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Denuncian que una mujer de 82 años fue abusada y asesinada

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Las hijas de la víctima acusan a un vecino de 75 años, que había sido denunciado en febrero cuando entró a la casa de la casa de la mujer y la atacó. Pese a los numerosos testimonios, el hombre no fue detenido y la causa está caratulada como muerte dudosa.

Raquel Benavidez nació, armó su familia y vivió hasta sus 82 años en la localidad de Godoy, Santa Fe, ubicada a 26 kilómetros de Villa Constitución y a 70 de Rosario. Se trata de un pueblo tranquilo de poco más de 1300 habitantes, donde los propios vecinos aseguran que no es común que hayan robos y grandes delitos porque todos se conocen y funcionan como “una gran familia”. En tal contexto, el presunto femicidio de Raquel el pasado 12 de mayo, desató una conmoción pocas veces vivida allí.

Maria Elena y Flavia Montes, hijas de la mujer, fueron quienes la encontraron muerta en la tarde del 12 de mayo en su casa de calle Belgrano al 700. Como en Godoy no hay casos de coronavirus, la cuarentena ahí se había flexibilizado y Raquel pasaba sus días entre la casa de sus hijas y la suya. En la mañana de ese martes había estado en lo de su hija María Elena y había regresado por la tarde a su casa para ver la novela.

“Cerca de las 7 llegó mi hermana a la casa y yo llegué minutos después. Nos encontramos con que mi mamá estaba tirada muerta, su remera estaba levantada, se veía que tenía rasguños en la panza y en la ingle, heridas visibles y un golpe en la cara que parecía ser de una trompada”, contó Flavia a minutouno.com.

Llamaron al médico de cabecera de Raquel, el Dr. Escudero, quien minutos más tarde revisó el cuerpo y por los hematomas se negó a firmar el acta de defunción y les sugirió que llamen a la policía. “Cuando vio los golpes me dijo que llame porque no parecía una muerte natural”, recordó Flavia. La policía se comunicó con la Fiscalía de Villa Constitución, a cargo de Eugenia Lascialandare, y con el Gabinete Técnico Criminalístico de la Agencia de Investigación Criminal de Rosario. La víctima fue trasladada al Instituto Médico Legal de Rosario para que se le realice la autopsia.

La forma en que encontraron el cuerpo y la escena despertó enseguida la sospecha de las hijas de Raquel. Al lado del cuerpo había un palo, de un secador de piso, que estaba partido en 3 pedazos y un perchero de madera roto. Además de que su ropa estaba desarreglada, sus zapatillas estaban a punto de salirse, como si alguien hubiera querido quitarlas. Sin embargo, la prueba que terminó de convencer a su familia de que se trataba de un femicidio y que puso en el centro de la escena como autor del hecho a Horacio O., un vecino que la acosaba a la mujer y a quien habían denunciado en una ocasión, fue un ticket de rapipago del pago de un servicio de ese mismo día que pertenecía al hombre, que estaba en una bolsa de plástico a metros de donde yacía la mujer.

Según contó Flavia, el acoso y abuso sexual de Horacio O. a su mamá se originó por lo menos hace un año. “Ella empezó a decirme reiteradamente que se metía en su casa, que la manoseaba, le pedía que se saque la ropa, la pellizcaba, la mordía, que tenía miedo. Me dio su nombre y me pedía que hiciéramos algo”, recordó.

Alertada de la situación, Flavia – que vivía a 3 casas de su madre- habló con los vecinos para que estuvieran pendientes de la situación mientras que ella trabajaba. Un domingo de febrero, la mujer de la casa de enfrente a Raquel llegó corriendo al negocio de Flavia y le dijo que escuchaban gritos y golpes que provenían de lo de su mamá. Cuando ella llegó, encontró a Horacio O. saliendo de la vivienda y a su mamá en el living con la ropa desarreglada en medio un ataque de angustia, llorando y gritando que él la iba a matar. Hicieron la denuncia en la comisaría Nº12. El hombre estuvo sólo 10 días alejado de Raquel y luego regresó a merodear la casa.

