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Opinión

5 secretos sobre “el cerebro” de los celulares

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El smartphone, ese dispositivo que hoy se convirtió en compañero inseparable, gestor de mensajes, chats, correos y en centro de entretenimiento multimedia, entre otras tantas cosas más, tiene un cerebro pequeño pero muy potente.

Este cerebro consiste en varias unidades. “Un chip hoy, en realidad no es más un componente único sino un elemento integrado. Un chip como lo conocíamos antes no existe más. Ahora hay chipsets que son un “conjunto de chips” llamados en la industria SOCs (System On Chip) que a la vista es muy parecido a lo que era un chip anterior pero con muchas funciones integrados en un sistema”, destaca Hernán Descalzi, responsable de MediaTek Argentina, en diálogo con Infobae.

Hoy un procesador promedio de un móvil tiene un tamaño de 10 nanómetros

Hoy un procesador promedio de un móvil tiene un tamaño de 10 nanómetros

1. Un SOC, que es para el celular como la placa madre para una computadora, contiene los siguientes elementos:

El procesador, que es el elemento más importante, ya que se encarga de procesar toda la información para que el equipo funcione.

El GPU es la placa de video en donde se procesan los gráficos (Graphic Processor Unit).

El decodificador de audio y video se encarga del procesamiento de imagen y audio.

El ISP (Image Signal Processor) procesa las imágenes tomadas por las cámaras.

Un modem que se encarga de conectar el teléfono con la red las operadoras telefónicas.

Un módulo de administración de consumo de energía y regulación de temperatura.

Un módulo de mejoramiento en la calidad de imagen que afecta lo que se ve en la pantalla.

En algunos casos el SOC incluye los componentes de conectividad como GPS, bluetooth y wifi.

2. La frecuencia y los núcleos

“La idea de tener múltiples núcleos es, por un lado, mejorar el rendimiento y, por el otro, tratar de reducir el consumo de energía. Por lo general, en un teléfono inteligente tenemos algunos núcleos dedicados a baja potencia y bajo rendimiento y algunos otros núcleos dedicados a un alto rendimiento que tiene un mayor consumo de energía. Esta arquitectura/concepto se conoce como big.LITTLE”, explica Hélio Oyama, director de Desarrollo de Negocios de Qualcomm.

Cuanto más núcleos tenga un teléfono, mayor será la velocidad y capacidad de procesamiento, pero eso también implica un consumo mayor de baterías y el aumento de temperatura. “De ahí que sea fundamental tener un buen administrador de core para evitar el alto consumo de energía y el recalentamiento del equipo”, detalla Descalzi.

En el chip se procesa toda la información del móvil(IStock)

En el chip se procesa toda la información del móvil(IStock)

3. Chips cada vez más pequeños

Los procesadores de diez nanómetros ya son norma. Ocupan menos espacio en el teléfono y permiten procesar las órdenes con mayor rapidez. Los procesadores más avanzados, como el Kirin 970, Exynos 9810 y Snapdragon 845, tienen este tamaño. Y sin embargo, a pesar de esas escasas dimensiones logran gestionar procesos más complejos de lo que se cree. El hombre llegó a la luna en 1969 con una tecnología de menor capacidad de procesamiento que un smartphone promedio.

4. Inteligencia artificial

Los chips con unidad de procesamiento neuronal emplean inteligencia artificial para optimizar el rendimiento, el uso de recursos y mejorar el procesamiento de imágenes entre otras cuestiones.

Las redes neuronales y la capacidad de aprender con el uso permiten lograr sacar el máximo rendimiento de los equipos.

5. Conectividad

Los procesadores más avanzados apuestan a incluir módems cada vez más desarrollados para así mejorar el nivel de conectividad de los usuarios. En los teléfonos de alta gama se promete alcanzar velocidades de descarga de 1,2 Gbps, siempre y cuando las redes lo soporten. Esto varía muchísimos según el proveedor y el lugar geográfico donde se contrate el servicio.

