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Sociedad

Cáncer de mama: detectado a tiempo el 90% de los casos es curable, pero 4 de cada 10 mujeres no se hacen los controles

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Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se detectan en el país alrededor de 20 mil nuevos casos de cáncer de mama por año, esto es, en promedio dos nuevos por hora.

En cifras de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Argentina ocupa el segundo lugar en riesgo de muerte por cáncer de mama en América Latina: mueren alrededor de 20 mujeres por día a causa de esta enfermedad. Y las estadísticas indican que al llegar a los 85 años, una de cada ocho la habrá sufrido.

Hay más: contra todas las recomendaciones, cuatro de cada diez mujeres mayores de 40 años no se hacen la mamografía anualmente, según una encuesta nacional realizada por Fundación Avon en 2016. La institución cree firmemente que ninguna mujer debe morir a causa del cáncer de mama, por desconocimiento o desinformación y con ese fin lanzó la campaña En Foco “para empoderar a todas las mujeres con información sobre esta enfermedad, todos los días”.

 Al llegar a los 85 años, una de cada ocho mujeres habrá sufrido cáncer de mama

Es que el 32% de las mujeres argentinas de entre 40 y 70 años nunca se hizo una mamografía. Esto sucede, en parte, porque cuanto más lejos se encuentran de los centros urbanos menor es el acceso a un diagnóstico de calidad. El equipamiento no es suficiente, ya que el 75% de los equipos del país son de tecnología antigua -analógicos-, y muchas mujeres carecen de recursos para trasladarse a las ciudades todas las veces que el sistema de salud requiere. Es decir, llegan tarde a un resultado que pueden obtener en 48 horas.

En el Día Mundial de Lucha contra el Cáncer de Mama, la buena noticia -porque siempre hay un costado positivo hacia donde elegir mirar- es que, detectado a tiempo, el cáncer de mama puede curarse en más del 90% de los casos.

En la Argentina se detectan alrededor de 20 mil nuevos casos de cáncer de mama por año (Shutterstock)

En la Argentina se detectan alrededor de 20 mil nuevos casos de cáncer de mama por año (Shutterstock)

Así, siendo plenamente conscientes de los riesgos, los síntomas, los factores de riesgo, los mitos y la prevención, toda mujer sabrá cómo actuar en caso de identificar alguna anormalidad o desarrollar síntomas, para realizarse los controles y acceder a un tratamiento lo más rápido posible.

Primero, lo primero: conocer los factores de riesgo
Un factor de riesgo es una característica cuya presencia lleva a que aumente la incidencia de una enfermedad.

Dicho esto, conviene saber que éstos se dividen en “no modificables”, es decir, aquellos que no son posibles de evitar y aumentan las posibilidades de que se genere una enfermedad, y “modificables”, que son las medidas que pueden incorporarse para reducir el riesgo de enfermar.

Las personas que tienen mayores riesgos de desarrollar cáncer de mama son las mujeres, de hecho, es el tumor maligno más frecuente en el sexo femenino, y si bien puede afectar también a los hombres, la proporción es mucho menor (cien veces, para ser más exactos).

 Existen factores de riesgo no modificables, que no son posibles de evitar y aumentan las posibilidades de que se desarrolle una enfermedad

La edad es otro de los factores no modificables. A pesar de que las mujeres mayores tienen más riesgo de desarrollar cáncer de mama, todas tienen factores de riesgo únicos que son específicos de ella, motivo por el cual las mamografías de rutina generalmente comienzan a partir de los 40 años.

“Al sexo y la edad, hay que sumar los antecedentes familiares, la radioterapia de tórax a edad temprana y las biopsias mamarias con lesiones proliferativas, puntualizó a Infobae la médica cirujana general Dolores Mansilla (MN 136109), miembro de la Sociedad Argentina de Mastología (SAM), y añadió: “menarca temprana, menopausia tardía, no tener hijos o tenerlos a edades avanzadas también favorece el desarrollo de la enfermedad”.

Uno de los factores no modificables de los que menos se habla es la densidad mamaria, una condición de las mamas que presentan mayor cantidad de tejido glandular, en relación al tejido adiposo. La mama densa aumenta entre dos a seis veces el riesgo de desarrollar cáncer de mama, ya que a mayor tejido glandular, mayores posibilidades de proliferación o de que se generen mutaciones en las células mamarias.