La denuncia fue derivada a la fiscalía de Villa Constitución y el pasado 17 Marzo cuando citaron a Flavia para que la ratifique, por complicaciones en el trabajo no pudo asistir. Le aseguraron que volverían a llamarla pero pronto el país entró en el aislamiento social, preventivo y obligatorio, y las justicia comenzó a demorar los tiempos. Flavia contó a este medio que con lo que vivió su madre empezó a enterarse de varias historias de mujeres, e inclusive menores de edad, que fueron víctimas del acoso de Horacio O. Una de ellas, que hoy tiene 23 años, fue citada ahora por la justicia y frente a la Fiscal relató una situación de acoso por parte del hombre cuando ella tenía 10 años.

A la espera de una determinación judicial

La familia de Raquel se encuentra hoy esperando que la fiscalía convoque a declarar a Horacio O. “Es el principal sospechoso pero la justicia dice que no tiene pruebas concretas todavía para llamarlo. Están esperando los resultados de la autopsia patológica para definir si lo detienen. Mientras, él está en su casa con una impunidad tremenda. Vive a metros de mi hermana, de vez en cuando sale y la provoca, le grita cosas. Ella está muerta de miedo porque vive al lado de un asesino y tiene una hija de 4 años”, dijo Flavia.

La Unidad Fiscal de Villa Constitución aguarda una ampliación de los informes periciales que certifiquen la posibilidad de un crimen. La causa por el momento está caratulada como “muerte dudosa”. Desde la Fiscalía Regional 2ª de Rosario, informaron a Diario El Sur que la primera autopsia que se hizo “indica que no presenta signos de violencia externa o golpes que puedan generar fallecimiento” y que se solicitaron “exámenes anatopatológicos para determinar fehacientemente la causa de fallecimiento”. Su resultado puede tardar varias semanas.

En relación a la posibilidad de que se trate de un femicidio, el informe de la fiscalía dice que “por el momento no hay indicios que indiquen femicidio, hay medidas en curso para dilucidar esta situación. Por los datos recabados al momento no hay indicios”.

En tanto, para las hijas de Raquel y varios de sus vecinos no hay dudas. Varios ya declararon en la causa. Uno de ellos contó que la vio cerca de las 17 del día que falleció tomando sol en la vereda, otro que vio a Horacio O. lastimado y una amiga de Raquel que ella le había confesado del miedo que sentía de que él la matara. La empleada que atiende el único rapipago de Gadoy ratificó además en sede judicial que ese día él había ido a pagar el servicio horas antes de que encontraran muerta a Raquel.

“Lo que pasó con mi mamá fue la crónica de una muerte anunciada. La vecina que declaró en la causa me dijo llorando que mi mamá le decía todos los días que la iba a matar. Otros vecinos declararon lo mismo, me llama la atención que nadie fue a tomarle la declaración Hay gente que dice que lo vio lastimado. Las propias hijas dicen que está lastimado porque se cayó de la bici, lo encubren”, dijo Flavia.

Además, piden que se chequeen las cámaras de seguridad en el trayecto que va del rapipago a la casa de Raquel. “Entendemos los tiempos de la justicia y que el hombre es mayor de 70 años, y tal vez no vaya preso, pero siendo el único sospechoso no debería estar acá a dos casa de lo de mi hermana, que también es una víctima. Tenemos miedo y no queremos que la historia de mi mamá se repita. No puede haber un femicida suelto en nuestro pueblo”.

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El peligroso ex jefe de policía de San Isidro que cayó preso y con facas les robaba a otros detenidos

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A Raúl Antonio Papa lo echaron de la cúpula distrital por hacer entraderas. Estuvo preso 6 años. Ahora lo acusan de extorsionar a otros reclusos.

