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El coronavirus en Perú ya dejó más muertos que la guerra con los grupos terroristas Sendero Luminoso y el MRTA

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Suma en seis meses más de 70.000 muertos, un número superior a las víctimas que, durante veinte años (1980-2000), dejó la sanguinaria violencia del conflicto armado interno.

Perú suma en seis meses de pandemia más de 70.000 muertos, un número superior a las víctimas que, durante veinte años (1980-2000), dejó la sanguinaria violencia del conflicto armado interno causado por las organizaciones subversivas Sendero Luminoso y Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA).

Es el nuevo y macabro hito de Perú en esta crisis sanitaria, al haber visto morir en medio año más personas que las 69.000 que se estima que se cobró el enfrentamiento entre el Estado y los subversivos, según la estimación más alta que realizó la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) en su informe final.

Agosto fue el cuarto mes consecutivo que cerró con más de 25.000 muertos a nivel nacional, más del doble que lo habitual antes de la pandemia, según figura en el Sistema Nacional de Defunciones (Sinadef), registro que se ha vuelto el mayor barómetro de esta tragedia nacional.

Los dos meses anteriores (marzo y abril) también superaron con mucho las cifras medias de defunciones.

Con ese ritmo mensual de fallecimientos, y sin ser un evento bélico, los seis meses de emergencia han superado el saldo mortal de cualquier guerra o conflicto bélico en 199 años de independencia de Perú, incluida la cruenta Guerra del Pacífico contra Chile (1879-1884) que tanto marcó la historia republicana con unas 18.000 muertes.

Abimael Guzmán entre rejas en 1992. El líder de Sendero Luminoso sigue en prisión desde entonces. Foto DPA

Abimael Guzmán entre rejas en 1992. El líder de Sendero Luminoso sigue en prisión desde entonces. Foto DPA

Desde marzo, cuando se conoció el primer caso de coronavirus en Perú, han fallecido en total unas 125.000 personas por cualquier causa, lo que supone un 120 % más que los decesos registrados en el mismo periodo de los dos años anteriores.

Ese exceso de muertes asciende ya a más de 70.000 personas fallecidas, de las que apenas 29.000 son decesos confirmados por COVID-19, lo que hace de Perú el primer país del mundo en mortalidad por coronavirus al promediar 88 muertes por cada 100.000 habitantes.

De las 44.000 restantes, hay unas 11.000 consignadas como sospechosas de coronavirus por el Centro Nacional de Epidemiología, Prevención y Control de Enfermedades del Ministerio de Salud, pero aún quedan otras 18.000 muertes inusuales sin explicar.

Pese a que solo pueden figurar como confirmados aquellos fallecidos que han dado positivo a una prueba de descarte de COVID-19, el Gobierno peruano está revisando desde junio cada muerte para poder acercarse lo antes posible a la cifra real de muertos por el coronavirus.

Solo el número de muertes confirmadas hasta ahora por el virus SARS-CoV-2 es ya superior a la cifra de víctimas documentadas que dejó el conflicto interno, que asciende a unas 25.000 identificadas.

Una masacre diaria

Desde finales de mayo los fallecimientos diarios por coronavirus no bajan del centenar y hasta hace poco rondaban los 200 cada jornada, un número superior a cualquiera de los peores episodios de violencia protagonizada por Sendero Luminoso, el MRTA o las fuerzas armadas.

El entonces presidente de Perú Alberto Fujimori pasa frente al cuerpo de dos guerrilleros del MRTA tras la reconquista de la embajada japonesa en Lima en 1997. Foto Reuters

El entonces presidente de Perú Alberto Fujimori pasa frente al cuerpo de dos guerrilleros del MRTA tras la reconquista de la embajada japonesa en Lima en 1997. Foto Reuters

Hace casi tres meses que en Perú mueren a diario por COVID-19 más personas que las 117 que perdieron la vida en 1984 en la masacre de Soras, la mayor matanza atribuida a Sendero Luminoso en sus numerosas venganzas terroristas contra los pueblos de los Andes que no se sumaban a su lucha armada.

También es un número superior a las al menos 109 personas cuyos restos fueron hallados cerca del cuartel Los Cabitos, el mayor centro de torturas, ejecuciones extrajudiciales y desapariciones que practicaron sistemáticamente las fuerzas armadas entre numerosos episodios de violaciones a los derechos humanos.

