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Sociedad

Día mundial del inodoro: un invento al que seis millones de argentinos no tienen acceso

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Se creó en el siglo XIX, y según la ONG Módulo Sanitario el 15% de la población argentina aún no posee uno de estos artefactos en sus casas. Su historia desde lo primeros diseños, hasta los más caros y lujosos del mundo… y del espacio

Pocas cosas hay en esta vida tan indispensables como el inodoro. Un invento nacido en el siglo XIX, que atravesó el siglo XX e ingresó en el XXI sin modificaciones en su diseño básico. Sin embargo, aún en el 2020, en la Argentina, 6 millones de personas no tienen acceso a un baño digno.

La importancia histórica del inodoro -más allá de su funcionalidad- fue clave para combatir y erradicar enfermedades de las grandes ciudades. En la Edad Media, un tercio de la población mundial murió víctima de las pestes y epidemias. Y aunque se desconoce el origen exacto de todas ellas, la principal sospecha recayó siempre en las heces humanas que se arrojaban a la calle.

Los romanos fueron los primeros en acercarse a la idea del inodoro actual, tal como los conocemos, a través de su sistema de letrinas públicas con agua corriente. Sin embargo, este sistema dejó de usarse para pasar a las bacinillas, que se vaciaban por las ventanas de las casas medievales al grito de ‘¡Agua va!’.

Fue recién en 1596 que sir John Harrington, ahijado de la reina Isabel I, logró crear un retrete conectado a un depósito de agua que arrastraba los desechos al ser descargado. Pudo instalarlo en el Palacio de Buckingham, pero el objeto no se popularizó.

Tuvieron que pasar casi dos siglos para que otro inglés, el relojero Alexander Cummings, retomara la idea y diera vida al primer inodoro moderno, bastante similar al conocido actualmente.

Este lo patentó en 1775, y lo mejoró agregando un desagüe a través de un sifón, una tubería en forma de “S” que permite mantener el nivel de líquido en la taza, creando una barrera de agua limpia que impide que los malos olores vuelvan hacia el sanitario.

La revolución del sifónLa revolución del sifón

En 1849, otro inglés, Thomas Twyford fabricó los primeros inodoros de cerámica con algunos dibujos llamativos conocidos como patterns. Muchos de ellos se exhiben en la actualidad en el Palacio de las Aguas Corrientes, en el centro porteño.

El hecho que marco un antes y un después sobre la popularidad del artefacto fue la ley del Parlamento británico de 1848, que obligó a instalar inodoros en todas las viviendas, lo que llevo al progreso social.

La llegada al país

Luego de la devastadora epidemia de fiebre amarilla y cólera, que causó la muerte del 10 por ciento de la población de la ciudad de Buenos Aires, el presidente Domingo Faustino Sarmiento impulsó las obras de la red de agua. Nuestra Capital fue una de las pioneras a nivel mundial en tener este avance. A partir de la inauguración del edificio del Palacio de Aguas Corrientes en 1894, Argentina empezó a construir un sistema de red cloacal antes que ciudades como Nueva York o Chicago.

En el primer piso del Palacio aún se pueden ver varios modelos de porcelana procedentes de Gran Bretaña y los Estados Unidos con diseños y colores característicos . Antes del uso de los botones o push, la cadena del inodoro “se tiraba”. De ahí que aún se siga usando esa expresión.

Los inodoros exhibidos era importados de Reino Unido y Estados Unidos (Aysa)Los inodoros exhibidos era importados de Reino Unido y Estados Unidos (Aysa)

De hecho hay un arquitecto argentino, Carlos Libedinsky, que cuenta que cuenta con una curiosa colección: tiene alrededor de 200 piezas.

Recién a finales de 1930 se empezaron a fabricar a nivel nacional, cuando un grupo de familias fundó Capea, que incursionó en la manufacturación de elementos de cuarto de baño.

El gran poeta Enrique Santos Discépolo en su tango Cambalache, de 1935, hace referencia a este hábito que sucedía en las casas porteñas populares: “Y herida por un sable sin remache, vi llorar la Biblia junto al calefón”. El autor daba testimonio de la costumbre de colgar las hojas de las biblias en los ganchos que solían estar en el baño junto al inodoro o la letrina. Solo las familias acomodadas contaban de papel higiénico, por lo que muchos utilizaban las finas hojas del libro sagrado -que repartía la Sociedad Bíblica casa por casa- para higienizarse.