Por segunda vez, un ex jefe policial de San Isidro quedó detenido y es investigado por haber extorsionado a presos del penal bonaerense de General Alvear. En 2017 ya había sido condenado a seis años de prisión por encubrir y proteger a delincuentes que cometían entraderas en el distrito de zona Norte donde había trabajado como integrante de las fuerzas.

Se trata del ex comisario inspector Raúl Antonio Papa, quien hace diez años era jefe distrital, la máxima autoridad de las 11 comisarías de San Isidro.

En los últimos días volvió a caer detenido en un domicilio de la localidad de Banfield y estaba cumpliendo la última etapa de su condena bajo el régimen de “libertad asistida“, por orden del fiscal Cristian Citterio, a cargo de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) 20 descentralizada de General Alvear.

"Encubrimiento doblemente agravado". En 2017 fue condenado a seis años de prisión.

“Encubrimiento doblemente agravado”. En 2017 fue condenado a seis años de prisión.

Luego de una investigación en la que se lo acusa de cumplir el rol de cabecilla de una organización integrada por varios reclusos de la Unidad 30 de General Alvear, el fiscal le imputa el delito de “extorsión”.

Según fuentes judiciales, Papa intimidó y amenazó con “facas” a otro preso para que entregara sus posesiones en el penal y transfiriera dinero a cuentas bancarias a cambio de no ser lastimado. “La víctima es también un ex miembro de una fuerza de seguridad que está detenido en el penal Alvear y cuya identidad se va a preservar para resguardarlo”, afirmaron.

Por otra parte, voceros policiales indicaron que se efectivizaron en total cinco detenciones en el marco de este expediente: tres internos de la Unidad 30 y dos externos, que entre ellos, se encontraba Papa.

La investigación arrojó que la banda estaba integrada por ex efectivos de distintas fuerzas de seguridad. Uno de los tres presos de la Unidad 30 que quedó detenido e imputado por esta nueva causa es identificado como Gorgonio Alcides Díaz, ex integrante de Prefectura Naval Argentina (PNA), que fue condenado por robo en 2013 en la casa del actual presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Sergio Massa.

Los otros dos reclusos acusados ​​fueron reconocidos por las fuentes como Claudio Alejandro Ibarra y José Aubert, mientras que el quinto inculpado, que fue apresado en la localidad bonaerense de Ranchos, es Gastón Alberto Escobar.

En las últimas horas, según indicaron voceros judiciales, Cittero indagó a los cinco imputados y que los únicos que declararon y negaron los cargos fueron el ex comisario Papa y Escobar, mientras que los otros tres se negaron a hablar ante el fiscal. Las fuentes además añadieron que las defensas de los cinco también plantearon excarcelaciones de los detenidos.

Papa, quien está exonerado de la fuerza, fue detenido en 2011 tras una investigación del actual fiscal general adjunto de San Isidro, Patricio Ferrari, quien probó a través de escuchas telefónicas que una banda de asaltantes que estaba compuesta por ex policías, tenía el amparo del por entonces jefe policial de la zona.

La causa se inició el 5 de agosto de 2011 cuando un empresario, Jorge Pereyra, sufrió una entradera al ingresar al garaje de su domicilio ubicado en San Isidro. El grupo de asaltantes llegó a robarle algunas pertenencias, pero la esposa de la víctima desde una ventana efectuó una serie de disparos y el hijo de Pereyra, que en ese momento llegaba a la casa, chocó uno de los vehículos de los delincuentes, y por lo tanto, se dieron a la fuga.

En ese auto quedaron celulares que fueron analizados y de los que surgieron escuchas donde el comisario Papa quedaba expuesto como encubridor de la banda, aunque él se defendió diciendo que ese delincuente sólo era un informante suyo.

El Tribunal Oral Criminal (TOC) 6 del municipio en 2017 había penado a Papa por el delito de “encubrimiento doblemente agravado por tratarse de un funcionario público y por ser consecuencia de un hecho especialmente grave”. En la causa también hubo otros cuatro inculpados.