Pero existen otros factores que sí se pueden controlar y que son modificables para reducir las posibilidades de desarrollar la enfermedad. En este punto, la especialista del nstituto de Oncología “Angel H. Roffo” mencionó “no amamantar, la terapia de reemplazo hormonal, el consumo de alcohol, el sobrepeso y el sedentarismo”. “La relación con el tabaquismo es aún controvertida”, reconoció, aunque es sabido que fumar aumenta las chances de desarrollar otros tipos de cánceres, y también puede producir otras enfermedades que compliquen el tratamiento (como la alteración de la vascularización y la circulación sanguínea, las afecciones pulmonares).

“Se postula que hasta un 40% de los cánceres podrían evitarse manteniendo una buena calidad de vida, teniendo una dieta variada y realizando ejercicio físico“, sentenció Mansilla.

El diagnóstico precoz, el primer paso hacia la cura

Desde la SAM recomiendan una mamografía de base entre los 35 y los 37 años en pacientes sin antecedentes familiares (Getty)

Desde la SAM recomiendan una mamografía de base entre los 35 y los 37 años en pacientes sin antecedentes familiares (Getty)

“El diagnóstico precoz aumenta las posibilidades de curación y asegura mejores resultados estéticos, por eso es muy importante que la mujer aprenda a conocer sus mamas. Esto es, estar atenta a la aparición de nódulos, derrames de sangre por pezón, retracción de la piel o cualquier otro signo fuera de lo común”. La médica mastóloga Diana Montoya (MN 88641) señaló a Infobae que “si bien el autoexamen es un control recomendable, la detección precoz se realiza esencialmente a través de las imágenes que brinda la mamografía”.

La especialista es miembro de la SAM y del Servicio de Mastología del Instituto Angel H. Roffo y Hospital Universitario Austral y recomendó “realizar una consulta al año con el mastólogo, profesional idóneo para el diagnóstico y tratamiento de patologías mamarias”.

 Si bien el autoexamen es un control recomendable, la detección precoz se realiza esencialmente a través de las imágenes que brinda la mamografía

Desde la SAM se recomienda una mamografía de base entre los 35 y los 37 años de edad en pacientes con exámenes clínicos normales sin antecedentes familiares de cáncer de mama. En pacientes con antecedentes fuertes (familiar directo, madre, hermana) se recomienda realizar la mamografía 10 años antes de la edad de detección del cáncer del familiar más cercano. Por lo general, es a los 30 años.

Nuevas prioridades para abordar el cáncer de mama metastásico en la Argentina

El cáncer de mama es el tumor más frecuente en la mujer (Shutterstock)

El cáncer de mama es el tumor más frecuente en la mujer (Shutterstock)

Con el objetivo de mejorar el abordaje del cáncer de mama avanzado/metastásico en el país, las organizaciones de la sociedad civil Liga Argentina de Lucha contra el Cáncer (Lalcec), Movimiento Ayuda Cáncer de Mama (Macma) y Fundación para la Investigación, Docencia y Prevención del Cáncer (Fuca) participaron junto a otras 22 organizaciones de Latinoamérica en la definición de las prioridades de las pacientes con cáncer de mama avanzado o metastásico y en la elaboración de un documento regional y de otro específico para la Argentina, que fueron presentados en el marco del Mes de Sensibilización sobre el Cáncer de Mama, que se conmemora en octubre.

Las mismas surgieron a partir de un sondeo realizado por la encuestadora Ipsos a pedido del laboratorio Pfizer entre abril y mayo de este año, que involucró a cinco representantes de ONGs y asociaciones de pacientes argentinas y en total a 28 ONG de nueve países de Latinoamérica. Entre las principales conclusiones se registró que el 100% de los encuestados considera que no existe en nuestro país un código de registro específico para pacientes con cáncer de mama metastásico, el 80% manifestó que hay una coordinación fragmentada entre los diferentes actores responsables por el cuidado de los pacientes de cáncer de mama metastásico dentro de los sistemas de salud y el 100% acordó que las herramientas que ayudan a los cuidadores o familiares de los pacientes no existen o existen pero no son conocidas.

Como resultado, el grupo elaboró para la Argentina las siguientes prioridades:
– Mejorar la calidad de vida de las pacientes con Cáncer de Mama Avanzado/Metastásico en la práctica clínica.
– Aumentar la disponibilidad y el acceso a la atención multidisciplinaria, incluida la asistencia paliativa, de apoyo psicosocial para pacientes, familias y cuidadores, asegurándose de que las pacientes reciban la mejor experiencia de tratamiento.
– Mejorar la disponibilidad de la epidemiología robusta y los resultados de los datos de cáncer de mama avanzado/metastásico.
– Proporcionar herramientas de información, específicas y precisas de cáncer de mama avanzado/metastásico.
– Ofrecer un entrenamiento en destrezas de comunicación a todos los profesionales de la salud.

