Connect with us

Ciencia

Del COVID-19 a la “enfermedad X”: un experto en epidemias explica por qué siempre habrá brotes con potencial pandémico

Publicado

on

El doctor estadounidense Jonathan Quick, profesor en las universidades de Harvard y Duke, es un especialista en salud global. En diálogo con Infobae, el autor de “El fin de las epidemias” explicó que si bien la aparición de un nuevo virus pandémico era predecible e inevitable, una crisis de esta magnitud era prevenible

“Es una pesadilla distópica y podría suceder mañana. Una pandemia incontrolable abruma los sistemas de salud pública y acaba con millones de personas en menos de un año. Los negocios y la industria se paralizan. Hasta USD 3 billones -una décima parte del producto interno bruto mundial de Estados Unidos- se evaporan a medida que el miedo a la infección sofoca los viajes, el turismo, el comercio, las instituciones financieras, el empleo y las cadenas de suministro enteras. Los niños dejan de asistir a la escuela. Abundan los rumores; los vecinos culpan a los vecinos. Millones de desempleados pobres, siempre los más golpeados, recurren al robo y a la violencia en un esfuerzo por mantenerse con vida. La gente muere de hambre, incluso en los Estados Unidos. Los que sobreviven se encuentran con la vida dada vuelta”.

Cuando el doctor estadounidense Jonathan Quick, líder en materias de salud global, escribía en el 2018 estas palabras en su libro The End of Epidemics: The Looming Threat to Humanity and How to Stop It (El fin de las epidemias: la inminente amenaza a la humanidad y cómo detenerla, en español) poco se imaginaba que una pandemia de la magnitud que describía llegaría para devastar al mundo apenas dos años después. Claro que había previsto una catástrofe sanitaria similar, pero esperaba que no ocurriera tan pronto, y que cuando llegara, el mundo estuviera más preparado.

Claro que eso no ocurrió, y el mundo entró en caos. Quick -profesor en el Instituto de Salud Global de Duke; en la Facultad de Medicina de Harvard; y en la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Boston- trabajó como director de Medicamentos Esenciales y Política Farmacéutica en la Organización Mundial de la Salud entre 1996 y 2004, y en marzo fue nombrado director ejecutivo del departamento de Respuesta, Preparación y Prevención Pandémicas Pandemic Response, Preparedness, and Prevention de la Fundación Rockefeller.

Jonathan Quick, líder en materias de salud global, autor de "The End of Epidemics", es profesor en el Instituto de Salud Global de Duke; en la Facultad de Medicina de Harvard; y en la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Boston. En marzo fue nombrado director ejecutivo del departamento de Respuesta, Preparación y Prevención Pandémicas Pandemic Response, Preparedness, and Prevention de la Fundación RockefellerJonathan Quick, líder en materias de salud global, autor de “The End of Epidemics”, es profesor en el Instituto de Salud Global de Duke; en la Facultad de Medicina de Harvard; y en la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Boston. En marzo fue nombrado director ejecutivo del departamento de Respuesta, Preparación y Prevención Pandémicas Pandemic Response, Preparedness, and Prevention de la Fundación Rockefeller

Expertos como el doctor Quick o el epidemiólogo Michael Osterholm alertan hace años sobre la necesidad de prepararse para inminentes crisis sanitarias. A nivel mundial, el número de patógenos potenciales es tan grande -y los recursos para investigar enfermedades son tan limitados- que la OMS incluye desde febrero del 2018 a la “enfermedad X” en su lista de enfermedades prioritarias.

La enfermedad X representa el conocimiento de que una epidemia internacional seria puede llegar a ser causada por un patógeno del que actualmente se desconoce la posibilidad de que provoque una enfermedad en el ser humano. La OMS adoptó esta etiqueta para asegurarse de que sus planes sean lo suficientemente flexibles como para adaptarse a un patógeno desconocido, como aclaró el mismo Anthony Fauci, el máximo experto epidemiológico del gobierno estadounidense, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos.

La Bill & Melinda Gates Foundation (con apoyo de PricewaterhouseCoopers) coordinó a un grupo de expertos para crear un plan para atender a una futura enfermedad X, según se detalló en un paper publicado el 16 de octubre de este año en la revista científica The Lancet.

A principio del 2020, varios expertos teorizaron que el COVID-19 era esa enfermedad X, e incluso el ecologista especializado en enfermedades Peter Daszak publicó una columna en The New York Times titulada Sabíamos que venía la enfermedad X. Está aquí ahora. Sin embargo, hoy la OMS clasifica al COVID-19 y a la enfermedad X de manera separada.

