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Claudio Turco García y la vuelta a la fama con MasterChef: “La droga tiene tres caminos que son la cárcel, el hospital y el cementerio; yo elegí salir”

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Jugó en Huracán y Racing, entre otros. Fue bicampeón de la Copa América. Así y todo, admite que nunca vivió un momento de tanta popularidad como ahora, que llegó a la televisión con el popular reality de la cocina.

Nació en Villa Fiorito durante la década del sesenta, les hizo un gol a los ingleses y metió otro con la mano vestido de celeste y blanco. Si se tratara de Clue, el popular juego de detectives y misterio, descubrir al personaje detrás de la escena sería muy fácil con estas pistas. Sin embargo, no se trata de Diego Armando Maradona. Como el astro del fútbol mundial que murió en este noviembre negro, Claudio Omar García, el Turco, reúne todas estas referencias. También, una mucho más oscura.

“¿Sabés que tenés razón? Jaja… Eso es lo más cerca que estuve de parecerme a Diego. Y por el tema que todos saben, la adicción y el tema de los hijos, jaja”, dice el Turco -apodo que lo acompaña desde su etapa de futbolista y hoy conserva en su explosión popular a partir de Masterchef-, quien por estas horas admitió que tiene un hijo de una relación extramatrimonial.

Aquel delantero potente, encarador, asistidor, que brilló en los ochenta y los noventa, experimenta una fama inesperada desde que se incorporó al programa de cocina que rompe ratings en la televisión argentina. Jugó en Huracán, Vélez, Olympique de Lyon, Racing, Colón, All Boys, Independiente Rivadavia hasta retirarse en el Real Jaén CF de España en el comienzo del siglo XXI. Fue bicampeón de la Copa América con la Selección Argentina. No obstante, nunca fue tan reconocido como en estos tiempos.

La cocina, su nuevo hábitat. "En mi puta vida (sic) había prendido una hornalla", dice el Turco.

La cocina, su nuevo hábitat. “En mi puta vida (sic) había prendido una hornalla”, dice el Turco.

“Me está pasando algo que no me sucedió ni cuando jugaba en la Selección. Chicos de cinco años, adolescentes, señoras de mi edad… Todos me saludan, me piden fotos. Con los pibes parezco Piñón fijo. Soy un agradecido de la vida de que a los 57 años me esté pasando esto, justo en un momento tan nefasto para la humanidad. Muchos la pasan mal y yo tuve estos meses de felicidad, ¡qué injusta es la vida! Fue un año de mierda, pero a mí me está yendo bárbaro. No lo puedo creer”, reconoce mano a mano con Clarín.

-¿Habías cocinado alguna vez en tu vida?

-En mi puta vida (sic) prendí una hornalla. Compraba milanesas hechas y las freía. Yo iba a bailar con Sofi Macaggi en el Bailando, pero no se terminó de arreglar. Entonces, me llama Solcito para MasterChef. Me preguntó: “¿Sabés cocinar?”. Y yo le contesté: “No”. Ahí mismo, manotea el teléfono mi mujer. Yo les dije que no me quería ir el primer programa, pero la primera vez hice molleja con caviar, creí que era mermelada. Y el domingo, cuando me fui, tuve una despedida que hubiera querido tener en el fútbol. Me gusta que la gente conozca a Claudio García humano, no al jugador.

-¿Qué fue lo que más te sorprendió desde que arrancaste el programa?

-Los nenes de 4 o 5 años, que me decían: “Turco, no te vayas a ir que me voy a poner a llorar”. Me mandaban videos llorando. Yo les digo que estoy contento, que me divertí mucho, no sé qué explicarles. En Twitter tenía 20 mil seguidores; hoy, 380 mil. Mi hijo que sabe de redes no lo puede creer.

-El domingo dijiste en el prime time, cuando quedaste eliminado del concurso: “Hace 15 años era un muerto en vida”. Y te largaste a llorar. ¿Qué imagen se te cruzó por la cabeza en ese momento?

-No es que era un muerto en vida. Hace 15 años estaba esperando morirme. Mi señora hizo un esfuerzo enorme. Me dijo: “Yo te voy a recuperar como persona, quiero que los chicos vean un padre, no que vean una persona enferma”. Fueron años de lucha, de bancarme, de seguirme, todo esto se lo debo a Mariela. Yo estaba enfermo, no quería escuchar a nadie y ella seguía confiando en mí. Por eso el domingo, cuando miramos el programa, lloramos abrazados. “Mirá lo que logramos juntos”, le decía. Y yo quiero que a toda la gente le quede como ejemplo, que sepa que nunca está todo perdido.

