informe es un antecedente para el análisis de estos regímenes por parte “de la Comisión integrada por representantes del Ministerio de Economía, del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social y miembros de las comisiones del Congreso de la Nación competentes en la materia, para que en el plazo de 180 días, revise la sustentabilidad económica, financiera y actuarial y proponga al Congreso de la Nación las modificaciones que considere pertinentes relativas a la movilidad o actualización de los regímenes especiales”, según marca la ley de Emergencia y Solidaridad aprobada a fines de diciembre.

El Informe dice que, sin las FF.AA y de Seguridad, “en relación a la participación en el total del gasto previsional administrado por la ANSeS, se observa que los regímenes especiales concentran el 9,7% del gasto mensual y el 3,2% de los beneficios”.

El Estudio de la OPC señala que por “la normativa vigente se estima para 2020 un déficit de $10.886 millones para el régimen jubilatorio del Poder Judicial y de $2.347 millones para el del Servicio Exterior”, que representan ambos el 2,5% del déficit previsional contributivo puro, equivalente al 0,03% del PBI. Es que aunque cobran jubilaciones altísimas – el Poder Judicial de $ 272.099 de haber medio y de $ 352.798 el Servicio Exterior, esos valores lo cobran 7.700 beneficiarios.

Se denomina “ déficit puro” porque, por el lado de los ingresos, no se consideran los ingresos provenientes de impuestos sino exclusivamente los aportes y contribuciones directos de empleados y empleadores.

Según el Informe, el peso del régimen general contributivo – que paga 6,5 millones de beneficios con un haber promedio a diciembre de 2019 de $ 20.480- en el déficit total previsional es del 33,3%, equivalente al 0,4% del PBI. Y el 66,7% restante corresponde a los sistemas especiales.

A igual que el régimen general, el mayor responsable del déficit total, con el 33,3% corresponde a los regímenes de jubilaciones de las FF.AA y de SeguridadLe sigue con el 25% el de los Docentes no universitarios y con el 7,5% los trabajadores de Luz y Fuerza.

Esto pasa porque, aunque aportan 2 puntos adicionales (13% en lugar del 11% del sistema general), esos jubilados cobran jubilaciones más altas porque perciben el 82% o 85% del salario del trabajador, ajustable por la variación salarial del sector.

El Informe reconoce que “entre diciembre de 2015 y diciembre de 2019 la movilidad de los 6,5 millones de jubilados del régimen general tuvo una expansión nominal del 227,2%”. Descontando la inflación, representa una pérdida del 18 del poder adquisitivo de los jubilados y pensionados .

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