Estos crímenes tampoco alcanzan por separado para igualar el número de médicos fallecidos por COVID-19 en Perú, que alcanza ya los 155, y menos aún para los policías que perecieron a causa del virus, que suman ya más de 400, más de la mitad de los casi 700 policías perecidos en el conflicto interno, según la CVR.

Las masacres del periodo de violencia acontecido en Perú hay que multiplicarlas por seis para alcanzar la magnitud de muertes diarias que ha reportado el Sinadef en el peor momento de la pandemia, con un pico máximo de casi 700 en un solo día.

No obstante, este nivel de fallecimientos diarios está descendiendo desde hace tres semanas, una señal de que el ritmo de decesos en estos seis meses de pandemia está regresando paulatinamente a los niveles previos a la emergencia.

Los ocho periodistas

Otro capítulo emblemático del conflicto interno fue la matanza en 1983 de ocho periodistas en el caserío de Uchuraccay, en la región de Ayacucho, en el sur de Perú, a manos de una turba que supuestamente los confundió con ‘senderistas’.

La pérdida de estos profesionales de la información equivale en número a apenas una décima parte de los al menos 82 periodistas que han fallecido por COVID-19 en estos últimos seis meses en Perú, según el registro de la Asociación Nacional de Periodistas (ANP).

De esos periodistas fallecidos por coronavirus, 35 se contagiaron presuntamente mientras ejercían su trabajo con la misión de informar sobre la misma pandemia.

Aunque no hay una cifra oficial de indígenas fallecidos en el país por la COVID-19, las organizaciones de nativos apuntan a casi 400, una pérdida que en este caso aún no llega a los 6.000 asháninkas y machiguengas que se estima que murieron perseguidos por Sendero Luminoso o esclavizados en los campos de trabajos forzosos que los insurgentes instalaron en la selva de Perú.

Los periodistas asesinados por Sendero Luminoso en Perú, en 1983.

Los periodistas asesinados por Sendero Luminoso en Perú, en 1983.

Víctimas de la crisis sanitaria del COVID-19 y del conflicto armado interno de Perú coinciden ahora en los colapsados cementerios como el de Mártires 19 de julio, ubicado en el distrito de Comas, ubicado en el cono norte de Lima.

Allí hace décadas descansan los restos de víctimas del conflicto interno, aunque ya no existe el mausoleo que hasta hace poco albergaba a varios ‘senderistas’ muertos durante la brutal represión al motín de la cárcel de El Frontón en 1986, derruido para que no se convirtiese en un monumento de peregrinación y apología terrorista.

Ahora los nichos y tumbas apenas esperan para ser ocupados. Se construyen y cavan horas antes de que lleguen los cuerpos y se celebre el funeral entre los cerros secos de este rincón de la capital peruana y en medio de una permanente neblina que se acumula entre las laderas en esta época invernal.

La abrumadora cantidad de fallecidos hace que las escenas de dolor para dar el último adiós se hayan multiplicado sin que se vislumbre aún la luz al final de un túnel.

Los contagios siguen creciendo y ya son más de 647.000 confirmados, lo que hace de Perú el quinto país del mundo y el segundo de Latinoamérica con más casos confirmados.

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En ocho meses, el COVID-19 se ubicó como la cuarta causa de muerte en la Argentina

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Desde la confirmación del primer caso en el país, en marzo, hasta hoy, la enfermedad ya ocasionó más de 36 mil muertes, lo que la sitúa en las estadísticas de letalidad detrás de las patologías cardiovasculares, respiratorias y el cáncer

Las enfermedades cardiovasculares son en todo el mundo la primera causa de muerte. Y la Argentina no es la excepción.

Según los últimos datos disponibles en el país, del total de 341.688 muertes que ocurrieron en 2017, 97.219 fueron por esa causa, seguidas por 65.488 que fallecieron por todos los tipos de cáncer y 64.869 víctimas de enfermedades respiratorias.

Si se hiciera un viaje en el tiempo a un hospital de principios del siglo XX se vería que la mayor parte de las defunciones se producían por enfermedades infecciosas como la neumonía, tuberculosis o infecciones gastrointestinales.

Los cambios en la forma de morir son un reflejo de cómo evolucionaron las sociedades y a medida que los niveles de vida fueron en aumento, las causas de defunción también cambiaron, aunque eso varía según el país y su nivel de ingresos.