Una evolución extraordinaria

El tiempo pasó y llegamos a nuestro siglo. Y a las excentricidades que esta sociedad. Hoy, el inodoro más lujoso del mundo se diseñó en China con más de 40.00 diamantes, un total de 334,68 quilates de esta piedra preciosa. Este producto está valuado en 1.180.000 de euros. Además está hecho de oro y es, vaya uno a saber porqué, a prueba de balas.

Japón -líder en el rubro- ofrece este objeto con una gran variedad de funciones que, según el modelo, pueden alcanzar los USD 3.000. Algunos de sus beneficios son: calefacción, chorros de agua templada: con temperatura y presión ajustables en ocasiones, secado con aire templado, sistema de eliminación de olores con un ventilador y un conversor catalítico, luz LED nocturno, lavado masculino/femenino, etcétera…

Pero el más caro de todos, sin dudas, es el que este año lanzó la NASA: un inodoro espacial. Llamado Universal Waste Management System (UWMS), se destinó a la Estación Espacial Internacional, con un costo de fabricación de 23 millones de dólares.

El diseño avanzado del inodoro espacial incluye un embudo de orina y un asiento que está creado para mayor comodidad de las mujeres miembros de la tripulación. También cuenta con un separador de doble ventilador de titanio impreso en 3D.

Japón líder en la industria de inodoros "smart" (Shutterstock)Japón líder en la industria de inodoros “smart” (Shutterstock)

Deuda pendiente: los que aún no tiene acceso

Una vivienda sin saneamiento no es una vivienda digna. Cerca de 4500 millones de personas en todo el planeta no cuentan con un inodoro en sus casas. Uno de los planes del magnate Bill Gates es trabajar con su Fundación en la proliferación de este sistema de saneamiento alrededor del mundo, con inodoros de bajo costo y sin tener que recurrir a costosas plantas de tratamiento. En esa misma línea, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), apuntan a llegar al saneamiento total para 2030.

No hace falta ir muy lejos, en Argentina -según la ONG Módulo Sanitario- hay seis millones de personas que no tienen un baño, el 15% de la población. Esto representa: dos veces la ciudad de Buenos Aires, dos veces la población de Uruguay, más de la población total en Dinamarca, Finlandia, Nueva Zelanda, Croacia, 85 canchas de River llenas y 2.400 Teatros Colón con sold out.

Vivir en condiciones sanitarias extremadamente precarias no sólo aumenta exponencialmente el riesgo de contraer enfermedades; también disminuye drásticamente las oportunidades de desarrollo y progreso.

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En busca de la transformación

Desde el 2015, la ONG Módulo Sanitario tiene como objetivo a construir baños y cocinas para familias en barrios vulnerables que no cuentan con estos espacios fundamentales.

Además, brinda talleres de hábitos de higiene para que las familias puedan incorporar el hábito de lavarse las manos, los dientes, bañarse y mantener limpio el módulo construido.

El trabajo se realiza gracias a la colaboración de una gran red de voluntarios que participa no sólo de la construcción de los módulos sino de todo el proceso previo: selección de familias beneficiarias, pre-armado y descarga de materiales que se requiere para llevar adelante el objetivo final que es la construcción de los dispositivos sanitarios.

Durante la cuarentena pudieron transformar la vida de a más 16.500 familias y construyeron 550 espacios. Se entregaron más a 74.000 personas kits de higiene y limpieza, fundamentales para la mitigar la propagación del coronavirus.

La fecha estipulada por la ONU como Día del Inodoro -declarado el 24 de julio de 2013 por la Resolución 67/291 de la Asamblea General- sirve cada año a la organización para llamar la atención sobre la importancia de que todo el mundo tenga acceso a un baño digno.

Se puede colaborar con Modulo Sanitario visitando su web https://modulosanitario.org/dia-inodoro-2020/ o a través de sus redes sociales @modulosanitario.

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Sociedad

“Está todo perdonado, no tengo rencor”, aseguró el padre de una de las víctimas del choque en Tigre

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Guillermo Rossi despidió a su hijo Franco y le dedicó palabras a Joaquín Duhalde Bisi, quien manejaba borracho y sin registro.