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“Mi cuñado me pegó”, dijo antes de morir sin llegar a nombrar cuál pareja de sus 5 hermanas la asesinó

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Teresa Leguizamón pudo esgrimir algunas pocas palabras antes de entrar en coma en el Hospital Narciso López, de Lanús. Dos días más tarde falleció.

Ya pasó más de un mes de la muerte de Teresa Silvana Leguizamón y su familia sigue pidiendo lo mismo que entonces: que se haga justicia, que se mueva la causa. La vecina de Lanús falleció el 30 de enero a causa de hemorragias internas y un derrame cerebral que fue provocado por múltiples golpes que recibió días antes de morir.

Antes de morir, cuentan sus hermanas, Teresa le dijo a la médica que la atendía: “Mi cuñado me pegó con un palo en la cabeza”.

Mónica Leguizamón, una de las cinco hermanas de la víctima, cuenta que el 28 de enero, el esposo de Teresa, se comunicó con Evangelina, otra de sus hermanas. “Le dijo que ella se había descompensado producto del estrés que le causó haberse enterado que uno de sus cuñados había tenido un accidente en moto. Algo que nada que ver. La cuestión es que minimizó completamente la situación por lo que Evangelina decidió llamar a Nancy (otra hermana)”.

Entonces llamaron a Alex, el hijo mayor de Teresa, de 21 años -tenía otras dos hijas, de 16 y 2-, quien al día siguiente fue a la casa y al abrir la puerta encontró un panorama devastador:  “Vio a su madre inconsciente agonizando en la cama con su beba al costado y separada por una silla. El marido no estaba, se había ido a trabajar y aparentemente la había bañado antes de irse. Alex inmediatamente llamó a la ambulancia y se la llevaron al hospital Narciso López”, relata Monica.

El pedido de justicia de la familia de Teresa en las redes.

El pedido de justicia de la familia de Teresa en las redes.

En la guardia la interrogaron y allí fue donde, “en un estado de semi inconsciencia”, dice Mónica, Teresa contó que le habían pegado un palazo en la cabeza. Dos días más tarde, y sin salir del coma farmacológico al que la habían inducido, falleció.

El propio hospital hizo la denuncia ante la evidencia de que podía tratarse de un femicidio. Pero entonces comenzó el calvario de las hermanas Leguizamón.

“Nos acercamos a la Comisaría 10ª y nos dijeron que volviéramos el lunes 1º de febrero porque en fin de semana no trabajaban. Fuimos ese día y no nos quisieron tomar la denuncia supuestamente porque el hospital ya la había hecho y tenían que mandar un médico perito para buscar la historia clínica ”, recuerda Monica. El periplo continuó el martes otra vez en la Comisaría y al día siguiente en los tribunales de Avellaneda-Lanús. “El jueves trasladaron el cuerpo a la morgue de Lomas y finalmente confirmaron el causal de su muerte: golpes”.

Aunque hay sospechosos, ya que Teresa mencionó un cuñado, todavía nadie fue citado a declarar. “Cambiaron al fiscal y la verdad es todo muy lento. Ya hicieron todas las averiguaciones correspondientes pero esto no avanza. El femicidio fue el 30 de enero, ya estamos terminando febrero y todavía no movieron los ojitos para leer el caso de mi hermana”, expresa Monica. Y dice que todavía ni saben cuál de los cuñados pudo estar involucrado en el femicidio, “pero el marido fue cómplice”, remarca.

El pedido de justicia de la familia de Teresa Leguizamón.

El pedido de justicia de la familia de Teresa Leguizamón.

“Supuestamente él llegó de trabajar el 28, la vio que estaba tirada en el piso, la levantó, la bañó y la acostó en la cama toda golpeada con hemorragias en varias partes del cuerpo. Después dice haber llamado al SAME que llegó a su casa pero no se la llevaron porque ‘era un mareo y nada más’, pero por lo que vi en la foto de la morgue hasta el más tonto se da cuenta de que algo le había pasado a mi hermana”, cuenta la hermana de la víctima.