La pobreza, uno de los efectos de la devastación de la pandemia en la eocnomía global (REUTERS/Carlo Allegri)La pobreza, uno de los efectos de la devastación de la pandemia en la eocnomía global (REUTERS/Carlo Allegri)

Lo que es seguro es que los brotes de enfermedades conocidas y desconocidas son inevitables, pero la magnitud de su impacto en la humanidad sí puede controlarse. Pero hay que estar listos, claro. En diálogo con Infobae, el doctor Quick explica por qué deberíamos haber previsto esta crisis sanitaria global, qué es lo que hicimos mal y por qué duda de que para la próxima pandemia estemos preparados.

-¿Deberíamos haber previsto esta pandemia y así poder estar preparados?

-Si bien la aparición de un nuevo virus pandémico como el COVID-19 era predecible e inevitable, creo que una pandemia de esta magnitud se podía prevenir. No tenía por qué ser así.

Hay dos lecciones generales que surgen de un análisis cuidadoso de las epidemias y pandemias a gran escala en el último siglo. Primero, siempre habrá brotes de nuevas enfermedades infecciosas como el COVID-19, así como resurgimientos periódicos de enfermedades conocidas como el ébola. En segundo lugar, en gran medida, la diferencia entre un brote de enfermedad a pequeña escala y epidemias regionales devastadoras como el ébola y pandemias catastróficas como el COVID-19 es la acción humana, o, más a menudo, la inacción.

-¿Por qué el mundo no estaba preparado para la crisis de COVID?

-Teniendo en cuenta lo que el mundo ha experimentado con esta pandemia y lo que sabemos sobre el virus SARS-CoV-2, podemos esperar que el COVID-19 nos acompañe durante mucho tiempo. Sin embargo, estoy seguro de que con nuestro ingenio, tenacidad, perseverancia y fe humanos vamos a contener el COVID-19 en la mayor parte del mundo. El tiempo dirá si esto sucederá pronto con vacunas seguras, efectivas y ampliamente administradas, o más tarde, después de sufrir más oleadas, muertes y trastornos económicos.

Tengo menos confianza en que en el futuro recordaremos este momento y tomaremos medidas para prepararnos, y tal vez incluso prevenir, la próxima pandemia que sacuda al mundo. Después de haber abierto nuestras puertas, haber abierto cada grifo de nuestras economías y haber dado un paso atrás en el mundo, ¿descenderemos a un valle de complacencia? ¿O recordaremos y haremos lo que sea necesario para proteger a la humanidad?

-Usted dijo que para luchar con este virus necesitamos “un equipo, un plan”. ¿Podría dar más detalles sobre esta estrategia?

-Detener una pandemia requiere el esfuerzo coordinado de líderes de muchas ramas del sector público, incluidos funcionarios electos, así como líderes de salud pública, atención médica clínica, policía, transporte público y otras áreas. También requiere una estrecha coordinación con el sector privado. Y, sobre todo, requiere la cooperación y el sacrificio de un público informado y confiado. Para tener éxito, todas las partes deben trabajar juntas como un solo equipo, desarrollar un plan y hablar con una sola voz con respecto a los mensajes sobre cómo protestar ellos mismos y sus comunidades.

La diferencia entre un brote de enfermedad a pequeña escala y epidemias regionales devastadoras como el ébola y pandemias catastróficas como el COVID-19 es la acción humana, o, más a menudo, la inacción, afirma Quick (REUTERS/Kim Hong-Ji)La diferencia entre un brote de enfermedad a pequeña escala y epidemias regionales devastadoras como el ébola y pandemias catastróficas como el COVID-19 es la acción humana, o, más a menudo, la inacción, afirma Quick (REUTERS/Kim Hong-Ji)

-¿Qué países estaban mejor equipados para combatir este virus e implementaron con éxito estrategias para proteger a su gente?

-Países como Corea del Sur, Singapur y Australia, que habían experimentado el SARS en 2003 -y Corea del Sur también el MERS en 2012- estaban mucho mejor preparados. Tailandia, Japón y varios otros países asiáticos también lo hicieron muy bien porque estaban preparados y porque sus poblaciones respondieron con un mayor sentido de solidaridad.

Cuando se trata de decisiones sobre la apertura de lugares de trabajo, escuelas, deportes y otras partes de la vida comunitaria,las dicotomías de “abierto o cerrado” y “salvar vidas o salvar la economía” son claramente opciones falsas.  Las decisiones y comunicaciones públicas sobre la restricción de cualquier parte de la sociedad, en primer lugar, deben considerar la escala y la dinámica de la enfermedad de la pandemia de COVID-19 a nivel nacional y local. En la medida de lo posible, deberían ser informados por una revisión desapasionada de la experiencia de todo el país y de otros países.