El papá de uno de los jóvenes fallecidos en el trágico accidente en el Camino de los Remeros de Tigre, cuando el conductor del Audi A4 manejaba alcoholizado y chocó contra un guardarrail, hizo un conmovedor descargo por Twitter: “No tengo rencor“.

Guillermo Rossi es padre de una de las víctimas, Franco Rossi (18), y escribió en su cuenta de Twitter (@guillermo4398) motivado por defender la memoria de su hijo y aclarar que él no estaba alcoholizado.

“Uno de los fallecidos es mi hijo Franco Rossi. Espero que entiendan que el no manejaba. Solo pido que respeten el dolor de mi familia en memoria de los muertos. Mi vida se apaga“, tuiteó en primera instancia.

Inmediatamente comenzaron a llegarle mensajes de aliento y, como siempre en Twitter, también respuestas polémicas, a las que los demás usuarios se encargaban de señalar.

Rossi les contestó a varios de los que lo saludaron y entre esas respuestas también contó varios detalles y habló del autor del accidente, Joaquín Duhalde Bisi.

Lamento el escrache mi hijo, no tenía alcohol en sangre, manchan su memoria. Abrazo y gracias”, le contestó a uno. “Franchu no estaba alcoholizado y sin embargo se fue”, le dijo a otro.

Joaquín Alimonda (19) y Franco Rossi (18) murieron en el acto.

Joaquín Alimonda (19) y Franco Rossi (18) murieron en el acto.

“En la autopista a mi hijo le dio 0. Estaba aparentemente dormido y Franco no manejaba y tenía mi autorización. Dos veces a EE.UU. una a Sudáfrica el solito, y vos crees que me carga culpa? No ninguna”, le respondió a otra.

Luego, en otros tuits negó una supuesta fiesta. “Ni hubo fiesta ni nada, eran 5 amigos y el destino los enfrentó”, agregó.

En otro mensaje, Rossi dijo que lo que atraviesa es muy duro. “Hoy quisiera que me lleve a su lado, pero Franchu tiene 4 hermanos, no puedo viajar todavía y esa paz espero encontrarla”, se descargó en otro escrito.

Por último, dijo que “ya está todo perdonado eran amigos y no tengo ningún rencor“, en relación al conductor del auto, quien se encuentra detenido en la comisaría de Villa La Ñata.

El caso

Joaquín Duhalde Bisi (19) estaba borracho y manejaba sin registro la madrugada del domingo, cuando perdió el control del Audi A4 de su papá en Tigre y chocó. En el incidente murieron dos de sus amigos, Franco Rossi (18) y Joaquín Alimonda (19).

En el auto también iba Mateo Lezama (18), quien se salvó por estar en el asiento de atrás del conductor.

Duhalde Bisi está acusado de “doble homicidio simple con dolo eventual”, que prevé una condena de 8 a 25 años de cárcel, y, subsidiariamente, de “doble homicidio culposo agravado por la pluralidad de víctimas, el consumo de alcohol y la alta velocidad a la que conducía”, con penas de 3 a 6 años de prisión.

Joaquín Alimonda, Joaquín Duhalde BIssi - el conductor del vehículo- y Franco Rossi eran amigos desde el colegio secundario.

Joaquín Alimonda, Joaquín Duhalde BIssi – el conductor del vehículo- y Franco Rossi eran amigos desde el colegio secundario.

Cuando el Audi A4 impactó contra el guardarrail, lo arrancó completo. “Luego de ingresar por la parte trasera de la rueda delantera derecha, los 25 metros que tiene de largo cruzaron el coche en sentido hacia la izquierda, y salieron”, detallaron fuentes de la investigación.

La pericia del alcoholemia, cuyo test certificado ya está en manos del fiscal, había arrojado que Duhalde Bisi manejó esa madrugada fatal con 1,39 gramos de alcohol por litro de sangre: casi el triple de lo permitido.

Duhalde Bisi no tenía registro. El 31 de octubre pasado se lo retuvieron por no tener la VTV al día del Hyundai a nombre de su mamá que manejaba.

Aunque desde su entorno argumentaron que poseía la licencia digital en la aplicación Mi Argentina, fuentes de la investigación explicaron que en este caso ese registro digital no tiene validez, ya que había quedado incautado por la infracción.