-¿Cómo manejaste la adicción?

-Un día dije: “Ya no doy más”. Y me fui a hacer el laser (sic) a Río Cuarto con el doctor (Jorge) Custo. El 11 de febrero de 2008 empecé el tratamiento psicólogo en Villa María. Día a día, la gente me iba viendo mejor, yo me veía bien y tenía motivación. No tuve una recaída, que a veces sirve para comparar lo bueno y lo malo. Llevo 13 años sin consumir. La verdad es que estoy feliz, disfruto a mis seis hijos, a mis siete nietos y a la gente. Yo primero quise salir por mí. Si no te querés vos como persona, ¿a quién podés querer?

El Turco García y su mujer, Mariela Prieto. Foto: Instagram

El Turco García y su mujer, Mariela Prieto. Foto: Instagram

-¿Tuviste suerte? Muchos quedan en el camino.

-Yo creo que más que suerte, tuve voluntad y mucho amor propio. Y darme cuenta que estaba enfermo, que me estaba muriendo. La droga, generalmente, tiene tres caminos: cárcel, hospital y cementerio. Hay un cuarto, que es el que tomé yo, salir de ella.

-¿Te preguntaste por qué caíste en la droga?

-Nunca… Fue una boludez. Por ahí, cuando dejé el fútbol, todos los días eran iguales. Pero no es una excusa. ¿Cuánta gente se queda sin trabajo y sin plata? Yo estaba bien económicamente, pero me sentía vacío, sin compromisos… Cuando veo a algún chico le digo “no pruebes” porque después se hace muy difícil salir.

-Das charlas para chicos y adolescentes, ¿es una forma de lavar culpas?

-No, culpa no tengo. Lo hago para ayudar, para que la gente pueda salir.

Con Diego. Maradona y el Turco García nacieron en Fiorito y fueron grandes amigos.

Con Diego. Maradona y el Turco García nacieron en Fiorito y fueron grandes amigos.

-Naciste en Fiorito, fuiste amigo de Diego, ¿por qué nunca jugaron juntos?

-Sólo jugué con él un amistoso en Recife con la Selección. Y lo llevé a Racing en el 95. Me llevo los mejores recuerdos, estuve muy cerca suyo. Cuando la gente del fútbol se fue de su lado, se cayó. Últimamente, estaba secuestrado, nadie lo podía ver, es algo que no termino de entender. A Diego lo mató no seguir jugueteando con el balón, no poder hacer jueguito. Eso, sumado a la pandemia… La verdad, todos esperábamos esto, antes decíamos que se iba a morir, pero pasó y no lo podemos creer.

-¿Nunca se cruzaron en el barrio de chiquitos?

-No, porque era tres años más grande que yo. Los lunes no había entrenamientos. Entonces, jugábamos el domingo y nos íbamos a los boliches. A Diego lo conocí cuando íbamos a bailar aunque, si me preguntan, yo digo que fue en una iglesia.

El Globo, el club de sus amores. El Turco es hincha de Huracán, pero está dolido porque no lo llamaron para trabajar.

El Globo, el club de sus amores. El Turco es hincha de Huracán, pero está dolido porque no lo llamaron para trabajar.

¿Cómo estás viviendo el duelo?

-La verdad, recién ahora estoy cayendo. Estaba en la Casa Rosada y Dalmita me decía: “No lo puedo creer”. Yo pensaba: “Ahora levanta la tapa y sale caminando”. Diego unió camisetas, religiones, la gente pasaba y decía frente al cajón: “Gracias por acordarte de los pobres”. Era humilde, generoso… Te hablo del Diego que conocí yo porque últimamente era otro Diego. No era el que estaba con nosotros en la cancha. Sufría dolores, estaba en un playroom cuando podía tener una casa bien acondicionada. No sé por qué no tuvo una ambulancia, no había un desfibrilador… Desde que dejó de verlo la banda del 86 cambió todo.

-¿Sentís que lo abandonaron, que no tuvo las mismas oportunidades que vos?

