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El escalofriante caso del “monstruo de Llavallol”, el hombre que esclavizó, torturó y violó a una familia de mujeres durante la cuarentena

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Entre los meses de marzo y octubre pasados, Enzo Matías Pereyra fue acusado de cometer una serie de aberraciones que terminaron con su detención en una plaza de Flores tras la orden de la fiscal Marcela Juan, de la UFI Nº16 de Lomas de Zamora. Una cuarta víctima pudo escapar y lo delató a las autoridades

Días atrás, un grupo de agentes de la DDI de Lomas de Zamora pateó la puerta y entró al domicilio marcado sobre la calle Doyenard en Lavallol. Buscaban a Enzo Matías Pereyra, de 27 años, con antecedentes por amenazas con arma blanca. El expediente, instruido por la fiscal Marcela Juan, titular de la UFI N°16 de Lomas de Zamora, llevaba la calificación de abuso sexual agravado, lesiones graves agravadas y reducción a servidumbre: las víctimas eran cuatro mujeres, tres de ellas menores de edad, que el hombre presuntamente mantuvo encerradas en esa casa desde el inicio de la cuarentena obligatoria hasta octubre pasado en condiciones aberrantes.

Cuando los efectivos ingresaron el hombre ya no estaba, se había escapado. Pero en uno de los cuartos cerrado con un candado encontraron a tres de las víctimas gravemente heridas.

La cuarta había logrado huir.

Pereyra, luego de pasar más de un mes prófugo y oculto en la villa 1-11-14, fue arrestado esta semana en la Plaza San José, en el barrio porteño de Flores. Su detención se concretó tras la orden de la fiscal Juan en medio de un operativo en conjunto de la policía porteña y la Gendarmería. Sus tatuajes lo delataron: irónicamente, son dos lágrimas de tinta en su cara.

Así mientras el silencio se hizo eco por las calles debido a la cuarentena total que regía en el conurbano, en el interior de ese hogar ubicado en un suburbio típico de casa bajas de la zona sur del Gran Buenos Aires, los gritos de horror tampoco se escucharon.

Fue la víctima que escapó quien contó la historia.

Pereyra tras su detención.Pereyra tras su detención.

Según confirmaron fuentes judiciales a Infobae, la trama comenzó dos años atrás cuando Pereyra conoció a Micaela, una de sus víctimas -un nombre de fantasía empleado en esta nota para preservar su identidad- en la plaza central de Lomas de Zamora. Ambos se encontraban en situación de calle: Micaela tenía 13 en ese momento y Pereyra 25. Pasó el tiempo y en ese lapso, Micaela fue abusada por otro hombre y quedó embarazada.

Tras la violación, la chica tuvo al bebé y volvió a la calle. Allí se reencontró con Pereyra y comenzaron una especie de relación en el marco de una situación de abuso, ya que ella era menor de edad. Una vez que el coronavirus se convirtió en una realidad y el Gobierno decretó la cuarentena obligatoria, decidieron mudarse a la casa de la madre de la joven, Sandraen la calle Doyenard, a media cuadra de una comisaría.

Allí además de Sandra vivían las dos hermanas de Micaela, de 12 y 13 años. Pereyra fue recibido y en poco tiempo comenzó la brutalidad. En un principio, Pereyra no mostraba gestos de violencia, pero mientras los días transcurrieron, el hombre comenzó a cambiar. Primero insultos y malas formas de responder, luego largas golpizas con elementos contundentes y por último, el horror.

El hombre durante los meses que vivió en la casa, según quedó acreditado en la causa, encerraba a las mujeres dentro del domicilio impidiéndoles salir. Cerraba las puertas con candados, les ataba los pies y las obligaba a quedarse paradas por horas para luego golpearlas. Cuando caía el sol, en medio del invierno, les exigía salir al patio desnudas y las amenazaba, las torturaba por placer. En medio de esas atrocidades, las forzaba a bañarse de noche con agua fría mientras las observaba.

Incluso, Pereyra no les permitía comer salvo cuando él lo quería. Y para evitar que se escapen controlaba el dinero de la casa.

En una de esas noches, Pereyra amenazó a una de las niñas de 12: “Te voy a matar”, dijo.

Así, tomó un hierro con forma de cruz y la golpeó sin cesar mientras le gritaban que se detenga, que la iba a asesinar. Según quedó demostrado en la causa, la chica fue herida con un tajo en la parte superior de la cabeza.

Doble gota: el tatuaje por el cual lo encontraron. Doble gota: el tatuaje por el cual lo encontraron.

Tras las violentas golpizas, Pereyra comenzó a abusar sexualmente de las mujeres en forma regular. Hasta que una noche Micaela le dijo que tenía que parar, que se tenía que ir y lo intentó echar de la casa. “Cerrá el orto y callate. No me hagas poner nervioso. Sos muy bonita para terminar como tu mamá y tus hermanas. Y te aseguro que no querés terminar como ellas”, le respondió.