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Opinión

¿Todavía nos importa la verdad?

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La denuncia de Fardin contra Darthés parece tener que librar su batalla tanto en el plano jurídico como en el social pero ¿está dispuesta la sociedad a buscar la verdad o sólo acepta lo que le conviene?

“La pura y simple verdad raramente es pura y nunca es simple” decía Oscar Wilde. Solemos desear que la realidad se pueda narrar de una única forma y que esta sea aquella que se corresponde con lo acontecido al cien por ciento. Pero ¿podemos realmente exigir que esto ocurra cuando hay terceros que serán afectados por el relato? ¿Cómo distinguir un relato veraz de uno falaz?

Desde que Thelma Fardin denunció públicamente a Juan Darthés el plano mediático parece haberse transformado en el territorio donde se disputa la búsqueda de justicia. Es que si bien las instancias jurídicas se desarrollan en Nicaragua, en nuestro país son los comentarios en redes sociales, los abogados mediáticos y las declaraciones rimbombantes las que han ocupado los roles que deben cumplir las pericias y los testimonios dentro de un proceso judicial.

Así entonces, consumiéndose como si de una telenovela más se tratara, desfilan ante las cámaras todo tipo de personajes que con mayor o menor experticia buscan propagar su opinión respecto a un tema que los toca de lejos. Desde el psicólogo que hizo su (mala) intepretación freudiana de la histeria para realizar un análisis pseudocientífico sobre la actriz hasta la supuesta media hermana que sin tener relación con ella es capaz de aseverar cómo funciona su psiquis, el teatro de las imaginaciones no tiene descanso.

¿Y la verdad? ¿Dónde está la verdad? ¿Está en el relato de quien se expone como víctima de un crimen atroz? ¿Está en las palabras de un galán caído en desgracia que señala una conspiración? ¿Está del lado del abogado que gana en publicidad? ¿Está escondida en alguna habitación de Nicaragua? Pareciera no importar porque de comprobarse indefectiblemente la verdad se acabaría el entretenimiento y, además, los afectados tal vez no estarían dispuestos a aceptarla.

Entramos así, una vez más, en el reino de la posverdad, del discurso basado más en la capacidad de conmoción que en la búsqueda del hecho objetivo. Porque de otra manera ¿estarían los hoy defensores del actor a admitir que violó si esto fuese absolutamente comprobado? Y si fuera al contrario ¿estarían quienes le creen a Fardín dispuestos a aceptar que su relato no fue verídico? No obstante todo esto, la búsqueda de la verdad que permita la emergencia de la justicia como acto reparador pareciera continuar vigente al haber, fehacientemente, una causa judicial en marcha en el país centroamericano, al proponerse testigos y pericias que den cuenta de lo acontecido y que exceden el marco de lo mediático. Sin embargo la estrategia de defensa de Darthés conoce muy bien que en el plano de lo social hoy vale más un relato creíble que toque las emociones que una prueba contundente.

¿De qué se trata si no la aparición de la hermana de la actriz? ¿Acaso no abundan las historias familiares en donde se niega el abuso y se duda de la víctima para no tener que asumir el horror? ¿Fueron sus palabras incorporadas a la causa judicial o sólo quedó en el plano mediático? Comprobar esto último conmociona mucho menos que la acusación de enfermedad mental disparada al aire. De hecho quizás ya la verdad como relato de lo real importe menos que el discurso que nos convence aún a base de engaños. Si la verdad raramente es pura y nunca es simple ¿significa entonces que debemos resignarnos a no encontrarla nunca? ¿Nos debe dejar de importar su hallazgo?

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Actualidad

Macri y Cornejo: “Dame la mano y vamos ya” Por Andres Gabrielli

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Una tregua. La visita del elenco presidencial se concentró en una agenda de trabajo. Fueron horas de normalidad tras el vendaval

Se ha dicho otras veces en este mismo espacio y no está mal repetirlo: la verdadera estatura de nuestros gobernantes se mide en los peores momentos.