-Y… Es difícil decir eso. Diego era muy testarudo. Él estaba enojado conmigo. A Diego le tenías que decir que una pared era azul por más que fuera negra. Yo no tenía ningún temor en decirle la verdad. Yo lo quería ayudar. Si no te dejás o no te dejan, se hace difícil.

-¿Hablabas con Maradona en el último tiempo?

-Lo vi cuando jugaron Gimnasia-Aldosivi en Mar del Plata, lo tengo grabado en Instagram que me dijo: “Vamos a comer juntos un asado y contamos lindas anécdotas”.

-¿Es cierto que pudiste ser su ayudante de campo en el Mundial de Sudáfrica?

-Hubo algo, él me dijo… Pero, la verdad, se inclinó por (Alejandro) Mancuso. Nunca dije nada, pero él me dio la posibilidad, no quise. Tampoco fue algo muy firme.

El Turco en el clásico. García es un hijo adoptivo de Racing. Aquí, en un cruce con el Luli Ríos en un duelo con Independiente.

El Turco en el clásico. García es un hijo adoptivo de Racing. Aquí, en un cruce con el Luli Ríos en un duelo con Independiente.

-¿Te pusiste a pensar que si no te hubieras enojado con Carlos Bilardo serías campeón del mundo?

-Sí, pero capaz que Argentina no salía campeón porque (Pedro) Pasculli fue convocado en mi lugar y le hizo el gol a Uruguay. Yo sabía que iba a ir al Mundial. Ahora, de grande me puse a pensar en eso. No me había pasado ni cuando salió campeón en el 86. Es una de las pocas cosas de las que me arrepiento. Y de haber agarrado la droga. Después, como a todo, le busqué el lado positivo: por lo mal que la pasé, yo pude ayudar a mucha gente.

El Turco le hizo un gol a Inglaterra en el mítico estadio Wembley. Gary Lineker y David Platt habían marcado para los británicos; García descontó de cabeza y lo empató Darío Franco. Fue en 1991. En Racing, metió un gol con la mano ante Independiente que Javier Castrilli, entonces juez de línea, no vio. Llovía torrencialmente en aquella semifinal de la Supercopa de 1992. Al año siguiente, en otro clásico de Avellaneda, mostró sus calzones como provocación.

-¿Por qué te bajaste los pantalones contra Independiente?

-Porque me estaban puteando. Cantaban: “El Turco se la come, Perico se la da”. Entonces, le dije a Perico (Hugo Pérez) lo que iba a hacer. Esa noche, los de Independiente dejaron la tapa del cajón de un muerto en mi casa, jajaj. Fue todo muy lindo, podrían haber roto algo. Hoy no lo podés hacer con la violencia que hay. Antes era folclore. Se perdió bastante, no hay gente en la cancha y encima está el VAR. Se perdió la picardía.

-En Mendoza le rompiste la mandíbula a un hincha de Independiente, ¿cómo te tratan ahora?

-Me decía falopero. Bajé del micro y lo fajé. Me volvió loco. Soy respetuoso con la gente de Independiente, pero no puedo ir a la cancha de ellos.

-Agarraste Defensores Unidos de Zárate tras tu retiro, Independiente Rivadavia, Juventud Pueyrredón y Talleres de Escalada. ¿No tenías pasta de entrenador?

-Quería arrancar de abajo, que es de donde uno aprende mucho más. Ojo que no me fue nada mal. Con el CADU estuvimos cerca de ascender. Con Independiente Rivadavia, también. Con Juventud, que es el equipo de Venado Tuerto, llegamos hasta el Argentino B. Con Talleres no ascendí por dos puntos, contra Riestra y Defensores que tenían una billetera gorda. Me llamó Racing y estoy como captador, pero mi idea es dirigir. Quiero un equipo competitivo, que quiera algo. De Primera Nacional para arriba.

-¿Podés combinar la televisión con el fútbol?

-Tengo propuestas. Telefé me llamó para que haga algo con ellos. Si algún canal me ofrece algo piola, tengo que pensarlo porque ya empiezo a viajar por la Copa América. Soy un agradecido de Gonzalo Belloso y Chiqui Tapia por el lugar que me dieron como embajador de la Conmebol. Estoy esperando el Bailando, jaja… Yo arranqué en Polémica en el Bar. Después, también me gustaría trabajar en El Marginal. Pero como preso, eh. Policía nunca.

-¿Racing te abrió las puertas que otros te cerraron?