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Sociedad

“Está todo perdonado, no tengo rencor”, aseguró el padre de una de las víctimas del choque en Tigre

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Guillermo Rossi despidió a su hijo Franco y le dedicó palabras a Joaquín Duhalde Bisi, quien manejaba borracho y sin registro.

El papá de uno de los jóvenes fallecidos en el trágico accidente en el Camino de los Remeros de Tigre, cuando el conductor del Audi A4 manejaba alcoholizado y chocó contra un guardarrail, hizo un conmovedor descargo por Twitter: “No tengo rencor“.

Guillermo Rossi es padre de una de las víctimas, Franco Rossi (18), y escribió en su cuenta de Twitter (@guillermo4398) motivado por defender la memoria de su hijo y aclarar que él no estaba alcoholizado.

“Uno de los fallecidos es mi hijo Franco Rossi. Espero que entiendan que el no manejaba. Solo pido que respeten el dolor de mi familia en memoria de los muertos. Mi vida se apaga“, tuiteó en primera instancia.

Inmediatamente comenzaron a llegarle mensajes de aliento y, como siempre en Twitter, también respuestas polémicas, a las que los demás usuarios se encargaban de señalar.

Rossi les contestó a varios de los que lo saludaron y entre esas respuestas también contó varios detalles y habló del autor del accidente, Joaquín Duhalde Bisi.

Lamento el escrache mi hijo, no tenía alcohol en sangre, manchan su memoria. Abrazo y gracias”, le contestó a uno. “Franchu no estaba alcoholizado y sin embargo se fue”, le dijo a otro.

Joaquín Alimonda (19) y Franco Rossi (18) murieron en el acto.

Joaquín Alimonda (19) y Franco Rossi (18) murieron en el acto.

“En la autopista a mi hijo le dio 0. Estaba aparentemente dormido y Franco no manejaba y tenía mi autorización. Dos veces a EE.UU. una a Sudáfrica el solito, y vos crees que me carga culpa? No ninguna”, le respondió a otra.

Luego, en otros tuits negó una supuesta fiesta. “Ni hubo fiesta ni nada, eran 5 amigos y el destino los enfrentó”, agregó.

En otro mensaje, Rossi dijo que lo que atraviesa es muy duro. “Hoy quisiera que me lleve a su lado, pero Franchu tiene 4 hermanos, no puedo viajar todavía y esa paz espero encontrarla”, se descargó en otro escrito.

Por último, dijo que “ya está todo perdonado eran amigos y no tengo ningún rencor“, en relación al conductor del auto, quien se encuentra detenido en la comisaría de Villa La Ñata.

El caso

Joaquín Duhalde Bisi (19) estaba borracho y manejaba sin registro la madrugada del domingo, cuando perdió el control del Audi A4 de su papá en Tigre y chocó. En el incidente murieron dos de sus amigos, Franco Rossi (18) y Joaquín Alimonda (19).

En el auto también iba Mateo Lezama (18), quien se salvó por estar en el asiento de atrás del conductor.

Duhalde Bisi está acusado de “doble homicidio simple con dolo eventual”, que prevé una condena de 8 a 25 años de cárcel, y, subsidiariamente, de “doble homicidio culposo agravado por la pluralidad de víctimas, el consumo de alcohol y la alta velocidad a la que conducía”, con penas de 3 a 6 años de prisión.

Joaquín Alimonda, Joaquín Duhalde BIssi - el conductor del vehículo- y Franco Rossi eran amigos desde el colegio secundario.

Joaquín Alimonda, Joaquín Duhalde BIssi – el conductor del vehículo- y Franco Rossi eran amigos desde el colegio secundario.

Cuando el Audi A4 impactó contra el guardarrail, lo arrancó completo. “Luego de ingresar por la parte trasera de la rueda delantera derecha, los 25 metros que tiene de largo cruzaron el coche en sentido hacia la izquierda, y salieron”, detallaron fuentes de la investigación.