Cuando llega el tiempo de las vacas flacas.

Que en un país recurrentemente en crisis como la Argentina, suele ser más habitual que el de la parábola bíblica, que estaba más equilibrado, pues dividía cada etapa, la buena y la mala, en siete años cada una.

Las tormentas han estado a la orden del día en estas tres décadas y media de democracia sin interrupciones.

Pero hubo tres gobernadores que debieron soportar tres sacudones devastadores: José Octavio Bordón durante la hiperinflación de Alfonsín, Roberto Iglesias durante la implosión de De la Rúa y Alfredo Cornejo durante la actual estampida cambiaria.

Los dos primeros lograron, merced a ingentes sacrificios y muñeca firme sobre el timón, mantener la Provincia a flote.

Cornejo en eso está.

Dame la mano y vamos ya

A la visita presidencial de esta semana se la podría poner bajo el espíritu de la Canción de caminantes que escribiera María Elena Walsh.

Dice: “Porque el camino es árido y desalienta./ Porque tenemos miedo de andar a tientas./ Porque esperando a solas poco se alcanza,/ valen más dos temores que una esperanza// Dame la mano y vamos ya”.

Mauricio Macri venía de padecer uno de los peores momentos de su vida, según él mismo confesó en un mensaje al país.

En medio de tanta zozobra, aun así decidió aterrizar en Mendoza junto a buena parte de su plana mayor.

No es un detalle para dejar pasar.

Si bien era un gesto de normalidad que necesitaba dar ante la reunión preparatoria del G20, esta provincia es uno de los territorios donde el Presidente se siente más contenido. Pese a que Cornejo no es precisamente un adulón exaltado y obtuso de su figura.

A años luz del chupamedismo habitual de los últimos años respecto del poder central, el gobernador es un aliado incómodo. Firme, leal, pero crítico a la vez.

Lo cual, “a la hora de los bifes”, lo constituye en un sostén de mayor confiabilidad y respetabilidad.

Y como viene la cosa en estos días, Macri andaba necesitando más una mano en el hombro por parte del gobernador que al revés.

Quién lo hubiera dicho.

Reuniones solo de trabajo

Los equipos de la Nación y la Provincia, encabezados por ambos jefes de Estado, dieron el tono de la coyuntura inmediata.

Ayudó, claro, la descompresión del dólar sobre el final de la semana.

Lo principal, en materia anímica, para los mendocinos, fue comprobar que “la vida sigue”; el abocarse a los asuntos cotidianos el día después de una semana infernal.

“Al Presidente se lo vio tranquilo, mucho menos demacrado y dispuesto a solucionar cuestiones prácticas. Los ministros, a su vez, tenían cargadas las pilas para atender, expeditivamente, las numerosas inquietudes que les fuimos planteando”, pintó un general de Cornejo.

En otras palabras, no hubo tiempo -ni ganas- para ninguna especulación electoralista pensando en 2019 ni para detenerse a dramatizar sobre los últimos acontecimientos.

Con el titular provincial de Economía, Infraestructura y Energía, Martín Kerchner, al frente, se fueron abriendo varias carpetas, con foco en temas como Portezuelo del Viento, la repavimentación del tramo Potrerillos-Uspallata o las obras entre Agua de las Avispas y Potrerillos.

Ausente la rosca partidaria, hubo, sí, una coincidencia: para superar la crisis económica se requiere un sólido andamiaje político. Y el apoyo de los propios no resulta suficiente.

Hace falta, imperiosamente, que el peronismo ponga algo de su parte. En especial los gobernadores.

Tarea a cargo del ministro del Interior, Rogelio Frigerio, el verdadero todoterreno del gobierno macrista, el número cinco que marca y reparte juego en el medio de la cancha.

Los galones de Mendoza

Cornejo, en estos tres años de gobierno, ha logrado pararse frente al poder presidencial con la frente alta.