-Sí, yo estoy dolido con Huracán. A veces la gente se enoja, pero fue el que me dio la oportunidad. Gracias a Miguel Jiménez, que junto con Víctor Blanco, me hicieron trabajar, soy empleado del club.

-¿Nunca te llamaron de Huracán?

-Jamás. Y no tengo idea por qué. A (René) Houseman tampoco lo trataron como se merecía.

-Dijiste que Huracán fue tu mujer y Racing tu amante. ¿MasterChef qué es en tu vida?

-MasterChef fue el hada madrina o la lámpara de Aladino que me dio un deseo: que me reconozca y haga feliz a la gente. Que este presente no se acabe.

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Murió el actor Geoffrey Scott, quien participó en las series Dinastía y la película Hulk, entre otras realizaciones

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Con una sostenida presencia en la televisión estadounidense entre los años ’70 y ’90, fue el esposo del personaje interpretado por Linda Evans en la exitosa tira. Padecía Mal de Parkinson.

Nacido en Los Ángeles el 22 de febrero de 1942, Geoffrey Scott era hijo de Reed, gerente de la potente compañía aeronáutica Lockheed, y de Jayne, ama de casa. Se crió en el Valle de San Fernando, donde tuvo, si se quiere, su primer contacto con el mundo del espectáculo, al tener como vecinos a dos estrellas del cine estadounidense: John Wayne Clark Gable

El entonces pequeño Scott vivía en la misma calle en la que estaban las casas de ambos actores, y según cuenta la historia solía usar la pileta de natación de a casa de Gable como propia, aunque sin pedirle permiso a su dueño.

A los 18, el legendario agente Dick Clayton, que también llevó al mundo de la actuación a figuras de la talla de Jane Fonda y James Dean, lo reclutó para su agencia. De su mano, Scott llegó a ser el editor de periódico Sky Rumson en el drama fantástico Dark Shadows, en 1970; Jeffrey Jordan en Where the Heart Is, en 1972; David McAllister en General Hospital en 1989; y Billy Lewis en Guiding Light en 1994.

Geoffrey Scott tuvo una presencia sostenida en la televisión estadounidense a lo largo de tres décadas.

Geoffrey Scott tuvo una presencia sostenida en la televisión estadounidense a lo largo de tres décadas.

Scott tuvo también un rol protagónico como un jugador de fútbol americano en la sitcom de HBO 1st & Ten, durante los años 80, apareció en aproximadamente unas 100 publicidades -es recordada su estampa de cowboy en una de cigarrillos Marlboro– y también participó como estrella invitada en distintas series, a lo largo de los años ’70, ’80 y ’90.

También dio vida a un detective en Concrete Cowboys, serie en la que reemplazó como protagonista a Tom Selleck, y en Cliffhangers interpretaba a un militar enfrentado con extraterrestres.

Clayton además le consiguió a Scott un contrato en exclusiva con Universal. Una vez establecido ese vínculo, interpretó numerosos papeles en series televisivas como Kojak, antes de aparecer en 1982 en la citada Dinastía, donde su personaje, Mark Jennings, era un jugador de tenis profesional y representó al primer esposo de Krystle Carrington, que estaba a cargo de la recordada Linda Evans.

Casado con Tanya Thompson, su novia del instituto, Geoffrey Scott se divorció para unirse, en 1975, a Caron Engelhart Scott, de quien también se divorció. En 1988 Scott sufrió un accidente callejero, cuando fue embestido por un automóvil mientras circulaba en bicicleta, y sufrió heridas de consideración en ambas piernas. Sin embargo, el actor logró recuperarse por completo.

Finalmente, en 1993 se casó por tercera vez, con Cheri Catherine Scott, con quien tuvo dos hijos, Christopher y Matthew. Fue precisamente Cheri quien confirmó la noticia de la muerte del actor, quien padecía Mal de Parkinson y murió un día después de haber cumplido 79 años.

Geoffrey Scott se había retirado del cine en 2003, tras interpretar al presidente de Estados Unidos, en Hulk, una de superhéroes Marvel dirigida por Ang Lee.