Dependiendo del país, el éxito se ha atribuido a diversas combinaciones de bloqueos por tiempo limitado, enmascaramiento facial, distanciamiento, lavado de manos, evitación de entornos de alto riesgo, pruebas a gran escala y un seguimiento de contactos vigoroso. La información disponible también apunta a las diferencias en la cultura y los patrones de interacciones sociales diarias como factores que afectan la propagación del COVID-19. Las tasas de mortalidad también varían mucho entre países, y las diferencias se atribuyen de diversas formas al acceso al tratamiento, la calidad de la atención, la prevalencia de enfermedades como la obesidad y las enfermedades crónicas, la distribución nacional por edades y otros factores.

-¿De qué manera las fake news y la falta de comunicación por parte de figuras públicas ayudaron a propagar el virus y a generar confusión?

-Cuando los líderes actúan con urgencia, decisión y coraje, pueden derrotar a los enemigos virales más letales. El 11 de marzo de 2020, la OMS clasificó al COVID-19 como una pandemia mundial. A pesar de esta clara señal de la amenaza que representa el COVID-19, a los líderes de algunos países les costó responder, no estaban preparados y fueron tomados por sorpresa. Los gobiernos no aseguraron a tiempo las pruebas, el equipo de protección personal, los respiradores ni las camas de hospital. Los retrasos en la implementación de cierres u otras medidas de distanciamiento social resultaron en pérdidas de vidas adicionales e innecesarias.

De hecho, varios líderes mundiales han tenido una actitud desdeñosa hacia la pandemia. El presidente Trump ha vacilado entre descartar el virus como insignificante y un engaño para declarar la guerra. Se ha negado a usar máscara ante la cámara, a pesar de que los miembros del personal de la Casa Blanca habían dado positivo.

La canciller de Alemania, Angela Merkel, con un doctorado en química cuántica, navega por el liderazgo y las situaciones difíciles con el enfoque riguroso de un científico (Olivier Matthys/Pool via REUTERS/File Photo)La canciller de Alemania, Angela Merkel, con un doctorado en química cuántica, navega por el liderazgo y las situaciones difíciles con el enfoque riguroso de un científico (Olivier Matthys/Pool via REUTERS/File Photo)

Las mejores herramientas para combatir las enfermedades son la comunicación confiable, la escucha atenta y el compromiso local. La comunicación coherente basada en hechos es esencial para tener éxito contra una pandemia, especialmente en el contexto de la incertidumbre, el miedo y la ansiedad que las pandemias suelen generar. La canciller de Alemania, Angela Merkel, con un doctorado en química cuántica, navega por el liderazgo y las situaciones difíciles con el enfoque riguroso de un científico. Ha compartido información sobre el coronavirus basada en datos y ha sido transparente sobre lo que ella y su círculo de expertos saben y no saben. Este enfoque de las comunicaciones pandémicas contrasta con el pronunciamiento del presidente Bolsonaro de que el virus es solo una “pequeña gripe”, o una de las declaraciones más audaces del presidente Trump, repetida en público al menos 15 veces, que dice: “Un día, como un milagro, desaparecerá.”

En una entrevista del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, John Barry, historiador y autor de la pandemia, dijo que lo principal que aprendió mientras investigaba la icónica pandemia de influenza de 1918 fue la importancia de la verdad: “Las personas con autoridad deben decir la verdad”.

-¿Cuál fue la razón principal por la que Estados Unidos no logró manejar la crisis?

-La principal razón por la que Estados Unidos falló fue la falta de un liderazgo fuerte, coordinado y basado en la ciencia por parte del presidente. Estados Unidos habría tenido muchas menos muertes -especialmente entre las minorías y las poblaciones vulnerables- si el presidente Trump, los miembros del gabinete y todos los gobernadores, independientemente del partido político, hubieran dado los mismos mensajes de salud pública claros y consistentes sobre el enmascaramiento, el distanciamiento y evitar los entornos de alto riesgo.

-¿Qué pasará en el mundo cuando las vacunas estén listas? ¿Se erradicará esta enfermedad o es una quimera?

-A pesar del récord de más de 100 vacunas candidatas, es probable que sea a mediados de 2021 o más tarde que tengamos una vacuna segura, eficaz y ampliamente disponible. Mientras tanto, nuestro único recurso es reducir la transmisión de persona a persona.