Pero, ¿por qué es importante saber de qué mueren las poblaciones? Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “uno de los indicadores más importantes para evaluar la eficacia de los sistemas de salud de los países es la cifra anual de muertes y su causa”. De este modo, las autoridades sanitarias pueden orientar sus actividades en materia de salud pública.

Las enfermedades cardiovasculares son en todo el mundo la primera causa de muerte (Shutterstock)Las enfermedades cardiovasculares son en todo el mundo la primera causa de muerte (Shutterstock)

Así, si por ejemplo, la mortalidad por cardiopatías y diabetes se dispara en pocos años en una determinada región, es conveniente poner en marcha un programa potente para fomentar modos de vida que ayuden a prevenir estas enfermedades. Asimismo, si en un país se registra una alta mortalidad infantil por neumonías y el presupuesto dedicado a ofrecer tratamientos eficaces es reducido, se puede aumentar el gasto en esta partida.

Desde que el SARS-CoV-2 hizo su aparición en Wuhan, China, a fines de 2019, hasta la actualidad, en la Argentina murieron 36.347 personas y con esa cifra la enfermedad se ubicó -en ocho meses- en el cuarto lugar en las estadísticas de mortalidad en el país, por encima, por ejemplo, de los accidentes de tránsito (19.419 muertes), las enfermedades infecciosas (14.495 muertes) o la diabetes (8.893 muertes).

Para analizarlo por día, por todas las causas mueren en el país 936 personas por día, mientras que por COVID-19 lo hacen entre 200 y 400 según los reportes de los últimos días del Ministerio de Salud. Esto equivale a decir que alrededor de un tercio de las muertes diarias en la Argentina son a causa del nuevo coronavirus.

"La Argentina acumula muchísimas muertes por millón de habitantes, igual que los países más afectados porque no supo cortar la transmisión usando el testeo" (Efe) “La Argentina acumula muchísimas muertes por millón de habitantes, igual que los países más afectados porque no supo cortar la transmisión usando el testeo” (Efe)

“Ayer la mortalidad en la Argentina por COVID-19 llegó a 800 por millón, una de las más altas del mundo. Es tremenda la cantidad de gente que está muriendo por esa causa, sobre todo porque como además no se testea suficiente hay muchas personas que seguramente murieron por COVID-19 y no se contabilizaron, o sea que se transformó en una causa primordial de mortalidad en el país”. Consultado por Infobae, el médico neurólogo Conrado Estol (MN 65.005) analizó que “la primera ola duró nueve meses por no testear y lo que hay que dimensionar es que mientras dura la primera ola, por más que no se sature el sistema de salud, se muere gente”.

Al día de hoy, “la evidencia científica confirmó que la mortalidad del coronavirus es diez veces superior a la de la gripe -señaló Estol-. Si hay una buena noticia es que la mortalidad disminuyó significativamente: un estudio del Reino Unido, que refleja lo que ocurre en la mayoría de los países, mostró que la probabilidad de sobrevivir en terapia intensiva pasó del 40% al 80% en pocos meses”. Esto se atribuye -según él- “a que las consultas son más tempranas, los pacientes más jóvenes y al uso de corticoides y otras medidas terapéuticas”.

Para Estol, “la Argentina acumula muchísimas muertes por millón de habitantes, igual que los países más afectados porque no supo cortar la transmisión usando el testeo”.“Ahora el foco, más que en las vacunas, que van a llegar más tarde o más temprano, es hacer un uso inteligente del testeo para evitar la segunda ola”.

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Vacuna Covid: Pfizer gestionará el permiso en Estados Unidos y Europa para que se aplique este año

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Es la primera farmacéutica que presentará este pedido ante la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA). La reacción del Gobierno.

La vacuna contra el nuevo coronavirus (SARS-CoV-2), creada por las farmacéuticas estadounidense Pfizer y alemana BioNTech, podría empezar a ser distribuida antes de que termine el año en Estados Unidos o la Unión Europea (UE), declaró este jueves el fundador y presidente de BioNTech, Ugur Sahin.

“Existe la posibilidad de que podamos obtener este mismo año la autorización en Estados Unidos o en Europa, o en ambas regiones”, estimó Sahin en entrevista con la agencia de noticias AFP. La demanda de autorización será presentada el viernes ante la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA) estadounidense. Es la primera en pedir esta autorización.