Pocas semanas atrás, Micaela logró escapar de la casa y se dirigió a realizar la denuncia que recayó en la fiscalía a cargo de la doctora Juan. La fiscal inmediatamente ordenó un allanamiento en la casa, pero Pereyra se había fugado. Los policías que ingresaron al domicilio, según las fuentes con acceso a la causa, rescataron a las dos niñas y a Sandra que se encontraban encerradas en una habitación y las llevaron a un lugar seguro.

Luego, la fiscal Juan ordenó mediadas para atrapar a Pereyra. En paralelo se entrevistó con las niñas, en el marco de un peritaje clave en los casos de abuso sexual de menores: la cámara Gesell. Allí relataron la serie de torturas y abusos realizados por Pereyra. El resultado de esos exámenes fue positivo, se encontró que no existían elementos de fabulación, un punto clave en casos como el del futbolista Jonathan Fabbro, condenado en primera instancia a 14 años por la presunta violación de su ahijadaTambién, le tomó declaración a la madre de Micaela, quien contaba con una gran cantidad de hematomas debido a los golpes de Pereyra.

El momento de la detención de Pereyra El momento de la detención de Pereyra

De este modo, los detectives recibieron el dato de que un hombre con dos lágrimas tatuadas cerca de un ojo estaba escondido en la villa 1-11-14 en el barrio del Bajo Flores: la descripción cabía con el perfil de Pereyra. Así, comenzaron a seguirlo y vieron que el hombre solía dejarse ver por la Plaza San José en Flores. La fiscal Juan envió a la DDI de Lomas de Zamora para asegurarse de que era él, cuando lo confirmó ordenó su detención: el hombre fue arrestado y poco después se negó a declarar.

Ahora, Pereyra se encuentra encerrado en un calabozo acusado por las atrocidades que presuntamente cometió y aguarda que la causa se eleve a juicio. Mientras sus víctimas fueron trasladadas a un lugar seguro y cuentan con asistencia psicológica. Sus testimonios serán la clave para condenarlo.

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El peligroso ex jefe de policía de San Isidro que cayó preso y con facas les robaba a otros detenidos

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A Raúl Antonio Papa lo echaron de la cúpula distrital por hacer entraderas. Estuvo preso 6 años. Ahora lo acusan de extorsionar a otros reclusos.

Por segunda vez, un ex jefe policial de San Isidro quedó detenido y es investigado por haber extorsionado a presos del penal bonaerense de General Alvear. En 2017 ya había sido condenado a seis años de prisión por encubrir y proteger a delincuentes que cometían entraderas en el distrito de zona Norte donde había trabajado como integrante de las fuerzas.

Se trata del ex comisario inspector Raúl Antonio Papa, quien hace diez años era jefe distrital, la máxima autoridad de las 11 comisarías de San Isidro.

En los últimos días volvió a caer detenido en un domicilio de la localidad de Banfield y estaba cumpliendo la última etapa de su condena bajo el régimen de “libertad asistida“, por orden del fiscal Cristian Citterio, a cargo de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) 20 descentralizada de General Alvear.

"Encubrimiento doblemente agravado". En 2017 fue condenado a seis años de prisión.

“Encubrimiento doblemente agravado”. En 2017 fue condenado a seis años de prisión.

Luego de una investigación en la que se lo acusa de cumplir el rol de cabecilla de una organización integrada por varios reclusos de la Unidad 30 de General Alvear, el fiscal le imputa el delito de “extorsión”.

Según fuentes judiciales, Papa intimidó y amenazó con “facas” a otro preso para que entregara sus posesiones en el penal y transfiriera dinero a cuentas bancarias a cambio de no ser lastimado. “La víctima es también un ex miembro de una fuerza de seguridad que está detenido en el penal Alvear y cuya identidad se va a preservar para resguardarlo”, afirmaron.

Por otra parte, voceros policiales indicaron que se efectivizaron en total cinco detenciones en el marco de este expediente: tres internos de la Unidad 30 y dos externos, que entre ellos, se encontraba Papa.

La investigación arrojó que la banda estaba integrada por ex efectivos de distintas fuerzas de seguridad. Uno de los tres presos de la Unidad 30 que quedó detenido e imputado por esta nueva causa es identificado como Gorgonio Alcides Díaz, ex integrante de Prefectura Naval Argentina (PNA), que fue condenado por robo en 2013 en la casa del actual presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Sergio Massa.

Los otros dos reclusos acusados ​​fueron reconocidos por las fuentes como Claudio Alejandro Ibarra y José Aubert, mientras que el quinto inculpado, que fue apresado en la localidad bonaerense de Ranchos, es Gastón Alberto Escobar.