Prevenimos los brotes de enfermedades infecciosas cuando una parte suficientemente alta de la población (el “rebaño”) ha desarrollado inmunidad, ya sea por inmunización o por haber desarrollado inmunidad por infección. Para lograr la inmunidad colectiva, se estima que entre el 60 y el 70% de la población necesitaría vacunarse o tener inmunidad duradera frente a una infección previa. Dado que la mayoría de las vacunas en desarrollo requieren dos dosis, incluso si se determinara que entre el 5 y el 10% de la población tiene inmunidad duradera, se necesitarían entre 9 y 10 mil millones de dosis.

No existe una vacuna probada para el SARS y el MERS, los otros dos coronavirus mortales, pero los científicos actualmente creen que la inmunidad inducida por infecciones dura de 24 a 34 meses para estos virus. Para el COVID-19, los investigadores se centran intensamente en determinar el alcance y la duración de la inmunidad protectora tanto de la vacuna como de una infección previa.

Más del 90% de eficacia de al menos dos vacunas y resultados muy prometedores para al menos dos vacunas más han sido enormemente alentadores. Estados Unidos y el Reino Unido anticipan la vacunación de los trabajadores de la salud y las poblaciones más vulnerables.

A pesar del récord de más de 100 vacunas candidatas, es probable que sea a mediados de 2021 o más tarde que tengamos una vacuna segura, eficaz y ampliamente disponible (Frank Augstein/Pool via REUTERS/File Phot)A pesar del récord de más de 100 vacunas candidatas, es probable que sea a mediados de 2021 o más tarde que tengamos una vacuna segura, eficaz y ampliamente disponible (Frank Augstein/Pool via REUTERS/File Phot)

-Considerando la Enfermedad X, catalogada por la OMS como una de las mayores amenazas por venir, ¿cree que habrá peores pandemias en el futuro?

-Con el crecimiento de la población, la urbanización, los viajes internacionales, las desigualdades en el acceso a la atención médica, el calentamiento global y otros factores de riesgo, seguirá habiendo brotes de enfermedades con potencial pandémico. La gravedad de estos brotes dependerá mucho más de nuestra preparación y respuesta que del virus mismo.

-¿Son las zoonosis nuestra mayor amenaza?

-Tres cuartos de los nuevos patógenos se propagan de animales a humanos. La invasión humana de tierras anteriormente salvajes, la deforestación y el comercio no regulado de animales vivos se encuentran entre las acciones humanas que aumentan la posibilidad de pandemias catastróficas.

-¿Qué podemos hacer para estar preparados?

Liderazgo fuerte, sistemas de salud resilientes, prevención activa, comunicación eficaz, innovaciones revolucionarias, inversiones inteligentes y ciudadanos comprometidos. Nosotros podemos hacer que el mundo esté mucho más seguro frente a la próxima pandemia de influenza, coronavirus o algún virus aún desconocido.

Siempre habrá brotes de enfermedades locales de virus conocidos y previamente desconocidos. Pero los científicos y los funcionarios de salud pública saben cómo hacer que el mundo sea más seguro reduciendo el riesgo de que estos brotes se conviertan en pandemias globales. Los sistemas nacionales de salud pública sólidos y las agencias internacionales sólidas son vitales para garantizar la seguridad sanitaria para todos. En 2005, el experto en enfermedades infecciosas Michael Osterholm, en un artículo de Foreign Affairs, advirtió que “la llegada de una influenza pandémica desencadenaría una reacción que cambiaría el mundo de la noche a la mañana”. Terminó su predicción, que esencialmente se cumplió en 2020, diciendo que “este es un punto crítico en nuestra historia. Se está acabando el tiempo para prepararse para la próxima pandemia. Debemos actuar ahora con decisión y determinación “. Esto fue hace 15 años, pero los hospitales de todo el mundo no estaban preparados y todavía no están preparados para situaciones como la pandemia de coronavirus.

Sabemos cómo hacer que el mundo esté más seguro frente a las amenazas de una pandemia. El costo de hacerlo es asequible para el mundo: una fracción del costo humano y económico que se genera cuando se permite que las pandemias exploten en todo el mundo como lo ha hecho el COVID-19.

(Visited 27 times, 1 visits today)
Comentá aquí

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ciencia

Un nuevo protocolo antes de decidir desconectar a un paciente

Publicado

on

Por

Los ensayos de duración limitada ofrecen a los pacientes de la UCI y a sus familias una opción ante las escasas probabilidades.

En 2019, el doctor Richard Leiter, especialista en cuidados paliativos, conoció a un paciente y a la esposa del hombre en la unidad de cuidados intensivos del Brigham and Women’s Hospital de Boston.