Fuentes del Gobierno dijeron a Clarín que “es una gran noticia, esperada en todo el mundo” y añadieron que “seguramente otros laboratorios seguirán a Pfizer en las próximas semanas, solicitando las respectivas autorizaciones”.

En caso de que la apruebe la FDA, es muy probable que cuando pidan autorización en Argentina la ANMAT también la apruebe, ya que la primera es una agencia regulatoria de referencia para la segunda.

En el caso de Pfizer, Argentina ya tiene el compromiso de recibir entre enero y febrero 1.500.000 dosis para vacunar a 750.000 argentinos.

Pfizer había anunciado el miércoles que su vacuna contra el coronavirus, elaborada junto a BioNTech, logró una efectividad del 95% incluso en adultos mayores, un porcentaje superior al esperado.

“Los resultados del estudio marcan un paso importante en este histórico viaje de ocho meses para presentar una vacuna capaz de ayudar a poner fin a esta devastadora pandemia”, había declarado Albert Bourla, director ejecutivo de Pfizer.

Ugur Sahin el CEO y cofundador de BioNTech dijo que la vacuna en conjunto con Pfizer se podría aplicar desde diciembre. Foto AFP.

Ugur Sahin el CEO y cofundador de BioNTech dijo que la vacuna en conjunto con Pfizer se podría aplicar desde diciembre. Foto AFP.

En tanto, Sahin precisó que “es posible que podamos suministrar vacunas en diciembre”. “Trabajamos a toda máquina”, declaró.

La Agencia Europea del Medicamento (EMA) realiza actualmente una evaluación continua del producto con miras a su autorización y datos suplementarios le serán transmitidos “la semana próxima”.

Centenares de millones de dosis ya fueron reservadas en el mundo, y varios Gobiernos anunciaron que las primeras serán destinadas al personal médico y a los sectores más vulnerables.

“Si todos los actores, entre ellos Gobiernos, empresas farmacéuticas y la cadena logística hacen un buen trabajo, podemos vacunar entre 60% al 70% de la población de aquí al invierno (europeo) de 2021″, destacó Sahin.

“Si lo logramos, podemos tener un invierno normal, sin nuevo confinamiento”, agregó el científico, cofundador de BioNTech, con sede en Maguncia (en el oeste de Alemania).

Pfizer/BioNTech ya firmó varios contratos, especialmente con la Unión Europea y Estados Unidos, y negocia “con 30 países” más.

Los laboratorios hablan con “varias organizaciones”, entre ellas Naciones Unidas, para que “la vacuna esté disponible para todos en el mundo” como una forma de reducir su costo para que pueda ser accesible en los países en desarrollo.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Foto AFP.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Foto AFP.

Sahin, de 55 años, se muestra “muy confiado” en la seguridad de la vacuna. Hasta ahora “ningún efecto secundario grave” fue constatado en los ensayos a gran escala, anunciaron Pfizer y BioNTech este miércoles. “De manera razonable, diría que la vacuna protegerá al menos un año, e incluso más“, concluyó Sahin.

Días atrás, Donald Trump, presidente de los Estados Unidos se refirió al anuncio que realizó la farmacéutica estadounidense respecto de que su vacuna es efectiva en un 90%.

Supera con creces nuestras expectativas. Llegamos a un acuerdo e invertimos 1.500 millones de dólares en el desarrollo de la vacuna de Pfizer. Nuestro gobierno ya está trabajando en la coordinación de la distribución”, señaló Trump.

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Oxford publicó el informe final de la Fase 2 de su vacuna contra el coronavirus: es segura en adultos mayores y genera respuesta inmune

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Los investigadores probaron el preparado en 560 adultos sanos, entre ellos 240 de más de 70 años. Ahora está en curso la Fase 3, cuyos resultados se conocerán en las próximas semanas

La segunda fase de pruebas clínicas de la vacuna contra la covid-19 desarrollada por la universidad inglesa de Oxford demuestra que es segura en personas mayores sanas y provoca una respuesta inmune, informa este jueves la revista médica The Lancet.

En colaboración con la farmacéutica AstraZeneca y otros organismos, los investigadores probaron el preparado, llamado ChAdOx1 nCoV-19, en un experimento con 560 adultos sanos, entre ellos 240 de más de 70 años, con el objetivo de observar su impacto en el sistema inmune y posibles efectos secundarios.

Los “prometedores resultados preliminares” indican que esta vacuna contra el virus SARS-CoV-2 ofrece “similares resultados de seguridad e inmunogenicidad en los adultos sanos de más edad que en aquellos de entre 18 y 55 años”.