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El calvario de Lucía: el juicio contra el suboficial de la Armada acusado de violarla se postergó para 2024

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La víctima batalló durante cinco años para lograr que la causa llegara al debate oral, suspendido dos veces. El imputado está libre.

“Se me va la vida esperando Justicia”, dice Lucía, como pidió esta ex marinera que la llamen allá por 2016. Por ese entonces, se conoció el calvario que padecía desde 2013 cuando, según su denuncia, un superior comenzó a acosarla y, luego, eso derivó en una situación de abuso en la Base Naval de Ushuaia.

Ahora, a más de 7 años de que comenzara el acoso y a 5 de que ella lo denunciara, Lucía otra vez grita por ayuda: le pidió este miércoles a la Justicia de Tierra del Fuego que revise la decisión de postergar hasta 2024 el juicio contra el acusado

Según le dijo la ex marinera a la agencia de noticias Télam, el Tribunal de Juicio en lo Criminal de Ushuaia decidió una nueva postergación para el inicio de las audiencias hasta el 16 de mayo de 2024.

La Justicia quiere empezar el juicio en tres años, cuando se cumplirán 11 del inicio de los supuestos abusos contra Lucía, de 32 años.

2016. Se conoce un caso del acoso sexual en la base Naval de Uhuaia.

2016. Se conoce un caso del acoso sexual en la base Naval de Uhuaia.

El caso involucra al suboficial Reinaldo Cardozo, de 56 años, a quien le imputan haber abusado de la mujer cuando ella tenía 25 años. Lucía debió someterse a un tratamiento psiquiátrico y psicológico.

Cardozo está acusado de “abuso sexual simple en concurso ideal con abuso sexual agravado con acceso carnal y por pertenecer el imputado a una fuerza de seguridad, los que concurren idealmente con el delito de amenazas coactivas y mediando violencia de género“.

Según especialistas, la causa puede sentar un precedente histórico porque “ventila hechos sucedidos dentro de una institución militar, pone en juego los códigos de silencio entre miembros de la Fuerza y echa luz sobre la violencia de género en ámbitos castrenses”, explicaron fuentes judiciales.

A 17 días

La fecha prevista para el inicio del juicio era el 29 de junio de 2020, pero debido a las restricciones sanitarias por la pandemia de coronavirus, el Tribunal suspendió las audiencias.

Luego, los jueces Alejandro Pagano Zavalía, Maximiliano García Arpón y Rodolfo Bembihy Videla resolvieron esta nueva postergación.

Lucía denunció a un superior.

Lucía denunció a un superior.

Lucía, como pidió siempre que se la identifique para resguardar su identidad, batalló durante 7 años hasta lograr que la justicia procesara a Cardozo por un rosario de delitos que incluyen el abuso sexual, amenazas y la violencia de género, según surge del expediente judicial.

“Se me va la vida esperando Justicia. Me costó mucho romper las cadenas del silencio para poder denunciar lo que me pasó. Fueron años de lucha y padecimientos, tanto físicos como psicológicos, que tuve que atravesar”, contó Lucía.

Lucía y su abogada, Sofía Barbisan, realizaron una presentación para solicitar que se adelante el juicio y no tenga que esperar otros tres años.

“Me genera una angustia tremenda saber que este abusador sigue libre, viviendo una vida normal y en actividad dentro de la Armada, donde yo sufrí su violencia y también la violencia institucional. Confío plenamente en la justicia fueguina, y por ello pido a los jueces que revean esta situación“, sostuvo la ex marinera.

También dijo que solicitó la intervención del Secretario de Derechos Humanos de la Nación, Horacio Pietragalla, y del director nacional de Políticas contra la Violencia Institucional, Mariano Przybylski.

“Necesito que mi caso siente un precedente dentro de las fuerzas armadas, que se termine la violencia de género y la violencia institucional. Y también quiero justicia y tranquilidad“, expresó Lucía, que sigue viviendo en Ushuaia y tiene otro empleo.

Un sueño roto

“Ingresé a la Armada en 2011 porque ser militar era un sueño y un anhelo. Yo veía los uniformes y sentía orgullo. Creía que podía servir a la Patria”, recordó.