El paciente, de unos 70 años, tenía una enfermedad cardíaca y problemas renales.

Pero había estado viviendo en su casa y se encontraba razonablemente bien hasta que la sepsis, una infección del torrente sanguíneo potencialmente mortal, lo envió a urgencias.

Trabajadores sanitarios atienden a un paciente con COVID-19 en el Hospital Llavallol en Buenos Aires. Foto AP Photo/Natacha Pisarenko.

Trabajadores sanitarios atienden a un paciente con COVID-19 en el Hospital Llavallol en Buenos Aires. Foto AP Photo/Natacha Pisarenko.

Llevaba ya varios días conectado a un respirador artificial y necesitando fármacos para evitar que su presión arterial cayera en picada.

Ahora, “sus riñones ya no funcionaban y no se despertaba en absoluto”, recuerda Leiter, y añade: “Nos preocupaba mucho que no fuera a sobrevivir”.

Cuando el equipo de cuidados paliativos renales -que incluye una enfermera y un trabajador social, así como un nefrólogo de consulta- se reunió con la mujer del hombre para hablar del tratamiento, le propuso lo que se conoce como un ensayo de duración limitada, en el que el tratamiento de mantenimiento de la vida continúa durante un período acordado para ver cómo responde el paciente.

Leiter explicó que el equipo podía probar la diálisis continua, que podría hacer lo que los riñones del hombre ya no podían: eliminar las toxinas y los líquidos de su cuerpo para que pudiera recuperar la conciencia.

Pero “no estábamos seguros de que la diálisis sirviera de algo”, recuerda haberle dicho Leiter.

El equipo no era optimista.

Además, la diálisis continua implica la implantación de un gran catéter en el cuello, un procedimiento invasivo que se suma a las incómodas medidas que el paciente ya estaba soportando.

Su mujer informó de que él valoraba su independencia y su conciencia mental.

Si el hombre se estaba muriendo, la diálisis podría simplemente prolongar su sufrimiento; si sobrevivía, podría quedar gravemente afectado.

Ella comprendía los riesgos, recordó Leiter.

 “Me dijo: ‘Comparto tu preocupación, pero necesito saber que lo he intentado’“.

Aceptó someterlo a diálisis las 24 horas del día durante tres días.

Si la presión arterial de su marido se estabilizaba y se despertaba, el equipo continuaría el tratamiento.

Pero si seguía inconsciente, explicó Leiter a la mujer, eso indicaba que era poco probable que su marido se despertara.

En ese caso, el equipo mantendría al paciente cómodo mientras le retiraban los dispositivos y fármacos de soporte vital.

Opción​

Aunque hay pocos datos sobre la frecuencia con la que los médicos de cuidados intensivos sugieren un ensayo de duración limitada, “está ganando adeptos como forma de relacionarse con los pacientes y las familias en las UCI”, dijo el Dr. Douglas White, que dirige el Programa de Ética y Toma de Decisiones en Enfermedades Críticas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Pittsburgh.

Este enfoque puede recibir un impulso gracias a un estudio realizado en tres grandes hospitales de Los Ángeles y publicado recientemente en JAMA Internal Medicine.

Los investigadores formaron a los miembros del personal de la UCI, entre ellos unos 50 médicos, para que utilizaran ensayos de duración limitada cuando se reunieran con los familiares que tomaban las decisiones de los pacientes que estaban demasiado enfermos para dirigir su propia atención.

“La situación típica es que el equipo médico es pesimista”, dijo el doctor James A. Tulsky, médico de cuidados paliativos del Instituto Oncológico Dana Farber de Boston y coautor de un editorial que acompaña al estudio.

“Los pacientes están muy enfermos y al equipo le preocupa que las probabilidades de supervivencia, con cualquier tipo de calidad de vida aceptable para el paciente, sean muy bajas”, dijo.

“Sin embargo, la familia mantiene la esperanza de que algo cambie. Puede haber mucho conflicto en torno a esto”.

Un ensayo limitado en el tiempo -se utilice o no ese término preciso por parte del personal de la UCI- incorpora varios elementos clave.

El equipo médico pregunta a los familiares sobre lo que le importa al paciente, incluidos los esfuerzos médicos que aceptaría o rechazaría.

Si los médicos proponen un tratamiento, como un ventilador para ayudar a un paciente a respirar o un dispositivo para ayudar a un corazón vacilante, explican no sólo los posibles beneficios sino también los inconvenientes.