La pericia del alcoholemia, cuyo test certificado ya está en manos del fiscal, había arrojado que Duhalde Bisi manejó esa madrugada fatal con 1,39 gramos de alcohol por litro de sangre: casi el triple de lo permitido.

Duhalde Bisi no tenía registro. El 31 de octubre pasado se lo retuvieron por no tener la VTV al día del Hyundai a nombre de su mamá que manejaba.

Aunque desde su entorno argumentaron que poseía la licencia digital en la aplicación Mi Argentina, fuentes de la investigación explicaron que en este caso ese registro digital no tiene validez, ya que había quedado incautado por la infracción.

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El calvario de Lucía: el juicio contra el suboficial de la Armada acusado de violarla se postergó para 2024

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La víctima batalló durante cinco años para lograr que la causa llegara al debate oral, suspendido dos veces. El imputado está libre.

“Se me va la vida esperando Justicia”, dice Lucía, como pidió esta ex marinera que la llamen allá por 2016. Por ese entonces, se conoció el calvario que padecía desde 2013 cuando, según su denuncia, un superior comenzó a acosarla y, luego, eso derivó en una situación de abuso en la Base Naval de Ushuaia.

Ahora, a más de 7 años de que comenzara el acoso y a 5 de que ella lo denunciara, Lucía otra vez grita por ayuda: le pidió este miércoles a la Justicia de Tierra del Fuego que revise la decisión de postergar hasta 2024 el juicio contra el acusado

Según le dijo la ex marinera a la agencia de noticias Télam, el Tribunal de Juicio en lo Criminal de Ushuaia decidió una nueva postergación para el inicio de las audiencias hasta el 16 de mayo de 2024.

La Justicia quiere empezar el juicio en tres años, cuando se cumplirán 11 del inicio de los supuestos abusos contra Lucía, de 32 años.

2016. Se conoce un caso del acoso sexual en la base Naval de Uhuaia.

2016. Se conoce un caso del acoso sexual en la base Naval de Uhuaia.

El caso involucra al suboficial Reinaldo Cardozo, de 56 años, a quien le imputan haber abusado de la mujer cuando ella tenía 25 años. Lucía debió someterse a un tratamiento psiquiátrico y psicológico.

Cardozo está acusado de “abuso sexual simple en concurso ideal con abuso sexual agravado con acceso carnal y por pertenecer el imputado a una fuerza de seguridad, los que concurren idealmente con el delito de amenazas coactivas y mediando violencia de género“.

Según especialistas, la causa puede sentar un precedente histórico porque “ventila hechos sucedidos dentro de una institución militar, pone en juego los códigos de silencio entre miembros de la Fuerza y echa luz sobre la violencia de género en ámbitos castrenses”, explicaron fuentes judiciales.

A 17 días

La fecha prevista para el inicio del juicio era el 29 de junio de 2020, pero debido a las restricciones sanitarias por la pandemia de coronavirus, el Tribunal suspendió las audiencias.

Luego, los jueces Alejandro Pagano Zavalía, Maximiliano García Arpón y Rodolfo Bembihy Videla resolvieron esta nueva postergación.

Lucía denunció a un superior.

Lucía denunció a un superior.

Lucía, como pidió siempre que se la identifique para resguardar su identidad, batalló durante 7 años hasta lograr que la justicia procesara a Cardozo por un rosario de delitos que incluyen el abuso sexual, amenazas y la violencia de género, según surge del expediente judicial.

“Se me va la vida esperando Justicia. Me costó mucho romper las cadenas del silencio para poder denunciar lo que me pasó. Fueron años de lucha y padecimientos, tanto físicos como psicológicos, que tuve que atravesar”, contó Lucía.

Lucía y su abogada, Sofía Barbisan, realizaron una presentación para solicitar que se adelante el juicio y no tenga que esperar otros tres años.

“Me genera una angustia tremenda saber que este abusador sigue libre, viviendo una vida normal y en actividad dentro de la Armada, donde yo sufrí su violencia y también la violencia institucional. Confío plenamente en la justicia fueguina, y por ello pido a los jueces que revean esta situación“, sostuvo la ex marinera.

También dijo que solicitó la intervención del Secretario de Derechos Humanos de la Nación, Horacio Pietragalla, y del director nacional de Políticas contra la Violencia Institucional, Mariano Przybylski.

“Necesito que mi caso siente un precedente dentro de las fuerzas armadas, que se termine la violencia de género y la violencia institucional. Y también quiero justicia y tranquilidad“, expresó Lucía, que sigue viviendo en Ushuaia y tiene otro empleo.