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Murió Carlos Sánchez: el humorista tenía 68 años y enfrentaba un cáncer

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Llevaba un mes internado en el Sanatorio Otamendi, donde le practicaban cuidados paliativos

El humor argentino acaba de perder a una de sus risas más emblemáticas: la de Carlos Sánchez, a su vez responsable de tantas carcajadas en un público que supo deleitarse con sus ocurrencias. En la mañana de este martes 2 de marzo, más precisamente a las 6.45, el corazón de este hombre de 68 años dejó de latir en el Sanatorio Otamendi, según informó su agente de prensa, Silvia Puga. Se encontraba internado desde el 2 de febrero como parte de su tratamiento por un cáncer que en las últimas semanas, después de años de lucha inquebrantable, no le ofreció tregua alguna.

Hasta hace no mucho más de dos meses, Sánchez había compartido encuentros con sus amigos. Si bien su semblante no siempre había sido el mejor, sus familiares no habían notado signos que pudieran encender las alarmas, aun cuando en el último tiempo lo acompañaron en los vaivenes anímicos que enfrentaba como consecuencia de su enfermedad.

Moria Casán, Silvina Escudero, Florencia Tesouro y Rocío Marengo mostraron su pesar por la muerte de Carlos Sánchez (Twitter)Moria Casán, Silvina Escudero, Florencia Tesouro y Rocío Marengo mostraron su pesar por la muerte de Carlos Sánchez (Twitter)

Todo comenzó en 2010 cuando una serie de estudios clínicos arrojaron que Carlos tenía cáncer en el riñón. El tratamiento indicado con los médicos pareció tener éxito. Creyó que su salud había superado el mayor de los desafíos. Pero poco después se comprobó que el tumor se había propagado, haciendo metástasis en el hígado, el páncreas en las dos glándulas suprarrenales, en una costilla y en la cadera. El humorista nacido en Bahía Blanca el 19 de julio de 1952, no se rindió. Y continuó venciendo obstáculos.

“Estuve con medicación vía oral y todo lo jodido que tenía, se curó -le había contado a Teleshow en septiembre de 2019-. Pero el único que es resistente a la quimioterapia es un tumor que tengo en la cadera. No se puede operar porque si tocan el nervio ciático, me queda la pata estúpida. Entonces, me cambiaron a quimioterapia por vena”.

Pese a todo, como podía, Sánchez -quien en sus inicios trabajó con Juan Alberto Badía, Susana GiménezJuan Alberto Mateyko Marcelo Tinelli, aunque adquirió gran popularidad en el recordado ciclo Café Fashion– seguía trabajando. En teatro, con el espectáculo El Gordo y el Mago, junto a Pablo Madini. Y en televisión, interpretando al comisario Benítez en Argentina, tierra de amor y venganza, la exitosa novela que emitió El Trece.

Artista al fin -o más bien, por sobre todo-, era la primera vez en tres décadas de carrera vinculada al humor que conseguía demostrar que también era un actor de carácter. “Esta quimio te cansa físicamente pero no es tan fuerte ni hace que se te caiga el pelo. No tiene otras consecuencias”, destacaba, feliz con la oportunidad brindada, aunque se la había ganado de la manera que creía indicada: luego de hacer un casting. Entró por dos capítulos, se quedó por muchos más. Y fiel a su estilo, bromeaba: “Benítez es una mezcla de corrupto e inepto al que lo único que le interesa es la guita. No me costó mucho componerlo…”.

Por aquel entonces, el cómico era puro entusiasmo. “Comparado a lo que tenía antes, ahora lo que tengo es un forúnculo. La verdad es que estoy muy bien. ¡Estoy bárbaro!”, celebraba, feliz además porque de las dos sesiones por mes, ya hacía solo una. Y le restaban seis meses de tratamiento.

Para sus amigos, Carlos era Cacerola: así lo habían apodado en Bahía Blanca cuando tenía 17 años y jugaba al rugby. Y en un partido, recibió una patada brutal en la cabeza. “Estuve inconsciente durante casi 10 horas, pero cuando me desperté me hicieron estudios y no tenía nada. Fue como si hubiera estado dormido durante mucho tiempo. Y mis amigos empezaron a decirme que con esa Cacerola debían necesitar un borcego de acero”, reía, al recordar lo ocurrido.

Se trata de esa misma risa -tan característica, tan suya- que sonará por mucho tiempo como un eco propio del dolor que provoca la pérdida irreparable. Y será también un lamento porque Carlos Sánchez ya no podrá contagiar su carcajada, ni provocar otras, nuevas. Este martes 2 de marzo se apagó la risa.