“Estas intervenciones son potencialmente dolorosas, carecen de dignidad y son tremendamente gravosas“, afirma Tulsky.

A menudo, hay que sedar a los pacientes de la UCI para que no intenten sacar los incómodos tubos y catéteres respiratorios.

El equipo y la familia acuerdan un tiempo determinado para probar el tratamiento, que puede ser de 24 a 48 horas o unos días, según la terapia y el estado del paciente.

A continuación, el personal traza los marcadores concretos que mostrarán si el paciente está mejorando.

Tal vez pueda respirar con menos apoyo del ventilador, o reciba resultados alentadores de los análisis de sangre, o recupere la conciencia.

Entonces, podrá abandonar la UCI para recibir los cuidados hospitalarios habituales.

“Queremos poder decir que le hemos dado el tiempo suficiente para ver cómo le va a ir”, dijo el Dr. Dong Chang, especialista en cuidados críticos del Centro Médico Harbor-UCLA y autor principal del estudio.

“Lo único que no queremos es continuar indefinidamente“, dijo.

Cuando los pacientes no cumplen los objetivos especificados, añadió, “eso suele ser una señal de que no van a mejorar: fallecerán o acabarán en un estado que no desearían”.

En ese caso, la familia puede optar por un tratamiento menos agresivo o por cuidados de confort.

El estudio de Los Ángeles, en el que participaron unos 200 pacientes de la UCI con una edad media de 64 años, demostró la gran diferencia que puede suponer este enfoque.

La mitad de los participantes fueron tratados antes de que los hospitales adoptaran los ensayos de duración limitada; los investigadores compararon sus resultados con los de los pacientes tratados después de que dichos ensayos se convirtieran en práctica habitual.

Al principio, el 60% de los pacientes se reunía formalmente con la familia para sopesar las decisiones.

Después de que los hospitales introdujeran los ensayos de duración limitada, casi el 96% de las familias tuvieron reuniones formales, y éstas tuvieron lugar mucho antes, un día después del ingreso del paciente, en lugar de cinco días.

Las sesiones tenían muchas más probabilidades de incluir discusiones sobre los valores y preferencias del paciente y sobre los riesgos y beneficios del tratamiento.

La duración media de la estancia se redujo en un día, un cambio significativo.

Y lo que es más importante, la proporción de pacientes que permanecieron durante semanas en la UCI se redujo drásticamente, quizá porque menos recibieron tratamientos invasivos más tenían órdenes de no reanimación.

Sin embargo, la tasa de mortalidad fue prácticamente la misma -y elevada, casi un 60%- en ambos grupos.

“Nos tranquilizó saber que no estábamos empujando a los familiares a situaciones incómodas, empujándolos a reducir los tratamientos para alguien que habría sobrevivido”, dijo Chang.

Los ensayos de tratamiento coinciden con lo que muchos pacientes dicen a sus médicos, dijo White: “Dicen cosas como: ‘Si puedes sacarme de esto rápidamente, por supuesto. Pero no me mantengas con máquinas a largo plazo‘”.

Decisiones difíciles

Los ensayos también pueden ayudar a las familias que se enfrentan a decisiones aplastantes, y que a menudo sufren culpa y dudas tras la estancia de sus seres queridos en una UCI.

“La gente es muy humana en su forma de reaccionar ante una mala noticia impactante”, dijo White. “Puede llevar tiempo asimilarlo“.

Los ensayos de tratamiento proporcionan ese tiempo y ofrecen una tercera opción: un punto intermedio entre autorizar todos los procedimientos agresivos posibles o suspender las medidas de mantenimiento de la vida.

Para las familias, dijo Chang, “participar en estas conversaciones, ver cómo se desarrolla el tratamiento ante ti, puede ser un estímulo.

 ‘Ahora veo lo que ven los médicos. Entiendo por qué creen que no va bien'”.

En una UCI en la que nadie sugiere una estrategia de este tipo, los propios familiares pueden preguntar: ¿Podemos hacer una prueba de tiempo limitado, si hay algo que crees que puede ayudar?

“El personal entendería lo que significa, y creo que respondería positivamente”, dijo Leiter.

Su paciente en el Brigham and Women’s Hospital, incluso con diálisis continua, nunca se despertó, recordó Leiter: “Cuando pasaron tres días, su mujer dijo: ‘Basta. Hagamos lo posible para que muera en paz'”.

Ella y sus hijos se reunieron mientras el equipo le suministraba analgésicos y retiraba los tubos y la maquinaria.

Mientras mantenían la vigilia, el hombre murió en cuestión de horas.