No necesita aplaudir, como un extra de segunda, cualquier anuncio de Macri. Tampoco se lo piden, es cierto, como se lo exigían a sus antecesores Jaque y Pérez, a costa de fulminarlos mediante el estrangulamiento de partidas. El garrote vil.

Mendoza inició, tempranamente, algunas reorganizaciones del Presupuesto y de la estructura estatal que le han permitido sortear los últimos tsunamis con relativo sosiego.

Macri, que no supo o no quiso hacerlo -en aras del gradualismo- valora lo conseguido aquí en ese sentido (el ítem aula, entre otras cosas, es la envidia del dream team bonaerense de Cambiemos).

Se elogian también otras áreas. Patricia Bullrich, por ejemplo, destacó el avance pionero de la Provincia en registros de ADN y en la disminución de la criminalidad.

En definitiva, aunque a veces se vea como un gesto antipático, no ser zalamero, pero tampoco renegado, a la larga da sus frutos.

Escribía, años ha, María Elena Walsh: “Nunca he podido participar de los coros unánimes de obsecuencia que rodean a los genios, ni aliarme ciegamente a sus detractores”.

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Actualidad

Ladrones con historias ajenas Por ARIEL ROBERT

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El criterio que impera en la actualidad es inverso a lo que fue usual no hace demasiado tiempo. Lo que antes se reservaba para sí, lo que podríamos designar como registro íntimo, ahora también se escribe, se deja sentado pero, en vez de hacerlo en una libretita normalmete oculta ante los ojos de familiares, se tipea en una red social y se dispara como antes un petardo en nochebuena, lo que implica que algo particular logra una divulgación incontrolada.

La propagación de esa confesión dependerá de atributos muy diversos. Ganará aprobaciones, comentarios, respuestas según las lindezas de lo expuesto, la violencia con que se pudo epresar. La novedad. La coincidencia, la disidencia pero muy especialmente dependerá de los algoritmos impuestos por la empresa que controla esa red.

Algo que antes se anotaba en un diario personal, a modo de diálogo interior, con el fin de preservar hechos frente a la amenaza que ofrece la fragilidad de la memoria, ahora se expresa con fruición incontinente, y quizá se hace abrigando la esperanza que hace tantos años presagió Andy Warhol, aquello de conseguir nuestros merecidos quince minutos de fama. Esta es una opción. La otra es peor, porque manifiesta la irreflexión total. Exponiendo al ser de modo descarnado ante el pelotón de fusilamiento, seguido de las aves de carroña, cuestión que acaso puedan quedar sólo vestigios óseos, que poco tienen que ver con la integridad humana.

En absoluto es abrir un juicio ético, sólo es una descrpción de época. Lo que muchas veces ganaba prestigio, hoy ya no se corresponde con un atributo postivo, e inclusive se suele traducir de manera inversa como un disvalor. La discreción entraría bajo este paraguas. Tal vez porque pueda interpretarse como mecanismo de ocultamiento, el que debemos aceptar como práctica bastante perversa en nuestro presente y pasado político. La dificutad obra en poder distinguir ante una oferta tan profusa, y ante la conexión de tantas relaciones virtuales y simultáneas.

Nikolai Gógol, en su texto “Memorias de un loco” describió magistralmente cómo aquél funcionario burócrata, quien anotaba con puntillosa precisión los acontecimientos de su vida, a la vez fue abandonando la sensatez. Hoy podríamos suponer que la historia comienza al revés. Leer algunas publicaciones inaugurales en algunas redes sociales nos lleva a pensar que la demencia aparece desde el inicio, deducción inspirada en advertir la cantidad desmesurada de invenciones y mentiras, pronunciadas sin pudores y a la vez, carentes de cualquier belleza posible. El insulto, la agresión, el desprecio, tres grandes prendas de moda. Y algo que se torna peligroso, la adhesión acrítica sobre algunos postulados que no nacen inocentemente, pero sí aprovechan y muy bien la supina ignorancia que reunida con la improduencia y la falta de rigor genera un cocktail seriamente riesgoso.