La causa está en la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) 8 del Departamento Judicial Avellaneda-Lanús, especializada en delitos contra la integridad sexual y violencia familiar y de género, a cargo de la fiscal María Soledad Garibaldi.

Según la investigación Judicial Teresa era víctima de violencia de género desde hace mucho tiempo ya que su marido la controlaba y restringía a tal punto que no le permitía la comunicación con sus propios familiares. “El le rompía celulares y de esta forma nadie sabia nada de ella y ella también minimizaba la situación, por eso nosotros no sabíamos nada”, señala Monica.

Actualmente la familia se encuentra a la espera de una respuesta y una justicia presente para que él o los responsables paguen por los hechos. “Solo queremos que se haga la detención inmediata de los culpables y que sea un juicio con todo el peso de la ley”, concluye Mónica.

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Robaron un auto con un nene dormido adentro y lo liberaron a los diez kilómetros

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El chico de 10 años fue abandonado en la calle descalzo y sin remera. “No sabía qué hacer, me volví loco”, contó el padre.

La peor pesadilla de un padre se volvió realidad cuando dos ladrones le robaron el auto con su hijo de 10 años adentro. El alivio llegó un rato más tarde, cuando el nene fue liberado sano y salvo a unos 10 kilómetros del lugar en el que comenzó el asalto.

El chico fue liberado en ingeniero Budge, partido de Lomas de Zamora, luego de que dos asaltantes armados le robaran el auto a su padre remisero, que estaba trabajando mientras su hijo dormía en los asientos de atrás del coche.

El hecho comenzó en el cruce de las calles Roosevelt y la avenida General Paz, en el límite entre el barrio porteño de Villa Riachuelo y la localidad bonaerense de Villa Celina.

Fuentes policiales informaron a Télam que allí se encuentra una remisería en la que entraron dos hombres y simularon ser pasajeros. Subieron al vehículo, un Renault modelo Sandero Stepway, y a los pocos metros obligaron al chofer a descender.

Los ladrones escaparon a  toda velocidad. Varios minutos después, cuando advirtieron la presencia del nene, lo abandonaron en las calles Giachino y Soldano Brito, ya en Budge. Lo dejaron en la calle, sin zapatillas y sin remera. El nene fue asistido por vecinos de la zona.

Florencio, el padre del chico, declaró en Telenoche que viven juntos y que cuando necesita que alguien lo cuide lo deja con una vecina. Ese día había llevado el auto al taller y, como ya era tarde, no pudo volver a dejar a su hijo en la casa. Por eso decidió llevarlo en el auto durante su trabajo.

“El martes vine del mecánico porque estaba mal el coche, lo metí a mi hijo a trabajar conmigo porque no pude dejarlo en casa”, relató. El hombre dijo que los asaltantes le pegaron en la cara y lo ahorcaron: “Me agarraron del cuello y no me dejaron ni hablar. Le dije que mi hijo estaba atrás, pero no me dejaban hablar y me pegaban con la culata (del arma)”, detalló.

No sabía qué hacer, me volví loco. No sabía si marcar al 911 o correr. Igual corrí y no alcancé”, contó Florencio, quien dijo que pasaron unos 50 minutos hasta que supo de su hijo. “Me enteré mediante los amigos que me avisaron que estaban publicando en el Facebook y ahí me quedé tranquilo”, aseguró.

En tanto, el pequeño Sebastián dijo que se asustó, pero que cuando vio a la mujer que lo asistió en el lugar donde lo dejaron los delincuentes, se quedó tranquilo. “Me trató bien”, explicó. También dijo que lloraba porque a su papá le llevaron el coche.

El auto fue hallado a los pocos minutos también en Ingeniero Budge. Interviene en la investigación la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional 31, a cargo del fiscal Marcelo Solimine, y el expediente quedó caratulado como “robo y privación ilegítima de la libertad”.

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