(Visited 3 times, 1 visits today)
Seguir leyendo

Ciencia

Entrenan abejas para “sacar la lengua” al oler el covid-19

Publicado

on

Por

Un grupo de científicos neerlandeses aprovecha el excelente sentido del olfato de las abejas para que detecten personas contagiadas.

Hacerse una PCR ha sido una experiencia poco agradable para muchos esta pandemia, lo que ha llevado a un grupo de científicos neerlandeses a buscar alternativa de diagnóstico: aprovechar el excelente sentido del olfato de las abejas para que detecten los contagios, haciendo que “saquen la lengua” cada vez que huelan los cambios que la covid-19 provoca en el cuerpo humano.

El coronavirus, al igual que muchas otras enfermedades, provoca cambios metabólicos en el organismo que hacen que el cuerpo emita un olor específico.

Frente a esto, las abejas, que son capaces de localizar una flor a varios kilómetros de distancia, se pueden entrenar cual perros para que reconozcan el olor que desprenden muestras infectadas con el SARS-CoV-2, el virus que provoca el covid-19, y prepararlas para ser unas auténticas PCR.

Entrenan abejas para "sacar la lengua" al oler covid-19.

Entrenan abejas para “sacar la lengua” al oler covid-19.

Se entrenan en cuestión de minutos, son un animal accesible en todos los países del mundo y, aunque provoquen fobias a ciertas personas, las abejas pueden ser algo más agradables si se comparan con los hisopos que se usan para las PCR, lo que hace que esta técnica, “BeeSense”, sea muy tentadora, en especial dada la escasez mundial y la necesidad de los test de diagnósticos.

“Lo maravilloso de las abejas es que tienen una capacidad olfativa muy fuerte, son como los perros, y pueden incluso detectar cambios menores. Pueden hacer cosas fascinantes”, dijo  Aria Samimi, director de la Startup InsectSense, que unió fuerzas con el laboratorio neerlandés Wageningen Bioveterinary Research (WBVR) para hacer sus ensayos y ver cómo las abejas pueden detectar si una persona está o no enferma de covid-19.

Recuerda que los confinamientos decretados en diferentes países durante la pandemia fueron porque “no teníamos sistemas de diagnóstico suficientes como para separar a las personas contagiadas del resto, y esto es algo que las abejas pueden aprender en pocos minutos, en comparación con los perros, y tan pronto como aprendan, podrán hacer las detecciones en pocos segundos”.

150 ABEJAS ENTRENADAS

La investigación aún se encuentra en su etapa inicial. Fueron entrenadas más de 150 abejas en el laboratorio con muestras infectadas con el SARS-CoV-2 de visones y humanos, dándoles una solución de agua azucarada como recompensa cuando tenían que oler el metabolismo relacionado con el covid-19, lo que les ha enseñado a extender la lengua para alcanzar el dulce.

Un grupo de científicos neerlandeses aprovecha el excelente sentido del olfato de las abejas para que detecten personas contagiadas.

Un grupo de científicos neerlandeses aprovecha el excelente sentido del olfato de las abejas para que detecten personas contagiadas.

“Al repetir esta acción varias veces, las abejas asociaron la recompensa con el aroma como estímulo. Con este condicionamiento repetido, pronto las abejas comenzaron a extender la lengua solo para el olor, sin que se ofreciera una recompensa como seguimiento”, explican los científicos.

De salir adelante con todas las garantías, puede convertirse en una técnica “muy útil para prevenir y gestionar los futuros brotes”” de cualquier virus a gran escala, dice Samimi.

“Es globalmente accesible, no solo para países desarrollados sino también para los que tienen bajos ingresos”, insiste.

NO HAY QUE TENERLES MIEDO

Samimi calma a los más escépticos que ponen la apifobia sobre la mesa: la idea no va de dejar rondar a las abejas a su aire por los aeropuertos o los hospitales, y que vayan sacando la lengua cada vez que huelan el covid-19.

El planteamiento requiere un biosensor, dentro del que se colocarían las abejas. La gente puede respirar dentro, o a través de otra herramienta que acerque las muestras a las abejas.

Por tanto, el siguiente paso es trabajar en la “escalabilidad” de este enfoque y, dado que las abejas son accesibles a nivel mundial, lo único que la gente necesita es una máquina para poder entrenar a estos insectos.

No hay peligro de que las abejas propaguen la enfermedad: no son sensibles al virus y no entran en contacto directo con él durante los ensayos.

No hay peligro de que las abejas propaguen la enfermedad: no son sensibles al virus y no entran en contacto directo con él durante los ensayos.