Dos años después, comenzó el infierno. Lucía afirma que los abusos se produjeron a partir de 2013, cuando su superior, quien casi la doblaba en edad, estaba casado y tenía hijos, comenzó a acosarla sexualmente, hasta que en uno de esos hechos la encerró en un depósito y la violó. Cardozo era su jefe directo.

Otros abusos y persecuciones se habrían producido en 2014, luego de un período en el que el suboficial no estuvo destacado en Ushuaia. Según Lucía, todavía se paraliza cuando ve un uniforme militar.

“No puedo evitarlo. De hecho junté toda mi ropa castrense y la tiré a la basura. Necesito cerrar esta etapa“, concluyó.

Para entrar a la Armada, Lucía tuvo que realizar el curso en Puerto Belgrano, cerca de Bahía Blanca. Luego regresó a Ushuaia, donde su primer trabajo dentro de la fuerza fue el de camarera en la casa de suboficiales, a quienes les servía la comida.

La mujer comenzó denunciando los hechos ante el superior del suboficial, un militar con el grado de teniente, quien de inmediato le hizo sentir cómo sería la situación.

Tu palabra contra la de él no tiene valor. Además, la Armada te está dando trabajo, una casa, una obra social y la atención para tu hijo (que estaba siendo tratado por una enfermedad en Buenos Aires). No te conviene hacer nada“, le advirtió, según recordó Lucía en un reportaje de 2020.

Como la marinera insistía, comenzaron las “amenazas y persecuciones“: el acusado le bajó todos los conceptos de su legajo personal, por lo que al poco tiempo fue despedida como militar y reincorporada como personal civil.

En 2014, Cardozo fue trasladado a otro destino, pero al año siguiente regresó a Ushuaia y comenzó a acosarla otra vez. Fue ahí cuando la joven decidió hacer la denuncia ante la justicia.

Primero intervino la Justicia Federal, que se declaró incompetente, y después un juez provincial que no halló pruebas contra el acusado, quien fue beneficiado con dos “faltas de mérito”, hasta que el expediente quedó “en reserva” por falta de nuevas evidencias.

Lucía cambió de abogado y logró que la Cámara de Apelaciones apartara al juez y designara a una jueza, María Cristina Barrionuevo, que le dio un nuevo enfoque a la investigación.

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Coronavirus

“Sólo quiero 30 segundos lúcidos”: la emotiva carta de despedida de un investigador del Conicet antes de morir por coronavirus

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Hugo Míguez, doctor en psicología especializado en adicciones, escribió un mensaje con su celular antes de que lo intubaran. Falleció ocho días después.

“Sólo quiero 30 segundos lúcidos. Para poder evocar a los que quise sin que llegue a atraparme la melancolía.

El pedido fue escrito el 12 de abril por Hugo Míguez, un investigador del Conicet jubilado que murió ocho días después por coronavirus. Tenía 75 años.

El mensaje fue parte de una carta de despedida que Míguez escribió en su celular, al ver que su salud se deterioraba. Poco después quedó internado en la terapia intensiva del Hospital Italiano, donde falleció.

En su mensaje agradeció la atención recibida en el hospital. “Bernardo y otros médicos me escucharon. Luego me pusieron una mano en el hombro y se hicieron cargo de mí. No tengo hermanos. Esto ha sido lo más próximo que he descubierto de esa relación. Me protegió. Llamó todos los días a mi hija que amo y la contuvo. Le explicó. La protegió”, remarcó.

A modo de adiós, escribió: “Todavía no se como saldré. Y no me preocupa tanto. Y dicho con humildad. En serio. Saldré con paz y con cariño. Está muy bien. Tengo 75 años. ¡Carpe diem para nosotros todavía!”.

Luego, agregó: “Con estos pensamientos rondando desde hace unos años, muchas veces, me pregunté cómo quería mi salida. Sólo quiero 30 segundos lúcidos. Para poder evocar a los que quise sin que llegue a atraparme la melancolía. Me iré bien. Este hospital y su gente estará también en esos 30 segundos. Gracias, gracias, gracias”.

Graduado de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y de la Escuela de Psicología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Costa Rica, Míguez se especializó en el estudio de las adicciones.

Durante su larga trayectoria académica, trabajó como investigador del Conicet y consultor de diferentes organismos vinculados al tema del abuso del alcohol y las sustancias psicoactivasal. Tras su retiro, decidió seguir formándose y estudió Teoría e Historia del arte en la UBA.