Sin dudas el más icónico de aquellos diarios fue el de Ana Frank. Escrito antes de ser capturada por los nazis, durante más de dos años de persecución. Ese diario sirve aún para evocar cómo subsistió antes de ser llevada primero a Auschwitz y luego al campo de concentración Bergen-Belsen, adonde murió de tifus. La información que proporcionó ese documento íntimo que hizo público su propio padre no arroja datos estadísticos, pero aporta la fuerza de un testimonio invaluable, no como pieza liteararia sino como llamado desesperado a la humanidad.

A propósito y motivado por un acontecimiento delictual menor, pienso lo insubstancial que les será a quienes roban hoy note books, pc y celulares los escritos que contienen esos artefactos. Argumento suficiente para hacer un llamado a la solidaridad de ladrones.

Si bien ansiamos legitimamente recuperar lo perdido, es menester pensar qué podríamos hacer si eso ocurriese. Probablemente desde lo personal sería agradecer la amabilidad por tal gesto, así como agradezco a quienes ya colaboraron entregando los elementos hallados y actuaron con celeridad .¿la policía?, no. No tomó intervención. ¿el poder judicial? No. Me daría pudor ante tanto acontecimiento delictivo acudir por su auxilio.

Y hay que admitirlo con entereza. Sería peor que incorrecto si los poderes del Estado se dedicaran a perseguir y atrapar malhechores de poca monta, para recuperar objetos mientras otros ciudadanos mueren ya no de manera virtual sino de forma brutal. Por homicidios, por siniestros viales, por desatención sanitaria y, claro también, porque el destino así lo había señalado.

Imposible prometer historias reveladoras aunque hallara el “ordenador” robado. Solamente aclarar que -según se sabe desde hace algunos años-hoy hay ladrones con unos aparatitos que les facilita la tarea. Les resulta más fácil detectar una computadora, una tablet o un teléfono celular que a la intelgencia policial levantar una huella. Se trata de un scanner de litio. Esto les permite emitir una señal que logra sintonizar con el litio que componen las baterìas de estos soportes tecnológicos y de este modo hace un trabajo mucho más eficiente. No deben andar rompiendo cualquier ventanilla de cualquier vehículo para luego tener que indagar si posee o no algún objeto de estos.

Litio. Sí. El metal alcalino pero además el elemento sólido más liviano que se conozca. Con eso se combatía la depresión hace una décadas (carbonato de litio). Se usa en las naves espaciales para limpiar el aire que respiran los astronautas. Sirve para aleaciones de todo tipo y es un conductor extraordnario, no de autos sino de calor. No está liberado en la naturaleza, no. Hay que extraerlo. Ese litio, el de las baterías y con lo que los amigos de lo ajeno ahora detectan justamente lo ajeno, tiene enorme valor y para certificar aquello de que Dios es argentino, en nuestro país, y en la cuenca que limita con Bolivia y Chile, se encuentra, según estiman, más del 60% del litio existente en el Planeta.

Litio en sobreabudancia y ladrones sofisticados, ya tenemos. Estaríamos necesitando una sociedad algo más comprometida, que delate privilegios, y sí, una dirigencia menos austera en lo mental y con verdadera autoridad. Autoridad. Esto no lo extraje de un posteo, ni creo que esté anotado en el diario íntimo de algún funcionario. Autoridad lejos de significar prepotencia, rudeza y habilidad para dominar redes sociales, autoridad significa saber hacer crecer.

Hay discusiones pendientes y no están en el próximo posteo surgido de la reacción hepática de algún influencer. También existe enorme impericia y aún más indolencia.

Todo se ha acelerado, ha cambiado de formato y se ha multiplicado. Ojalá no haya ocurrido con los dichos populares como aquél que ahora reza “Dios le da litio al país de dirigentes anestesiados”.

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