Un sueño roto

“Ingresé a la Armada en 2011 porque ser militar era un sueño y un anhelo. Yo veía los uniformes y sentía orgullo. Creía que podía servir a la Patria”, recordó.

Dos años después, comenzó el infierno. Lucía afirma que los abusos se produjeron a partir de 2013, cuando su superior, quien casi la doblaba en edad, estaba casado y tenía hijos, comenzó a acosarla sexualmente, hasta que en uno de esos hechos la encerró en un depósito y la violó. Cardozo era su jefe directo.

Otros abusos y persecuciones se habrían producido en 2014, luego de un período en el que el suboficial no estuvo destacado en Ushuaia. Según Lucía, todavía se paraliza cuando ve un uniforme militar.

“No puedo evitarlo. De hecho junté toda mi ropa castrense y la tiré a la basura. Necesito cerrar esta etapa“, concluyó.

Para entrar a la Armada, Lucía tuvo que realizar el curso en Puerto Belgrano, cerca de Bahía Blanca. Luego regresó a Ushuaia, donde su primer trabajo dentro de la fuerza fue el de camarera en la casa de suboficiales, a quienes les servía la comida.

La mujer comenzó denunciando los hechos ante el superior del suboficial, un militar con el grado de teniente, quien de inmediato le hizo sentir cómo sería la situación.

Tu palabra contra la de él no tiene valor. Además, la Armada te está dando trabajo, una casa, una obra social y la atención para tu hijo (que estaba siendo tratado por una enfermedad en Buenos Aires). No te conviene hacer nada“, le advirtió, según recordó Lucía en un reportaje de 2020.

Como la marinera insistía, comenzaron las “amenazas y persecuciones“: el acusado le bajó todos los conceptos de su legajo personal, por lo que al poco tiempo fue despedida como militar y reincorporada como personal civil.

En 2014, Cardozo fue trasladado a otro destino, pero al año siguiente regresó a Ushuaia y comenzó a acosarla otra vez. Fue ahí cuando la joven decidió hacer la denuncia ante la justicia.

Primero intervino la Justicia Federal, que se declaró incompetente, y después un juez provincial que no halló pruebas contra el acusado, quien fue beneficiado con dos “faltas de mérito”, hasta que el expediente quedó “en reserva” por falta de nuevas evidencias.

Lucía cambió de abogado y logró que la Cámara de Apelaciones apartara al juez y designara a una jueza, María Cristina Barrionuevo, que le dio un nuevo enfoque a la investigación.

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Coronavirus

“Sólo quiero 30 segundos lúcidos”: la emotiva carta de despedida de un investigador del Conicet antes de morir por coronavirus

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Hugo Míguez, doctor en psicología especializado en adicciones, escribió un mensaje con su celular antes de que lo intubaran. Falleció ocho días después.

“Sólo quiero 30 segundos lúcidos. Para poder evocar a los que quise sin que llegue a atraparme la melancolía.

El pedido fue escrito el 12 de abril por Hugo Míguez, un investigador del Conicet jubilado que murió ocho días después por coronavirus. Tenía 75 años.

El mensaje fue parte de una carta de despedida que Míguez escribió en su celular, al ver que su salud se deterioraba. Poco después quedó internado en la terapia intensiva del Hospital Italiano, donde falleció.

En su mensaje agradeció la atención recibida en el hospital. “Bernardo y otros médicos me escucharon. Luego me pusieron una mano en el hombro y se hicieron cargo de mí. No tengo hermanos. Esto ha sido lo más próximo que he descubierto de esa relación. Me protegió. Llamó todos los días a mi hija que amo y la contuvo. Le explicó. La protegió”, remarcó.

A modo de adiós, escribió: “Todavía no se como saldré. Y no me preocupa tanto. Y dicho con humildad. En serio. Saldré con paz y con cariño. Está muy bien. Tengo 75 años. ¡Carpe diem para nosotros todavía!”.

Luego, agregó: “Con estos pensamientos rondando desde hace unos años, muchas veces, me pregunté cómo quería mi salida. Sólo quiero 30 segundos lúcidos. Para poder evocar a los que quise sin que llegue a atraparme la melancolía. Me iré bien. Este hospital y su gente estará también en esos 30 segundos. Gracias, gracias, gracias”.

Graduado de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y de la Escuela de Psicología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Costa Rica, Míguez se especializó en el estudio de las adicciones.