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Baby Etchecopar: “No sé si la capacidad de Alberto Fernández está a la altura de las circunstancias”

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El conductor hizo un análisis sobre el escándalo del vacunatorio VIP y sus repercusiones

El presidente Alberto Fernández defendió que diputados, senadores y miembros de la administración pública hayan sido vacunados. Además aseguró que no existe un tipo penal para sancionar el esquema de inmunización vip que estalló en la Argentina. Sus declaraciones formaron parte de una conferencia de prensa que brindó junto al presidente Andrés López Obrador en México.

“Cuando tomé nota de lo que había pasado, reaccioné y perdí a un ministro (Ginés González García) en cuyo ministerio pasaron estas cosas, bajo su dependencia. He leído que han hecho una denuncia. El hecho ya es lo suficientemente grave como para que un ministro de la talla de Ginés haya tenido que renunciar. Les pido a los fiscales y a los jueces que terminen con las payasadas”, aseguró el mandatario.

En medio de este escándalo, el periodista Baby Etchecopar hizo un análisis sobre la función del Presidente y las repercusiones de la renuncia del Ministro de Salud. “Alberto se tienen que dejar de payasadas, de pasear a Dylan en helicóptero. La Argentina está en crisis y no nos tiene que sorprender lo de las vacunas porque es crónica de un final anunciado”, aseguró en el ciclo Los Ángeles de la Mañana que se emite por El Trece.

En una charla con Ángel de Brito, el conductor de Radio Rivadavia explicó: “A veces tengo problema con la gente, yo hablo bien de Alberto porque lo conozco y sé que siempre ha tenido buenas intenciones. No sé si su capacidad está a la altura de las circunstancias. Primero hay que ser intendente, después gobernador y presidente. Él no fue ninguna de las cosas anteriores…. Sabemos que hay que respetarlo porque es el presidente y hay que bancarlo los tres años que quedan. Bancarlo no por soportarlo, sino por aguantarlo para que estos piratas que andan con las vacunas no lo volteen. Si un día Alberto se cae, es por los ‘k’ no es por los del frente”.

Alberto Fernández visitó México y se reunió con Andrés Manuel López Obrador (REUTERS/Luis Cortes)Alberto Fernández visitó México y se reunió con Andrés Manuel López Obrador (REUTERS/Luis Cortes)

“Dicen que esto es una guerra interna donde le hicieron una caída a Alberto. Sí, pero pagamos nosotros con nuestra plata, ellos se pelean como en los 70 y garpamos con nuestra vida. Estoy muy decepcionado, si hubiera tenido 50 años, pero tengo 68 y no tengo tantos años para luchar. Pero creo que siempre volvemos a la misma payasada de los montoneros, de los 70, de los Verbitsky, los Carloto y los Delía”, explicó Baby.

El conductor de la señal A24 también afirmó que lo notó a Fernández “agobiado”, como si fuera un “hombre destruido física y moralmente”. Luego, criticó el desempeño de Santiago Cafiero, el jefe de Gabinete de Ministros: “Hoy tener a Cafierito de vocero, puede ser muy lindo, galán de una novela mexicana, pero no está a la altura de circunstancias de la crisis que vive el país hoy... Yo pregunto si hubiese sido petiso y pelado ya lo hubiesen sacado, pasa que todavía tiene un encanto testosterónico que lo siguen dejando. Si hubiera sido Ginés González García ya lo hubiesen rajado”.

Asimismo Etchecopar realizó duras declaraciones contra otros integrantes del Gobierno: “En un país donde Cristina (Kirchner) no aparece; está (Victoria) Donda que habla de la discriminación y tiene una empleada doméstica sometida a la esclavitud. Y Miriam Lewin que es la persona que le arruinó la vida a Beatriz Salomón, hoy se encuentra vigilando a los medios. Es una locura. Es como poner una guardería al padre (Julio César) Grassi”.

Por último, defendió el trabajo de la prensa que fue muy cuestionado por Fernández y otros dirigentes: “Creo que la payasada Alberto la dijo mas para adentro que para afuera. Si hubiese sido un poco pícaro, sabe que así como en la época de la dictadura no te podías tirar contra la Iglesia, ahora no te podés tirar contra la prensa… Hay una prensa libre e independiente y lo único que hacemos es contar que se afanaron las vacunas”.

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