La carta completa

Lunes 12 de abril. Hospital Italiano. Cama 1216… zona de trinchera.

“30 segundos” Busco dejar algo de lo aprendido en estos días de aislamiento, búsqueda de aire, revisión de sentido bajo la pandemia. Algo. Lo que pueda.

Mientras me enfermaba el Covid encontré algo en estas salas, en estos corredores, en la mirada de estas gentes.

Una cultura.

Un pathos.

Una emocionalidad antigua. Comprometida. Algo yaciendo silente, a la par de la ciencia y la tecnología.

Una cultura.

¿Qué significa descubrir una cultura en el Hospital Italiano en medio de un ataque como este?

Mucho.

Significa, contra lo que podría pensarse, que no es el resultado de muchísimas personas. Con roles marcados, tecnicaturas, profesiones, saberes, tecnologías, destrezas.

No. No es sólo eso. Es una matriz acogedora, extraordinariamente cálida y vivificante.

No es una nave científica que va a Marte. No. Esta va a la región más desolada de tu cerebro. Al caldo primordial de donde alguna vez nos arrastramos sin conciencia. Al lugar desde donde nos asusta el final del Covid llevándose nuestro aire.

Va al lado oscuro de tu cerebro para transformarse en una llamita con algo de calor y luz. Una cultura.

Me caí desmayado por la falta de aire y la desesperación y me encontré entrampado entre los muebles de la sala donde terminé. Donde me estrellé en la caída.

Unas manitas de enfermera tiraban de mí, Bibi.

Cuando crees que ya perdiste todo escuchas el braceo enérgico de la que podría ser hasta tu hija llegando a vos.

Braceando como pudo me alcanzó. Me abracé a ella y me di cuenta de que no estaba en un páramo sin vuelta atrás.

Entre todas me acostaron, me calmaron, me dieron su aire.

Una matriz regenerativa que es la que ayuda. Un supraorganismo como un micelio gigante que sustenta, sin que nadie lo vea exactamente, los bosques que lo acompañan.

Una cultura.

Llegué dispuesto a evitar prolongaciones que arañen dos meses más de sobrevida a costa de desesperación.

No rasguñar las piedras para mí.

Bernardo y otros médicos me escucharon. Luego me pusieron una mano en el hombro y se hicieron cargo de mí. No tengo hermanos. Esto ha sido lo más próximo que he descubierto de esa relación.

Me protegió. Llamó todos los días a mi hija que amo y la contuvo. Le explicó. La protegió.

No hay palabras. Es la matriz que regenera. La que de alguna manera cargamos los sapiens cuando nos fuimos de África. Nuestra estrategia. No preguntes por quién doblan las campanas, ya sabemos, suenan por vos y por mí, hermano.

Tuve que partir al servicio de terapia intermedia. Estaba inquieto. Aparecieron kinesiólogos, médicos, enfermeros. El mismo espíritu. Las médicas llamando a mi hija y ayudándola mientras ella me ayudaba a mí.

La matriz regenerativa y matriarcal de la viejísima Europa. Cuando los pueblos como Huyuk no tenían murallas. Los matriarcados de miles de años atrás, que sostenían la cultura. Cuando las culturas matriarcales no habían sido barridas por los caballos de la edad del hierro.

Y de pronto… las manitas de Bibi, el desborde humanista y contenedor de Bernardo, la dulzura de la kinesióloga, la gente que te ayuda de todas las formas porque son una cultura que dice que sos valioso. Seguramente es cierto. Pero es porque te quieren desde lo más básicamente humano.

Una cultura regenerativa que también alcanza a los varones.

Todavía no se como saldré. Y no me preocupa tanto. Y dicho con humildad. En serio. Saldré con paz y con cariño. Está muy bien. Tengo 75 años. ¡Carpe diem para nosotros todavía!

Con estos pensamientos rondando desde hace unos años, muchas veces, me pregunté cómo quería mi salida.

Sólo quiero 30 segundos lúcidos. Para poder evocar a los que quise sin que llegue a atraparme la melancolía.

Me iré bien. Este hospital y su gente estará también en esos 30 segundos. Gracias, gracias, gracias.

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