En las últimas horas, según indicaron voceros judiciales, Cittero indagó a los cinco imputados y que los únicos que declararon y negaron los cargos fueron el ex comisario Papa y Escobar, mientras que los otros tres se negaron a hablar ante el fiscal. Las fuentes además añadieron que las defensas de los cinco también plantearon excarcelaciones de los detenidos.

Papa, quien está exonerado de la fuerza, fue detenido en 2011 tras una investigación del actual fiscal general adjunto de San Isidro, Patricio Ferrari, quien probó a través de escuchas telefónicas que una banda de asaltantes que estaba compuesta por ex policías, tenía el amparo del por entonces jefe policial de la zona.

La causa se inició el 5 de agosto de 2011 cuando un empresario, Jorge Pereyra, sufrió una entradera al ingresar al garaje de su domicilio ubicado en San Isidro. El grupo de asaltantes llegó a robarle algunas pertenencias, pero la esposa de la víctima desde una ventana efectuó una serie de disparos y el hijo de Pereyra, que en ese momento llegaba a la casa, chocó uno de los vehículos de los delincuentes, y por lo tanto, se dieron a la fuga.

En ese auto quedaron celulares que fueron analizados y de los que surgieron escuchas donde el comisario Papa quedaba expuesto como encubridor de la banda, aunque él se defendió diciendo que ese delincuente sólo era un informante suyo.

El Tribunal Oral Criminal (TOC) 6 del municipio en 2017 había penado a Papa por el delito de “encubrimiento doblemente agravado por tratarse de un funcionario público y por ser consecuencia de un hecho especialmente grave”. En la causa también hubo otros cuatro inculpados.

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“Mi cuñado me pegó”, dijo antes de morir sin llegar a nombrar cuál pareja de sus 5 hermanas la asesinó

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Teresa Leguizamón pudo esgrimir algunas pocas palabras antes de entrar en coma en el Hospital Narciso López, de Lanús. Dos días más tarde falleció.

Ya pasó más de un mes de la muerte de Teresa Silvana Leguizamón y su familia sigue pidiendo lo mismo que entonces: que se haga justicia, que se mueva la causa. La vecina de Lanús falleció el 30 de enero a causa de hemorragias internas y un derrame cerebral que fue provocado por múltiples golpes que recibió días antes de morir.

Antes de morir, cuentan sus hermanas, Teresa le dijo a la médica que la atendía: “Mi cuñado me pegó con un palo en la cabeza”.

Mónica Leguizamón, una de las cinco hermanas de la víctima, cuenta que el 28 de enero, el esposo de Teresa, se comunicó con Evangelina, otra de sus hermanas. “Le dijo que ella se había descompensado producto del estrés que le causó haberse enterado que uno de sus cuñados había tenido un accidente en moto. Algo que nada que ver. La cuestión es que minimizó completamente la situación por lo que Evangelina decidió llamar a Nancy (otra hermana)”.

Entonces llamaron a Alex, el hijo mayor de Teresa, de 21 años -tenía otras dos hijas, de 16 y 2-, quien al día siguiente fue a la casa y al abrir la puerta encontró un panorama devastador:  “Vio a su madre inconsciente agonizando en la cama con su beba al costado y separada por una silla. El marido no estaba, se había ido a trabajar y aparentemente la había bañado antes de irse. Alex inmediatamente llamó a la ambulancia y se la llevaron al hospital Narciso López”, relata Monica.

El pedido de justicia de la familia de Teresa en las redes.

El pedido de justicia de la familia de Teresa en las redes.

En la guardia la interrogaron y allí fue donde, “en un estado de semi inconsciencia”, dice Mónica, Teresa contó que le habían pegado un palazo en la cabeza. Dos días más tarde, y sin salir del coma farmacológico al que la habían inducido, falleció.

El propio hospital hizo la denuncia ante la evidencia de que podía tratarse de un femicidio. Pero entonces comenzó el calvario de las hermanas Leguizamón.

“Nos acercamos a la Comisaría 10ª y nos dijeron que volviéramos el lunes 1º de febrero porque en fin de semana no trabajaban. Fuimos ese día y no nos quisieron tomar la denuncia supuestamente porque el hospital ya la había hecho y tenían que mandar un médico perito para buscar la historia clínica ”, recuerda Monica. El periplo continuó el martes otra vez en la Comisaría y al día siguiente en los tribunales de Avellaneda-Lanús. “El jueves trasladaron el cuerpo a la morgue de Lomas y finalmente confirmaron el causal de su muerte: golpes”.