Según The Lancetla Fase 2 permite concluir que el antídoto provoca “pocos efectos secundarios” “induce una respuesta inmune en ambas partes del sistema inmune en todos los grupos de edad tanto con una dosis baja como estándar”.

De acuerdo con el estudio, la vacuna británica genera una respuesta de las células T (capaces de encontrar y atacar células infectadas por el virus) a los catorce días de la primera dosis, y una respuesta de anticuerpos a los 28 días de la dosis de refuerzo (que atacarían al virus cuando circulase por la sangre o sistema linfático).

Los autores apuntan que la Fase 3 de las pruebas clínicas, que está en marcha, debe confirmar estos resultados y determinar “hasta qué punto la vacuna es efectiva para proteger de la infección por SARS-CoV-2” en un grupo más amplio y heterogéneo de personas, que incluya gente de edad avanzada con patologías previas.

En el estudio difundido hoy, que no mide la eficacia de la vacuna para proteger del virus, 560 adultos (160 de entre 18 y 55 años; 160 de 56 a 59 años y 240 de más de 70) con buena salud recibieron bien la vacuna de Oxford bien un antídoto de control.

Los voluntarios de más de 55 años fueron divididos en dos grupos y recibieron una sola dosis de la vacuna o dos en un periodo de 28 días.

Todos fueron observados desde el principio para detectar efectos adversos así como la respuesta inmune.

Los autores señalan que los efectos secundarios de la ChAdOx1 nCoV-19 fueron “leves” (como dolor por la inyección, fatiga, dolor de cabeza, fiebre o dolor muscular) si bien más comunes que con la vacuna de control.

Argentina acordó junto a México que producirá la vacuna de la Universidad de Oxford con AstraZeneca para su distribución en América Latina, en caso de que supere la fase 3. (REUTERS/Dado Ruvic/archivo)Argentina acordó junto a México que producirá la vacuna de la Universidad de Oxford con AstraZeneca para su distribución en América Latina, en caso de que supere la fase 3. (REUTERS/Dado Ruvic/archivo)

Se detectaron trece casos de gravedad en los seis meses desde la primera dosis pero que no se consideran relacionados con las vacunas.

Los investigadores explican que los efectos secundarios fueron incluso menos comunes en los adultos mayores que en los más jóvenes, y la respuesta inmune fue “similar” en todos los grupos de edad tras la dosis de refuerzo.

La vacuna indujo anticuerpos contra la proteína de punta del coronavirus 28 días después de una primera dosis baja o estándar en todos los grupos de edad. Después de la vacuna de refuerzo, el nivel de anticuerpos aumentó a los 56 días del inicio del experimento, y lo mismo sucedió con los anticuerpos neutralizadores 42 días después.

Por su parte, la respuesta de las células T contra la proteína de punta del coronavirus culminó catorce días después de la primera inoculación, al margen de la edad o la dosis.

La investigadora Sarah Gilbert afirma que este estudio “responde a algunas de las cuestiones” planteadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la necesidad de que las vacunas contra la covid protejan a las personas adultas de más edad.

Sin embargo, apunta, quedan por responder otras “preguntas sobre la eficacia y duración de la protección” y además se debe probar la vacuna en gente mayor con patologías para asegurar que protege a quienes tienen más riesgo de enfermar de gravedad.

 Sarah Gilbert, la investigadora que lidera el desarrollo de la vacuna de OxfordSarah Gilbert, la investigadora que lidera el desarrollo de la vacuna de Oxford

Los autores reconocen que su experimento “tiene limitaciones”, por ejemplo que las personas más mayores tenían una media de edad de 73 o 74 años y estaban sanas, lo que no refleja la situación en las residencias de ancianos.

Además, añaden, la mayoría de voluntarios de cualquier edad eran blancos y no fumadores, por lo que en la tercera fase de los ensayos clínicos se extenderán las pruebas a gente de diferentes procedencias.

Argentina acordó junto a México que producirá la vacuna de la Universidad de Oxford con AstraZeneca para su distribución en América Latina, en caso de que supere la fase 3.

Los ensayos de fase III de la vacuna ChAdOx1 nCov-2019 están en curso, con la posible llegada de los primeros resultados de eficacia en las próximas semanas, según un comunicado de la Universidad.

El informe completo:

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