Durante su larga trayectoria académica, trabajó como investigador del Conicet y consultor de diferentes organismos vinculados al tema del abuso del alcohol y las sustancias psicoactivasal. Tras su retiro, decidió seguir formándose y estudió Teoría e Historia del arte en la UBA.

La carta completa

Lunes 12 de abril. Hospital Italiano. Cama 1216… zona de trinchera.

“30 segundos” Busco dejar algo de lo aprendido en estos días de aislamiento, búsqueda de aire, revisión de sentido bajo la pandemia. Algo. Lo que pueda.

Mientras me enfermaba el Covid encontré algo en estas salas, en estos corredores, en la mirada de estas gentes.

Una cultura.

Un pathos.

Una emocionalidad antigua. Comprometida. Algo yaciendo silente, a la par de la ciencia y la tecnología.

Una cultura.

¿Qué significa descubrir una cultura en el Hospital Italiano en medio de un ataque como este?

Mucho.

Significa, contra lo que podría pensarse, que no es el resultado de muchísimas personas. Con roles marcados, tecnicaturas, profesiones, saberes, tecnologías, destrezas.

No. No es sólo eso. Es una matriz acogedora, extraordinariamente cálida y vivificante.

No es una nave científica que va a Marte. No. Esta va a la región más desolada de tu cerebro. Al caldo primordial de donde alguna vez nos arrastramos sin conciencia. Al lugar desde donde nos asusta el final del Covid llevándose nuestro aire.

Va al lado oscuro de tu cerebro para transformarse en una llamita con algo de calor y luz. Una cultura.

Me caí desmayado por la falta de aire y la desesperación y me encontré entrampado entre los muebles de la sala donde terminé. Donde me estrellé en la caída.

Unas manitas de enfermera tiraban de mí, Bibi.

Cuando crees que ya perdiste todo escuchas el braceo enérgico de la que podría ser hasta tu hija llegando a vos.

Braceando como pudo me alcanzó. Me abracé a ella y me di cuenta de que no estaba en un páramo sin vuelta atrás.

Entre todas me acostaron, me calmaron, me dieron su aire.

Una matriz regenerativa que es la que ayuda. Un supraorganismo como un micelio gigante que sustenta, sin que nadie lo vea exactamente, los bosques que lo acompañan.

Una cultura.

Llegué dispuesto a evitar prolongaciones que arañen dos meses más de sobrevida a costa de desesperación.

No rasguñar las piedras para mí.

Bernardo y otros médicos me escucharon. Luego me pusieron una mano en el hombro y se hicieron cargo de mí. No tengo hermanos. Esto ha sido lo más próximo que he descubierto de esa relación.

Me protegió. Llamó todos los días a mi hija que amo y la contuvo. Le explicó. La protegió.

No hay palabras. Es la matriz que regenera. La que de alguna manera cargamos los sapiens cuando nos fuimos de África. Nuestra estrategia. No preguntes por quién doblan las campanas, ya sabemos, suenan por vos y por mí, hermano.

Tuve que partir al servicio de terapia intermedia. Estaba inquieto. Aparecieron kinesiólogos, médicos, enfermeros. El mismo espíritu. Las médicas llamando a mi hija y ayudándola mientras ella me ayudaba a mí.

La matriz regenerativa y matriarcal de la viejísima Europa. Cuando los pueblos como Huyuk no tenían murallas. Los matriarcados de miles de años atrás, que sostenían la cultura. Cuando las culturas matriarcales no habían sido barridas por los caballos de la edad del hierro.

Y de pronto… las manitas de Bibi, el desborde humanista y contenedor de Bernardo, la dulzura de la kinesióloga, la gente que te ayuda de todas las formas porque son una cultura que dice que sos valioso. Seguramente es cierto. Pero es porque te quieren desde lo más básicamente humano.

Una cultura regenerativa que también alcanza a los varones.

Todavía no se como saldré. Y no me preocupa tanto. Y dicho con humildad. En serio. Saldré con paz y con cariño. Está muy bien. Tengo 75 años. ¡Carpe diem para nosotros todavía!

Con estos pensamientos rondando desde hace unos años, muchas veces, me pregunté cómo quería mi salida.

Sólo quiero 30 segundos lúcidos. Para poder evocar a los que quise sin que llegue a atraparme la melancolía.

Me iré bien. Este hospital y su gente estará también en esos 30 segundos. Gracias, gracias, gracias.

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