Aunque hay sospechosos, ya que Teresa mencionó un cuñado, todavía nadie fue citado a declarar. “Cambiaron al fiscal y la verdad es todo muy lento. Ya hicieron todas las averiguaciones correspondientes pero esto no avanza. El femicidio fue el 30 de enero, ya estamos terminando febrero y todavía no movieron los ojitos para leer el caso de mi hermana”, expresa Monica. Y dice que todavía ni saben cuál de los cuñados pudo estar involucrado en el femicidio, “pero el marido fue cómplice”, remarca.

El pedido de justicia de la familia de Teresa Leguizamón.

El pedido de justicia de la familia de Teresa Leguizamón.

“Supuestamente él llegó de trabajar el 28, la vio que estaba tirada en el piso, la levantó, la bañó y la acostó en la cama toda golpeada con hemorragias en varias partes del cuerpo. Después dice haber llamado al SAME que llegó a su casa pero no se la llevaron porque ‘era un mareo y nada más’, pero por lo que vi en la foto de la morgue hasta el más tonto se da cuenta de que algo le había pasado a mi hermana”, cuenta la hermana de la víctima.

La causa está en la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) 8 del Departamento Judicial Avellaneda-Lanús, especializada en delitos contra la integridad sexual y violencia familiar y de género, a cargo de la fiscal María Soledad Garibaldi.

Según la investigación Judicial Teresa era víctima de violencia de género desde hace mucho tiempo ya que su marido la controlaba y restringía a tal punto que no le permitía la comunicación con sus propios familiares. “El le rompía celulares y de esta forma nadie sabia nada de ella y ella también minimizaba la situación, por eso nosotros no sabíamos nada”, señala Monica.

Actualmente la familia se encuentra a la espera de una respuesta y una justicia presente para que él o los responsables paguen por los hechos. “Solo queremos que se haga la detención inmediata de los culpables y que sea un juicio con todo el peso de la ley”, concluye Mónica.

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Robaron un auto con un nene dormido adentro y lo liberaron a los diez kilómetros

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El chico de 10 años fue abandonado en la calle descalzo y sin remera. “No sabía qué hacer, me volví loco”, contó el padre.

La peor pesadilla de un padre se volvió realidad cuando dos ladrones le robaron el auto con su hijo de 10 años adentro. El alivio llegó un rato más tarde, cuando el nene fue liberado sano y salvo a unos 10 kilómetros del lugar en el que comenzó el asalto.

El chico fue liberado en ingeniero Budge, partido de Lomas de Zamora, luego de que dos asaltantes armados le robaran el auto a su padre remisero, que estaba trabajando mientras su hijo dormía en los asientos de atrás del coche.

El hecho comenzó en el cruce de las calles Roosevelt y la avenida General Paz, en el límite entre el barrio porteño de Villa Riachuelo y la localidad bonaerense de Villa Celina.

Fuentes policiales informaron a Télam que allí se encuentra una remisería en la que entraron dos hombres y simularon ser pasajeros. Subieron al vehículo, un Renault modelo Sandero Stepway, y a los pocos metros obligaron al chofer a descender.

Los ladrones escaparon a  toda velocidad. Varios minutos después, cuando advirtieron la presencia del nene, lo abandonaron en las calles Giachino y Soldano Brito, ya en Budge. Lo dejaron en la calle, sin zapatillas y sin remera. El nene fue asistido por vecinos de la zona.

Florencio, el padre del chico, declaró en Telenoche que viven juntos y que cuando necesita que alguien lo cuide lo deja con una vecina. Ese día había llevado el auto al taller y, como ya era tarde, no pudo volver a dejar a su hijo en la casa. Por eso decidió llevarlo en el auto durante su trabajo.

“El martes vine del mecánico porque estaba mal el coche, lo metí a mi hijo a trabajar conmigo porque no pude dejarlo en casa”, relató. El hombre dijo que los asaltantes le pegaron en la cara y lo ahorcaron: “Me agarraron del cuello y no me dejaron ni hablar. Le dije que mi hijo estaba atrás, pero no me dejaban hablar y me pegaban con la culata (del arma)”, detalló.

No sabía qué hacer, me volví loco. No sabía si marcar al 911 o correr. Igual corrí y no alcancé”, contó Florencio, quien dijo que pasaron unos 50 minutos hasta que supo de su hijo. “Me enteré mediante los amigos que me avisaron que estaban publicando en el Facebook y ahí me quedé tranquilo”, aseguró.

En tanto, el pequeño Sebastián dijo que se asustó, pero que cuando vio a la mujer que lo asistió en el lugar donde lo dejaron los delincuentes, se quedó tranquilo. “Me trató bien”, explicó. También dijo que lloraba porque a su papá le llevaron el coche.

El auto fue hallado a los pocos minutos también en Ingeniero Budge. Interviene en la investigación la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional 31, a cargo del fiscal Marcelo Solimine, y el expediente quedó caratulado como “robo y privación ilegítima de la libertad”.

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