InsectSense ya ha desarrollado varios prototipos de aparato que puede entrenar simultánea y automáticamente a varias abejas, y un biosensor que despliega a las abejas entrenadas para el diagnóstico.

“Esta tecnología puede ser un sistema de diagnóstico muy eficaz para los países de bajos ingresos que enfrentan desafíos para acceder a la infraestructura y las tecnologías” de diagnóstico necesarias, añade la empresa.

En principio, tampoco hay peligro de que las abejas propaguen la enfermedad: no son sensibles al virus y no entran en contacto directo con él durante los ensayos.

(Visited 4 times, 1 visits today)
Seguir leyendo

Ciencia

Cuántos millones de Tyrannosaurus rex habitaron la tierra: la cifra que no deja de sorprender

Publicado

on

Por

Un estudio publicado en la revista Science calculó la población de esta especie icónica que vivió hace 65 millones de años.

El Tyrannosaurus rex es seguramente la especie de dinosaurio más icónica. Todos tenemos en la mente las imágenes de la película Jurassic Park y como ese colosal animal era capaz de comerse a una persona de un bocado.

Estos dinosaurios vivieron a finales del período Cretácico hace unos 65 millones de años aproximadamente, son uno de los terópodos carnívoros conocidos de mayor tamaño (13 metros de largo y 4 metros de altura) y su hábitat era lo que es hoy América del Norte, pero… ¿Sabemos si era un dinosaurio muy extendido? ¿Cuántos T. rex vivieron en esa época?

Un nuevo estudio, publicado en la revista Science, ha determinado que vivieron en la Tierra aproximadamente 2.500 millones de individuos.

El cráneo de un Tyrannosaurus rex joven, expuesto en el Museo de las Rocosas en Bozeman, Mont. Crédito...Millard H. Sharp/Science Source

El cráneo de un Tyrannosaurus rex joven, expuesto en el Museo de las Rocosas en Bozeman, Mont. Crédito…Millard H. Sharp/Science Source

El equipo de investigadores, liderados por el paleontólogo de la Universidad de California Charles R. Marshall, aprovechó la relación entre masa corporal y densidad de población observada en animales vivos para estimar los rasgos de población de esta icónica especie extinta hace tanto tiempo.

Sus hallazgos sugieren que cerca de 20.000 T. rex vivieron simultáneamente en algún momento durante su permanencia en la Tierra y persistieron durante unas 127.000 generaciones. Estas estimaciones ofrecen un total aproximado de 2.500 millones de individuos durante toda la existencia de la especie.

Además, los autores estiman que la densidad de población de la especie equivalía a 3.800 T. rex en un área del tamaño de California, equivalente a solo dos animales en un área del tamaño de una ciudad como Washington D.C, de tamaño similar a la ciudad de Barcelona.

Los resultados también permitieron al equipo de Marshall determinar que solo alrededor de 1 de cada 80 millones de T. rex sobrevivió al paso de las eras en forma de restos fosilizados.

Una niña ciega toca una reproducción del dinosaurio Tyrannosaurus rex durante una visita guiada para personas con discapacidad visual en el Museo de Historia Natural de Viena, Austria Foto archivo. EFE/Christian Bruna

Una niña ciega toca una reproducción del dinosaurio Tyrannosaurus rex durante una visita guiada para personas con discapacidad visual en el Museo de Historia Natural de Viena, Austria Foto archivo. EFE/Christian Bruna

Método que sirve para otras criaturas extintas

Los autores aseguran que el marco que han desarrollado podría aplicarse a cualquier criatura extinta disponiendo de los datos adecuados. Esto abre la puerta a una serie de nuevas investigaciones sobre otras cuestiones paleoecológicas y tafonómicas.

“Se puede aprender mucho del registro fósil sobre especies extintas como los dinosaurios. Sin embargo, debido a la naturaleza fragmentada del registro, la comprensión de variables ecológicas como la densidad y la abundancia de la población sigue siendo un reto”, explican los autores.

Cuando se quiere calcular la población existente de una especie viva, la forma de comprender mejor estas variables es mediante el uso de la relación establecida entre la densidad de población y la masa corporal. Lo que se conoce como Ley de Darmuth establece que la densidad media de la población de una especie disminuye con el tamaño corporal a un ritmo predecible.

Aplicando la Ley de Darmuth y la gran cantidad de datos paleontológicos del enorme T. rex, Charles Marshall y sus colegas calcularon los rasgos a nivel poblacional y la tasa de conservación de fósiles de la especie.

(Visited 9 times, 1 visits today)
Seguir leyendo

Más Visitadas